Los tres albaneses y la gracia real. Un ejemplo de vida moral y material y de administración económica en un ejército del XVI.

Tres caballeros albaneses, con sus típicos bonetes altos, llamados capeletes, en el Códice de Trajes de 1547 [Biblioteca Nacional de España]

Aunque son fundamentalmente las crónicas, que no solo dan vivacidad y realismo al relato, sino continuidad, y la correspondencia, tanto de soldados como de oficiales del rey, las fuentes que más información proporcionan sobre hechos y campañas de los ejércitos de la época, también las fuentes contables nos hablan de aspectos organizativos que quedan normalmente en segundo plano, por lo que es imprescindible acudir a ellas para intentar trazar un boceto de la vida de aquellos hombres, que en todo caso, quedará siempre incompleto.

A veces, como es el caso, se encuentran pequeñas joyas como esta, que hacen volar la imaginación y al tiempo, aportan datos valiosos acerca de la organización económica de un ejército de mediados del XVI. 

Redactada con lenguaje burocrático, esta pieza, alberga, sin embargo, escenas que podrían ser sacadas de las novelas de Alejandro Dumas:


El Rey


Don Rodrigo de Mendoça, gentilhombre de nuestra boca y comendador de la Moraleda [? roto] y Bernaldino de Romaní, nuestro criado, que por nuestro mandado entendeys en rescevir las cuentas de los gastos de nuestro exercito:


Quintin Brunink nos ha hecho relacion que el año pasado de quinientos y quarenta y tres viniendo un criado suyo que se llamaua Martin VandeScuren de Cambresy a Valencianas · trayendo en su poder dozientos y cinquenta y quatro escudos de Italia de cierto vino que había vendido de la municion que estava a su cargo · tres albaneses cauallos ligeros q estauan alojados en la dicha Cambresy saltearon y mataron en el camino al dicho Martin VandeScuren y le quitaron y robaron los dichos dozientos y cinquenta y quatro escudos / los quales no se pudieron cobrar de los dichos albaneses / aunque se hicieron todas las diligencias possibles y Luys Perez de Vargas hizo justicia del uno dellos por hauer pasado los otros dos a Francia con los dichos dineros / ny vosotros selos haueys querido pasar en cuenta de su cargo / y nos suplico y pidio por merced q pues los dichos dineros eran del vino que hizo vender de lo que estaua a su cargo y fueron robados por nuestra gente q estaua en la dicha guarnicion y no se perdieron por culpa ni negligencia suya mandasemos que se les resceviesen en cuenta · o como la nuestra merced fuese / y Nos, acatando lo sobre dicho y por q hauemos sido certificado ser assy verdad havemoslo hauido por bien / por ende yo vos mando q rescivays y paseys en cuenta al dicho Quintin Brunink los dichos dozientos y cinquenta y quatro escudos de Italia y por cada uno de ellos treynta y seis placas solamente por virtud desta nuestra gracia sin le pedir otro ningun recabdo por q asy nescessario es yo le hago merced dellos,



fecha en Colonia. A nueve de mayo de 1545


Yo, El Rey


Por mandado de Su Magd


Francisco de Erasso


Fuente: AGS, CMC, 1ª Época, legajo 587, folio 50

Editado: expansión de abreviados



Aunque los hechos referidos no están fechados a día y mes, sabemos que a 8 de noviembre Carlos V dio orden de hibernar a su ejército y que el tercio de Vargas pasó a acantonarse en la provincia de Cambrai junto a tres mil alemanes. Por eso, asumimos que el robo se produciría en noviembre o diciembre de 1543. El 24 de noviembre, el tercio de Vargas estaba en Cambresis para serle tomada la muestra y recibir la paga de octubre. 



En los ejércitos del XVI había multitud de oficios que a día de hoy llamaríamos logísticos y de los cuales no se encargaban militares, sino oficiales del rey:

Tenedor de los bastimentos, despensero del hospital, comisario de las barcas, aposentador o municionero, eran oficios imprescindibles para el buen funcionamiento del ejército. 

A estos oficiales, en ocasiones, simples agente privados contratados para una sola actividad, que necesitaban comprar bienes – trigo, harina, ganado vivo, carne salada, vino, cerveza, etc – o contratar servicios – molienda, panadería, carreteros, construcción de hornos... – se les daban unas libranzas en moneda sonante o en especie, por las cuales debían responder 'al maravedí', o mejor dicho, a la mínima unidad de moneda que se usase en la zona. Cuando lo que se les entregaba no era dinero, sino productos de la munición del ejército imperial, respondían por cada saco de harina por cada bota de vino, por cada caja numerada y acerrojada de pan cocido hasta que era vendido, y entonces, por el dinero recaudado. 

A Quintin Brunink, del que no se menciona oficio en la carta, sabemos que se le había encomendado la venta del vino en el Cambressy [probablemente, Chasteau en Cambresis], esto es, en la provincia de Cambrai. El vino, 'de la munición de su majestad', sería vendido a los soldados que se hallaban en la provincia, unos 3000 alemanes y unos 2400 infantes españoles del tercio de LuisPérez de Vargas, que era su maestre de campo.

En la provincia también había compañías de hombres de armas y caballos ligeros, fundamentalmente italianos, pero también, como hemos visto, albaneses.

Brunink vendía el vino a los soldados de infantería y caballería. Lo hacía con ganancia para el Rey: el vino se compraba al por mayor, y se vendía a un precio superior al de adquisición. Lo que ganase, descontados los gastos – su sueldo, el de sus ayudantes, los carreteros y carros cuando se alquilaban, etc – debía entregarlo a los oficiales del sueldo, que, por lo que parece, y para infortunio de su criado Martin Van De Scuren, debían estar en Valenciennes, a unos 30 kms de Chasteau en Cambresis [o Le Cateau Cambrésis]. Allí había de llevar Van De Scuren, [quizá Van Der Scure] el dinero ganado en la venta de vino por su amo al tiempo que presentaría los números de la venta del vino, y los oficiales del rey, a cambio, le darían un recibí y anotarían en sus libros el 'alcance' de la cuenta de Brunink debidamente finiquitado. De no ser recibido dicho alcance, tanto en vida de Brunink, como en la de sus herederos, el rey le podría reclamar dicha suma, que se consideraba una deuda, aunque fuera 20 años más tarde. 


Grupo de capeletes, caballos ligeros albaneses en 1535. 4º tapiz de la serie La conquista de Túnez. 

Algún avispado soldado albanés de la caballería ligera del ejército imperial, o tuvo noticia del traslado de la moneda sonante, o simplemente, conociendo al criado de Brunink, que quizá vendía él mismo o asistía a la venta del vino en la plaza señalada para tal fin, barruntándose la carga que podía portar, se conchabó con sus camaradas, lo siguieron, asaltaron y asesinaron. 

Martin VandeScuren, sin duda iría armado y si no se defendió dejando herido a sus asaltantes, sería porque no tuvo ocasión, tomado por sorpresa y superado en número, armamento y habilidad en el oficio de las armas.

Porqué uno de dichos asaltantes pudo ser apresado mientras los otros dos habían huido a Francia es cosa que no sabemos. Pero dada la baja probabilidad en la época de descubrir el culpable de un crimen cometido en un camino, a no ser que hubiera testigos, o que los asesinos tomaran ropa o algo que les relacionase con el difunto - quizá la misma bolsa en que llevaba el dinero - es probable que regresasen con el botín a la plaza donde se hallaba su compañía, a seguir con su vida de soldados como si tal cosa, a la espera de la nueva campaña que llegaría con la primavera de 1544. 

Quizá una indiscreción - aquí empiezo a novelar - dio indicios a otros compañeros del delito, que lo delataron. Los dos más avispados o prudentes se olieron la tostada y se fugaron a Francia. Aquí intervino la justicia militar de la mano del maestre de campo Luis Pérez de Vargas y se ajustició a uno de los culpables, lo más probable, siendo un robo con asesinato, es que el albanés fuera ahorcado. Pero, por lo que parece, no se recuperó su parte del botín. ¿Le traicionaron sus compañeros huyendo con su parte? El relato es incompleto, y la especulación puede dar lugar a multitud de historias que por verosímiles, no dejan de ser una mera invención.

También cabe tener en cuenta, que los ladrones, en esta época, amén de avariciosos, podían ser descuidados:

Al principio deste gobierno robaron en una quinta valor de veinte ducados una cuadrilla de seis ó siete, que iban á vengarse de unos hombres que los habían maltratado. Hice mucha diligencia por saber quien eran [...] 

Dos dias después pareció una ropilla de un soldado de los que allí se hallaron, y habia mudado el traje, y por el rastro della pesqué dos, y otro dia los hice ahorcar, y no les habían tocado cuatro reales de parte. 

Don Juan de Silva a Don Cristóbal de Mora. Julio de 1594

O sea, que no solo les robaban el dinero sino la ropa, que acaban usando o guardando o vendiendo, cosa que pudo suceder en nuestro crimen.



Quistiones

¿Por qué huir a Francia?

Entonces lo habitual era, no solo no adoptar las modas de vestimenta locales, sino hacer gala de las propias de su nación. Para dos soldados de caballería albaneses haber caminado por tierras del imperio era haber ido llamando la atención a cada paso. Y aunque la comunicación era lenta, y entre enviar y recibir mensajes, los albaneses podían haber llegado a su tierra sin que ninguna ciudad libre o imperial hubiera recibido notificación de su existencia, la probabilidad de que alguien les hubiera retenido, y pedido información e incluso licencia escrita de que habían sido licenciados era alta, pues un oficial cualquiera podía retenerlos. Evidentemente, un correo profesional podía hacer en sus jornadas 120 quilómetros a la posta, esto es, cambiando de montura en emplazamientos habilitados para ellos, pero es poco probable que se hiciera por un crimen tan bajo. 

Marchando a Francia, además de que podían escapar a la jurisdicción imperial, que abarcaba, en teoría, todas las tierras al norte y este de Cambrai, el rey Francisco I era enemigo del Emperador. Los albaneses, que eran mercenarios, podrían encontrar entre las huestes de Francisco I un capitán al que servir, de su nación, o en una compañía de estradiotes griegos o incluso croatas. Desertar para huir de la justicia y pasarse al servicio enemigo era algo relativamente habitual en la época.

Es probable que en Francia incluso les admitieran en otro servicio, en alguna compañía de caballos ligeros italianos, si estaban convenientemente armados, o si se armaban a la ligera, adquiriendo material con el dinero robado. La caballería ligera albanesa, también conocidos como estradiotes o capeletes, eran soldados que iban con poca o ninguna armadura; a veces servían con solo cotas de malla y sin celada para protegerse la cabeza. Eran soldados cuyos cometidos eran explorar, hacer guardias y si acaso, hostigar a tropas de infantería o incluso 'picar' en la retaguardia de un escuadroncillo de caballos ligeros, para huir rápidamente. Aunque podían participar en las batallas, normalmente, dispuestos en retaguardia, no se esperaba de ellos que pudieran oponerse a soldados armados con arneses de tres cuartos – hasta la rodillas – como iban los caballos ligeros.



¿Por qué no fue Van De Scuren escoltado a Valenciennes?

Con una pequeña escolta, de 4 caballos ligeros – en la que no hubieran estado estos tres albaneses, claro – Van De Scuren podía haber hecho el camino de ida y vuelta en dos jornadas yendo al paso, y haber regresado a Cambresis con vida.

Sin embargo, vemos que muchos correos del rey, a los cuales se les encargaba el transporte de importantes sumas de dinero, incluso de varios miles de escudos, cantidades para pagar a varias compañías o incluso dar un socorro a un tercio entero, se desplazaban, por territorio amigo, sin escoltas.


Pequeñas escoltas de imponentes hombres de armas, parece que solo se reservaban para grandes cantidades de dinero, y eso, si se temía la presencia de enemigos. Hombres de armas españoles pasando revista en Barcelona, año de 1535

En otra nota, vemos, por ejemplo, que Jofre de Goycolea se hizo escoltar por 12 hombres de armas de Mosieur de 'Beltangle', cuando llevaba 4000 escudos – 13,52 kgs de oro - a Metz, 'por recelo de franceses' el 11 y 12 de mayo de 1544.

Pero ojo, a estos hombres de armas hubo que pagarles por sus jornadas. 

Los correos y otros muchos oficiales del rey no tenían un sueldo fijado al mes: se les pagaba a tanto la jornada, o a tanto por la tarea encomendada. La escolta incrementaría los gastos del correo, pero en el caso dicho parece que fue Juan de Argarayn, comisario del ejército, quien decidió ordenar la escolta. Por dos días de escolta, estos hombres de armas percibirían un escudo por cabeza, lo cual excedía con mucho a su sueldo, de 12 florines al mes en caso de hombres de armas alemanes [8 escudos y 1/3], sueldo que seguían gozando, y que era librado por el ejército. 

Si a un correo del rey se le oponían ciertas dificultades burocráticas para el transporte de dinero y sobrecostes, ¿qué problemas no se encontraría un criado de un tenedor del vino? ¿Y quién pagaría la escolta? Pues, probablemente, de haberla necesitado, su amo Quintin Brunink. Podemos pensar que o ni se pensó en la posibilidad, o se descartó por evitar los costes asociados a ella.

En todo caso, la mayoría de ejemplos de transporte de dinero de sumas medianas y grandes se hacían sin escolta, o no consta que la hubiera.



¿Por qué, teniendo una parte no menor del ejército imperial alojado en Cambrai, no había oficiales del sueldo a los que entregarles la suma en dicha plaza?

En la época los ejércitos tenían pocos oficiales militares, y muchos menos oficiales del sueldo u oficiales que hoy diríamos de logística. Las funciones administrativas las ejercían unas pocas personas asistidas por secretarios y escribanos, siendo las atribuciones de cada oficial bastante claras, aunque no tanto como a finales del siglo XVI con un ejército permanente, como se puede ver en Flandes [1]. 

El ejército de Flandes en 1543 disponía de un contador, Iñigo de Peralta, encargado de emitir y registrar las libranzas, un veedor, Sancho Bravo de Lagunas, que ratificaría las cuentas, y un pagador, Gonzalo de Molina, que haría efectivas las libranzas. 

Después, esa estructura se podía replicar en cada arma: infantería, caballería y artillería. Y también cada tercio, por ejemplo, podía disponer de su contador. También podían designarse comisarios, que tendrían funciones tales como realizar las muestras. En el caso de la infantería española era Gutierre de Cetina, el célebre poeta. 

Así pues, en Cambresis se encontraría el contador del tercio de Luis Pérez Vargas y en Cambrai los oficiales del sueldo de la coronelía alemana, pero, por lo que parece, ningún oficial que tuviera mano en los cargos del vino de munición. El resto de oficiales mayores del sueldo es probable que estuvieran cerca de la persona del capitán general, Fernando Gonzaga, o en su defecto, con el Emperador, y acaso ambos coincidieron en Valenciennes, en la provincia de Hainaut, donde sabemos que Carlos V estuvo entre el jueves 15 y el lunes 19 de noviembre

Como fuese, esta estructura centralizada y algo rígida, hacía necesario el desplazamiento de correos y otros oficiales reales, transitando por caminos con cuantías de dinero no menores, hasta de varios quilos de oro, para poder pagar a las distintas unidades acantonadas en plazas diversas, o poder hacer pagos para adquirir mercancías básicas como el grano con que hacer el pan. 


¿Por qué los oficiales no quisieron admitir la cuenta de Quintin Brunink?

Como vemos, tuvo que ser el rey Carlos quien le hizo la merced de dar por perdido el dinero. Los puntillosos Mendoza y Romaní no quisieron hacerlo, incluso con el supuesto del asesinato de quien portaba los dos cientos cincuenta y cuatro escudos y el ajusticiamiento del albanés que confirmaría toda la historia.

Las personas a las que el rey encomendaba su hacienda y posesiones debían responder hasta las últimas consecuencias. Y evidentemente, cuando más abajo se estuviera en el escalafón, más riesgos se corría de que la exigencia se transformara en intransigencia, y viceversa, la indulgencia podía pasar a ser manga ancha. 

El embajador veneciano Alvise Mocenigo explicó que alguien le había hablado al Emperador del latrocinio llevado a cabo por Juan Jacobo de Medici, marqués de Marignan, capitán general de la artillería en esta campaña, en la cual se estimó gestionaba unos sesenta o setenta mil escudos al mes. Interpelado, el Emperador respondió: 'Yo conozco bien la naturaleza del marqués, y aún así, con aquel defecto, me place" [2].

Los oficiales del sueldo, pues, le apretaron las tuercas a Brunink negándole la admisión de la cuenta: o sea, que Brunink debía aportar el dinero que 'había perdido', aunque hubiera pruebas del robo violento por parte de tropas que servían al Emperador. Brunink, claro, protestó, y hubo de ser el Emperador quien concediera la gracia de perdonarle la deuda, eso sí, año y medio más tarde.



¿Qué suponían dos cientos cincuenta y cuatro escudos a repartir entre tres albaneses?

Pues ochenta y cuatro escudos y un tercio por albanés [3].

Un soldado de caballería ligera italiana ganaba en 1543 seis escudos y medio al mes; quizá los caballos albaneses algo menos, pero no mucho menos, porque un soldado de infantería ganaba 3 no siendo arcabucero ni coselete, y el mantenimiento del caballo no era un coste menor. Los caballos que estaban a cargo del barrachel de campaña del tercio, por ejemplo, cobraban 5 escudos al mes, haciendo funciones de policía militar. 

La cuestión es que los tres albaneses mataron al pobre VandeScuren por el sueldo de un año y un mes. Una buena presa, tampoco para retirarse, pero más de lo que ahorrarían durante toda una campaña, y desde luego, un buen botín en caso de haber tomado una ciudad por asalto, en una época en que amplios sectores de la población no tenían ahorros en metálico. 

Según se mire, un botín por el que no valía la pena matar, ni arriesgarse a morir en la horca, o una pequeña fortuna.

Quizá, simplemente, como dijo el duque de Alba, había hombres que habían nacido para el remo – para ser condenados a galeras – o para la horca.



Conclusión


Las estructuras administrativas de los ejércitos imperiales eran imperfectas e infradotadas, pero muy meticulosas en lo que a control económico se refiere. La razón más plausible de porque todos los oficiales mayores del sueldo y gran parte de los menores eran españoles, reside en la tradición administrativa heredada de los Reyes Católicos, cuyas armadas y ejércitos de ultramar - las campañas del Gran Capitán - sentaron las bases de una administración moderna. Moderna, respecto a la edad medieval, claro, y sin parangón en otras tierras imperiales, con experiencia en la organización de ejércitos multinacionales, como se pudo ver en las jornadas de Túnez [1535] y Argel [1541], o en la practica diaria de los ejércitos de Italia, fundamentalmente, del de Lombardía. 

Aún así, sabemos perfectamente que se cometían fraudes y robos a la hacienda real, desde los capitanes de las compañías a los capitanes generales de las distintas armas, pasando, inevitablemente, por todos los oficiales del sueldo, cuya connivencia, interesada, era imprescindible para escamotear el dinero de las arcas reales.

Al final, cuando años más tarde el contador mayor de cuentas del reino ratificaba que las cuentas eran buenas, era porque los números cuadraban. Si las dos mil cuartas de trigo que se compraron en Nancy costaron, efectivamente, 1000 escudos o el comisario pagó 900 y se repartió la diferencia con el Bailyo de la ciudad, que le firmó un papel que sostenía que efectivamente habían costado 1000, es algo que nadie podía saber. Lo que contaba era el papel.

El papel, como se suele decir, lo aguanta todo. Y si no había papel que lo justificase, es que había malversación. En todo caso, no todo se decidía con la "celeridad" de este caso. Al contador Francisco de Pantoja se le otorgó otra merced real el 16 de agosto de 1564, dando por recibido y pasado en cuenta un alcance no liquidado de 67 escudos y 1/2 por la compra de ganado en el dicho ejército de Flandes ese mismo año de... 1543.


Por otra parte, poner tales cantidades de dinero ante la vista de un grupo de hombres, profesionales de la violencia, en muchas ocasiones, sin muchos escrúpulos, y ávidos del oro y la plata que era, para bastantes, la única motivación para servir, podía, efectivamente, espolear aquella violencia por la que se les contrataba, pero, en sentido adverso. Si estaba bien robar, asesinar y saquear al adversario, ¿quién decía que hacerlo con los propios estaba mal, quién marcaba el límite de lo bueno y lo malo?

Pues el rey, claro. 

Vemos que el maestre de campo Luis Pérez de Vargas es, en Cambrai, la autoridad encargada de hacer las pesquisas y averiguaciones sobre la perdida del dinero, y el encargado de ejecutar la justicia. 

Aunque sabemos que en el ejército de 1544, era Sebastian Schertel el preboste general o capitán de justicia con 136 caballos a su orden para imponer la ley y que había dos auditores generales, entre ellos, el español Juan Duarte, cuando el ejército se hallaba disperso, debían ser las estructuras particulares las que tomasen el mando. 

Vargas disponía en su tercio de un barrachel, Juan Curi, que con 6 caballos ligeros hacía la función de policía militar. La caballería ligera debería contar con una estructura equivalente, y superior, pero con la dispersión de la hibernada, quizá se hallaba en otro lugar, junto a su capitán general Francisco de Este.

Como sea, parece claro que el albanés apresado no tuvo audiencia - lo que equivaldría a un juicio de hoy - ni se le reservaría otra cosa que justicia sumarísima. 

Como sea, una breve noticia administrativa nos aporta mucha información y nos da pie a explicar aspectos menos divulgados de la vida militar.



Notas


[1] Véanse los trabajos de Alicia Esteban Estríngana, especialmente, Guerra y finanzas en los Países Bajos Católicos. De Farnesio a Spínola (1592-1630)].

[2] E questo S°r molto auaro, et ha fama di hauer robbato assai nel carico, che'l ha hauuto dell'artegliaria hauende hauuto gran commodita di farlo, perche la spesa di quella era di 60 in 70m. scudi al mese, et un tratto, che fu detto a Cesare, che'l robbaua, Sua Mta. rispose, lo conosco bene la natura del Marchese, ma esso mi piace anco con quel diffetto. 

Relación de Alvise Mocenigo, embajado de Venecia ante el Emperador Carlos V, en 'Dos años en la vida del emperador Carlos V [1546-1547], por Vicente de Cadenas y Vicent

[3] Haciendo una equivalencia, que no está basada en ningún cálculo económico, más allá del sueldo de un mes, pero que a mí, me ha servido para hacerme una idea, equivaliendo un maravedí a un euro actual, 1 escudo de 350 mrs. serían 350€. Y por lo tanto, un soldado de infantería española o italiana, pica seca, ganando 3 escudos al mes, sería un mileurista: 1050 maravedíes al mes. 

Así pues, los 84,5 escudos de la parte del botín podían suponer casi 30.000€. 

A peso de oro, los 84,5 escudos eran 285,61 gramos del metal precioso a 3,38 gramos la pieza, oro de 22 quilates. A 45€/gramo, cotización de hoy en día, suponen 12.852,45€.


Hombres de armas en el siglo XVI. Caballería española en la época de los tercios.

