Soldados disfrazados con vestidos de labriegos o en hábito de enemigos. Estratagemas de guerra en el siglo XVI


Los soldados vestidos como soldados


Soldatz spaignolz: Soldados españoles en 1572. Anciens costumes coloriés  Italie, Espagne, Ecosse, Allemagne et Hollande, Pays orientaux et les Indes, Biblioteca Nacional de Francia



En una época en que no había uniformes, los soldados se vestían con ropas propias de la soldadesca, distintas a las de los villanos y rústicos:
y en los soldados particularmente en la guerra les parece mejor las plumas, galas y el vestido de color que no el negro y de paño, 
Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese por el capitán Alonso Vázquez


Aunque a finales del XVI, copiando modas cortesanas, muchos van a optar por vestirse de negro "como ciudadanos y boticarios" - de ahí, que un tercio en Flandes acabara siendo conocido como el de los sacristanes - el soldado vestía normalmente ropas de colores vistosos, que además de servir para lucirse, les identificaban como tales:

porque el soldado ha de andar vestido de colores, y aquellos muy claros, que sean conocidos los honrados y armados hombres criados del Rey entre ciudadanos, y que sean muy descubiertos de lexos, para que se sepa cada vno lo que es
Milicia, discurso y regla militar, por Martín de Eguiluz [1595]


En muchas ocasiones, bien a infantería bisoña, para que tuvieran apariencia de soldados y fueran vistos a su llegada como lucida gente y bien en orden, o bien a infantería vieja, para que se aderezasen, se les entregaban tejidos para confección de ropa, o ropa ya cosida, a cuenta de sus sueldos. A veces, esto se hacía porque era más barato suministrar tejidos que dinero en moneda sonante. 

En 1539, a la infantería residente en La Goleta, se les envían paños de Toledo; amarillos, colorados, azules, nevados y morados. Ese mismo año, también para fortalezas de África, se compran paños de Toledo amarillos, blancos, rosados y colorados, pero también paños de Londres nevados y morados, azules y blancos y frisas de Andalucía, blancas, verdes y moradas, así como paño pardillo de Zaragoza.
 

Podemos ver a través de las calzas acuchilladas el forro azul. Las calzas parecen algo gastadas, como si se les hubiera ido parte del tinte colorado. Arcabucero español disparando arrodillado. Tapiz nº4 de la serie La conquista de Túnez en 1535. Dibujos de Vermeyen; hilado de Pannemaker. 


Para los 4.440 soldados que habían de marchar a Flandes - y escoltar al príncipe Felipe en su viaje a Inglaterra - el duque de Alba ordenaba que se proveyeran calzas y jubones, puesto "que van, los más, en camisa". En octubre de 1554, en la villas de Berges y Hesdin, se les había de entregar a los soldados de parte de las 20 compañías embarcados en La Coruña 2.142 pares de calzas y 2.138 jubones, estando las calzas labradas con paño amarillo, encarnado y blanco, llevando 500 de ellas tafetán. 

Los jubones, confeccionados con paño, podían ir forrados de otro color, y las prendas - calzas y jubones - acuchillarse para que se viera el forro.

Aunque el tiempo, la carestía y los atrasos en las pagas, hicieran que muchos soldados acabaran yendo con ropas remendadas y aún descalzos - o se embarcarán en España de esa guisa - la preferencia por la ropa galana y colorida era lo normal, e incluso algunos soldados realizaban gastos excesivos por quererse los unos aventajar de los otros, en el hábito y trajes, más que en el servicio y obras. 




Como fuera, queda declarado que tenemos a unos soldados en el siglo XVI, vestidos con su ropa ordinaria, que, en palabras de Eguiluz, podían ser "muy bien descubiertos de lexos".



Soldados vestidos como ciudadanos, aldeanos, religiosos y mujeres


Españoles de mediados del XVI. Izquierda: burgueses o villanos. Centro: rústicos, labriegos, aldeanos o campesinos. Derecha: soldados, arcabucero y coselete. Además de las armas ofensivas y defensivas propias del oficio militar, la vestimenta - el hábito - distinguía a los soldados de quienes no lo eran. Además, los soldados debían llevar cosidas en la ropa cruces o portar sobre las armas defensivas bandas - rojas, en el caso de los españoles, blancas, en el caso de los franceses, anaranjadas, en el caso de los rebeldes flamencos, verdes las de Saboya, etc - para ser reconocidos como servidores de su rey. Aún sin cruces, fajas o bandas, los soldados tenían su propio estilo claramente reconocible y diferenciado de otras clases sociales. Códice de trajes de 1547. Biblioteca Nacional de España


Una forma de entrar en una plaza, bien para tomarla por sorpresa, bien para meter un refuerzo en ella estando cercada, era que un grupo de soldados vestidos como villanos o labriegos, pasase en ella. Amén de los ataques por sorpresa, también se podía, simplemente, llegar de esa guisa para conseguir información o comunicarse con los del interior.