E los hombres d'armas trahen dobladas armas y los cavallos doblados, y su officio es de mayor dignidad que el cavallo ligero, porque son llamados entre los principes gente de guerra quando estan en su campaña el cuerpo de la cavalleria; y estos, puestos en su escuadron el día de la batalla, hazen cuerpo, porque esta entre ellos la flor de la cavalleria, y la fortaleza de una batalla esta en ellos 

Diego de Montes 

Instrucion y regimiento de guerra [1537]

 

en nuestro tiempo los de cauallo han recebído verguenza de los infantes y la recibirán todas las veces que se encontraren con una infantería armada y ordenada
Diego de Salazar
Tratado de Re Militari [1536] 


habían estado los hombres de armas en ocio y reposo en las guerras pasadas [...] 
Envejecida su reputación y apenas se hacia caso de ellos en batalla, tanto que los infantes muchas veces burlaban de ellos [...]
Era necesario que los hombres de armas tragasen dichas afrentas, porque la suma de la guerra parecía estar puesta en las mechas encendidas de los arcabuceros
Historia del fortissimo y prudentissimo Capitan Don Hernando de Aualos, marqués de Pescara. 
Amberes [1558] 



Hombres de armas, o quizá caballeros de la corte, año de 1535, pasan revista en Barcelona ante la mirada del Emperador. Jueves á trece de mayo S. M. mandó pregonar que todos los Señores y Caballeros que han de pasar con el, para otro dia viernes á las tres de la mañana estuviesen todos á punto, armados y á caballo, para hacer reseña y muestra, y que saliesen por el portal nuevo y por el portal de Santa Clara al campo de la marina, y que allí iria S. M. á hallarse para en la reseña á las cuatro de la mañana, porque ya en el campo habia mucha gente del pueblo. Mandó S. M. ir a sus guardas de pie, española y alemana, para que tuviesen el camino y el campo desembarazado.  Aunque la imagen resulta espléndida, la realidad debió ser más prosaica, puesto que se compraron 4000 arneses de Milán para armar a los de la corte, que andaban desarmados, descontados el coste de sus gajes. 




Aunque los cuadros de picas suizos habían demostrado a finales del siglo XV ser suficientes para frenar una carga de soldados de caballería armados con lanzas de ristre, y los escopeteros y arcabuceros españoles se probarían capaces de derrotar a lo más granado de la nobleza francesa, se continuó considerando a los hombres de armas [o gente de armas, incluso gente darmas] la pieza central del ejército, y así aparecían siempre en los ordenes de batalla listados los nombres de sus capitanes en primer lugar, quizá, porque la caballería seguía teniendo la capacidad de arrollar tanto a infantes en movimiento sin el pie firme del escuadrón, como a la caballería ligera del enemigo, o, más probablemente, porque en esta época vivimos una transición entre el ejército feudal aristocrático, y el ejército moderno o, como dirían algunos, 'mercenario', y los nobles no podían quedar menguados en los hechos de armas por labriegos y mozos de mulas. 

En todo caso, también en la caballería se vive una profesionalización, y los hombres de armas no son caballeros de casa y corte del Emperador o parientes y criados de guerra de un noble, sino soldados que asientan sus nombres en libros del sueldo del rey. 

En España existen las guardas de Castilla, un grupo de entre 1000 [a] y 1500 hombres de armas para la defensa del reino, cuya principal amenaza es la vecina corona de Francia, guardas que se vna a desplazar en ocasiones a escenarios del mediterráneo -  Sicilia, Nápoles o Berbería. 
También en Italia se formaran compañías de hombres de armas españoles que 'harán su deber' en las guerras con Francia.

En 1504 tenían los Reyes Católicos Isabel y Fernando 1817 hombres de armas repartidos en Nápoles [850], Rosellón [556] y tierras de Navarra y Castilla. Habían estado en guerra con Francia por espacio de cuatro años por el dominio del reino de Nápoles, y además, había que defender las fronteras peninsulares.

En Lombardía en vísperas de la batalla de Pavía, tenía el ejército del Emperador 1435 hombres de armas.

Cuando el Emperador partió a tomar el ducado de Gueldres en 1543, llevaba consigo 4000 infantes españoles, 4000 infantes italianos, 12000 tudescos y 1500 caballos. 
De estos, 500 eran caballos ligeros italianos y españoles, y de los otros 1000, la mayor parte eran hombres de armas alemanes, pero parte de ellos ya eran 'herreruelos', soldados que peleaban con arcabucillos. 

En 1556, el duque de Alba partió de Nápoles hacia Roma con 3000 infantes españoles y 9000 italianos, 900 hombres de armas y 1500 caballos ligeros.


Con en el paso del tiempo, no obstante, se va a optar más por los 'nuevos' modelos de caballería ligera: caballos ligeros armados con lanza, arcabuceros a caballo, o caballos coraza, y para el siglo XVII los hombres de armas quedaban prácticamente para el olvido, quedando unas pocas compañías testimoniales armadas a la antigua usanza, y siendo la mayoría de caballería compuesta por caballos corazas - armados con pistola - arcabuceros a caballo y caballos ligeros armados con lanza.

En 1568, el mismo duque de Alba partía de italia a someter los rebeldes flamencos. Iba con 1250 caballos: 250 arcabuceros a caballo, y el resto, lanzas, pero de caballería ligera. El duque reclutaría 1500 herreruelos o schwarzreuters armados con coraza y pistola. 
Sin embargo, en los Países Bajos había 3000 integrantes de las antiguas Bandes d'Ordonnance: 1000 hombres de armas 1000 arqueros y 1000 'coustiliers' o cuchilleros.
Había pues, espacio en los campos de batalla para la vieja caballería.

En todo caso, aquí nos vamos a ocupar de un periodo que es a la vez una mezcla de los últimos destellos de esplendor y de los comienzos de la decadencia, que tuvo lugar a partir de la década de 1520, con la irrupción del arcabuz y que tuvo su punto final en 1560-1570 con la expansión del mosquete en el campo de batalla. 
En Augsburgo, por ejemplo, centro puntero en la producción de arneses de guerra en Europa occidental, había 22 talleres en 1560, 9 en 1571 y solo 4 en 1624 [b]. Era muy caro armarse como para que después cualquier pelota de plomo le pasara a uno las armas.



Caballeros de la corte de Carlos V que acompañaban al Emperador como gente de guerra percibiendo unos gajes, y nobles que prestaban un servicio feudal. Tapiz nº2 de la serie la Conquista de Túnez. Patrimonio Nacional.


Según la ordenanza de 1503 [c], un hombre de armas debía contar con:
  • un caballo crecido de la brida, y los que fueran doblados otro caballo o jaca sin el principal
  • un arnés que no sea de puntas, entero [armadura para el hombre de armas]
  • cubiertas bien pintadas y cuello y testera [protecciones para el caballo]
  • lanza de armas
  • lanza de mano
  • espada de armas
  • estoque
  • daga
  • bestias en que puedan tener sus armas

En la de ordenanza de 1551 para las guardias viejas de Castilla, se establecía que un hombre de armas había de tener:
  • dos caballos criados, è tan bueno el uno como el otro [un caballo criado era de edad de 4 a 5 años; de menos edad era considerado un potro]
  • un Arnés de los buenos, con todas piezas de Guerra, de buen talle, è hechura 
  • buena silla armada
  • cubiertas pintadas, cuello, è testera 
  • lanza de armas 
  • lanzon
  • espada de armas
  • estoque
  • daga
  • un Mozo, hombre que le pueda armar , è servir



1. El encuentro [el choque]

Hombres de armas enristrando y rompiendo lanzas. Grabado de Der Weiss Kunig. 


Lo que proporcionaba la potencia de choque al hombre de armas en el 'encuentro', el momento que la punta de la lanza encontraba al rival, era el conjunto de caballo, silla, armadura, lanza y hombre. 

El caballo daba la velocidad de embestida. 
La silla, junto con los estribos largos, daba al hombre de armas la estabilidad necesaria, proporcionando el arzón trasero alto el 'respaldo' suficiente para no ser descabalgado al impactar su lanza en el enemigo. 
La armadura, no solo daba la protección, sino que permitía, gracias al ristre, - una pieza móvil que se situaba al lado de la tetilla derecha - asentar la lanza y poder transmitir la fuerza del caballo hasta la punta de la lanza sin que esta se escurriese de la mano del jinete, maniobra imposible de ejecutar con una 'lanza de mano'. 
La lanza, una vez enristrada, era el arma que aunaba en la punta de su hierro toda la potencia del caballo y su jinete lanzados al galope cubiertos de acero, una energía cinética enorme capaz de penetrar una plancha de acero. 
El hombre de armas, claro, era quien gobernaba el caballo y manejaba la lanza y quien vencía o caía.

Inventario iluminado. Lámina 10. Detalle. Sobrepeto de arnés y ristre. Según Quijada de Reayo [1548] el ristre ha de ser recio y 'antes corto que no largo con su coz'. 



2. El arnés

Primeramente el hombre de armas lleue greuas enteras, quixotes, petos con las faldas, gorgerin, almete con sus baueras, manoplas, braçales, gozetes y grandes pieças, lo qual he especificado desta manera por razon de los hombres de armas deste tiempo, que quieren ser dichos hombres de armas y son adereçados y armados como cauallos ligeros.
Disciplina militar de Guillaume du Bellay, señor de Langey, muerto en 1543  [y publicada en castellano en 1566, traducida por Diego Gracián]



Partes de un arnés. Lámina plurilingüe de The armourer and his craft from the XIth to the XVIth century. Contiene alguna pequeña errata: brazali por brazal, o restra por ristre, pero por lo demás, es muy informativo y a mí me sirvió para ponerme en situación en este proceloso mundo de las armaduras.


El arnés, fuera de justar o torneo, de guerra o seguir [a la ligera], o de a pie, había llegado a su máximo esplendor a finales del siglo XV y principios del XVI. 

Los hombres de armas eran fortalezas andantes que fiaban su vida a las protecciones ofrecidas a buen precio por un armero de Milán o de Nuremberg, y podían salir de muchos lances de arma blanca con heridas leves o incluso ilesos. 

Partiendo de planchas de acero, o más comúnmente, de hierro que se aceraba en las forjas del armero, los artesanos labraban todas las piezas que componían el arnés: 
  • las moldeaban dando mayor grosor en diferentes partes [más gruesa la frente del almete y el centro del peto, más grueso el peto que el espaldas, más reforzado el lado izquierdo que el derecho, por ser esta zona más pronta a recibir lanzadas del enemigo, etc]
  • una vez moldeadas, reforzaban y ajustaban los los bordes, para que resistieran más y encajasen unas piezas con otras  
  • posteriormente, las bruñían a mano o con piedras impulsadas por molinos de agua
  • después añadían los correones y las hebillas - o las armellas que posibilitaban la unión y suspensión de las piezas del cuerpo del caballero
  • por último, se añadían las ropas o piezas de cuero que forraban ciertas partes, como el almete, el peto, las escarcelas y los quijotes
Las piezas destinadas a nobles y caballeros que pudieran pagarlas, se grababan y doraban, trabajo que hacía un orfebre y que encarecía las piezas notablemente.


Der Weiss Kunig [1514-1516] El Emperador Maximiliano visita la armería real.


El blanco principal de la lanza era la barriga del oponente, donde había la escotadura entre el peto y las escarcelas, de ahí que se protegiera el torso y el abdomen con petos doblados - sobrepetos o petos volantes, que ofrecían protección doble - y que el arzón delantero de la silla fuera herrado. 

Armadura de Carlos V a caballo. Detalle arzón delantero herrado. 


Cuando se combatía cerradamente, o sea, se tiraba la lanza rota en el encuentrro y se pasaba a usar el estoque, la espada de armas o el lanzón, amén de la escotadura de la barriga se buscaban las otras dos rendijas principales que había en el hombre de armas montado: la de los sobacos, y la de la vista, a la que se podía añadir la del codo.

La escotadura del sobaco aparece clara aquí. La parte interior del brazo y la axila debían guarnecerse con mangas de malla o, al menos, la axila, que daba paso al torax, con gocetes de malla. Armadura de Carlos V. Real Armería.

Mangas de malla - arriba, sobre jubón de armar blanco - y gocetes de malla - abajo, sobre jubón de armar verde. Esta protección de la axila era fundamental, pues era una de las tres escotaduras que buscaba penetrar el hombre de armas con el estoque, el lanzón, la espada de armas o la daga, y permitía llegar al tórax y a los órganos vitales. 



Con el paso del tiempo, algunos obviaron primero los zapatos de hierro, zapatos de launas, o escarpes, y llegaron a descartar las grevas - protección de las pantorrillas - e incluso los quijotes - protección del muslo - sustituyendo la protección de planchas de acero por escarpes de malla, pero lo normal fue ir herrado de la cabeza a los pies, porque cualquier herida podía dejarlo a uno inutilizado, o peor aún, complicarse con infecciones, derivando en amputación o septicemia. De hecho, los muslos desprotegidos de los soldados de caballería se convirtieron en el objetivo favorito de las pistolas de sus rivales a finales del XVI [2a].

El escarpe, articulado en lamas, se montaba sobre el calzado normal de cuero, y tenía suela de cuero flexible, otorgando las lamas algo de flexibilidad y permitiendo caminar.


Escarpes de lamas de acero y de malla - con cuerpo de cuero. Algunas piezas con espuelas. La mayoría con punta de pico de pato. Avampies, protectores del empeine y los dedos: figuras 1 y 8.  Real Armería


Los guanteletes eran un poco más grandes que la mano, debían ir forrados de cuero por el interior, protegiendo únicamente el dorso, pues la palma y dedos  de la mano debían seguir pudiendo tener flexibilidad para asir riendas y armas. 

Guantes o manoplas. Armadura de Carlos V. Real Armería de Madrid


El arnés podía ser estofado - forrado - con cuero delgado en el interior. También convenía vestir ropa de armar, acolchada, no solo por comodidad, sino por protección, para que el impacto sobre las armas no se transmitiese directamente a la carne. 

Además de la protección, cuando menos bailasen las piezas del arnés, menos ruido hacían, lo cual era fundamental para los golpes de mano:
El capítan partió muy de mañana: a media hora ante que amaneciese llegó junto a la torre y fue sentido por el ruido de las armas que llevaban los de caballo: y queriendo pegar fuego, los soldados que estaban dentro dispararon su arcabucería por agujeros que tenían hechos en la torre y mataron diez hombres darmas
Historia y primera parte de la Guerra que don Carlos V...  movio contra los Principes y Ciudades rebeldes del Reyno de Alemania. 
Pedro de Salazar [1548]


Viendo a estos armeros trabajando en su taller, puede uno casi escuchar lo que comentaba Luis Zapata de Chaves en 'Del justador' sobre las armaduras: y porque no suenen ni chapeen, con cuero delgado del envés estofadas. Porque es gran deslustre á un justador irle las armas como calderas sonando
Del Justador. Luis Zapata de Chaves. Chants royaux sur la Conception, couronnés au puy de Rouen de 1519 à 1528. Manuscrito 1537 de la Biblioteca Nacional de Francia.

La mayoría de piezas que ilustran este artículo son piezas de caballeros, nobles y reyes señores y príncipes, no de soldados corrientes. Los grabados y doraduras que hacían a sus portadores reconocibles y envidiables eran mero adorno y no aportaban nada a efectos prácticos; si acaso les hacían blanco de mayor número de enemigos que querían tomarlos presos para cobrar un pingüe rescate, o que querían batirse en singular combate con ellos. 
Quizá esto hiciera que sus oponentes no fueran a degüello contra sus personas.

Lo que está claro es que sí eran arneses de mejor calidad:
En primer lugar, se podían hacer a medida como un traje, con lo cual las piezas vendrían como un guante. Se sabe, por ejemplo, que los nobles que encargaban armaduras a armeros de renombre que vivían allende sus reinos, enviaban piezas de ropa para que el armero las tuviera como referencia, pero esto traía problemas porque el artesano no podía saber si el cuello era alto o corto, o si los pies eran planos o arqueados. Por eso, a veces se mandaban moldes de cera, como los que envió Carlos V de sus piernas. Aún así, parece que el armero, Colman Helmschmid, de Augsburgo, tuvo que viajar en 1526 a España, para ajustar y adaptar varias armaduras, por lo que recibió 500 ducados [2b]. 

En segundo lugar, el acero de que eran labradas era de primerísima calidad, cosa que no se podía decir de los arneses de munición encargados a cientos, o a pocos miles. Esta mayor bondad del metal sin duda ofrecía mejor protección al portador. 



Como el arnés cumplido - completo - era algo engorroso e incómodo, había muchos hombres de armas que en el día a día no se armaban, o lo hacían a la ligera, aún hallándose en guerra viva, lo cual traía algún que otro disgusto, pero no descansar del peso de las armas podía ser agotador:

don Antonio [de Toledo] harto cansado que como era delicado [y] avía tantos días que no se quítauan las armas tenía alguna pesadumbre

El arnés, que se había diseñado en el siglo XV contra armas blancas - lanza, estoque, maza, etc - ahora debía proteger a su portador también contra más potentes armas de fuego y no siempre lo conseguía:

caso que los arneses sean en demasía débiles para resistir al artillería o las arcabuzos, no obstante esto ellos defienden la persona de los golpes de las picas, de halabardas, de espada, de saetas, de piedras, de las ballestas y de los arcos, y de toda otra ofensa que puede proceder de la mano de los enemigos, y algunas veces un arcavuz estara tan mal cargado o escalentado, o bien podra tirar de tan lejos que el arnes por poco bueno que sea salvara la vida del hombre.
De Re Militari [1536]
Deigo Gracian

Para compensar, se labraron arneses con petos y almetes 'a prueba', a prueba de pistola o de tiro de arcabuz, pero:
  • ni siempre resistían: dependía de la calidad del material, del punto de impacto, del calibre y potencia del arma y de la distancia a la que se disparaba 
  • ni siempre eran realmente a prueba como aseguraba el armero: el peto debía tener una marca de impacto de arcabuz que refrendase su resistencia, pero la marca se podía labrar, echa a martillo, o con un disparo a media carga de pólvora. El dueño descubriría tarde y mal la falsificación [2c].

El duque de Alba, por ejemplo, llevaba su arnés a prueba, y en la jornada de Sajonia aunque recibió varios arcabuzazos como las armas eran tan buenas no le pasaban. [2d]

A veces parece que era más efectiva una buena ropa estofada que no una plancha de acero, lo que da una idea de la calidad del material:
Y peleando de lanzas y espadas y andando trabados, dieron un arcabuzazo en el arzón trasero de la silla del caballo al capitán don Francés de Alava, que se le pasaron en una asentadera y le hirieron mal, y de otro un brazo al conde de Santaflor, y hirieron al caballo del Comendador Mayor en el cuello, y mataron el caballo al Marqués de Terranova, y a Juan López de Bibero, alcaide de la Coruña, le dieron un arcabuzazo encima de una ropa de martas, y otras ropas estofadas que no pudo pasar, y se le asentó la pelota encima del ombligo, y si llevara coselete muriera, porque la pelota del arcabuz lo pasaba
Historia de la guerra de Alemania, Pedro de Salazar 1548


Aunque, como se ha dicho, el arnés no era cómodo, tampoco es que el hombre quedara inmovilizado bajo su peso. Un arnés cumplido, de los pies a la cabeza, iba de las 45 a las 60 libras - de 20 a 28 kgs. [2e] 
Estudios modernos han demostrado lo que ya sabían entonces: que tal peso, repartido en todo el cuerpo, restaba movilidad y ligereza, pero no era un impedimento para moverse a pie o a caballo, montarse en su cabalgadura sin ayudas y ¡sin estribos!, levantarse del suelo si caían, o incluso correr [2e].

Ellos se exercitaran tambien a subir a cauallo armados de todas pieças, la lança en la mano y a descender a todas manos sin tener ayuda ni ventaja y sin estribos
Disciplina militar de Guillaume du Bellay, señor de Langey, muerto en 1543, traducida por Diego Gracían [1566]

Nadar, claro, era otro asunto. 
El caballero que cruzando un río a nado sobre el caballo - nadaba el animal, no el jinete - cayese al agua lo tendría muy mal para mantenerse con la cabeza fuera del agua. El hombre de armas que embarcado caía al agua, era hombre muerto. 

El hombre de armas requería el servicio de un mozo, para armarse, para cuidar las cabalgaduras, para ensillar y enfrenar el caballo y para, una tarea que había que hacer a menudo, bruñir las piezas del arnés, pues el acero se oxidaba, y el 'orín' era necesario quitarlo con regularidad.  



2.1 El almete

vino un tiro de sacre y cortó cercen la pierna derecha al caballo del Conde y cayó luego: el Conde no hubo mal; yo me hallé junto a él, dende a poco, cuando vinieron los hombres darmas de los enemigos y la vanguardia nuestra tornó a ellos, ya que el Conde queria calar la vista del almete para afrontar, vino una saeta y diole por medio el ojo derecho que le passó toda la cabeça y murió dentro de media hora, o poco más, Dios le tenga en su gloria, que muy buen caballero era. 
Muerte de Pedro de Cardona, Conde de Golisano o Collesano en la batalla de Bicoca, narrada por el Abad de Nájera


Revista de tropas en Barcelona. Un almete parecido a este podía pesar unos 3 kgs.


El almete tenía una visera que protegía el rostro, una babera que protegía la mandíbula y la papada y un barbote que protegía el cuello. 
La visera - también llamada vista, aunque la vista era realmente la ranura porl a que el hombre de armas veía - podía estar dividida en dos o más piezas, siendo la visera  propiamente dicha la que protegía los ojos y permitía la visión y la ventalla la parte inferior que protegía la boca y permitía el paso del aire. También podía haber una tercera pieza, un nasal. 
Sobre la 'calva' se reforzaba el conjunto con una 'cresta'. 
Complementaba el conjunto la gola o gorjal, pieza que protegía el cuello y la parte superior del pecho formada por láminas articuladas.


En este lámina del inventario iluminado donde tenemos un arnés de guerra para combatir a pie con el 'tonelete' o faldetas, vemos las distintas piezas que protegían cabeza y cuello. 

Penachos para almetes. Real Armería


Los almetes podían llevar un 'asiento de penachos', un casquillo fijo en el colodrillo que permitía la inserción de un penacho de plumas, una floritura innecesaria, pero muy del gusto de la época [2.1a]. 

Según Quijada de Reayo, el almete ha de venir justo á la cabeza y quepa hasta estofa con su barascudo detrás y armado puedas comer y beuer con el y en las quixeras en igual de las orejas cinco agujericos en cruz y la estofa por la parte de dentro en igual de los cinco agujeros sacado vn bocado tan redondo como la oreja y porque puedas bien entender lo que te dijeren y la vista sea ancha hacia abajo que cubra bien las quixeras del almete y medio barbote con su alpartaz de malla.  
El almete pues, había de estar forrado y acolchado, para mayor protección, ajuste y comodidad y además, estar perforado a la altura del oído para no quedar sordo durante la batalla.


Alpartaz de malla con cinchas y estofa que se colocaba bajo el almete. Museo de Viena. No es exactamente lo que declara Quijada de Reayo, pero sirve para hacernos una idea de que bajo el almete o casco, no hallamos la cabeza desnuda, sino que se colocaba una o varias piezas de tejido estofado - dos piezas de tejido con un relleno de algodón en medio. Según 'Del justador' de Luis Zapata, famoso campeón en torneos en época de Carlos V y de Felipe II, la cabeza había de ir 'bridada', que es con un doblez de la misma estofa de tafetán ú de raso, que tome un poco de la frente con dos cintas; apretada la cabeça hacia el colodrillo de la celada, porque con el vaiben del encuentro no llegue la celada á, la cara. 




El hombre de armas marchaba, e iba al paso, e incluso al trote, con la visera levantada, pero debía, antes de ponerse al galope, 'calar la vista' en orden de protegerse el rostro durante el encuentro. El descuido de no llevarlo podía tener consecuencias fatales. La ranura que permitía la visión se denominaba vista, pero a veces vista se usaba como sinónimo de visera.

El almete tenía unos agujeros a la altura de las orejas para permitir escuchar, como queda declarado por Reayo. 

Los caballeros se hacían llevar el almete, y a veces también la lanza, e incluso los brazales, por un paje, para ir más descansados, aunque también podían llevar el almete colgando del arzón.
El almete pesaba entre habitualmente 3.0 y 4.0 kgs [2.1b]

Entre los dichos gentiles hombres y hombres de armas, los quales iban en ordenança tres a tres, yuan  los pajes en medio dellos iij a iij con lanças yelmos y celadas, todos, assi señores como pajes, muy gentilmente a cauallo. 
Entrada del inuictíssimo César... en Bolonia, año de 1529

Y a veces el paje debía ir corriendo detrás de su señor para que se armase, poe ejemplo, tras el duque de Alba en 1546, que hallándose en la tienda del Emperador desarmado, salió al tocar arma los enemigos en el campo imperial. 
Era habitual que los caballeros se iniciasen en el oficio de las armas como pajes, sobretodo los de mediana hacienda y los segundones, cuya familia o no tenía casa propia o ésta era muy menguada, o tenían más hijos que puestos en que ocuparlos. 
Además, ese servicio era una oportunidad para el desarrollo personal y profesional del joven. 
Por ejemplo, el condottiero Bartolomeo d'Alviano a la edad de 10 años entró a servir como paje en la casa de Virginio Orsini. Virginio, un hombre de armas de 24 años que militaba en la compañía de su padre, se llevó a Bartolomé, que contaba con 14 primaveras, a la batalla de Mulazzano. 
Parece que no le vino mal este debut temprano en la milicia, pues llegó a capitán general del ejército veneciano. 