En 1597, el sargento Francisco del Arco, soldado valeroso, noble y harto prático en la lengua francesa, el teniente Bautista Doñano, milanés, el capitán Donan, del regimiento irlandés de Stanley, y el capitán Lacroy, borgoñón, así como un sargento valón, dos soldados borgoñones y seis valones, llegaron por la mañana en hábito de villanos, a la deshilada, como si no se conocieran, a una de las puertas de la plaza fuerte de Amiens.

Algunos de ellos conducían un carro que les había de servir para bloquear el rastrillo de la puerta y que esta quedase abierta, caso que lo quisieran echar abajo los del cuerpo de guardia. Otros, que llevaban sacos de manzanas o nueces, fingiendo que iban al mercado, armados de pistolas, que llevaban ocultas bajo los sayos, mataron algunos de la guardia, y después valiéndose de las armas que auia en el cuerpo de guardia se hizieron señores de la puerta, dando lugar a que 1800 o 1850 infantes y 450 caballos a cargo de Hernán Tello, gobernador de Doullens, entrasen y ganasen la plaza [2]. 


Toma de la villa de Amiens, 11 de marzo de 1597. Se puede apreciar la estratagema de colocar un carro para impedir que el rastrillo de la puerta fuera bajado. Grabado de Franz Hogenberg. Este ardid, evidentemente, no solo lo emplearon las tropas de Felipe II: Con la misma yndustria [llegar en habito de villanos] pocos dias despues tomaron el castillo de Turnhaut porque entraron con vn carro de cerueja que deteniendose en el puente leuadiço ympidieron que no le pudiesen leuantar tan presto y salieron de vna casa rota que estaua alli cerca la demas gente, que estaua escondida, y le ganaron. Historia de las guerras civiles que ha habido en los estados de Flandes por Antonio de Carnero



Los disfraces que emplearon en esta ocasión, imitaban a aldeanos de la región de Amiens, y además, los encargados de realizar la arriscada facción se "maquillaron" de manera que parecieran pobre gente: 

Es la gente de las aldeas de Picardía pobrísima y andan vestidos de sayal blanco o de lienzo, y esto tan roto, que muchas veces muestran por diversas partes las carnes; con lo cual, y con haber buscado artificiosamente los vestidos más viles, tiznándose las caras y manos, no había quien hiciese caso dellos para darles del pie.
Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma


En la imagen cuatro soldados españoles y cinco rústicos de Alemania y los Países Bajos. Omnium pene Europae, Asiae, Aphricae, atque Americae gentium habitus. de Abraham de Bruyn [1581]



Poco después de tomada esta plaza, queriéndola recuperar los franceses, cuatro capitanes de esta nación, haciéndose pasar por peregrinos - uno de ellos, según Antonio de Carnero, contador del ejército de Flandes, en hábito de fraile agustino - con ocasión de religión y traer unos angélicos de la Abadía de San Fermin, entraron en Amiens para encabezar una conjura con los pobladores con la que romper las guardias españolas. 

¿Se tonsuraría el capitán francés para colarse en Amiens? Amiens bien vale una tonsura, pudiera pensar el oficial.



El capitán Herman Reiter, rebelde en Flandes, el 11 de enero de 1571, junto a tres compañeros, llegaron al castillo de Ravenstain, en el ducado de Cleves. Vestidos en hábito de frailes franciscanos, dijeron que querían saludar al castellano. Llevados ante él, sacaron unos pistoletes que llevaban bajo los hábitos, y le pusieron al castellano la pistola a los pechos, amenazándole para que entregase la plaza. El castellano se negó, y fue muerto, pero los falsos frailes lograron meter a cuarenta hombres dentro de la plaza y la ganaron. 


Amén del disfraz de religioso, bajo cuyo hábito se podían esconder armas, también bajo faldas disfrazados de mujer, podía uno intentar tomar una plaza por sorpresa:

Aviendo el enemigo tomado antes el fuerte de la otra parte del rio, que tanta sangre avia costado el sustentarle, inviando soldados mancebos en habito de mugeres, los quales con los armas que llevavan escondidas debajo de las faldas le ganaron, plantó treinta y tres piezas de artilleria y con cada una tiró tres tiros, con los quales el governador le rindió la tierra 

Toma de Zutphen por los rebeldes, 30 de mayo de 1591
Commentario de la guerra de Frisa en XIII años que fue governador y capitan general de aquel exercito, por el coronel Francisco Verdugo

Suponemos que los soldados mancebos no llevarían barba...



Soldados en hábito de enemigos


Soldado, o artillero - pues se halla intentando desplazar una pieza de artillería atascada en el camino - portando una cruz cosida a la espalda del jubón. 