2.2 El sayo de armas, la sobrevesta o la casaca

Con esta comissión, salió de Mons Monsieur de Genlis, con pocos cavallos. Y para caminar con más seguridad por las fronteras, él y los demás que con él ivan, con casacas y toneletes de hombres de armas de la compañía del Duque de Arschot,
Comentarios de lo sucedido en las guerras de los Payses Baxos (1567-1577) por Bernardino de Mendoza


el primero era el señor Conde de Nasau con L hombres de armas con su deuisa sobre las armas, conuiene a saber, sayones de terciopelo negro e raso turquesado, y después el capitán Alarcon con su gente de armas con sayones deuisados de terciopelo amarillo y turquesado sobre las armas
Entrada del inuictíssimo César... en Bolonia, año de 1529


no gasteys vuestra hazienda en trajes, porque aqui no ay gentileshombres que vengan luzidos ricos costosos a la guerra como en Francia. Guardad vuestra hazienda por que no sabemos lo que la guerra durara y procura[d] que vuestras personas anden bien armadas y adereçadas, por que esto sera lo que aqui es mas menester
Supuesta platica del duque de Alba a los caballeros de la corte del Emperador Carlos
Historia y primera parte de la Guerra que don Carlos V...  movio contra los Principes y Ciudades rebeldes del Reyno de Alemania. 
Pedro de Salazar [1548]

El Emperador marchaba sobre un fuerte y bello ginete de España, armado de fuertes bellas y ricas armas doradas y cubiertas de un sayo, que así llaman en español, de paño de oro, la espalda derecha la llevaba descubierta y la mitad del costado y del brazo también, por donde se podían ver las armas asímismo, y en la cabeza un bonete de terciopelo negro, sin penacho ni otro adorno. Descripción de la entrada del Emperador en Bolinia, Memorias de Brantome [2.2b]. Aquí no vemos al Emperador, sino a un noble de su corte, pero el corte del sayo se ajusta a la descripción. Patrimonio Nacional - Palacio Real de Madrid. 




 

La mayoría de hombres de armas se armaban con arneses blancos de munición, esto es, de los que se compraban a cientos o miles a armeros de Milán, Brescia, Tournai, Nurembberg, Colonia o Augsburgo [2.2b], no llevarían penachos de plumas ni vestirían ropas de armas, pero hay ejemplos de compañías totalmente uniformadas, y muchos caballeros gustaban de vestir sayos, sobrevestas o casacas con diferentes motivos, bien con sus armas y divisas, bien con algún motivo carente de significado, pero que expresaba el poderío económico y aristocrático de quien lo portaba. 

Caballeros franceses con sus sayos de armas y cubiertas a juego. Voyage de Genes [1507] Les françois prennent les Forts des Gennois. BNF


Los señores que se lo podían permitir vestían también ricamente a sus pajes.

Diferentes sayos. Real Armería de Madrid

Había sayos minimalistas, como el del noble que ilustra el encabezamiento de este apartado, que permitían apreciar la riqueza del arnés - había que lucirse - y otras sobrevestas o casacas sin mangas, pero de faldones o toneletes más largos.  

El sayo podía ser de ante y ofrecer algo de protección.

El hombre de armas podía vestir también un tonelete- de raso, de tafetán, de terciopelo, o de cualquier tejido adecuado - pieza de vestir que tenía igual nombre que la pieza del arnés que ofrecía protección al caballero cuando combatía a pie. 


Sobre el sayo o casaca, los hombres de armas que no tenían divisas propias que vestir, colocaban la Cruz Roja símbolo de la casa de Borgoña. Aunque también se usarían bandas [2.2c]. 


Ofrecía alguna protección frente a los elementos y evitaba que la armadura se sobrecalentase bajo el sol. 



3. Los caballos. La silla. Las bardas.

Pero como por haberse perdido con la tormenta tantas naos las naos gruesas no bastasen para recoger tanta multitud de soldados aunque se apretasen mucho, mandose a los gouernadores y señores de las naos que echasen todos los cauallos que lleuauan en la mar. 
Porque fuera cosa indigna de la bondad del Emperador, querer ellos mas la salud de los cauallos (aunque fueran excellentes y admirables) que la vida de los soldados, aunque fueran comunes y aguadores del campo. 
Esto enojó estrañamente a los grandes señores, y principalmente a los dueños de los cauallos: porque dezian que no solamente perdian la cosa que mas etimauan para la guerrra, sino que por pasatiempo, sin gran necesidad destruyan la flor de los cauallos de guerra, dexando a España para lo futuro sin raça de buenos cauallos, sin poderse remediar la perdida, pues morian alli los mejores.
Historia general de todas las cosas succedidas en el mundo en estos 50 anos de nuestro tiempo, por Paulo Jovio, obispo de Nocera.



los arcabuzeros que estauan de la otra parte del fosso, bueltos contra el lado del enemigo, con continos tiros hizieron gran daño en los hombres de armas, señaladamente en los cauallos 
Batalla de Bicoca en en Historia del fortissimo y prudentissimo Capitan Don Hernando de Aualos, marqués de Pescara. Amberes 1558


Caballo bardado y ensillado. Inventario iluminado de la armería de Carlos V. Evidentemente, se trata de la cabalgadura de un rey, por lo tanto, no es este el ejemplo de caballo encubertado tipo, pero la lámina está magníficamente detallada. Conservada en la Real Armería de Madrid, y catalogada como cubiertas para justar, tiene un peso completo de 58.5 kgs [Catálogo 1898]


El caballo podía ser encubertado o bardado, o sea, defendido con cubiertas o bardas, piezas metálicas que formaban una armadura adaptada a la fisiología del animal. 
Esas piezas también podían ser de ante reforzadas con lamas, o de ante solo o cuero cocido, crudas o pintadas.

Los caballos llevaban sus testeras de hierro lucidas y sus armaduras de pescuezo, las cubiertas doradas de cuero cocido, que los antiguos las llamaban clivani, las cuales comodísimamente cubrían los pechos y ancas 
Desafío entre 13 caballeros italianos y 13 franceses, narrado por Hernán Pérez del Pulgar en 



Revista de tropas en Barcelona. Detalle grupera de lamas de cuero. ¿Una 'clivani' o 'clibani'como la que describía Pulgar? 


Era frecuente, por lo menos en el siglo XVI, que buena parte de los caballos acudieran al campo de batalla sin protecciones [3a] probablemente porque eran costosas, antes que porque el caballo no tuviera fuerza suficiente para cargar con ellas al galope, porque el conjunto era de unos 25 kgs de peso.

Desde luego, el hombre de armas que acudía al campo de batalla en caballo encubertado tenía la ventaja de que su montura no podía ser fácilmente muerta de lanzada o estoque por el enemigo. 
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Corazas humanas de cuero y cubiertas equinas labradas en ante. Real Armería de Madrid


El Emperador en la revista de tropas en Barcelona. Su caballo lleva cubiertas de ante, más ricamente bordadas que las de la lámina de la Real Armería, a juego con el sayo y la silla, pero igualmente útiles. El hombre de armas había de estar en la silla como si fuera de pie. 



Las piezas eran una testera - para la cabeza -, una crinera - para el cuello -,  un petral o petrinal - para el pecho - una baticola - para la parte posterior - y un rosetón de grupa o grupera. 


Pesos de piezas en acero [3b]

Testera: 2.2 kgs
Crinera: 3.0 kgs
Petral: 3.7 kgs
Silla armada : 10.0 kgs
Grupera: 5.4 - 6.2 kgs [en 2 paneles, izquierdo y derecho]


Pesos de piezas en cuero

Petral: 1,8 kgs
Grupera: 2.6 kgs


Media testera de caballo. Real armería


Puesto que el hombre de armas estaba muy bien defendido, una de las tácticas de combate era apuntar la lanza contra el caballo, y matando o hiriendo al animal, dejar fuera de combate al enemigo.

Los caballos eran grandes [3c] y fuertes caballos de guerra seleccionados durante generaciones para poder llevar a galope todo el peso del jinete con su armadura, la silla, los aderezos, las bardas y las armas. 
Eran animales bastante costosos, aunque, como en todo, había bestias de primerísima calidad - destreros, del latín 'dextrerus' - y 'corsieres' o corceles - del latín 'corsarius'. Los nobles que pudieran permitírselo cabalgarían destreros, parece que así llamados porque el paje los conducía a la batalla montados a la diestra de su señor, mientras que estos cabalgaban otra cabalgadura. Mientras, los hombres de armas cabalgarían en 'corsieres'.
Para el reinado de Enrique III de Inglaterra - sí, se nos aleja un poco de siglo, porque hablamos mediado el XIV - solo un 5% de los hombres de armas listados en el ejército del rey cabalgarían un destrero [3d].
En las ordenanzas para los hombres de armas de Lombardía de 1555, se indica que el soldado ha de poseer para el combate un caballo 'corsier'. 
Si los señores y caballeros disponían de destreros porque podían pagarlos, pues añádase la ventaja de hallarse mejor encabalgados a todas las otras, mejor armadura y mejor preparación, principalmente.

Uno de los factores que pudo contribuir al desarrollo de la caballería ligera fue el coste de estos corceles de guerra, porque caballos ruines se criaban en cualquier tiempo y lugar.

Había autores que defendían que el caballo debía morder, embestir y cocear. Otros, sin embargo, consideraban que el caballo no debía ser 'rijoso' - que lo mismo quiere decir presto para la riña como lujurioso - ni debía ser amigo de coces:

y que estos cauallos sean bien domados ligeros y de grande huelgo , y grandes trabajadores, y los menos rixosos que fuere posible, o a lo menos que no tire coçes, porque los tales son muy peligrosos en una priessa, y que vna sola coz puede lisiar a vn valiente hombre
Disciplina militar de Guillaume du Bellay, señor de Langey, muerto en 1543, traducida por Diego Gracían [1566]

A ver buen hombre, criéme usted este potro para que sea de aquí a cuatro años un caballo de guerra como este otro. Der Weiss Kunig [1514-1516]


El hombre de armas podía tener una montura doblada, o sea, disponer de dos caballos para el combate. Aunque esto era la norma en Francia, en España, Italia o Alemania no era obligatorio, y los hombres de armas podían sentar plaza con un solo caballo de combate. Se establecía que el hombre de armas dispusiera además de un 'caballo de fatiga' para transportar las bardas cuando no hubiera combate, o para sus quehaceres diarios. 

En Lombardía, por ejemplo, los hombres de armas recibían unas 'tasas' o sobresueldos por sus monturas, 5 escudos al mes para tres caballos: 
  • un caballo 'corsier' o 'coser' o corcel como montura principal para la guerra 
  • una dobladura para sustituirlo, de menor calidad pero apto para el combate 
  • un rocín o jaca para su servicio. 

Este rocín, jaca o cuartago - caballo de mediano cuerpo - servía para que el hombre de armas fuera de camino, y para llevar las armas y ropa de manera que el caballo principal o la dobladura pudiera estar siempre descansado para poder servir a galope.

El caballo, que era de la propiedad del hombre de armas, se listaba y se inscribía en los libros del sueldo cuando se pasaba muestra, tomándoles las 'marcas, pelo y señales' para identificarlos. Dicho caballo corsier, pasado en la muestra, no podía ser vendido sin licencia del contador del ejército. Si moría en combate, el ejércit podía compensarle económicamente por la pérdida dando ayudas de costa para la compra de un nuevo animal. A veces, para evitar fraudes, se pedía el pellejo del caballo.

En Francia la 'lanza', la plaza que sentaba el hombre de armas en la compañía se componía de un gendarme o hombre de armas, un arquero y un paje [ver Apéndice, Zurita], aunque el hombre de armas podía contar con dos arqueros y un paje. 

El paje llevaba la segunda montura para reponer el caballo herido o sustituirlo si estaba fatigado, y además debía aportar una lanza de repuesto por si rompía la primera, por lo que no debía andar lejos de su señor ni perderlo de vista, aunque los sacasen de las 'órdenes' antes del combate. 

fue muerto el cauallo al Capitán Lefcu y tomado luego otro fue herido en la cara de vna estocada por la visera del yelmo 
Batalla de Bicoca en en Historia del fortissimo y prudentissimo Capitan Don Hernando de Aualos, marqués de Pescara. Amberes 1558

Del paje, por cierto, se esperaba que ingresase en la milicia cuando tuviere edad suficiente, sentando plaza como arquero del rey de Francia.

Item, que de aquí en adelante los dichos hombres darmas no tendran algunos moços o pages de edad de diez y ocho años o más a los quales mostraran a tirar el Arco, para meterlos en las dichas ordenanças si bien les paresciere quando fueren en edad sufficiente para servir
Ordenança del rey Francisco sobre el hecho de la guerra.
20 de enero de 1514

Cada hombre de armas podía tener 4 caballos, y cada arquero 2.
Todo este aparato de guerra hacía de los franceses la élite de la caballería, pero era muy costoso de mantener. 

Los borgoñones tenían - en 1532 - 3 caballos por cada hombre de armas y 1 por cada arquero. 

Los españoles reducían la lanza a un solo hombre de armas.
 
La silla era armada, de arzones altos y estribos largos. Este modo de cabalgar con las piernas estiradas se denominaba 'a la brida'. La silla disponía de unas borrenas de cuero estofado que protegían los muslos del hombre de armas y el arzón delantero ofrecía protección a la barriga, mientras que el trasero actuando como respaldo, sujetaba al hombre de armas cuando rompía la lanza en el contrario, lo cual no impedía que fuera desmontado recibiendo un golpe. 

Las riendas podían [o debían] ser de cadenas para que no pudieran ser cortadas por el enemigo:
el Marqués de Civita de Santangel [3e] el cual como muy valiente capitán entró por los enemigos matando cuantos topaba, é yendo así, uno de los contrarios le cortó las riendas por descuido de no llevar cadenas, é como el caballo se sintió suelto , metió á su Señor por el tropel de los enemigos , aunque iba hiriendo á una parte y á otra con su lanza, hasta que fué á dar donde el Rey de Francia andaba , el cual con una gruesa lanza que traia, le encontró de suerte que como fuese el Marqués armado á la ligera, le derribó muerto en tierra. Esto paresció así, porque el mismo Rey , dando buenas señas después , dijo lo que le habia acaecido. 
Relación de la batalla de Pavía por Juan de Oznaya [CoDoIn v9] 

El caballo, claro, también había de ser entrenado para la guerra. 
Una de las facciones que había de pasar era enfrentarse a un grupo de hombres armados con palos a modos de lanzas. Los 'agresores' formaban una pequeña masa y azuzaban los palos dando voces contra el caballo. El jinete daba orden de avanzar, y claro, los hombres, se retiraban marcha atrás y cejaban en su actitud agresiva. De esta manera, el joven potro, engañado ante el teatrillo de los hombres, se creía capaz de abrirse paso  ante hombres armados de lanzas y picas. 

le dara gran animo que algunos hombres de píe se le pongan de cara , y lo amenazen con terribles bozes : y entonces arremetiendolo como hasta tres vezes hazia ellos la primera de paso, la segunda de trote, la tercera de galope, fingirán todos que huyen: o que andando se retiran; Y sí demas desto le amenezasen con mas palos , y mas espadas , tanto mas lo hara siguro, y animoso.
Traducción de la obra Federico Grisone Gli ordini di cavalcare
Primera edición de 1550 [3f]


También debían acostumbrarlos al estruendo de la artillería y de las armas de fuego portátiles. 
Para ello, se colocaba al potro entre dos caballos viejos previamente acostumbrados al ruido, y se procedía a disparar arcabuces - sin pelota - cada vez más cerca del animal, apaciguándolo con palabras mansas y acostumbrándolo así al ruido. 
Mal negocio hubiera hecho un hombre de armas comprando un caballo asustadizo ante los ruidos. 
Este entreno, claro, tenía un coste para el criador y un precio para el comprador. 

A veces la escuela o crianza sumados al ánimo o temperamento del animal eran más importantes que características físicas.

Las espuelas, de hierro forjado, de acero o de latón - para que fueran doradas - podían ser cortas o largas, de rodete o de punta, en función de la distancia a la barriga del caballo y de la protección que éste llevara. Según Reayo, las grevas, las piezas que defendían las pantorillas, no debían de ser abiertas por abajo, sino debían tener 'una ventanica por do salga el rodete del espuela'.


Espuelas. Algunas parecen más a propósito para desbarrigar que para herir, pero así eran. En aquel Tiempo usaban mucho los Caualleros los Cauallos Armados de cubiertas; con lo qual de fuerça era necesario para llegarles al Vientre que las Espuelas fuessen de casi vn Palmo Real Armería de Madrid

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4. La lanza de armas

Dio á cada uno lanzas muy fuertes y más largas que las de los franceses casi una braza y sendos estoques colgados de los arzones á la parte izquierda y sendas espadas cortas y anchas ceñidas para herir de tajo y revés; y á la mano derecha una hacha de labradores de cortar leña, con un astil de media braza colgada con una cadenilla. Los caballos con sus testeras de hierro y los caballos armados los pescuezos. 
Desafío entre 13 caballeros italianos y 13 franceses en Crónica manuscrita del Gran Capitán



Marchando, la lanza se llevaba en cuja, o sea, apoyada sobre la cuja, el muslo, de la pierna derecha. Cuando se comenzaba a galopar, la lanza se enristraba: se llevaba a la axila derecha y se apoyaba en el ristre; a este movimiento se le denominaba enristrar o engocetar. El 'gocete' era un rodete de cuero o hierro que estaba en la manija de la lanza y que hacía de tope contra el ristre, de manera que no se fuera atrás, se deslizase por la axila, al impactar y se perdiera la fuerza. 
El 'gocete' también era la pieza que protegía el sobaco. 

Enristrar la lanza era todo un arte, algunos preferían hacerlo en el último momento y de golpe, acción llamada 'pescar' y otros, bajarla poco a poco, 'como pesa de reloj', durante la carrera, que no debería durar más 75 pasos al galope. Un mínimo desvío de un dedo en el ristre podían dar un error de dos palmos en el hierro. Además de la pericia del hombre de armas, el caballo podía tropezar siendo muchas veces el terreno del campo de batalla irregular. 

Las lanzas podían ser lanzas gruesas, que se componían de dos mitades ahuecadas unidas mediante anillas, lo cual aligeraba el arma y permitía que fuera más larga a la par que fácil de manejar, o estar compuestas de una sola madera. La medida rondaba los dieciocho palmos - 3.73 metros - aunque se conservan lanzas de ristre para la guerra de entre 4.5 y 5.0 metros. Su peso [en 1611] era de unas 6 libras, 2.76 kgs 'tan solo'. Un peso que podía agotar a un hombre de armas, porque ningun braço, aunque fuesse fortissimo, duraua mucho tiempo

La madera ideal para una lanza de armas, [llamada así, para diferenciarla de la lanza de mano o de la lanza jineta] parece que era la de fresno o haya, mientras que la de pino, 'de Cuenca o de Balsaín', más blanda y quebradiza, se reservaba para las justas, para no herir de gravedad al contrario.

Cuando Carlos V participó en el 20 de abril de 1526 en una justa que se organizó en Sevilla con motivo de la boda con Isabel de Portugal, fue derribado tras romper tres lanzas por un bote que le dio en el pecho. No recibió daño, pues las lanzas de aquel día eran especialmente débiles, y la punta, como era normal, no estaba preparada sino para golpear. 

Aún así, Francisco Duarte, comisario general del ejército imperial en Francia [1544] que se encargaba de aprovisionar el ejército, refiere que de las montañas de Lorena se sacan los sapines, ques la madera de la que se hazen las buenas. Sapino era la voz que se usaba entonces para referirse a los abetos.

El árbol se debía cortar y dejar secar un tiempo, pues estando verde era demasiado pesada [4.a]. 

Normalmente, como en el caso de las picas, se compraban a unos mercaderes las astas, las maderas, y a otros - de Amberes, por ejemplo, ya que eran más finos y de mejor talle que los de Alemaña,  los hierros, y unos armeros - o 'hasteros' - debían labrar las lanzas y poner los hierros en las astas. 

Jovencísimo caballero con su lanza pasando revista ante el Emperador en Barcelona, año de 1535. El caballerete calza borceguíes, ni grevas ni escarpes de hierro protegen sus piernas. 


Como se esperaba que se rompieran, un ejército debía hacer previsión de ellas para la campaña. Por ejemplo, Francisco Duarte compra 1400 lanzas en Colonia, teniendo en el arsenal de Malinas otras tantas, y hace compra en Amberes de 2000 'maderos de sapin', 'porque podría ser que si la guerra durase algún tiempo no se hallasen [...] o subiesen el precio', y ultima una compra en Nuremberg de otras 498 lanzas por 268 escudos de Italia y 12 baços, a razón de 13 baços cada una más los portes. 

En 1546, el mayordomo de la artillería tenía en su haber 3047 lanzas para la campaña en Alemania, lanzas de respeto, o sea, armas de munición que se llevaban para cubrir necesidades y se entregaban al soldado descontadas de sus pagas. Según Lechuga [1611] en un carro que cargaba 1200 libras [552 kgs] se podían transportar 200 lanzas. 

Las lanzas se adornaban en la punta con una penacho o un pequeño banderín. Los hierros se remataban a punta de diamante. 

Hierros de lanzas. Catálogo histórico-descriptivo de la Real armería de Madrid (1898) 



El hierro de la lanza normalmente se afilaba a punta de diamante, formando un tetraedro, y carecía de espigas, las lamas que servían para remachar las puntas de las picas y ligarlas al asta, porque el hueco de estos hierros donde entraba el asta era muy profundo, y la madera llegaba al macizo del acero.
 
También podía tener la 'clásica' forma de hoja de laurel:

Detalle de La cavalcata dell'Imperator Carlo V nel suo ingresso in Bologna, grabado de 1530

Martín de Eguiluz [1595] hablando de la caballería ligera, que también llevaba lanzas de ristre, decía que la lanza, una vez rota, se podía usar en un segundo y tercer encuentro, porque aunque se hubiera perdido la punta con el hierro, el 'troncón' podía descabalgar a un enemigo, pero autores más tempranos, de tiempos donde el hombre de armas aún tenía la primacia [1530-1540s] explican que una vez rota la lanza se echaba mano de las armas secundarias. 



5. El lanzón. El venablo.

Carlos V a caballo, sobre una cabalgadura encubertada tal y como aparece en el Inventario iluminado. Nótese que es exactamente la misma pieza del apartado anterior, y que, sin embargo, el petral no protege el pecho como al caballo anterior.  En su mano diestra porta un lanzón [5a]. Real Armería de Madrid y en la zurda conduce a su caballo con riendas de acero, que claro, no podían ser cortadas por el enemigo.


Las lanças de ristre no se pueden aprovechar d'ellas más de un encuentro [...] y por esto la gente d'armas quando entra en una batalla llevan sus lanzones en la mano de la rienda, los que son pláticos en la guerra, para que después de rompidas las lanças hieren con aquellos a los enemigos a diestro y siniestro y hazen la guerra como buenos cavalleros, pláticos en la guerra y llevan assimesmo sus maças y martillos y estoques y espadas y dagas. Mas d'estas armas poco se sirven en la guerra, y de lo más que se sirven y se aprovechan es de la lança de ristre y del lançon

Creo que había que ser muy 'plático en la guerra', como decía Diego de Montes, para gobernar un caballo con la mano que sujeta el lanzón y con la otra enristrar la lanza de armas, pero como queda declarado, negro sobre blanco, aquí queda este uso retratado de esta lanza de mano 'corta' y robusta.

Diego de Salazar [1536] decía que el lanzón, siendo arma larga y pesada, necesitaba las dos manos, porque 'con una no puede hazer cosa buena por la pesadumbre de la dicha arma'. 

Soldado de a caballo, - sin almete y sin escarpes, y parece que sin ristre - quizá un caballo ligero, se emplea con un lanzón contra infante armado de espada de dos manos. Nótese el larguísimo hierro y la cruceta. De arte athletica pars II, de Paul Hector Mair [identificación del lanzón sugerida por Juan Molina Fernández]. 


Bernardo Navagero, escribiendo en 1546 sobre los hombres de armas alemanes, decía que algunos llevaban, a parte del arcabuz al arzón de la silla, un 'spiedo da porci' bajo el brazo. Este venablo de matar puercos, arma temida por los franceses, era la típica arma que se usaba para la caza del jabalí a caballo, aparte de la lanza [5b]. 
El caso es que, con comodidad o sin ella, un hombre podía cabalgar con lanza y llevar una segunda arma de hasta, aunque fuera corta.

Fuéronles demás de esto añadidos dos venablos, los cuales estaban plantados en el suelo, así que aquellos que fuesen derribados en tierra, tomando en las manos aquellos venablos, pudiesen combatir. Fueron estos venablos, según se entendió de Próspero, y para aquellos que combatieron, muy provechosos para ganar la victoria. 
Desafío entre 13 caballeros italianos y 13 franceses, narrado por Hernán Pérez del Pulgar en 
Las dos conquistas del Reino de Nápoles o Chronica del Gran Capitán



En la lámina 52 del Inventario Iluminado aparecen varias armas de hasta, entre ellas, la marcada con la letra B, un venablo. 



6. El estoque y la espada de armas

rompida la lança echaras mano al estoque que ha de estar colgado en el arzon delantero a la mano izquierda puesto de manera que aunque eches mano no se te caiga la vayna tras el y peleando con ellos [darás] golpes a la vista y a las escotaduras que es la barriga y los sobacos. De que le hayas perdido o quebrado echaras mano al espada de armas la qual llevaras ceñida al lado izquierdo [...]
Doctrina del arte de la Caualleria [1548] Juan Quijada de Reayo

Espadas esclavonas - poc comparar - y estoque, detalle de la lámina 47 del Inventario iluminado. En el Catálogo de la Real Armería de 1898 aparece este estoque descrito: hoja larga acanalada con cuatro filos hasta la punta, guarnición de cruz sobre brocal cuadrangular para que entre sobre la vaina, gavilanes cilíndricos, pomo en forma de muleta, largo de la hoja 115cm; ancho 1.3cm 

El estoque era un arma de sección habitualmente cuadrangular sin filo pensado para herir de punta en las escotaduras del arnés enemigo: cintura, axilas y ojos. También podía tener otro tipo de sección, almendrada o romboidal, y tener filo. 
La hoja era normalmente de cinco o seis palmos [de un metro a metro veinte, aproximadamente]. 
El mango era para mano y media o dos manos y podía tener un tope de manera que se pudiera enristrar como la lanza.

Estoques - arriba - junto a espadas, por comparar proporciones. Lámina 49 del Inventario iluminado. Detalle. El de la derecha tendría en su mango el tope o gocete para enristrar. 


Para llevarlo colgado del arzón, se le añadía una cinta de la cual pendía envainado. Al parecer, esta disposición podía causar algún problema a la hora de desenvainar:

Y el Rey, echando mano á la espada que llevaba atada al arzón de la silla , no la pudo sacar de la vayna. Lo qual fué causa que de allí adelante nunca quiso traer la espada en el arzón, sino ceñida á su lado. Lucio Marineo Sículo. De las cofas memorables de España [1539]. 

Empuñaduras de estoques con filo del siglo XV. El de la izquierda, estoque ceremonial enviado por el papa Eugenio IV a Juan II de Castilla con hoja ancha. El de la derecha, estoque de armas  de sección romboidal, hoja de 90 centímetros de largo y 4 de ancho, con puño de mano y media con forma de pera. Catálogo Real Armería [1898]. 


La espada de armas, se llevaba por contra, ceñida, o sea, a la cintura, lo cual facilitaba que fuera desenvainada. Además, si el hombre de armas era descabalgado, caía a tierra con un arma, quedando las demás colgadas del arzón.  
La espada de armas era un arma de hoja más ancha y larga que la usada por la infantería y algo triangular. 

La gran cabalgata del Papa Clemente VII y el Emperador Carlos V en Bolonia [grabado de 1532. Hombre de armas alemán con martillo en la diestra y espada ceñida al cinto a la siniestra. 


Espada de armas y daga de ceñir a juego, junto a maza de arzón. Real Armería de Madrid


En este arnés, que dispone de una tarja para justar, se ven las partes del cuerpo desprotegidas por el arnés, que debían protegerse con malla: las axilas o gocetes, la cara interior del codo, la zona del pubis y la ingle, la cara interior de los muslos, pues a caballo se solían usar medios quijotes, que eran más cómodos. Estas dos últimas zonas estaban quedaban a cubierto hallándose el hombre de armas montado a caballo.  Los correones que sujetaban las escarcelas al peto, en esta pieza eran vistos, pero normalmente, se llevaban por la cara interior para que no pudieran ser cortados. 

Presta atención a las tres partes abiertas de tu oponente que puedes alcanzar con la punta, que son el sobaco, la apertura del armadura en su codo derecho, y finalmente, la vista. Traducción a partir del inglés de fragmento del texto original en latín, que acompaña la imagen. Opus Amplissimum de Arte Athletica. Aquí vemos claramente que el estoque está dirigido a la axila diestra. 



Los estoques y espadas, por si no queda claro con la cita de Quijada de Reayo, se rompían:
á esta sazón ansí las hachas como las espadas y estoques y lanzas, todas las demás estaban por el suelo hechas pedazos, y ansí no tenían  armas con qué poder pelear. Los franceses los más de ellos ó todos estaban en el suelo no se pudiendo defender de los españoles que quedaron á caballo, que eran seis. Convínoles retraerse á un lugar, adonde en un mismo círculo y compás estaban cuatro caballos muertos, y ansí tomando siete lanzas de las que estaban en el suelo, comenzáronse á se defender de los españoles 
Desafío entre 11 caballeros españoles y 11 franceses, narrado por Hernán Pérez del Pulgar en 
Las dos conquistas del Reino de Nápoles o Chronica del Gran Capitán




7. La maza y el martillo. La daga 

en aquel tumulto le fue bollado, y hundido el almete por tantos golpes dé las maças, hasta pocos dias murió. 
Muerte de Plácido de Sangro, alférez del marqués de Pescara en la batalla de Rávena, en
Historia del fortissimo y prudentissimo Capitan Don Hernando de Aualos, marqués de Pescara
[1ª edición italiana, por Paulo Jovio, 1557]

Mazas de armas. Armería de Madrid


[...] y peleando desque la hayas perdido o quebrado [el espada de armas] echaras mano al martillo que ha de ir asido de la cinta con su presa al lado derecho, echando el brazo hacia baxo toparas con el y alçando para arriba soltara la presa y hallandote con el en la mano haras lo que podrás hasta que le pierdas y despues de perdido volveras la mano atras y tomaras la daga de las espaldas y aferraras con tu enemigo.
Con todas estas armas que has de pelear los golpes y el encuentro a las escotaduras que es la barriga y los sobacos y a la vista con el estoque o espada y con el martillo a las manos porque atormentado la cabeça y las manos luego te será rendido
Doctrina del arte de la Caualleria [1548] Juan Quijada de Reayo



Comparativa de dos grabados de Erhard Schoen, 1535. A la izquierda, argolla en la parte izquierda del arzón delantero de la silla. A la derecha, martillo de armas colgando del arzón delantero de la silla. Con tanta arma colgando del arzón, ironizaba Eugenio de Salazar, diciendo que los soldados de a caballo parecían tiendas de espaderos.


Detalle del tapiz la revista de tropas en Barcelona [1535]. Caballero con martillo de armas en la mano derecha. 


La maza era un arma contundente destinada a producir contusiones y heridas internas y podía hundir la plancha de una armadura; abollándole el almete a uno le podían fracturar el cráneo. Quijada de Reayo recomendaba, amén de la cabeza, golpear las manos, que sujetaban las riendas del caballo y las propias armas. 

todos a una cargaron sobre el duque de branzui y a puros maçacos le abollaron la celada que en la cabeza traía y él, viéndose maltratar dixo que se rendía y tanbien le tomaron el estoque y manopla,
Sumario de la Jornada ... contra el duque de Saxonia y sus aliados en el año de 1547, 

El martillo podía contar con un aguzado pico capaz de penetrar, o podía ser usada por su parte maciza como la maza.

Como arma de último recurso se disponía de la daga, a la que habría que echar mano en órdenes muy cerradas, cuando no había espacio siquiera para echar mano de la espada. La daga podía ser de tipo estoque, como la daga rondela, porque al fin y al cabo, el negocio consistía en ir a buscar las escotaduras del arnés, y el filo no era de mucho servicio. 

'Que te pincho'. Aprendices del oficio de las armas luchando con dagas de rondel. Fechtbuch de Hans Talhoffer [h.1467]



También se usaban otras armas contundentes de arzón como 'hachas de armas' o incluso porras

Cinco italianos soltaron las lanzas y tomaron las porras que traían colgadas de los arzones y comenzaron á herir á los franceses de tan pesados golpes que hicieron gran susto y fueron muy gran parte del vencimiento. Los italianos se aprovechaban en gran manera de las mazas y hachetas, rompiéndoles con muy pesados golpes las vistas de los almetes y otras armas. 
[...] 
Un italiano le hendió con una hacha el almete y le hendió la cabeza por medio, que le saltaron los sesos. 
Desafío entre 13 caballeros italianos y 13 franceses en Crónica manuscrita del Gran Capitán




8. La pistola

El arcabucillo, o arcabucejo de arzón que derivó en pistola comenzó a usarse en la década de 1520 y su uso se popularizó en la de 1540 apareciendo los famosos herreruelos o schwarzreyters para los que era el arma principal. 

Para un hombre de armas de 1540-1550 podía ser otra arma más de arzón, como el martillo o la maza, pero no era su arma principal.

Otros veinte hombres de caballo españoles trabaron escaramuza con treinta hombres de armas que Landgrave envió a escaramuzar con ellos, y se llegaron a revolver unos con otros con sus lanzas en las manos sin que de ninguna parte hubiese arcabuz, y rompidas algunas lanzas combatieron de las espadas y anduvo una hora trabada entre ellos la escaramuza, sin de la cual murieron tres hombres de armas y hirieron nueve, sin que muriese ni quedase herido más de un solo español
Historia y primera parte de la Guerra que don Carlos V...  movio contra los Principes y Ciudades rebeldes del Reyno de Alemania. 
Pedro de Salazar [1548]

Arcabucillo de arzón o pistola con llave de rueda. Real Armería



9. El combate a caballo


Choque de caballería. El triunfo de Maximiliano [h1514] BNE


Aunque dijimos que un cuadro de picas bien ordenado formado por hombres bien entrenados y de unidades cohesionadas podía sostener una carga de caballería, y que, respaldados por las picas, o atrincherados tras un reparo, un grupo de escopeteros, o arcabuceros, podía derribar a un grupo de hombres de armas a pelotazo de plomo, lo cierto es que el hombre de armas tenía, al menos, total capacidad de condicionar el campo de batalla: nadie, ni la caballería ligera ni la infantería,  se podía mover sin hallarse en buena orden, porque corría el riesgo de ser atropellado y pasado por las lanzas.
 
Por ejemplo, Sancho de Frías, alférez de Antonio de Leyva, acometió con 15 hombres de armas de su compañía a 150 escopeteros a los que desbarató. Los tiempos de recarga eran lentos, y una vez disparados los primeros tiros, un infante que careciera de un reparo tras el que meterse, o de un cuadro de picas al que acogerse, no tenía nada que hacer frente a un hombre de armas con arnés cumplido. La lucha con arma blanca estaba perdida para un escopetero que llevaría una celada o morrión y una gorguera o una camisa de malla o un manto de obispo o esclavina de cota de malla como únicas protecciones. 

Arcabucero medianamente defendido, con celada y esclavina de malla, también llamada manto de obispo. Túnez, 1535


La caballería ligera armada con lanzas - jinetes, estradiotes, celadas, etc - solo tenía la ventaja de la ligereza de sus caballos, porque hallándose pobremente armados y con caballos de poca fuerza, no podían 'aguardar ni sufrir el chocar': 

un hombre armado a la ligera no hará lo que un hombre bien armado puede hacer, el cual no puede ser herido de golpes a mano, donde el caballo ligero está puesto para recibir los golpes en muchas partes de su persona, y esto a causa de su arnés que no es de tanto peso, ni tan seguro como el del hombre de armas debe ser
Disciplina militar de Guillaume du Bellay, señor de Langey, muerto en 1543, traducida por Diego Gracían [1566]

Aún así, se pueden encontrar ejemplos de lo contrario. En julio de 1515, la compañía de Mercurio de Bua, capitán de 50 estradiotes venecianos, seguía una escuadra [20-25 soldados] de hombres de armas españoles. Uno de los hombres de arma español frenó y demandó combate singular con uno de los estradiotes. Salió del orden uno de ellos y quiso correr la lanza, pero el hombre de armas giró la espalda y huyó, llegándole el estradiote a tocar la espalda con la lanza, 'proeza' por la cual se le dio 2 ducados de ventaja. 

Los arcabuceros a caballo y herreruelos, tenían la ventaja de poder disparar sus armas a distancia, pero una vez hecho el tiro, no tenían tiempo a recargar el arma antes de tener los hombres de armas encima. Por eso, los herreruelos que dieron pie a los caballos corazas, comenzaron a servir con un par de pistolas, y en algún caso, con tres o cuatro. 

Los hombres de armas combatían en escuadrón, en ordenanza cerrada, a tantos por hilera, con los caballos tan apretados que casi podían ir rodilla con rodilla. El escuadrón procuraba cargar al costado del enemigo, no a su frente. Era muy complicado mantener el orden, puesto que había caballos que corrían más que otros. A veces se cargaba a rienda suelta, y a veces 'a furia', a 'espuelas batidas', o sea, azuzando al animal para que diera todo de sí. Cuando se cargaba contra enemigos, se buscaba escoger los peor armados, y si los caballos no eran encubertados, se buscaba matar las monturas dirigiendo la lanza contra el pecho o el cuello del animal. 

A veces, se combatía 'fuera de orden', una o dos tropas o escuadras trababan una escaramuza. 

Si quedaban apeados por muerte de sus monturas, o eran descabalgados por encuentro de lanza, los hombres de armas aún podían oponerse a hombres a caballo, siendo el objetivo el caballo contrario:

Más Bracalone y el Fanfulla les faltaron sus caballos, y hallándose á pie tomaron los venablos y con grande esfuerzo comenzaron á desbarrigar los caballos de los contrarios. 
Desafío entre 13 caballeros italianos y 13 franceses en Crónica manuscrita del Gran Capitán





10.1 Las justas. Los ejercicios militares

la gente de armas en sus estançias que tienen en las cibdades tienen hechas y hazen sus telas, atienden a justar y tornear y hazer otros exerciçios dé la guerra; 
Carta del Abad de Nájera. Milán. 15 de febrero de 1523

Se puede ver la tela que separaba a los contendientes. Según Luis Zapata, la tela de una justa tenía 150 pasos, la de aquí está adaptada por el grabador para condensar la escena en una sola estampa. Torneo en Tournai, con la participación de Enrique II de Francia [1559]. Grabado de Franz Hogenberg. RijksMuseum


Para no oxidarse a la espera de una batalla que tardaba meses en llegar, los hombres de armes se ejercitaban, hallándose en el campo del ejército, en el oficio de las armas. 

¿Cómo? 

Haciendo justas y torneos, a caballo y a pie, quizá no de un modo festivo y aventurero, sino más deportivo o como ejercicio militar, pero torneo al fin y al cabo, rompiendo lanzas contra los petos del contendiente opuesto y descabalgando a los rivales.

Hallar nos hemos a cavallo armados en arneses de guerra de dobles piezas bolantes, y en syllas de guerra y el escudo al cuello syn conteras ni atadura ninguna, para correr dentro de nuestras barreras, en la parte que el cavallero aventurero quisiere, una carrera de lança y nueve golpes d'espada y çinco golpes de lançón, lo que el cavallero aventurero más quisiere; y quien perdiere el lançón, puede poner mano a su espada. Y si el cavallero aventurero quisyere conbatir a pie, estaremos armados con arneses de pie para conbatirles en la parte que ellos quisieren dentro de nuestras barreras por enzima de una barrera con tres golpes de pica y nueve de espada de una mano, o con lança gineta arroxadiza y siete golpes d'espada de a dos manos o lo quel cavallero aventurero más quisiere. 


Para no matarse, amén de disponer de un almete especial, con menos vista que el almete de guerra, se usaban lanzas de pino, más quebradizas y menos duras, con lo que transmitían el impacto amortiguado, y en lugar de puntas de diamante, o de hojas de la laurel, las lanzas se remataban con 'bornes' de puntas jostradas, redondas, con dientes o muelas, que eran puntas de lanza especiales para los torneos, y que empujaban para descabalgar al rival, pero no perforaban el metal ni, salvo accidente - Quijada de Reayo menciona los nombres de cuatro caballeros muertos en justas que él recordaba - pasaban por la vista o por otra escotadura. 
Las buenas lanzas de torneo tenían una arandela, una pieza en forma de embudo metálico para la protección de la mano. Además, se podían sumar otras piezas defensivas al arnés, como la tarja y otras piezas volantes o dobladuras para encambronado o 'encampronado'. 

Los bornes o puntas de estas lanzas de justar, eran de muelas. Se puede ver fácilmente la arandela que protege la mano, y las tarjas divisadas - con la divisa del caballero -que protegían la parte izquierda del pecho. Los yelmos eran más reforzados - y pesados - que los almetes de guerra, y las vistas eran mínimas. Turnierbuch von Hans Burgkmair [copia de 1540 del original - hecho en vida del emperador Maximiliano,  muerto en 1519]. Evidentemente, los caballos ricamente enjaezados, las divisas a juego, y las cimeras de fantasía - las figuras que adornaban el yelmo - no eran necesarias. 


Si los señores hombres de armas rompían tres o cuatro lanzas en una de estas justas, a veces, se esperaba que fueran ocho y más, suménle a sus gastos un par de escudos por solas las astas, y el coste de herrarlas - de montar los hierros - y aderezarlas - colocándoles las arandelas - creo no habría que contarlo, porque es muy probable que lo haría el armero de la compañía, aunque había 'hasteros' especializados en tales menesteres. 

Bastante más caro que tirar unos cuantos tiros de arcabuz ejercitándose un domingo cualquiera.

En todo caso, las justas se regían por normas estrictas para minimizar las muertes y heridas graves. 

Caballeros 'jugando' a pie con alabardas. Der Weiss Kunig, 1514-1516

Probablemente, también se ejercitasen en juegos de habilidad ecuestre y manejo de la lanza, como eran los juegos de sortija, donde el caballero al galope había de arrancar una anilla que pendía de una cuerda con la punta de su lanza.

Lanza - señalada arandela y gocete - y sortija, en Discurso sobre la carrera de la lanza armado, y desarmado, de don Diego Silvestre hidalgo montañés [1602] Biblioteca Nacional de España.


Arnés de justar del emperador Carlos V. Nótese el baberón del almete que protege la cara: no está pensado para ir 'cómodamente' con la cara al descubierto, sino diseñado para ofrecer la máxima protección. En la parte de abajo, derecha, se pueden ver las arandelas. Más arriba, podemos ver todas las piezas de refuerzo que sobreprotegían el lado izquierdo, el que había de recibir el golpe de la lanza:  dos tarjas divisadas, que protegerían el lado izquierdo del torso; una manopla izquierda, que no tenía dedos; un placarte compuesto de peto volante - con su ranura para el ristre - y escarcelón para el lado izquierdo; una sobreguarda, guardacodal o sobrecodal izquierdo;  y hombrera o guardabrazo izquierdo. Evidentemente, esta era un pieza de príncipes, y la mayoría de hombres de armas no tendrían un arnés de guerra y otro de justar y tampoco piezas volantes para tener doble protección. También contaba con un alpartaz de malla, una banda de malla que pendía del espaldar y protegía el culo del caballero.

Completísimo, costosísimo y pesadísimo arnés de justar con todas sus piezas y aderezos con su característico almete de boca de rana. Vemos la lanza gruesa con el borne de puntas de muelas [figura 7], la arandela que protegía la mano [fig.8] hasta el punto de que un caballrero podía justar sin guante, la tarja [fig.6] que sobreprotegía el pecho. También, las lunetas que resguardaban las axilas, que por la raazón que fuera, apenas se usaban en arneses de guerra.  Si pocos nobles tenían dinero para comprarse un arnés de justa, menos iban a tener los hombres de armas del reino de Nápoles o de Lombardía un arnés como éste, y los ejercicios los harían con sus arnes de guerra, quizá con alguna pieza volante y seguro con lanzas de pino y bornes para no matarse como queda dicho. Luis Zapata de Chaves escribía de otros se traen los caballos, de otros las armas; á uno le prestan la silla, á otro los adereços, y si á cada uno le quitasen los empréstitos, quedarian sin plumas, como el pájaro falsario que hurtaba las plumas á las aves, y des que cayeron en la cuenta, quedó de todos pelado.  Lámina XIV de la introducción a la edición alemana del Freydal Des Kaisers Maximilian I. Turniere und Mummereien de 1880.

  

10.2 El entrenamiento

Amén de a montar a caballo, el hombre de armas debía entrenarse a moverse con el arnés puesto, tanto a caballo como a pie. Debía ejercitarse a subir y bajar del caballo armados de todas las piezas con la lanza en la mano, sin ayudas y sin estribos, y para esto, se ejercitaban sobre un caballo de madera. 

También debía ejercitarse en cruzar ríos a caballo y armados. Si el hombre caía cruzando un río era hombre muerto, pues se ahogaba bajo el peso de las armas. En Pavía se hizo cuenta de que 500 murieron al huir tratando de cruzar el Ticino, el segundo río más caudaloso de Italia, con una anchura de 120-140 metros, y aunque el número fuera exagerado, porque normalmente tras una batalla todo eran rumores más que noticias ciertas, los ríos eran un punto peligroso para ellos.

El hombre de armas debía ejercitarse en el uso de todas sus armas, y aún de las que no eran parte de su panoplia mínima - lanza de ristre, lanzón, maza, martillo o hacha de armas, estoque, espada y daga -

También debían conocer bien sus caballos y saber de sus enfermedades, de herrarlos y enfrenarlos, porque aunque no fuera su oficio ocuparse de ellos, debían saber si había defecto tanto en los animales como en sus aderezos.



11. Los cometidos

mas los hombres de armas que son ordenados para estar firmes y no para correr de aqui para alli, a vna parte y a otra podran traer las armas pesadas y para lleuar bien tan gran peso han meneſter rezios cauallos y grandes , pues demas desto han de ser encubertados
Disciplina militar de Guillaume du Bellay, señor de Langey, muerto en 1543, publicada en 1548 y traducida por Diego Gracían [1566]

El Reverendisimo Cardenal y Conseio ordenaron que ayer fuessen todos los sacomanos por prouisiones y fuesse vna scorta de c.L hombres darmas, dozientos cauallos ligeros y tres vanderas de infantería por que los benecianos no tomassen los carruages. 
Carta del Abad de Nájera, Ostian, 24 de octubre de 1521



A priori, a los hombres de armas se les reservaba para las batallas a campo abierto. 
No hacían cometidos ordinarios como los caballos ligeros, fueran guardias, escoltas, correrías, emboscadas y descubrimientos, ya que dado el peso que debían llevar los caballos, no se consideraba estas unas tareas apropiadas, ya que requerían correr muchas leguas a buen ritmo y los animales debían estar descansados para la carga a galope. 
Adelantarse unas millas para 'tomar lengua', o sea, obtener información del enemigo, reconocer los caminos y pasos por los que podría pasar el ejército, y volver al campo o al grueso del ejército para dar la información, tomar un paso, un puente, o un vado en un río, por ejemplo, requería normalmente de una ligereza que no tenían los hombres de armas. 
Tampoco se esperaba que escaramuzasen, pero claro, lo acababan haciendo.  

Aún así, no es que solo hicieran algo el día de batalla, pues lo cierto es que hacían escoltas, tomaban pasos, emboscaban y hacían encamisadas, daban asaltos y hacían guardias, pero que quede claro que estos no eran sus cometidos ordinarios y estaban exentos de muchas actividades que se reservaba a los caballos ligeros, celadas, estradiotes, croatas, albaneses, herreruelos, arcabuceros a caballo o jinetes de lanza y adarga. 

Los hombres de armas formaban parte tanto de guarniciones  de plazas fuertes como de los ejércitos que les ponían asedio. Por lo tanto, podían participar en los asaltos, y no les quedaba otro remedio que participar en la defensa.

En julio de 1526, un ejército pontificio veneciano de 300 hombres de armas, 330 caballos ligeros y 9150 infantes, había puesto asedio a Cremona. A este ejército se le fueron añadiendo durante el mes de agosto refuerzos por miles, sobretodo infantes suizos, valesianos, grisones y alemanes, siendo los más notorios, por experimentados y ardorosos, los lansquenetes anabaptistas de Michael Gasmaier que habían luchado en las guerras campesinas alemanas.

Cremona tenía guarnición por el Emperador de 2000 lansquenetes a cargo del coronel Corradin[o] de Clurnes [Glurn] y 600 infantes españoles, así como 200 hombres de armas y 200 caballos ligeros españoles e italianos. Era gobernador de la plaza el comendador Urrías, de la orden de Montesa [11a]. 

Los asediadores habían dado varios asaltos, algunos con pérdida de 500 hombres, y plantado cuatro baterías. Estrechaban la ciudad, pero los defensores hicieron aún varias salidas en que llegaron a tomar un total de 7 banderas. 
Una de esas salidas, una encamisada nocturna efectuada por 600 alemanes y españoles en que tomaron dos banderas y mataron a tres capitanes que se hallaban en las trincheras y caballeros de la batería de la puerta de Pizzighettone, fue narrada vivamente. 
Se pueden extraer de ella algunas conclusiones para la materia que nos ocupa:

una noche los Españoles, Tudescos, y algunos Italianos secretamente salieron de Cremona a. viij . de Setiembre, y entrando en las dichas trincheas , que guardaban el Capitán Carpelon de Perosa, el Capitán lulio Brumat de Bressa , y el Capitán Moro con mucha gente, los mataron a todos con montantes, halabardas , y con algunas lanças no muy largas las puntas herradas: y con esto algunos que se libraron se volvieron a la ciudad. 
De ahí adelante el  Duque de Vrbino hizo que cada noche quinze hombres armados de armas de todas pieças con hachas en las manos anduviesen a tal guardia 
Libro de las cosas que sucedieron en Italia después de la muerte del Marqués de Pescara

Combate con 'lanzas no muy largas las puntas herradas' [11b]. Freydal Des Kaisers Maximilian I. Turniere und Mummereien


La compañía de Ciarpellone da Perugia tenía 300 infantes antes de comenzado el asedio, pero se habría visto algo disminuida durante los asaltos, por muertes, heridas y deserciones. 
La de Vincenzo Corso - la otra que hacia guardia aquella fatídica noche mencionada por los venecianos - había perdido 61 hombres de un total de 200. 
Mientras que la de Giovan Moro había perdido 64 de 200 [11c]. 
Si estimamos un 30% de bajas también para la compañia de Cerpellon, tenemos unos 490 hombres, 500 como mucho, haciendo guardia el 8 de septiembre de 1526.

Que 500 infantes pudieran ser derrotados en una encamisada - la mayoría fueron muertos, pero otros consiguieron huir al castillo, situado junto al muro de la ciudad, que estaba por el duque de Milán - efectuada por casi igual número de tropas, resulta posible, sobretodo si se hallaban descuidados, aunque estuvieran tras un reparo o trinchera. 
Las guardias se organizaban por cuartos: la noche y las compañías se dividían en cuatro, y a cada cuarto de compañía le tocaba una centinela por espacio - en estas fechas-  de poco más de 3 horas. 
Las tres cuartas partes que que no estuvieran de centinela en el momento de la encamisada, que se haría de madrugada, estarían durmiendo. Los atacantes solo perdieron tres hombres: dos alemanes y un español. 

Que la cautela contra un posible futuro asalto tan encarnizado como este fuera poner hombres de armas con hachas [11d] parece razonable. 
Que fueran solo quince, aunque cabe pensar que realmente un grupo de 60 que se mudaba por cuartos, dice mucho de la esperanza depositada en dichos hombres de armas para el combate con armas blancas, porque se esperaba de ellos que hicieran lo que no habían sido capaces de hacer casi 500 infantes. 
Los dos aspectos fundamentales para esta superioridad eran el oficio de las armas y las protecciones que llevaban:

Por ejemplo, durante la guerra en Alemania, los maestres de campo Arce y Álvaro de Sande fueron a dar un arma, o tocar arma [11e] en el campo del Landgrave, con 400 arcabuceros españoles. 
Había puesta una centinela alemana, con un arcabucero y un piquero. 
Los arcabuceros Alonso Marín, de Caravaca y Juan Pérez, de Baeza, con las espadas desnudas en las manos arremetieron contra ellos, primero contra el arcabucero - seguramente para que no disparase dando por tanto alarma -  y luego contra el piquero, al cual le dieron tantas cuchilladas por las piernas que lo desjarretaron, porque estaba armado con coselete y celada.
A un hombre de armas jamás lo hubieran desjarretado dos infantes con espadas.
Coselete alemán en 1547, según el Códice de Trajes [Biblioteca Nacional de España]. En lucha con arma blanca frente a un arcabucero, tenía pocos puntos flancos, pero de rodillas para abajo estaban las piernas desnudas, y las escarcelas solo protegían la cara frontal del muslo. Los jarretes - la corva, la parte posterior de la rodilla donde están los tendones del biceps femoral - claro, quedaban desprotegidos, para que se los tajase algún español con alevosía y nocturnidad. 



12. Caballeros que importan más que cien soldados. Caballos de casa y corte versus soldados

[...] Su Mt no se deue querer engañarse diziendo q los IIUD cauallos q le cabran de su parte para yr a esta enpresa / los proveera y llevara de los caualleros de su casa y corte por q aquellas no le serviran ni haran / lo q harian los honbres q fuesen al sueldo / ni sera justo q su Mt los aventure ni ponga en las cosas q se suelen aventurar los soldados mercenarios / por q ya se podria perder algun solo cauallero que ynportase mas que cient soldados/ ny tan poco podran sufrir ni hazer las guardias ny ascoltas hordinarias como cauallos ligeros [...] por q se ha de consyderar que en la guerra hazen mas los soldados que pelear, que es guardias, ascoltas, correrias, descubrimientos, enboscadas y otras muchas cosas de peligro y trabajo contino [...] 

[...] de los cauallos y gente de corte de S.Mt no se ha de hazer quenta sino para en un dia de batalla general / en la qual cada uno hara el deuer y valdra por diez, pero ni pueden ni deuen dexar la persona de su Mt para yr a otros servicios y correrias
Parecer de Francisco Duarte sobre la empresa de Constantinopla. 8 de febrero de 1539


Una cosa eran los hombres de armas que tenían plaza de soldado, y otra, los caballeros de casa y corte del rey que iban a la guerra, acompañando o no, a su señor, y que aunque se armaban y combatían como hombres de armas, eran, en muchas ocasiones, señores que no hacían otra cosa que luchar el día de batalla general, como recordaba Duarte al Emperador Carlos. 

A veces sucedía, que como los caballeros no tenían dinero para mantener armas, caballos y criados, habían de servir como infantes. En la guerra de Esmalcalda, muchos caballeros, no teniendo posibilidad para servirle en esquadron, suplicaron [...] les diese licencia para que le sirviesen en la ynfantería, hasta en tanto que se proveyesen mejor de lo que estaban



13. El combate a pie o apeado.

será menester que los hombres darmas franceses se apeen a dar con la infanterya italiana y que ganen los reparos y entren prymero que los suyços se lleguen
Carta del Abad de Nájera, 8 de marzo de 1522

Batalla de Orsha [1514] Hombres de armas con tonelete, armadura para combatir a pie. El tonelete, unas armas defensivas hasta las rodillas que se ajustaban a la cintura, permitían la movilidad del hombre de armas hallándose a pie, a la par que ofrecían una protección fundamental en una zona con escotaduras varias. Evidentemente, no permitía montar a caballo, por lo que los hombres de armas que se apeaban para combatir lo hacían normalmente con su arnés de guerra habitual. 


Evidentemente, el hombre de armas era un soldado de caballería, y así se equipaba y preparaba, pero también podía desmontar y combatir a pie, no solo en el campo de batalla, sino en los asaltos.

Los hombres de armas tenían la desventaja de llevar una pesada armadura, de no ser ágiles y, por lo tanto, ofrecer un blanco más fácil para que los escopeteros y arcabuceros que se hallaran tras un reparo o trinche[r]a o en una almena pudieran tirarles, pero parece que continuaron siendo efectivos en las primeras décadas del siglo XVI, porque los tiempos de recarga eran lentos, y las armas de fuego no eran aún demasiado potentes [sobretodo, antes de la década de 1520].

De todas maneras, hay casos en que un arcabuz podía pasar una armadura de cabeza, como fue el caso del celadón que llevaba Julio Manfron, que fue pasado por un arcabuz tirado por los defensores de Cremona, españoles o alemanes el 14 de agosto de 1526. 
Si este capitán de hombre de armas, condottiero al servicio de la Señoría de Venecia fue al asalto con un celadón en lugar de con un elmete, probablemente fue porque prefirió la comodidad a la seguridad: mejor visión y más facilidad para respirar.
Murieron 500 hombres en el asalto, prácticamente todos de arcabuz y escopeta, la mayoría infantes, pero también hombres de armas. 
el Capitán lulio Manfron [...] con vna rodela en la mano a pie se fue a la ciudad a darle vn assalto brauissimo , acompañádole algunos de los hombres de armas, y otros Capitanes todos a pie 



En esta época, se asignaban a las baterías tanto infantes, como caballos ligeros y hombres de armas. O sea, que cuando los cañones de la artillería abrían brecha en los muros de la plaza, los hombres de armas podían participar en el asalto, en la defensa frente a la salidas de los asediados y, desde luego, en la propia defensa de la plaza asediada. 
Los capitanes y oficiales en esta época encabezaban los asaltos y los caballeros se podían unir aunque fuera sin su compañía.

En septiembre de 1528, un ejército franco-veneciano asediaba Pavía. Se ordenaron tres batallas. La de Antonio da Castello tenía 300 hombres de armas y caballos ligeros. Los hombres de armas no solo dieron el asalto, también habían estado zapando, con sus armas puestas, para conseguir derribar un bastión, desde el cual les hubieran acribillado. 

Hombres de armas apeados, en Turnierbuch de Hans Burgkmair, copia de 1540. Al caballero que va algo atrasado se le pueden ver unas calzas coloradas en la cara interna del muslo izquierdo. Llevaba unos medios quijotes que protegían la cara externa del muslo, buenos para montar a caballo, pero poco oportunos para combatir apeado. El tonelete cubría todas las escotaduras que tenía el arnés en la zona del pubis y las ingles. . Estimando la altura de estos dos buenos mozos alemanes en 1.75 metros - eran caballeros, estarían bien alimentados, y eran germanos - la lanza, una lanza de armas, pues no tiene arandela, ha de medir unos 3.30

La silla de armas, con sus borrenas y su arzón alto, ofrecían al hombre de armas protección de su entrepierna, con la caudalosa arteria femoral en la ingle, pero una vez apeado, más valía tener una bragueta de malla, porque, como se ha dicho, los oponentes irían a buscar las escotaduras para clavar estoques y espadas, picas y alabardas y lo que tuvieran a mano. Real Armería, Madrid




Hombres de armas preparados para combatir a pie, algunos con tonelete. Llevan lanzas de armas, la manija de una de ellas se puede ver en el que la porta apoyada en el hombro y no arbolada como el resto. Der Weiss Kunig [1514-1516]



14. La compañía. Los sueldos. La muestra

Como ya hemos apuntado, los hombres de armas se contabilizaban por 'lanzas', pudiendo tener caballos doblados o no, mientras que la caballería ligera se contaba por caballos, pues los soldados únicamente disponían de una montura [véase Apéndice Orden del ejército imperial en Italia. Marzo de 1524].

Las compañías tenían un número variable de hombres de armas, que solía oscilar entre los 50 y los 100, aunque eran más frecuentes las compañías de 50 o 60 hombres que las de mayor número [véase nota a]. 

Los oficiales de la compañía y sus sueldos mensuales [en Milán, año de 1555] eran:

Capitán, 48 escudos y 1/2 [y 12 y 1/2 escudos de tasa adicional por sus caballos]
Teniente, 26 escudos y 1/2 [y 16 escudos de tasa de caballos] [14a]
Alférez, 18 y 1/2 escudos [y  8 escudos de tasa]
Contador, 13 escudos [y 6 de tasa]

Oficiales menores: Trompeta, Armerol y Herrador, que percibían 5 escudos [y 2 y 1/2 de tasa]

Cada hombre de armas de la compañía percibía 10 escudos y 5 de tasa. 

Las tasas que recibían los hombres de armas por sus monturas eran para tres caballos: un caballo 'corsier' [14b] o corcel como montura principal para el combate, una dobladura 'que se pueda pelear en él y sufra el trabajo de un hombre armado' y un rocín o jaca para su servicio. 

Que los oficiales menores percibieran menor tasa de caballo, creo que prueba que no se esperaba que combatiesen. Aunque el trompeta debía asistir en la compañía al combate, su oficio era tocar el instrumento para transmitir órdenes, y no debía cargar con lanza contra el enemigo. 

Las guardas de Castilla disponián, además, de Asteros - para armar lanzas - y Silleros, para aderezar y reparar sillas. 

Trompeta. Revista de tropas en Barcelona. El joven ni tan siquiera lleva armas defensivas. Además de sones de guerra, podía tocar 'dulces canciones' en el preludio de la batalla.


La caballería contaba con atabales, pero estos oficiales no eran miembros de la compañía, sino servidores del capitán general de la caballería. Detalle de una lámina de La cavalcata dell'Imperator Carlo V nel suo ingresso in Bologna, grabado de 1530



A diferencia de la infantería española, que va a tener prácticamente fijado su sueldo desde sus inicios, los sueldos de los hombres de armas varían por épocas y ejércitos y territorios.

También he visto diferencias en la periodicidad de los pagos: si en la década de 1520 en tiempo de guerra se pagaban en 'tercios', o sea, tres pagas al mes, en la de 1540 se podía pagar en 'quarteles' 

Vemos que, a diferencia de las compañías de infantería, había un teniente, seguramente, por la tradición, que veremos en el punto siguiente, de que los titulares de las compañías fueran nobles o 'generales' que tenían otros cometidos, y el teniente, que ejercía la 'tenencia' de la compañía, era imprescindible en el gobierno diario de la misma.

El alférez tenía como cometido portar el estandarte. 'Estandarte' era sinónimo de compañía, como sucedía con 'bandera' para las compañías de infantería.

El Emperador en Túnez escoltado por su guardia española y seguido por hombres de armas con el estandarte con Cristo crucificado y las armas imperiales.


El estandarte que se ve en el cartón anterior, aquí bien dibujado en una reproducción facsimil en blanco y negro del inventario iluminado. Evidentemente, los estandartes de una compañía de hombres de armas no eran ni tan espléndidamente elaborados ni tan pretenciosos como este, presentándose el Emperador como el alférez de Cristo [14c]. 


En la muestra, a diferencia de la infantería, donde al soldado solo se revisaba su persona y armas, se revisaban la persona, el caballo, los aderezos, las armas y el soldado debía hacer una pequeña prueba de su habilidad donde probase su capacidad para pelear a caballo.

Siendo Blasco Núnez Vela veedor de las guardas, visitó una compañía e hizo cortar las cinchas a un hombre de armas por considerarlas 'ruines o delgadas'. El hidalgo, con las cinchas de la silla cortadas se subió al caballo estando armado e hizo una carrera con la lanza y galopó con la espada, demostrándole al veedor sus habilidades ecuestres y quedando herido su orgullo por aquella afrenta renunció a su plaza en la compañía.



15. El coste de las armas y de aderezar las monturas.

Carta de Gómez Suárez de Figueroa, embajador en Génova, a Carlos V, a Barcelona, Génova, 10 de mayo de 1535. 
AGS, E, 1368.48:

Coste de venta del armero al que había que sumar los portes por tierra y los fletes por mar, en caso de que se hubieran de transportar, como así fue, a Barcelona 
  • 200 armaduras cumplidas a la ligera y 100 armaduras a la ligera sin grevas ni quixotes: 1900 escudos. 6 escudos y 1/3 la pieza [aunque las 100 armaduras sin grebas ni quijotes habían de ser más baratas que las 'cumplidas' o completas]
  • 81 maças con sus portamaças que costaron 112 escudos y 5 sueldos: 1 escudo y 1/3 la pieza.
  • 120 sillas armadas: 194 escudos y 5 sueldos: 1 escudo y 2/3 la silla
  • 84 medias testeras de caballo, 63 escudos: 3/4 de escudo la media testera
  • 1000 lanzas de armas y de caballo ligero 250 escudos: 1/4 de escudo la lanza. 

Cada escudo de Italia valía 110 sueldos.

Tasas de herradores, silleros y precios de cabalgaduras [campo sobre Metz, año de 1552]:

  • 1 herradura en caballo o acémila - 2 baços
  • 1 herradura en jaca pequeña o mula - 1 y 1/2 baços
  • 1 silla de caballo de arzones grandes de buen cuero, no siendo armada - 2 y 1/2 escudos
  • 1 silla de caballo de arzones pequeños, de cuartago o de jaca - 2 escudos
  • 1 guarnición de cuerno de baqueta doblada - 2 escudos
  • 1 guarnición de cuerno de baqueta sencilla - 1 y 1/2 escudos
  • 1 par de estribos barnizados - 4 reales o 8 baços
  • 1 freno común de caballo - 20 baços
  • 1 par de espuelas barnizadas con sus correas de cuero - 5 baços
  • por aderezar una silla de caballo y rehinchirla - 2 baços
  • por aderezar una silla y echarle alguna barra, o chapa de hierro en la fortificación de los arzones - 4 baços
Cada florín de oro en Alemania valía 15 baços y equivalía a 26 placas [año 1543]. El escudo de Italia equivalía a 36 placas. Por lo tanto, un escudo eran casi 21 baços. 

En Graz, una de las ciudades armeras más importantes de Alemania, aunque secundaria en el mercado internacional, un arnés completo de hombre de armas valía entre 35 y 150 florines, o sea [con cambios de 1538] entre 25 y 106 ducados [15a]. 

Un caballo de las guardias costaba en 1501 entre 7000 y 8000 maravedíes, entre 20 y 23 escudos [15b] aunque se vendían potros por 100 ducados. Las calidades de los animales eran muy variables, pero a largo plazo,  el coste del caballo venía dado, sobretodo, por su mantenimiento. 

Después, aunque 



16. El estatus social de los capitanes. Los lugartenientes o tenientes

que yo, Señor, la compañía no la tenia por lo que con ella podia aprovecharme [...]
mas la estimaba y tenia cara, porque los mas hombres darmas que en ella hay son personas que ha diez y doce años que me siguen y sirven en lo que yo me he hallado, y con ellos vine á servir á V.A. , y muchos dellos no se harian á estar con otro capitan.
Carta de don Hugo de Moncada a Fernando el Católico, Palermo, 25 de febrero de 1510

Tanbíen os escrevimos como aviamos acordado de dar cargo de vna capitanya de honbres d'armas al conde don hemando, por ser tal persona y tan servidor de su alteza, y por ocuparle en alguna cosa [...] 
el cargo es de poca ymportancia, y se suele dar a personas de menos qualidad que es el conde 
Correspondencia del cardenal Cisneros, gobernador de Castilla. 22 de septiembre de 1516



El cardenal Cisneros escribía, claro, de las guardias de Castilla en tiempos de paz. Italia era otra cosa. Allí, en guerra viva, los hombres hacían carrera, no solo en el oficio de las armas, sino en el gobierno de ejércitos y territorios, como le sucedió a don Hugo de Moncada, que de capitán de César Borgia llegó a virrey de Sicilia por méritos de guerra y personales. 

Si se le echa un vistazo a la nómina de 70 españoles, desde alabarderos a capitanes, que sirvieron bien en la guerra de Italia de 1501-1506 [16a] o mira las crónicas de Zurita, las del Gran Capitán o consulta la obra de Ladero Quesada, verá unos cuantos nombres que se van a ir repitiendo en la década de 1520 y 1530, la de la génesis de los tercios. 

Es la de unos pocos 'capitanes', y entrecomillo, porque capitanes eran, pero hacían oficio de generales: Hernando de Alarcón, Antonio de Leyva, Gonzalo de Ávalos. Eran los tres personajes capitanes de hombres de armas; los dos primeros, de tiempos del Gran Capitán.  

Si uno le echa un vistazo al orden del ejército imperial en Lombardía en marzo de 1524, podrá ver diferencias sociales en las tenencias de las compañías de hombres de armas. 

En la vanguardia, en primera línea de orden de batalla, tenemos las compañías de nobles condottieros italianos como los Colonna - cuya familia tenía condutas con los reyes de España desde tiempos del Gran Capitán [16b] - o los Medici, junto a otros nobles españoles - don Hugo de Moncada - o italoespañoles [de familias de la corona de Aragón asentadas en los reinos de Nápoles y Sicilia desde el siglo XV, al menos: Folch de Cardona y los Ávalos].

Si vemos los títulos de nobleza de las compañías de los hombres de armas de la batalla, la segunda línea, vemos también duques, condes y marqueses, junto a la compañía de continos del rey de España.

Si retrocedemos a la retaguardia, vemos nombres y apellidos comunes - Zapata, López, Osorio - y pocos titulos nobiliarios, a excepción del ausente conde de Altamira y de los también ausentes adelantados de Galicia y de Granada, que tenían sus compañías en Italia, pero sus negocios en España. 

Algunas de estas compañías eran de las Guardias o Guardas de Castilla. No tengo la seguridad de que estaban allí desde tiempos del Gran Capitán, pues la información que manejo es fragmentaria, pero sí llevaban varios años, pues se tenía confianza en tener un grupo leal de caballería para control del territorio, como años más tarde, se tendrá en los tercios de infantería [Apéndice en construcción].

Tenemos aquí una mezcla de feudalismo y profesionalización en el ejercicio de las armas: 
Por un lado, los condotieros italianos que servían con 'conduta' [16c], esto es, con contrato, y que eran propietarios de la compañía con la que servían. 

Por otro, los capitanes españoles o italianos con patente del rey del cual eran súbditos que llegaban al gobierno de una compañía de hombres de armas por méritos de guerra, como Alarcón, por ejemplo, veterano de la 'escuela' del Gran Capitán. [16d] 

Por último, los nobles y señores - don Hugo de Moncada no tenía ningún título de cuenta, pero había sido virrey de Sicilia - que podían aunar en su persona títulos y méritos como capitanes, pero que aún careciendo de estos últimos, el solo nombre de su familia les facilitaba la obtención del título de capitán y de un puesto destacado en la vanguardia el día de la batalla, como el duque di Termoli, Vincenzo di Capua, cuya familia venía sirviendo los reyes de España desde tiempos del Gran Capitán. 

Estos hombres, los Leyva, Ávalos, Alarcón no eran meros capitanes, eran cabos de guerra que incluso podían aspirar a ser virreyes o capitanes generales, como Sessa, Pescara, Ascanio Colonna o el conde de Colisano.

Normalmente, estos nobles tenían sus compañías gobernadas día a día por tenientes, mientras ellos, siendo 'capitanes principales del ejército', se ocupaban de otros negocios en la guerra, como el gobierno del ejército o de trozos de él. También resultaba que esos nobles podían ser gobernadores de una provinca, y era más importante la gobernación que la dirección de las tropas [16e].
Sucedía en ocasiones, que cuando el capitán ya no estaba en edad de servir, o no estaba en condiciones por haber padecido heridas, no se le retiraba de la compañía, sino que seguía siendo el capitán titular, porque era una manera de compensar sus servicios. 

El duque de Sessa, por ejemplo, era embajador del rey de España en Roma. Imposible de saber siquiera donde estaba alojada su compañía un día cualquiera.

Cuando murió Ferrante, II duque de Termoli en noviembre de 1523, parece que su compañía pasó a ser titularidad de su primo Vincenzo, el nuevo duque de Termoli, aunque realmente la compañía era, había sido, y sería gobernada por su tío, Julio de Capua, como lugarteniente:
dexa vna compañía de noventa hombres darmas, en la qual ay muchos gentiles hombres del Reyno y queda en poder de vn tio suyo, hermano de su padre, muy noble y valerosa persona, y que desde el tiempo del Duque viejo como lugartheniente la ha governado. 
Carta del abad de Nájera de 30 de noviembre de 1523

Cuando murió don Hugo de Moncada en combate naval en 1528 - era capitán general del mar, y capitám de hombres de armas, oficios difícilmente compaginables a tiempo completo - Francisco de Tovar, en nombre de la compañía le rogó al Emperador que estando vacante se concediese la capitanía al duque de Malfi [Amalfi]. No habían de ser todos los cargos hereditarios.

A veces, pasaba que los capitanes se ausentaban sin motivo alguno:
Don Juan Manuel ha scripto al Visorrey de Napoles y yo también que mande y requiera a todos los Capitanes de gente darmas que están en el Reyno y tienen aqui sus Compañías, que vengan a residirlas so pena de priuacion dellas, saluo si no estubiessen ocupados en algunos cargos del seruicio de Vuestra Magestad y en que fuesse necessaria la presencia de sus personas. 
El Visorrey hará la diligencia, mas los Capitanes creo se escusarán como han fecho fasta ora; por tanto Vuestra Magestad les mande venir o prouea de sus Capitanes a quien venga, porque no tenemos Capitanes, ni avn comunmente buenos 
Carta del Abad de Nájera, 30 de noviembre de 1522 [16f]

O simplemente estaban ausentes porque sus negocios y cargos de importancia estaban en España, como los adelantados de Galicia o de Granada. Vemos pues, que los tenientes hacían verdadero oficio de capitanes por ausencia de sus titulares.

A veces las capitanías se daban a otro, si el titular se encumbraba y se hallaba ocupado en negocios de mucha calidad, aunque luego el titular protestara:
[al Prior de Mesina ] le havemos fecho merced de la capitania que tenía don Ugo de Moncada nuestro visorey que agora es de Sicilia;

Muchos de los hombres de armas de estas compañías cuyos titulares eran nobles eran parientes y criados de sus casas, o sea, que los nobles sentaban a sus servidores como soldados del rey. 
Esto podía ser contraproducente a nivel administrativo o contable, pero en el aspecto militar era positivo, puesto que estos parientes y criados se habrían ejercitado en un entorno donde se primaba el oficio de las armas a caballo y en el cual habrían contado con buenos maestros de armas. 
Antonio de Leyva, que era capitán de una compañía de hombres de armas, se lamentaba, una vez vencido el rey francés en la batalla de Pavía que había perdido 47 hombres, entre parientes y criados.

Con el paso de los años, sin embargo, vamos a ver cada vez más compañías encabezadas por gente del común.



16.1 El estatus social de los hombres de armas

y quantos hombres de bien havía en Italia se han recogido aquí, que no se llenan con cargos ni capitanías y no se les podía dexar de dar de comer y otro[s algu]nos del reyno.
Y agora me han escrito que haviendo la [guerra] en Sicilia, vienen el conde de Golisano y mas de cinquenta cavalleros, que de fuerça se les a de ayudar. 
Carta de Ramon Folch de Cardona a Fernando el Católico, 31 de octubre de 1511


La cual si una vez se deshiciese ó vendiesen los caballos seria trabajosa de rehacerse, lo que de la infanteria era el contrario, porque siempre que se conservasen 1,000 ó 1,500 infantes, teniendo la gente darmas muy en órden, se puede haber el número de infantes que V.M ſuese servido de haber; lo que de la gente darmas es todo al contrario.
Carta de Ramon Folch de Cardona, virrey de Nápoles, a Carlos V. 10 de octubre de 1520




En la ordenanza de las Guardas de Castilla de 1551 se indica que las Lanzas que vacaren se provean à personas habiles, è Hijos dalgo , que tengan las calidades que para tal exercicio se requiere.
Si realmente todos los hombres de armas eran, al menos, hidalgos, es algo difícil de certificar sin una sola lista, pero es difícil creer que se cumpliera esto al 100%. Muchos hombres de armas serían antiguos soldados de a pie que se encabalgarían, y en esto no hay dudas, el porcentaje de 'don' en las listas era bajo, y ni siquiera era tan alto, como para que los hijosdalgo copasen todos los cargos entre la oficialidad. 

En todo caso, muchos podían ennoblecerse en el oficio de las armas, en ocasiones, hasta cotas muy altas, obteniendo títulos de nobleza con territorios y rentas. Otros, simplemente, pasaban a ser 'simples' caballeros, habiendo luchado bien tras una batalla victoriosa: 

[El Emperador] armó caualleros a muchos que fue ynformado, y el vio que pelearon muy bien.
Sumario de la Jornada ... contra el duque de Saxonia y sus aliados en el año de 1547

En la edad moderna la sociedad seguía siendo aristocrática, así que había una jerarquía social, que no solo se traducía en normas sociales más o menos estrictas y barreras difíciles de franquear, también había regulaciones que afectaban a la situación jurídica y administrativa de las personas: los hidalgos, que eran caballeros sin títulos ni rentas, estaban, por ejemplo, exentos de pagar impuestos. 

Pues bien, unida a esta estratificación había también prejuicios. 
Como el oficio de las armas a caballo era la actividad de la nobleza, se entendía que los soldados que iban a caballo, aunque hubieran sido también hijos de un porquero y una labriega de Palencia como uno de a pie, tenían una pátina de virtud que no tenían los peones o infantes, quizá, debido a que muchos eran, como hemos dicho, criados de casas nobles.

La infantería se consideraba en muchas ocasiones en las primeras décadas del XVI, a pesar de haber probado ser el nervio del ejército, como fácilmente reemplazable, y gente a la cual se había de despedir o enviadas a algún lugar ignoto acabada la campaña para que no saqueasen las tierras del rey. 
Los hombres de armas, por contra, eran caballeros a los que mantener aunque estuvieran ociosos y la guerra no llegara.
Al final, claro, la base de los ejércitos que guardaron los territorios italianos primero, y flamencos despues, fueron los tercios de infantería española, pero Ramon de Cardona, capitán del tiempo antiguo, no vería tal transformación.



17. Prisión y rescate

y enpeçando a herir en ellos, el duque de Saxonía dio vozes diziendo que era el duque que no le matasen y no fue tan presto entendido que cuando acordó le hauían dado vna muy gran cuchillada por la cara, y dos maçaços, pero como lo conocieron le quitaron el estoque que en la mano desenvainado tenía
Sumario de la Jornada ... contra el duque de Saxonia y sus aliados en el año de 1547


Monseñor del Escudo murió a los V del presente de la herida de arcabuz que hubo. 
El Gran Maestre murió a los XXII del mismo de fiebre. 
Anse perdido XXX mil ducados de rescate que pagaran al menos. 
Dios los perdone.
Carta del Abad de Nájera, Milán, 29 de marzo de 1525


Thomas de Foix, señor de Lescun - del Escudo, según Nájera - y el Gran Maestre de Francia, René, bastardo de Saboya, hubieran dado pingües beneficios a sus captores de haber sobrevivido, pero no lo hicieron porque pasaron a mejor vida.

Como parte de los capitanes y oficiales eran caballeros de cuenta, sus adversarios no buscaban matarlos, sino apresarlos vivos, porque vivos, sus familiares, parientes y deudos, o incluso el mismo rey de Francia, podían abonar un rescate por ellos, de unos cientos o de incluso miles de ducados, en el caso de alta nobleza, como se puede ver.

Quizá en el fragor de la batalla, los soldados se dejaban llevar por la ira y podían ir a degüello sin echar cuenta de a quien mataban, pero también el noble que se veía entre la espada y el suelo, podía darse a prisión, como hizo el mismísimo rey de Francia en la batalla de Pavía. 

De la lista de señores franceses presos y muertos en dicha batalla, proporcionada por el jefe de lansquenetes George Frundsberg a Fernando, archiduque de Austria, tenemos 61 presos contra contra 18 muertos. Una relación de 1 muerto cada 3 presos.

De una lista dada por el Abad de Najera el mismo día de la batalla, tenemos 59 príncipes y señores presos, 11 muertos en la batalla y 2 que murieron tras ser presos: el señor de San Pol, y Lescun, ya mencionado. Una relación de 1 muerto cada 4 presos. 

En abril de 1524, los capitanes Ribadeneyra y Miranda junto al duque de Urbino hicieron una buena presa en una tropa de hombres de armas franceses: tres lugartenientes de las compañías de Bayart, de Brion y del señor Pirro Colonna, que se llamaba Cesaro Piova, y que era milanés, y tres abanderados o alféreces.  
También tomaron a 7 señores, un monsieur de Montisan 'que por su plazer está en la guerra', y otros seis señores más.
Montisan era bretón, pariente de la reina de Francia y muy favorecido del rey, y tenía 6.000 escudos de renta. El conde de Botieres, el señor de Aurgi  y el sobrino del Almirante de Francia, tenían de renta 2.000 cada uno. El señor de Angleres, el de Ponte y el de Xa, 1.000 cada uno. 
Total: 15.000 escudos de renta en 7 presos. 

Un arcabucero español ganaba 48 ducados al año. 1000 escudos era el sueldo de 20 años
Un hombre de armas español ganaba 120 ducados al año. 1000 escudos suponían el sueldo de 8 años. 

¿Alguno de ellos en su sano juicio hubiera preferido matar a aquellos nobles y acaudalados señores en lugar de tomarlos a prisión?

Además, con el uso de armas de fuego, es probable que los caballos se convirtieran en el blanco óptimo por su tamaño, lo que haría más probable que un hombre de armas quedara descabalgado, perdiendo una de sus principales ventajas. 

Por ejemplo, Marco Antonio Martinengo, a cargo de 50 lanzas de su compañía, 200 caballos ligeros, 2000 infantes y 4 piezas de artillería, tomó el castillo de Pieve di San Giacomo en el Cremonese en julio de 1526, defendido por Luis de Gazol[d]o con 50 o 60 caballos ligeros y 80 arcabuceros. 
En el hecho de armas quedó herido al recibir dos arcabuzazos, uno en el muslo derecho que le rompió el hueso, y otro en el brazo diestro, que entró por la palma de la mano y le pasó el brazo, saliendo la bala quizá por el hombro [17a]. También recibió una herida de un jinetón en la cabeza, sobre el ojo derecho, y una lanzada en la pierna derecha. 
Su caballo, que era 'de gran precio' recibió cinco arcabuzazos. 
Martinengo fue tratado de su heridas, pero murió al cabo de unos días. 
De su caballo no sabemos nada más.



18. Los pajes. Los mozos

Iban de los continuos del emperador, de la capitanía D. Alvaro de Luna, é de otros hombres darmas, hasta docientos cincuenta muy bien aderezados é armados, sin armaduras de cabeza, las cuales llevaban detrás de ellos sus pajes de la lanza á caballo; 
Relación de lo sucedido en la prisión de Francia por Gonzalo Fernández de Oviedo


Esta gente entrando en el campo tomando todos lanzas en cuja, y echando de sí los mozos, se apartaron á la una parte, en la orden que hemos dicho. 
Historia de la guerra de Lombardía, batalla de Pavía y prisión del rey Francisco de Francia, por Juan de Oznaya [1544] 

Los pajes y los criados parece que hacían idéntica labor para sus amos: 
  • llevar el caballo de combate hasta la batalla para que éste fuera descansado sin tener que cargar al hombre de armas armado de todas piezas, 
  • portar el almete de sus amos, 
  • llevarles, asimismo, la lanza. 
  • ayudarles a armarse, o sea, a colocarse las diferentes piezas de las armaduras. 

La diferencia estaba en la crianza, y en la esperanza. Los pajes servían a señores, y asimismo, ellos procedían de familias nobles, o al menos, de hidalgos. Eran jóvenes de los cuales se esperaba que pudieran ser algún un día caballeros, y en su oficio de pajes estaba implícito el aprendizaje del oficio de las armas. Los mozos eran criados de hombres de armas, y los hombres de armas no tenían porque iniciarles en oficio alguno.

Aunque llegada la batalla debían salirse de los escuadrones para no estorbar, debían estar pendientes de sus amos para llevarles otro caballo en caso de que lo necesitaran.


19. Conclusión a modo de novelas
La muerte del caballero Bayardo 
Exemplo de como aprendices de çapateros y otra gente baxa descabalgan personas de calidad. 


Hablemos de mi persona. 

Soy Pierre Terrail, señor de Bayard. Me conocen como el caballero sin tacha.

Cuando tengo 11 años, mi señor tío procura que entre como paje en la casa de Carlos, duque de Saboya.
Al principio soy poco más que un criado, un mozo de cuadra, un lacayo. Ayudo a los hombres a armarse, llevo almetes, bruño petos, conduzco caballos.  
Pasa el tiempo. 
Crezco. 
Con quince años, montar a caballo y correr la lanza es cosa que hago día sí, día también. 
Apenas soy poco más que un estafermo andante para los pajes más mayores. 
Ruedo por el suelo cada semana dos decenas de veces , me dan de palos hasta que por poco no me matan, pero con los años, mis brazos se hacen más fuertes, aprendo a respirar bajo el yelmo, a ver por la vista, a conducir el caballo sin riendas. Aprendo a enristrar, a encontrar y a esquivar el encuentro. 
Pasados tiempos de fatigas y de grandes trabajos, de poco dormir y mucho rodar, gobierno el caballo y la lanza como si hubiera nacido con ellos, como si fueran parte de mi persona.
Al cabo del día, si descabalgo del caballo, es por mi propio pie.
Hallo la perfección en el arte de luchar a pie y a caballo al lado del maestro, hombre que conoce el oficio de matar tan bien como la propia muerte. 
Me hago un mozo fuerte, bien criado y, con su guía, con los sesos bien asentados.
Aprendo a manejar todo tipo de armas montado y apeado: lanzas de ristre y de mano, lanzas gruesas y ligeras, lanzas estradiotas y de guietes, martillos, picos, mazas y hachas de armas, espadas de todas clases, terciados, dagas y puñales, estoques, alabardas, espontones, chuzos, partesanas, roncas y corcescas, venablos y dardos, y decenas de otras diferentes armas enhastadas cuyos nombres, en italiano o alemán, solo consigue memorizar el viejo armero de la casa del duque, cuyo arsenal es infinito.

Cuando tengo 17 años, dejo la casa del duque nuevo y entro como hombre de armas en la compañía del conde de Ligny. 

Con 19 años de edad, me voy a Italia con el ejército de Carlos VIII, rey de Francia. 

Aquí aprendo lo que es la guerra de veras.

No la de burlas, de follas y justas, de moratones y rasguños, de traginar sillas y aderezos y vestidos galanes para los que han de correr la tela. No la de bornes que empujan y de lanzas de astilla gruesa, sino de la de hierros que perforan, de cabezas aplastadas, de huesos quebrados y de pechos pasados. 
La guerra de mearse encima y acabar con el culo en carne y la cuja en sangre de apoyar el cuento de la lanza. 
La guerra de manos bañadas en sangre, de rostros ahogados en sudor y de braguetas inundadas de mierda.
Bayardo, grosero, te he de purgar esa sucia boca tuya.
Perdóneme maestro, pero así era.
Lo sé, pero esas cosas ni se escriben en los libros ni las dicen los señores. ¿Qué pensaría vuestra dama de vos?
Que quizá he de bañarme antes de volver a casa.

A la edad de Cristo, Luis XII me nombra capitán; otros alcanzaron más jóvenes, no digo yo que no, pero yo no fui capitán por nombre, ni por cartas, sino por méritos de guerra.
No solo soy persona capaz de gobernar caballos, también gobierno hombres con buena mano.
En 1515, Francisco I, mozo y rey de Francia, me arma caballero tras vencer en la batalla de Marignano frente a los cuadros de piqueros suizos. 

El ducado de Milán queda por mi señor.

Mi señor Francisco atropellando esguízaros en Marignano. 


Pasa el tiempo. 

El rey de España, que es nieto del rey blanco, dice que el ducado es feudo del Imperio y mi señor lo ha usurpado.  
¿A quién le importa? 
Cualquier gran señor puede argumentar legitimidad en todas y cada una de sus causas.
Mi señor es el más gran príncipe de la Cristiandad.

Vuelven los españoles al norte.
¿A quién le preocupa?
En Rávena les hicimos morder el polvo. Sus caballos son pequeños. Sus lanzas, cortas. Sus hombres, menguados. 
Se suceden las escaramuzas, reencuentros y batallas.

En 1524, con 47 años, las tropas de mi príncipe se retiran de Lombardía perseguidas por cinco mil diablos y yo pongo orden en la retaguardia, porque el lugar de un capitán es donde toca la facción, sea en la cabeza o a la cola del ejército. 

Un día cualquiera, bueno, en realidad un día de finales de abril de 1524, el día de la retirada de Abbiate Grasso, un aprendiz de zapatero, un mozo de mulas, o vaya usted a saber, puede que un palanganero de mancebía, me mete tres cuartos de onza de plomo por la espalda. 
Me caigo del caballo, porque con el espinazo quebrado ¿cómo he de conducir mi montura? 
Las piernas no me responden.
Me toman prisionero unos españoles.
Creo. 
Italianos no son.
 
Puedo decir que los conozco bien, llevo luchando con ellos más de media vida. 
Hasta cierto punto los admiro, o los he de admirar, porque ¿quién quiere luchar, vencer o ser vencido, por enemigos que no sean de cuenta?
Pero estos son soldados, gente del común, no son caballeros. Solo hace falta verlos, calzados con zapatos de cuerda, que en mi tierra llaman espadrillas. 
Creo. 
Nunca calcé unas. 
Pero estas gentes de la nación que tanto yo amaba las calzan a falta de buenos zapatos.
La nación que tanto yo amaba.
¡Menuda sandez! 
¿Quién puso eso en mi boca? 
¿Cómo voy a amar yo a estos tunantes?

El arnés me molesta, les pido que me desarmen. 
Aflojan los correones. 
Liberado de las planchas de acero, me acomodan sobre un manto que trae uno de mis pajes, que se ha quedado atrás para servirme. 
Mi fiel Rostaing... Mi leal Benoist... ¿Mi buen Guido? No te veo bien, hijo mío, acércate.

Me dejan a la sombra de un árbol. Me parece que es porque ellos tienen calor, Yo, la verdad, tengo cada vez más frío.

Hace un buen día, pero... ¿quién quiere morir, aunque sea un buen día de finales de abril?

Y ya te ves, Bayardo, con toda una vida entregada al oficio de las armas, oficio que has mamado desde la más tierna infancia, que montas un destriero de 1500 escudos, te armas con arnés dorado de Milán de 400 escudos, que tienes sueldo, gajes, rentas y títulos por toda Francia, que te puedes incluso llegar a sentar a la mesa del rey, va y te mata un pazguato que no distingue a tres pasos un rocín de una jaca, que no sabe cortejar a una dama ni danzar con ella, ni escribir poesía, ni tan siquiera poner su seña en los libros del sueldo, y que, Dios le perdone, no sabe cual era el nombre de su abuelo. 

Y quizá, ni el de su padre.

Pues claro es, a ese tipo hace tres años lo azotaba su amo en Bolonia cuando vio arribar a la ciudad un trozo de infantería española. Esta es la mía, me voy mare a la guerra a hallar ventura que harto me hallo de tener los lomos desventurados. 
Entró en la milicia como criado de un soldado. Aprendió la lengua castellana. Llevaba la escopeta de su amo al hombro y hacía todo lo que le mandaban: robaba despensas, arrasaba huertas, talaba jardines, tomaba los despojos que quedaban tras la batalla, y claro, desnudaba cadáveres. 
Los vivanderos que seguían el ejército pagaban bien la ropa de los vencidos, aunque estuvieran sucias y hubiera que remendarlas. 

De vez en cuando su amo le pegaba, pero solo si se lo merecía, y nunca recibió grandes palizas. 

Un día, de hace medio año, ya era hombre, ya estaba españolado, en la compañía hacían falta infantes. Su antiguo amo le dio su vieja escopeta por tres escudos a cuenta de sus futuras pagas y él se compró un arcabuz de hierro, obra de micier Gaspar, armero de Pavía. 
El mozo ya era escopetero, así lo decían los libros del rey de España.
En dos domingos oída misa pegó una docena de tiros con la escopeta de metal dorado contra un muro a cuarenta y a sesenta pasos. Pocos tiros son para ejercitarse, pero la pólvora corre cara, a 15 sueldos la libra, moneda y peso de Milán, ya aprenderá en guerra viva, que tirar contra terrero es cosa de poca sustancia. 

El día del alcance de Abbiate Grasso seguía a su viejo amo, ahora compañero de armas, cuando vio a un caballero grandote, encima de un jaco grande también él, vestido de ricas armas, y  probó suerte. 
Quizá mataba el caballo, derribaba al jinete, lo tomaba prisionero y su capitán le daba 100 o 200 ducados por su persona.

Y acertó. 
Pero no dio en el caballo.
Y no, no tuvo que buscarme con un estoque las escotaduras del arnés, porque la pelota me pasó las armas de buen acero milanés a cincuenta pasos de distancia.


Bueno, todo esto son novelas que barrunto yo mientras me ahogo en mi propia sangre.

Seguramente dieron su ruciadas un montón de escopeteros y arcabuceros a bulto y yo estaba demasiado a la vista. 
Entre todos quinientos me mataron, no puede un solo escopetero arrancar la flor de Francia.
Algunos serían bisoños, otros, viejos espingarderos que vinieron a Italia con el Gran Capitán hace tanto como yo y ya jamás volvieron a su tierra, soldados de fortuna en Italia por años, ahora leales servidores de su rey. 

Pero ¿qué más da? 

La cuestión es que ahora cualquier ganapán puede segar la vida de un caballero. 

No es que esto no haya pasado antes. 
Hubo ocasión en que los arqueros ingleses erizaron de flechas a mis antepasados. 
Pero, por lo menos, ser un buen arquero suponía un oficio de años. 
Esto es admirable. 
La entrega, la dedicación, el oficio.
Los de ahora no son oficiales, son rufianes. 
Ahora en cuatro semanas cualquier aprendiz de sastre dice que nació soldado, y sin tiempo a desmentirle, te mete onza y media de plomo por el pecho. 

¿No había dicho tres cuartos de onza? 
¿No habías dicho por la espalda?
Bayardo, majadero, ¿no distingues el pecho de la espalda? ¿no distingues escopeta de arcabuz?

¿Que más da? 
¿Escopeta o arcabuz? 
¿Pecho o espalda?
Me mataron.

Te mataron mientras huías. Un caballero no habría de morir de heridas por la espalda, son heridas infamantes, del que huye y no presenta batalla. 
No era huido, sino retirada.
No te enseñé a mostrar los talones y a volver las espaldas. 
La vida no es justa maestro.
Espero que esto sirva de lección a toda la nobleza de Francia y algo así jamás se vuelva a repetir. 
Soñáis despierto.

Bayardo, necio, no te duermas, el maestro te doblará la espalda con su vara. 
¿Señor Bayardo, qué ha aprendido vuestra merced en todos estos años italianos? 
Que se puede romper un cuadro de picas suizas, maestro. 
Con ayuda de la artillería.
Les dimos treinta buenas cargas. 17 horas duró la batalla.
Claro, cargas por el flanco, mientras que la artillería del rey barría su frente.
Treinta buenas cargas de caballería con escuadrones cerrados, que los mantuvieron parados.
Bien, bravo, pero eso fue hace diez años y los tiempos cambian rápido, y los enemigos no se arman con solas picas. 
Pues casi perdí una pierna porque me pasaron un muslo con una, año de 1512.
Ya, bueno, es buena arma si es diestro el que la juega. Como todas. ¿Qué más debiste aprender mientras dormías creyendo que eras de la flor de Francia?
Pues... parece que no mucho más de lo que me enseñaste maestro.
Algo más, seguro que algo más aprendiste. No seas tan duro.

Me quedan siete horas de vida. 
Siete horas de agonía.
O cuatro, según quien las cuente.
A mí se me hacen días.
Me muero, maestro.
Bayardo, zoquete, no llores, no te compadezcan. Te miran. Te juzgan. Has de guardar tu buen nombre, hijo mío.

El arcabucero español que me tomó a prisión se aparta de mí para dejar sitio a los señores marqueses, españoles o italianos, no importa, son de una misma raza, y luego a duques y virreyes que hablan mi lengua y a los médicos que vienen con ellos. 
Enemigos, pero señores, como debe ser. 
Uno de ellos debería haberme vencido, descabalgado y tomado prisionero. Una prisión larga, de varios meses, o un año incluso, una estancia en la casa del Lannoy o del Pescara en Nápoles. Su dama, la señora Colonna, escribe poesía. Una estancia larga y regalada. Un rescate de doce, no, de veinte, de cuarenta mil escudos del sol, pagados por mis parientes, deudos y amigos, y por mi señor Francisco. 
Bayardo, el caballero que fue rescatado a precio de rey.
Aunque mi señor Francisco siempre anda mal de dinero, claro, y no puede atender todas las peticiones. Quizá veinte mil escudos, el rescate de un vizconde.

Paparruchas.
¿Envidia? Vos no salisteis de Saboya. 
Te he de doblar la espalda, insensato.
No, ya no, maestro, no se moleste, pues me la quebraron. 

O si no, que me hubieran matado, pasada la escotadura del gocete por un estoque aguzado.
Bayardo el necio, ¿así te dejaste matar? ¿Qué fue lo que te enseñé?

La herida está por la tetilla. 
El bofe perforado tiene mal remedio.
Ningún remedio hay, estando la pelota en las entrañas, pues no hay herida abierta por donde había de haber salido. 
El quirúrgico véneto asiente. Quizá algo pudiera intentar, pero mejor que lo dejen morir otros médicos a que lo remate él y pierda el nombre de cirujano.
Aquí ha de morir. Ponerse en obra en los pechos es hacer oficio de carnicero y traginarlo ahora sería darle tormento...

Ya se lavan las manos en la jofaina. 
Ya me da confesión un padre de los de mi patria, de la casa del traidor.
Ya preparan las mortajas.

Tú también tendrás mala muerte Borbón. 
Mi voz suena alta y clara. 

¿Qué dice Vuestra Señoría?
El duque se arrodilla.

Mala - muerte. 
Murmullos entre estertores. 
Mala muerte te llevará Borbón. 
Bor-bón.
Silbidos.
Trai-dor.
Ahogos.

¿Su Ilustrísima?
Finge que no me escucha, pero todos me oyeron, incluso el arcabucero de las esparteñas que mira la escena desde lejos. Se muerde el labio. 

Me parece que no vas a cobrar tu rescate, malnacido.
¡Que te jodan bien jodido!

Un caballero no debería emplear nunca ese lenguaje, grosero.

Pues que te jodan a ti también, 
que te empale un turco, 
que te coceen mil mulas encabritadas... 
que...

Me ahogo. Escupo sangre.

Delira.

¡Que Dios le perdone!



Esto, claro, es una novelización fruto del aburrimiento del autor del blog, que escribe sesudos y bien documentados artículos que leen cuatro locos como él, y que de vez en cuando, se da a los relatos más o menos novelescos. 

No se sabe quien mató a Pierre Bayard, si fue herida de escopeta o arcabuz, ni si la pelota le entró por la espalda o por los pechos. Hay versiones enfrentadas al respecto. Ni mucho menos, sabemos lo que pensó durante sus últimas horas. Seguramente, intentaría mantener la dignidad, aunque a lo mejor se cagó encima. 

Vuelvo a desvariar.

El caso es este: caballeros que aprendían a montar a caballo siendo niños y a armarse y a usar todo tipo de armas durante la pubertad, que aprendían el oficio de las armas a caballo, el más complicado de todos, en cuyo dominio invertían años, eran, podían ser, derrotados por una banda de tipos calzados con alpargatas que te robarían hasta la bragueta una vez hubieras caído.

Bragueta de ante. Real Armería de Madrid


Los hombres de armas costaban mucho, se invertía mucho tiempo en ellos, en su aprendizaje y perfeccionamiento, sus caballos eran caros de adquirir y mantener, sus arneses había que bruñirlos día sí, día no, y, en general, como decía Francisco Duarte, solo hacían cuenta el día de batalla general. 

En relación utilidad/coste, un escopetero o arcabucero era mucho más efectivo que un hombre de armas, y desde luego, mucho más que un caballero de la corte o noble que hiciera oficio de hombre de armas con cargo a sus gajes. 

Cuando la nobleza de Francia se perdió en la batalla de Pavía, muerta o hecha prisionera, se dijo que no solo se habían perdido esas buenas gentes de guerra, es que Francia se había quedado sin caballos ni gentes que conocieran los hechos de guerra [19a]. 
Parece, que de 1500 hombres de armas que comenzaron la campaña, en mayo solo habían regresado a Francia 350, siendo el resto, capitanes, tenientes, alféreces y otros caballeros muertos o hechos presos [19b].
De 620 lanzas que el rey de Francia envió a Italia en julio de 1526, solo 120 eran hombres de armas de compañías francesas; el resto, eran italianos. 
En diciembre de 1527, el rey de Francia tenía en Italia 503 lanzas a cargo de Lautrec, y en total contaba con 1340 lanzas [19c]. En 1528, mientras Lautrec partía para poner asedio a Nápoles, el conde de Saint Pol partía de Lion rumbo a Lombardía con 570 lanzas.
Ni se criaban caballos, ni se criaban hombres de armas de un día para otro, pero tampoco estaba todo perdido.

Pero al final, claro, tocaba extinguirse junto con buena parte de la panoplia de armas de hasta, armas blancas y armas defensivas de los comienzos de la Edad Moderna. 

Todo era cuestión de tiempo.

Der Weiss Kunig [1514-1516]. Maestro de armas mide distancia entre aprendices de caballeros armados con espada de mano y media. El joven Maximiliano, futuro Emperador, a la derecha. El resto de la panoplia a usar, incluidos guanteletes, expuesto por el suelo.




Notas

[a] Las compañías de hombres de armas de las guardias viejas de Castilla tenían en 1529 37 hombres cada una - sin contar capitán, teniente y alférez - excepto la de continos, que disponía de 100. Totalizaban 951 hombres, pero en 1525 había 1800 hombres de armas antes de que se realizase una reforma importante habiendo sido apresado Francisco I en Pavía y disminuida la amenaza francesa.

Según la necesidad, pues, se crecían o disminuían el número de compañías y el número de hombres que las formaban.

Quatrefages, p.288 y 295-296

Los continos podían tener 4 o más caballos por cada hombre de armas.

[b] Armeros, Matthias Pfaffenbichler, p.9. Ediciones Akal, 1998

[c] René Quatrefages, La revolución militar moderna. El crisol español, p.388

Un caballo crecido era un caballo de 4 a 5 años. Con menos de 4 años era un potro. 



[2a] Govierno de la cavallería ligera. Giorgio Basta. 
Edición castellana de 1624. 
Primera edición italiana de 1612

[2b] Armeros, Matthias Pfaffenbichler, p.55 y 66. Ediciones Akal, 1998

[2c] Bullet Dents. Proof marks or battle damage.  Alan R. Williams, David Edge, Tony Atkins. 2006. 

[2d] Sumario de la Jornada ... contra el duque de Saxonia y sus aliados en el año de 1547

[2e] Jousting in Medieval and Renaissance Iberia, de Noel Fallows. 

También los arneses de justar iban sobre los 35 - 40 kgs, pero los de guerra eran, como hemos dicho, más ligeros. Además, sobre el arnés se añadían piezas de refuerzo; por ejemplo, una sobreguarda con baberón podía pesar sola 4.0 kgs más. 

El torneo duraba unas horas: la guerra, meses. Si uno era descabalgado en la guerra, tenía que tener movilidad suficiente para salvar el pellejo.

También una silla de torneo pesaba más que una de guerra, yendo a algo más de 15 kgs. 




[2.1a]
Llamamiento a capitanes, Cámara de Castilla, CED,2,2-2,26,4, 14 de julio de 1495
[...] para que los de dicha capitanía no traigan 'paramentos ni bordados ni otros atavíos demasiados' salvo sus arneses blancos y cubiertas pintadas y penachos

[2.1b] Jousting in Medieval and Renaissance Iberia, de Noel Fallows. 
Fallows ofrece un muestrario de diversas piezas, algunas de 4.5 y hasta de 5.7 kgs, pero las piezas para justar estaban más reforzadas que las de guerra porque se habían de llevar menos tiempo. Solo una 'calva', la pieza que reforzaba la parte superior del cráneo, pesaba por sí sola 1 kg.



[2.2a]
Las 'platicas', discursos y arengas puestas en boca de comandantes y príncipes por los cronistas hay que tratarlas con el debido aprecio y la necesaria cautela. En este caso, la literalidad es imposible, pero asumo que el sentido de lo expresado por el duque podía muy bien coincidir con las palabras del escritor Salazar

[2.2b]
La traducción, con los errores que pueda tener, es mía. 
El texto original, extractado por Enrique de Leguina en su Glosario de voces de armería, es como sigue:
L'Empereur marchoit monté sur un fort beau genet d'Espaigne, armé de fort belles et riches armes dorees et couvertes d'un saye (ainsi l'apelle l'espagnol) de drap d'or, l'espaule droicte pourtan descouverte, et la moitié du costé et les bras aussi, par oü ce pouvoint voir les armes aisément. 

[2.2c]
No es que en España, mayormente en Vizcaya, no se pudieran labrar buenos arneses, lo que parece es que había una falta de capacidad de producción que no permitía satisfacer grandes demandas, y menos a corto plazo, tres o cuatro meses vista:

Pedro de Sandoa y Fernando de Marquina, armeros vecinos de la villa de Marquina, del señorío y condado de Vizcaya, se obligan a hacer y labrar a su costa en las herrerías de Vizcaya 200 arneses enteros en doce meses y medio, a diez ducados de oro cada arnés


Porque havemos acordado, que se hagan dos mill armaduras de cavallos ligeros y otras tantas maças y estoques y sillas armadas y dos mill lanças para ellos y seis mill coseletes de infantes para tener de respecto en la muniçion de estos reynos de mas de los que ay, y en Milán se podran hazer mejor y más brevemente que en otra parte
Instrucción del príncipe Felipe a Fernando de Gonzaga, gobernador de Milán, 27 de septiembre de 1551

[2.2d] Iten : que toda la gente de guerra de a pié y de a caballo de nuestro exercito, y los que van á nos servir en esta jornada, de qualquier calidad que sean, si fueren armados, quando se caminare, lleve cada uno su banda colorada sobre las armas ; y no llevando coseletes , que todos lleven las cruzes coloradas cosidas en los vestidos que llevaren , de manera que todos las traygan públicas y no escondidas, ni de manera que se las puedan fácilmente cubrir ni quitar, so pena que el que se hallare de otra manera sea tenido por enemigo y castigado y tratado como á tal. 
Bonn, 20 de agosto de 1543



[3a] Sin embargo, testimonios hay varios de lo contrario:

Relación de la entrada del Emperador en Aquisgrán [1520] en Relaciones de Pedro de Gante:
Tras ellos venian todas las capitanías y gente de armas de Su Mag. muy bien atauiadas; los cauallos encubertados los más y con cubiertas muy ricas de oro y plata y seda. Serian éstos hasta 1,400 entre hombres de armas y cauallos ligeros. 


[3c] Algunos autores consideran que las razas de caballos de guerra de la alta edad media y principios del renacimiento se extinguieron en el XVII porque no hubo necesidad de ellos. 
Otros apuntan a que hay varias descendientes: Cleveland, Mecklenburgo, Colentin o Merlerault, con alturas en cruz de 160-170 cm. 
Otros, sobre esto último, consideran que simplemente se ha querido ver en estas razas características compatibles con los requisitos exigidos para la guerra, como en el caso del Hispano-normando, y que, además, esos requisitos se basan en prejuicios, no en la realidad de la época. 

Por ejemplo, se sabe por pruebas arqueológicas que los caballos de la Orden Teutónica en Prusia a finales del siglo XV tenían una altura en cruz de hasta 150 cm. 

Otros autores dicen que no había raza alguna de caballo de guerra, sino tan solo individuos seleccionados que cumplían los requisitos. 

En España, todavía en el siglo XV había dos 'razas' que coincidían con dos escuelas de monta: 
  • la raza castellano-leonesa [con la yeguada de Valdeburon como exponente de ella] para montar a la brida
  • la raza andaluza para montar a la jineta - al estilo moro, con estribos cortos
[3d] Knights and Warhorses: Military Service and the English Aristocracy Under Edward III, Andrew Ayton. p.63

[3e] Y así es la historia, que el marqués de Civita Sant Angelo tuvo una sola una vida y dos muertes, según quien las contase: una primera, según Oznaya, por perder el control de su caballo porque le cortaron las riendas, una segunda, según Nájera, porque teniendo la visera alzada, le pasaron la cara con un estoque.

La primera muerte, más gloriosa, porque lo mató el mismo rey de Francia, pero todas dos, por descuido del marqués. 

Sirvan sus muertes de ejemplo para quien las lea. 

El marqués de Civita de Santangelo ha parescido oy entre los muertos con muchas heridas pequeñas y una grande de stoque en la cara / devio se de olvidar de calar la vista al tiempo de afrontar 
Carta del Abad de Nájera. Pavía, 25 de febrero de 1525

Ciertamente, la versión que implica Francisco I parece la más creíble, porque el mismo rey, según testimonio de Paulo Luzascho, escribiendo al marqués de Mantua el 2 de marzo de 1525, aseguraba qeu fue él quien lo mató por su mano.

[3f] Hay que tener en cuenta que las traducciones de la época no eran siempre, o lo eran rara vez, a la letra: el traductor añadía y sustraía partes, enriquecía o empobrecía el texto según su gusto y criterio.



[4a] AGS, E, 499, 153.1
 Francisco Duarte, comisario del ejército imperial en Gueldres y Francia [1543-1544] se ocupó en sus cartas de la adquisición de lanzas de armas, a lo que dedica varios párrafos en varias cartas suyas. 




[5a] La identificación es mía; cójase con pinzas.

En el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana de Cristóbal de las Casas de 1583, se traduce lançon por Spontone, o espontón. 

El espontón era un arma enhastada de infantería de dos varas de largo [166cm] con diversas tipologías de hierros, una, con hoja de laurel y cruceta. 

En la obra 'Ejércitos y armadas de los Reyes Católicos. Nápoles y el Rosellón [1494-1504]' se mencionan, como armas compradas. las siguientes lanzas:

lanzas de armas
lanzas jinetas
lanzas de mano de 'siete u ocho cobdos con sus cuentos' [el codo común de Castilla era de media vara, o dos palmos: 0.418m; o sea, una lanza de mano de 2.93 a 3.45 metros].
lanza común con su hierro

y por último, lanzones cortos.

En la relación de pertrechos necesarios para la jornada de Argel [1541], se relacionan, además de las lanzas de armas, lanzas estradiotas, que eran lanzas específicas para la caballería ligera, también lanzones cortos.


çinco espios de monteria y el uno dellos tiene los hierros dorados
otro espio o venablo con el mango de hierro 

Las palabras se prestaban de un idioma a otro, y lo que para un veneciano era un 'spiedo' aquí sería un venablo, aunque pudieran llamarlos espios, puntualmente.

También un venablo podía ser sinónimo de jabalina:
treinta y çinco javalinas o venablos de caça grandes y pequeños el uno es de un guion con los hierros exçepto quatro 

[11a] El Abad de Nájera, comisario del ejercito imperial en Lombardía, tantas veces mencionado en este blog, daba esta noticia el 27 de junio de 1526. Los números, claro, se ven redondeados.

En otra carta, de 27 de agosto, daba más detalle, aunque crecía los números, lo cual, es imposible. 

3 compañías de infantería española
Capitán Pedro de Mercado
Capitán Juan de Mercado, hermano del anterior
Capitán Tomás Sánchez de Baeza

250 Hombres de armas 
La compañía del Adelantado de Granada, bajo el mando de Pedro de Osorio
La de Pedro Zapata, bajo el mando de Rodrigo de Vargas
La del señor César Ferramosca o Fieramosca
La del capitán Usario


250 caballos ligeros
la compañía de Vespasiano Colonna
la compañía de Ascanio Colonna
parte de la compañía de Alvise da Gonzaga
la de Guido Guain de Imola
la de Pedro Andrea de Soma, napolitano
la del señor Constantino


Solo había un Colonna en Cremona, que era Sciarra Colonna. Aquí, una cosa era la titularidad de la conduta, y otra, quien gobernaba las tropas, porque Vespasiano y Ascanio eran también capitanes de gente de armas. 



Según los asaltantes venecianos, tenían fama de que en Cremona había 1400 lansquenetes, 350 o 400 infantes españoles y 90 hombres de armas y 120 caballos ligeros españoles e italianos. 

Francesco Guicciardini [Vizardini], que se hizo famoso en su faceta de historiador, era entonces lugarteniente del ejército pontificio por Clemente VII. 
Cuando las tropas capitularon el 23 de septiembre - salida de la plaza para el  2 de octubre - Guicciardini anotó que había entre españoles e italianos 400 caballos y 250 infantes. 

[11b] Nótese la diferencia de la lanza con la media pica, en la forma del hierro:


Estas lanzas cortas las puntas herradas, también podían ser Ahlspiess o lanzas candeleras [apunte hecho por Juan Molina]: 

Sacándose los ojos con candeleras. Desde luego estas lanzas son más cortas y tienes las puntas más herradas. 


Debería averiguar de donde sacó la información el maestro Vallés para su obra. La primera parte del libro es copiada de Jovio, que es la vida del marqués de Pescara, pero a partir de la muerte del Pescara, donde acaba el libro de Jovio, Vallés comienza su libro. Fuera quien fuera el autor, era un arma que seguramente no estaba en la panoplia de su nación, porque hubiera usado un nombre de haberlo conocido. 


[11c] No aparece ningún Julio 'Brumat' de Brescia o nombre parecido en las listas venecianas. En todo caso, no trato aquí tanto de identificar a los capitanes - aunque siempre es positivo contar con varias versiones de un mismo evento - como a cuantificar el número de soldados que hacían guardia aquella noche.

Aún disponiendo de listas, no siempre es posible identificar a las personas que se mencionan. 

[11d] Juan Molina apunta que serían lo que hoy denominamos 'hachas de peto' - pollaxe en inglés - una especia de hacha de asta larga, o alabardas de asta corta, según se mire, que usaban los hombres de armas en el siglo XV.  

[11e] El objetivo básico de estas empresas era matar un cierto número de soldados, y sobretodo,  poner en arma el campo contrario: o sea, que se apercibiesen frente a un hipotético gran ataque nocturno o encamisada del enemigo, lo cual impedía que descansasen.



 [14a] ¿Por qué la tasa de un teniente en 1555 era superior a la de un capitán? 
Vaya usted a saber. 

En 1548 seguía una proporción: 

las tasas del capitán eran 'tassas de cauallos de cinco lanzas', 
las del teniente, de tres lanzas, 
las del alférez de dos lanzas, 
las del contador 'tassas de cauallos de lança y media', 
a los oficiales menores 'tassas de media lança
y a los hombres de armas tasa de una lanza. 

 
[14b] Se seguía usando en la década de 1550 la voz 'corsier' que es la que aquí empleo, porque aparece en documento sobre la organización de la caballería de Lombardía de 1555.

En el siglo XIV ya se usaba la voz 'coser':
Que cada vno delos dichos nuestros vasallos trayan sus armas conplidas dela guisa : dos bestias , vn cavallo o coser buenno e vna mula o facanea ; pero si acaescier que alguno delos dichos nuestros vasallos que venien fazer el alarde troxiere sus armas conplidas e non troxiere si non vna bestia, sila tal bestia fuere cauallo o coser bueno, por fazer bien e merced alos nuestros vasallos e por que puedan con lo queles nos damos aprouechar en sus faziendas , mandamos que en los tienpos que nos non ouieremos guerra, queles sean rrescebidos el alarde trayendo sus armas conplidas o vn cauallo o coser buenno, segund dicho es. 
Cortes de Guadalajara de 1390

[14c] Alférez de Jesuristo, según las palabras del propio Carlos citadas por Ramón Carande en Carlos V y sus banqueros. v3. Los caminos del oro y de la plata, p.106. 



[15a] Armeros, Matthias Pfaffenbichler, p.51. Ediciones Akal, 1998

[15b] Sondeo hecho en PARES. 

Ejemplos: 
Orden a los veedores de las guardas para que abonen a Juan de Luna, hombre de armas de las guardas en la capitanía de don Álvaro de Luna, un caballo valorado en siete mil maravedís que murió en servicio [26 sep 1501]




[16b] En tiempos del Gran Capitán eran Próspero, duque de Traietto, y Fabrizio los condottieros y en tiempos de la batalla de Pavía eran sus respectivos hijos Vespasiano y Ascanio. También Sciarra Colonna, hijo natural de Fabrizio, estaba en el negocio de las armas, y lo vamos a ver en la defensa de Cremona en 1526. 

Fabrizio, por cierto, era suegro de Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto, capitán mencionado. 

Otros Colonna servidores del Imperio:
Los hermanos Ottaviano, Marcello, Marcantonio, Girolamo y Giulio
Pirro y Marzio. 

[16c] El ilustre Marqués de Mantua yrá luego en Plasencia con toda la gente de su conducta, y desde alli se verná a juntar con este exército 
Carta del Abad de Nájera, comisario del ejército imperial en Lombardía, 12 de septiembre de 1523.

Como vemos por la lista de 1524 [apéndice] el marqués de Mantua servía en la batalla con 300 lanzas, una magnífica conducta o contrato de servicio de armas.

Los Reyes Católicos habían advertido en su día [noviembre de 1504] al Gran Capitán que no queremos que haya mas gente por via de condutas syno por via de capitanías; y esto dezimos asi de los españoles commo de los Coluneses e Ursinos e otros ytalianos, asi porque, como sabeys, nunca acá usamos conduta, commo porque por via de conduta no es cierta la gente ni la que deve ser; e pensando tener gente, al tienpo de menester faltaria. 

Pero claro, la necesidad mandaba, y el mercado de mercenarios en Italia había de pasar por este sistema. O eso, o autoexcluirse del mercado y dejar que el enemigo los reclutase a precio más bajo por ausencia de competidores.

[16d] Falta en esta lista Antonio de Leyva, otro veterano de las primeras guerras que se hallaba en otras ocupaciones, pero se hallaba en la guarnición de Pavía, y seguramente, por eso no fue incluido.

[16e] Y porque la absencia de los capitanes, que por nuestro mandado residen en las governaciones de las provincias como son el duque de Termens y el marques de la Padula y don Juan de Cardona no faga para esto falta, mandamos que nuestros capitanes que estuvieren absentes de sus capitanías por residir en las dichas governaciones dexen con la gente de las dichas sus capitanías buenos lugares tenientes que sean aprovados por vos; y desta manera deveys proveher que toda la gente darmas con sus capitanes y con los dichos lugarestenientes esté junta en las partes que vieredes que cumpla a nuestro servicio;
Instrucciones de Fernando el Católico a Ramon Folch de Cardona, virey en Nápoles. Diciembre de 1509

[16f] En abril de 1523 insistía el comisario del ejército imperial:
En este exército no ay otros capitanes de gente darmas quel Próspero y Antonio de Leyva, ny los questan en el Reyno son partidos fasta agora, por que vea Vuestra Magestad, si la guerra viene, cómo stamos de Capitanes. Supplico a Vuestra Magestad les mande tornar a escreuir que luego vengan, pues non lo han hecho

En junio notificaba la única llegada del duque de Terminis [Termoli]. 



[17a] et di noi non è stato ferito salvo il signor Marco Antonio di 4 ferite, una di archibuxo nella cossa destra scavazà, una nella ditta gamba di lanza, una nel brazo destro passato de archibuxo, principiando la botta dal palmazo della man scorando verso il gombedo de longo et così li passò el brazò, et 1’ altra sopra 1’ochio destro de lanza 
I Diarii di Marino Sanuto, v42

El gombedo puede ser el hombro, porque Roberto Damiani usa en su página Condottieri di Ventura la voz 'spalla' al describir las heridas que dieron muerte a Martinengo. 
Los errores de traducción e interpretación que pudiera haber son todos míos. 

 havendo haulo esso domino Marco Antouio due archibusate, una in una cossa l’ altra in uno brazo, el nel fronte un colpo di zaneton, et il cavallo suo che era di gran precio hebbe cinque archibusate. 
I Diarii di Marino Sanuto, v42



[19a] Les principaulx cappitaines et bons gens de guerre ont tous esté perduz en Itallye pour certain, et aussi à ceste heure ilz n'ont pas que bien peu de bons chevaulx, ny gens qui congnoissent le faict de la guerre.
AVIS DONNÉ EN ANGLETERRE DE CE QUI SE PASSAIT EN FRANCE PENDANT LA CAPTIVITÉ DU ROI.

[19b] El rey de Francia tenía en su campo sobre Pavía a 3 de noviembre de 1524, 1890 lanzas francesas y 510 italianas. 

[19c] Renaissance France at War: Armies, Culture and Society, C.1480-1560, David Potter. Apéndice iii, p.345



Apéndices

Un poco de humor y algo de vocabulario

Caballos ligeros no se usan en esta guerra, porque se congojan debajo de una celada engolada ó borgoñona; ni saben llevar la lanza en cuja, que parece lanza coja; ni ponerla en el ristre, que parece que ponen una ristra de ajos ; ni se quieren obligar á llevar espada y daga en la cinta, y estoque y hacha colgando del arzon, que dicen que parecerian tiendas de espaderos. 
Ni aun se atreven á cabalgar a la brida, aunque los aceros de las sillas les lleguen a las barbas y colodrillos, y las borrenas les ciñan los muslos y se les cierren como llaves; porque dicen, y muy bien, que de qué sirve llegar el arzon delantero á la barba , si el hombre de armas no es de barba, ni el arzon trasero al cerebro, si el cerebro está vacío; y que de qué efecto serán las borrenas si los muslos que han de ceñir son de borra.
Eugenio de Salazar. Descripción de la milicia de Tenerife [1568]



habían estado los hombres de armas en ocio y reposo en las guerras pasadas por usar el Marqués de Pescara, según la costumbre de la guerra antigua, en todas las empresas dificultosas, de la infantería y de los caballos ligeros. Envejecida su reputación y apenas se hacia caso de ellos en batalla, tanto que los infantes muchas veces burlaban de ellos motejándolos y haciéndoles preguntas con palabras lastimeras diciendo si tenían fiestas porque andaban tan sosegados y bien vestidos y aderezados, y cuando veían algún caballo magro o viejo de la gordura de las ancas que tenía, le motejaban diciendo: oh que hermoso potro, no ha echado aún afuera los dientes de mascar, loándolo con grandísima risa. 
Era necesario que los hombres de armas tragasen dichas afrentas, porque la suma de la guerra parecía estar puesta en las mechas encendidas de los arcabuceros
Historia del fortissimo y prudentissimo Capitan Don Hernando de Aualos, marqués de Pescara. 
Amberes [1558]


Extracto de Historia del Rey Don Hernando el Catolico, de las empresas y ligas de Italia, Libro Tercero. Año 1497, por Jerónimo Zurita
y púsose en este tiempo nueva ordenanza en la gente de guerra, que había en España, diferente de la que hasta entonces se usaba, siguiendo la costumbre italiana, y francesa, cerca de la orden, y armaduras de guerra. Trujeron de allí adelante los hombres d’armas almetes, y lanzas de armas, y sus espadas, o estoques, y un caballo encubertado: y otro para un paje, con sus mazas en los arzones: y de veinte en veinte hombres de armas había un cabo de escuadra, que primero se llamaba cuadrillero: y porque en las otras provincias se acostumbraba, que cada hombre de armas tenía un arquero, o ballestero a caballo, y tanto número de gente a caballo parecía inútil, y también era muy necesario a la gente de armas llevar consigo ballesteros a caballo, se usó algún tiempo, que en cada compañía había, a respeto de las lanzas, el quinto de ballesteros, que traían corazas, armadura de cabeza, falda, y los que entonces llamaban gocetes

Este testimonio hay que cogerlo con pinzas, por lo menos, la primera parte, porque hombres de armas había en España desde el siglo XIV, pero lo demás, la ordenanza en cuadrilleros, la 'inutilidad' de los arqueros, o el quinto de ballesteros, resulta de total interés.



Guardas de Castilla y hombres de armas en el Reino de Nápoles [1504-1525]
[Apéndice en construcción]

fastaqui no nos havemos aprovechado de cosa alguna de la fazienda desse reyno
Instrucciones de Fernando el Católico a Ramon Folch de Cardona, virrey en Nápoles. 
Diciembre de 1509

Las guardias de Castilla en Nápoles se pagaban con cargo a las rentas de Castilla. 
Los napolitanos no hubieran aprobado en esta época un subsidio para sostener tropas extranjeras, teniendo ellos caballería regnícola para su defensa, pero claro, esas tropas no eran solo de defensa, sino también del control del territorio. 
El reino estaba recién conquistado y había muchos barones angevinos, 'franceses', como dirían en esta época, o francófílos, como diríamos hoy.
Esta circunstancia nos facilita el estudio, porque sobre la hacienda real de Castilla se han publicado numerosos trabajos, cosa que no pasa con la de Nápoles, básicamente, porque al archivo de Nápoles le cayó una bomba incendiaria en 1943, no por falta de interés en la historia patria. 
A partir de esos apuntes, podemos ver, en algún caso en detalle, en otros, a grosso modo, la pervivencia de dichas guardias para el periodo que nos ocupa.
Respecto a las guardias, la lealtad, claro, era castellana, la oficialidad también. La tropa seguramente sería, como sucedía en esta época, mezclados los unos con los otros, napolitanos españolados y españoles italianados, cosa, que por el motivo que fuera, no se consideraba un problema, como a veces sí sucedía con la mezcolanza de naciones en la infantería.



1504-1505

10 hombres de armas y 100 jinetes del capitán general Gonzalo Fernández de Córdoba
120 hombres de armas [HdA] de don Diego de Mendoza
100 HdA de don Alonso de Silva, hijo del Conde de Cifuentes
100 HdA de don Andrés [Andrea] de Capua, duque de Termole
70 HdA de don Juan Manuel
100 HdA del conde de Ribadeo; es la capitanía que llevó a Nápoles Alvarado
100 HdA de Juan de Leyva; manda la capitanía su hijo Antonio de Leyva
50 HdA y 50 jinetes de Puertocarrero [muerto]
100 HdA de don Juan de Córdoba; antigua capitanía de don García de Ayala
50 HdA del Adelantado de Granada
50 HdA de don Fernando de Andrade, capitán de los peones venidos de Galicia

850 Hombres de armas en total, incluida la del duque de Termole napolitano.

Los Reyes Católicos dieron instrucciones en 1505 a don Gonzalo de que retuviera todos los onbres darmas españoles syn despedir ninguno, y además, mandaron que se constituyera la capitanía de los çiento gentyles onbres una compañía de hombres de armas, mitad españoles, mitad napolitanos, seleccionados entre caballeros como había en España la de continos - cien continos hijosdalgos de las guardas de Castilla - desde 1492. 

Pero también concedía licencias para retornar a España a aquellos que las solicitasen, por ejemplo a 18 hombres de la compañía de Fernado de Andrade, que tenía 70 en noviembre de 1504, una cuarta parte de los hombres que servían en ella:

licençia para que se vengan acá con sus armas a Lope Nuñez Pardo y Gonçalo de Quiroga y Juan de Sarantes y Juan Manso y Juan Vermundez y Vasco de Froxomill y Sancho de Vlloa y Payo Gómez y Ochoa de Segura y Francisco Monteron y Lançarote Pardo y Pero Percas y Antonio Suarez y Martin Salgado y Luys de Bovadilla y Juan de Sada y Juan de Heredia y Alvaro Paz de Cos y Fernando 
Gonçalez, hombres darmas de la capitanía del dicho don Fernando
Licencia a varios soldados de la Capitanía de D. Fernando de Andrade para volver a España. Segovia 25 de Agosto de 1505. 

Al propio Andrade se le había dado licencia para retornar en abril de 1505. El objetivo, claro era que la capitanía se pudiera 'consumir', y reformar, de manera que los que desta capitanía fueren para quedar alla podran ser asy mismo para conplir las faltas de las otras capitanias de españoles



1511

Dexado lo que se crece quando van de fuera, a los hombres d'armas  y a los de Castilla para haberlos de ygualar con los que están acá ay xxviii ducados por [cada] hombre darmas
Carta de Ramon Folch de Cardona a Fernando el Católico, 31 de octubre de 1511

Cuando los hombres de las guardas servían fuera de los reinos de España cobraban más para equiparar sus sueldos a los hombres de armas de los territorios donde servían. 
En 1511, para Nápoles, eran 28 escudos más al año. Hablamos de sueldos en tiempos de guerra, pues estas tropas 'van de fuera' o sea, salían del reino rumbo al norte para combatir a los franceses en la guerra de la Santa Liga.



1512 La caballería de Rávena


1517

cartas del visorrey de Napoles sobre la paga de la gente d'armas de Castilla, que está en aquel exerçito
Correspondencia del cardenal Cisneros, 23 de octubre de 1517

Para la gente de guardas que agora ay en el reyno, de cauallo y de pie, y para artelliria y salarios de capitanes, y para la gente que ay de Castilla en el reyno de Nápoles con los cambios de lo que cuesta el dinero que se lleua para la paga de las dicha gente, se ponen çiento y tres quentos de mrs,
que monta en todo: 103.000.000 
Relación de lo que montan las rentas del reyno deste año de 517

De estos 103 millones de maravedíes, que son contadas para las guardias, tanto en España como en Nápoles, sabemos que el tesorero Vargas había de destinar tan solo 7,5 para el Reyno [de Nápoles] y Alonso de Baeça había de librar 12000 ducados 'de crecimiento de salario de la gente de Nápoles'. 
Otros 4,5 millones al cambio de 375 mrs/duc.


1518

Gente de Italia 
390 hombres de arma[s], 293 guardas, 13 tenientes, 2 veedores y ventajas de otros oficiales ---- 17.325.000 maravedíes
Cuentas de Francisco de Vargas [1518]


1520
Las 300 lanzas, hombres darmas que han de quedar en este ejército ó en el reino de Nápoles, donde V . M . sea mas servido , piden ser tratados y haber aquel mismo sueldo que se da a la misma gente darmas que está en Nápoles .
Carta de don Hugo de Moncada a Carlos V, Favignana, 14 de abril de 1520


1524-1525

Quatrefages [La Revolución...] da en su página 284 un resumen del estado de las fuerzas en Italia sin indicar los nombres de los capitanes que sí aparecen en el legajo fuente de esa tabla [AGS. CS 1ºSerie Legajo 99]:

  • 100 Continos [50 españoles y 50 italianos] a los que se les debe 15000 escudos; no se indcan meses de atrasos
  • 13 compañías de hombres de armas del reino de Nápoles, a los que se les debe 4 meses de atrasos: 106.079 escudos
  • 7 compañías de Castilla, con 353 hombres, a los que se les debe 10 meses de atrasos: 31604 escudos [lo que supone un coste de 450 escudos al mes por compañía de 50 hombres, unos 9 escudos de coste por soldado, prorrateados sueldos de oficiales]
  • Carlos de Borbón tenía 50 hombres de armas y 100 arqueros para su guardia, y también se les debía 6 meses de sueldo, 6650 escudos, lo que supone 21 escudos al mes por lanza [1 hombre de armas más 2 arqueros]


Bibliografía
Fuentes de Zurita: Documentos de la alacena del cronista (1508-1511)
Colección de documentos inéditos para la historia de España v24. Vida del caballero don Hugo de Moncada por Gaspar de Baeza y documentos relativos a su vida



Orden del ejército imperial en Italia. 
Marzo de 1524

Capitanes:
El ilustrísimo señor duque de Borbón
El ilustrísimo señor Virrey de Nápoles, Carlos de Lannoy [Capitán general]

La vanguardia
60 lanzas del señor marqués de Pescara [Fernando de Ávalos]
60 lanzas del señor Ascanio Colona [en febrero de 1524 todavía aparece listada a nombre de su padre, Próspero, muerto en diciembre de 1523] 
85 lanzas de don Hugo de Moncada
50 lanzas del duque de Sessa [don Luis Fernández de Córdoba]
50 lanzas del marqués del Vasto [Alfonso de Ávalos]
50 lanzas del señor Alarcón
50 lanzas del conde de Collesano [o Golisano ¿Artal? Folch de Cardona; su hermano Pedro, teniente] 
60 lanzas del señor Juanin de Medici [pagadas por el duque de Milán]

Suma lanzas 465


La batalla
100 Continos del Emperador bajo el mando del conde de Traiecto [continos del reino de Nápoles23 a cargo de Vespasiano Colonna, duque de Traietto] [Ord1]
300 lanzas del señor duque de Mantua [Federico de Gonzaga]
60 lanzas del señor Vespasiano Colona
90 lanzas del señor duque de Termini [Vincenzo di Capua, duque de Termoli] [Ord2]
50 lanzas del conde de la Potencia [¿don Juan o don Antonio? de Guevara]
50 lanzas del hijo del duque de Camerino [Giovanni Maria da Varano, pagadas por el duque de Milán]
50 lanzas del marqués de Civita Sant Angelo [Fernando Castrioti o Castriotto - Castriota]

Suma lanzas 700


La retaguardia
100 lanzas de Pedro Osorio [compañía del Adelantado de Granada, Diego de Cárdenas y Enríquez, Nápoles23]
70 lanzas del Adelantado de Galicia
50 lanzas de Garci Manrique [se hallará con Antonio de Leyva en Pavía]
50 lanzas de Sancho López [Sancho López Gallego, teniente de la compañía del conde de Altamira, Nápoles23; se hallará con Leyva en Pavía]
50 lanzas de Francisco Sarmiento [Sarmiento su teniente; Nápoles23. Se hallará con Leyva en Pavía] 
50 lanzas de Pedro Zapata [Nápoles23]
50 lanzas de Rodrigo de Vargas [compañía de Pedro Zapata; se hallará con Leyva en Pavía]

Suma lanzas 420

Suma sumatorio lanzas 1585

(Nápoles23): Compañía que residía ordinariamente en el Reino de Nápoles traída a Lombardía por el Virrey en noviembre de 1523]

Caballos ligeros
150 caballos de la compañía del señor Juanin de Medici
150 del capitán Zucharo [Zuccaro - Zucar]
80 del capitán Migliao
65 del capitán Simón Romano
60 de Colla Maria da Soman
50 de Ciriago
50 de Rosales [se hallará con Lyeva en Pavía]
150 de domino Paolo Luzasco
50 de Bino Signorello
100 del comendador Figueroa
50 de micer Teodoro
60 del capitán Miranda
80 de Ribadeneyra
100 del marqués de la Tripalda [Ripalda: Camilo Ursino y de la Valle]
50 de don Alonso [de] Carvajal
40 de Augustino Uxonio
50 de Argollo [Argolo]
50 de Luis Bernal
50 de otro capitán español [¿quizá sea Aponte, que se hallará con Leyva en Pavía?]

Suma caballos 1435


Capitanes de infantería española
Nofre del Monte [Nofrio]
Juan de Mercado
Pedro de Mercado
don Diego de Córdoba
Corbera
Juan de Vargas
Diego López
don Francisco Cantellanov/ Cantelmo
Salcedo
Rodrigo de Ripalda
Bracamonte
Derios
Figueroa
Quesada
Luis de Villacapón [Viacampo / Villacampo] 
don Felipe
Santa Cruz
Herrera
don Juan Villanueva
don Juan Sarmiento
Cervellón

En suma cerca 6000 infantes
Lansquenetes cerca 8000 


Notas a este apéndice
La información entre corchetes la he añadido yo. Información relevante o meras notas para situarme, pues aún con vastas enciclopedias especializadas al alcance de un clic, no siempre es sencillo identificar a las personas mencionadas, cuando los individuos se suceden en los títulos nobiliarios y es su título lo único que se menciona.

[Ord1] Estos gentiles hombres venían en noviembre de 1523 a cargo del virrey de Nápoles. Eran 50 españoles y 50 italianos, todos hijos de grandes señores y gentileshombres de gran linaje.

Del ducado de Traietto en el reino de Nápoles era titular hasta su muerte en diciembre de 1523 Próspero Colonna, padre de Vespasiano. 
Estar a cargo de los continos suponía haber pasado de ser condottiero a capitán de las guardias del rey, pero, paradójicamente, seguía teniendo una conduta de 60 lanzas. 
Vespasiano estaba emparentado con los Gonzaga, otra familia de condottieros y señores de Mantua. 

[Ord2] Andrea di Capua, duque de Termoli, había sido capitán de una compañía de hombres de armas. Muerto en 1511, su hijo Ferrante había heredado la compañía y servido en Rávena y en 1522 incluso entraba en una terna para ser capitán general. 
Muerto Ferrante en noviembre 1523, le había sucedido en el ducado su primo Vincenzo, y la lugartenencia de la compañía estaba en manos de su tío Julio.

Algo parecido sucedía en el mundo de los condottieros, donde estos empresarios de guerra constituían sagas familiares que, si servían bien, engrandecían sus casas con títulos de nobleza, y si morían jóvenes, con hijos sin edad para tener gobierno de una compañía, sus parientes más cercanos trataban de hacerse cargo de ellas. 


Alojamientos del ejército imperial en Lombardía
Agosto de 1525

Compañías alojadas en el Piamonte
90 lanzas de la compañía del señor marqués de Pescara
90 de la del conde de Golisano
50 del marqués del Gasto
90 de don Hugo de Moncada
50 del señor Antonio de Leyva
50 del señor Alarcón
50 de Sancho López
50 de Lidvegna
60 de don Francisco Sarmiento
60 del señor Cesar Ferramoscha *
50 de Rodrigo de Vargas
50 del Baly de Monte, francés 
40 de de La Motta, francés

Suma lanzas 780


Compañías de gente de armas a las cuales se ha de dar alojamiento
100 lanzas de la compañía del señor Virrey [de Nápoles, Charles de Lannoy]
80 lanzas de Pedro Osorio
70 lanzas de don Diego Sarmiento
50 lanzas de la compañía del conde de la Potencia
50 del marqués de Sant Angelo
60 del señor Ascanio Colonna
60 del señor Vespasiano Colonna
50 de García Manrique [?]

Lanzas 520

En todo 1300 lanzas


* César Ferramosca era hermano del famoso condottiero Ettore. En 1522 fue nombrado caballerizo mayor en sustitución de Carlos de Lannoy, que había sido nombrado virrey de Nápoles. En 1524, era del consejo de guerra de su majestad. En 1526, por maquinar avivdando la enemistad entre Lanoy y Borbón fue desterrado de la corte y enviado a diversas misiones diplomáticas en Italia. En 1528 hallaría, junto a Hugo de Moncada la muerte en batalla naval frente a Salerno.
Su compañía, estando el caballero entregado a la vida cortesana y diplomática sería gobernada por un teniente. 


Lista de los barones franceses muertos y hechos prisión en la batalla de Pavía

La lista publicada en Captivité du roi François Ier. por M. Aimé Champollion-Figeac en 1847 es incompleta. 

Falta, por ejemplo, Robert de la Marck, llamado Fleuranges, duque de Bouillon y señor de Sedan, capitán de 50 lanzas, que fue hecho prisionero.



PRINCES ET SEIGNEURS MORTS.
  1. Le duc de Suffort, à qui appartenoit le royaume d'Angleterre.
  2. Françoys, monseigneur de Lorraine.
  3. Loys, duc de Longùeville.
  4. Monsieur de la Trimôille.
  5. Le conte de Tonnerre.
  6. Le maréchal de Chabannes, premier maréchal de France: Jacques de La Palice
  7. Le maréchal de Foix, frere de M. de Lautrec. Thomas de Foix, seigneur de Lescun
  8. Monsieur le bastard de Savoye, grand maistre de France.
  9. Monsieur de Bonnivet, admiral de France et gouverneur du Daulphiné.
  10. Monsieur de Buxi d'Amboise. Bussi d'Amboise
  11. [Georges] Monsieur de Chàumont d'Amboise
  12. Monsieur de Sainte-Mesmes.
  13. Monsieur de Tournôn.
  14. Le capitaine Frederic Châtaigne.
  15. Monsieur de Morette.
  16. Le bastard de Luppé, prevôst. dé l'hostel.
  17. Le sr Galeas de Saint-Se vérin, grand escuier de France.
  18. Le sr de Laval de Bretagne.

En rosa, muertos durante el asedio
En lila, muertos por la salida de Leyva
En negro, heridos en la batalla y muertos en prisión.
El resto, en azul, seguramente también murieron en la batalla en el Parco de Pavía junto al mariscal de Francia.

PRINCES ET CAPITAINES PRISONNIERS.

  1. Le roy de France.
  2. Le roy de Navarre J.
  3. Loys, monsieur de Nevers.
  4. Françoys, monsieur de Saluées.
  5. Le prince de Talemond.
  6. Monsieur d'Aubigny.
  7. Monsieur le mareschal de Montmorenci.
  8. Monsieur de Rieux.
  9. Monsieur le vidame de Chartres.
  10. Le sr Galeas Visconte.
  11. Le sr Frederich de Ranges.
  12. Le bailly de Bugency.
  13. Le, sr Gabriel de la Chastre, son fils.
  14. Monsieur de Boisi.
  15. Monsieur de Lorges, capitaine des gens de pied françoys.
  16. Monsieur de Moni.
  17. Monsieur dè Crest.
  18. Monsieur de la Guiche.
  19. Monsieur de Montigent.
  20. Monsieur de Saint-Marsault, son frere.
  21. Le senechal d'Armignac, capitaine de l'artillerie.
  22. Le viconte de Lavedan.
  23. Monsieur de la Claïette.
  24. Monsieur de Poton.
  25. Monsieur de Changy, son neveu.
  26. Monsieur d'Aubijou.
  27. Monsieur d'Annebaut.
  28. Le fils de M. de Tournon.
  29. La Roche-Aymond.
  30. La Roche du Meyne.
  31. Monsieur de Clermont en Daulphiné, lieutenant des cent gentilshommes.
  32. Monsieur de Saint-Jean d'Ambornay.
  33. Monsieur de Vatithieu.
  34. Monsieur de Silans.
  35. Monsieur de Boutieres.
  36. Monsieur de Bârbesieux.


Bibliografía