Un alabardero - o coselete armado con alabarda - y un soldado armado con rodela, donde están pintadas las armas imperiales - águila bicéfala negra - y varios soldados más, todos con sus bandas de tela roja o colorada, sobre las armas. Toma de Casole por Giorgio Vasari [h.1563]



Otra forma de llevar la banda, era sobre el sombrero o la armadura de cabeza, fuera morrión o celada. Pero los sombreros no fueron muy comunes hasta la segunda mitad del XVI - antes se usaban mayormente gorras - y no todos los morriones o celadas, por su diseño, facilitarían el anudar una faja de tela. Detalle de varias pinturas de Giorgio Vasari. El primero por la izquierda se trata de Gian Giacomo de Medici, marqués de Marignan, y capitán general del ejército florentino-imperial. 



La Sorpresa de Calais, detalle. Comparación junto a dos retratos de príncipes: un joven rey Felipe II pintado por Antonio Moro en 1557, y el archiduque Alberto - a cuyas gestas se dedicaría el tapiz de la izquierda - pintado por Fran Pourbus el joven hacia 1559. 




Ídem, que toda la gente de guerra de pie y caballo del ejército de S.Md. los que van en este jornada a le servir de cualquier calidad, grado o condición que sean, si fueren armadas cuando caminaren lleven cada uno su banda colorada sobre las armas, y no llevando coselete, lleven las cruces coloradas cosidas en los vestidos, de manera que todos las traigan públicas y no de suerte que se las puedan cubrir y quitar, so pena que el que se hallare de otra manera sea habido y tenido por enemigo y castigado por tal.



Y en este medio vn soldado cauallo ligero Albanes de la compania de Iorge Basta vso de vna etratagema para reconocer mejor la bateria, y fue que puniendose vna banda blanca, hizo muestra de que por medio del campo Catolico pasaua y con vna gran carrera de su cauallo se fue a la muralla, y para mejor fingir le tiraron del campo algunos arcabuçaços
Historia de las guerras civiles que ha habido en los estados de Flandes (1559-1609) por Antonio de Carnero

Trompeta francés con su cruz blanca cosida a la espalda. Asalto del fuerte de Monastero, por Giorgio Vasari. 



Estando cercada Pavía por el ejército de Francisco I, y teniendo Antonio de Leyva necesidad de dinero con que pagar a las tropas - más que nada, a las alemanas - decidió el marqués de Pescara enviar a Cisneros, alférez del capitán Rodrigo de Ripalda, junto a un compañero. Llevaban sendos jubones de igual hechura - misma tela, mismo corte - que unos que habían entregado a dos labriegos que habían de ir al campo francés a vender vituallas. Estos jubones, que albergaban 3000 escudos, los entraron los labriegos debajo de unas garnachas. Cisneros y Romero, que llegaron a los sitiadores con sus cruces blancas cosidas sobre los jubones, color del rey de Francia, ofrecieron sus servicios al capitán Guevara, que servía, junto a varios cientos de españoles, a Francisco I. Allí ganaron su confianza, y se estuvieron varios días sirviéndole, hasta que pudieron colarse en Pavía para entregar el dinero a Leiva, tomados los jubones de los dos labriegos, no sin gran peligro.

     
El capitán de caballos Arrio, enviado por el marqués de Pescara a hablar con Antonio de Leyva, también uso la estratagema de las insignias: se puso una banda blanca, y se hizo pasar por un soldado de las bandas - que aún no eran negras - de Joanin de Medici. 


En 1546, queriendo el duque de Alba tener noticia cierta del campo del Landgrave de Hesse en Donauwörth, envió al maestre de campo Álvaro de Sande y al capitán de artillería Luis Pizaño que se disfrazasen como alemanes y se metieran en el campamento enemigo a reconocerlo. Sande ordenó a dos capitanes de su tercio, Villandrando y Francés de Álava, y a un soldado llamado Sancho de Londoño, que les acompañasen. Y disfrazados "remedando el traje tudesco lo mejor que pudieron en las ropas, chapeos y retorcer de las baruas" y guiados por un alemán, "que sabia la lengua y tierra" se metieron en el campo de Felipe de Hesse. Se pasearon por allí con mucho sosiego, y los alemanes "unos los hablauan, otros les quitauan las gorras, y como ellos no sabian la lengua no osauan hablar porque no los conociesen, y en señal de cortesia baxauan las cabeças". Esto hicieron por espacio de cinco horas. Después tornaron al campo imperial para informar al duque. 

Estos soldados alemanes, además de su ropa, con otra hechura que la del español, mucho más holgada - véase imagen tapiz nº4 al inicio - llevan las típicas espadas que usaban los de esta nación en la primera mitad del XVI, y además, las llevan en posición horizontal, mientras que los españoles las llevaban hacia la diagonal respecto la cintura de la que pendían.  Cartón nº4 de la serie La conquista de Túnez en 1535. Dibujos de Vermeyen; Kunsthistorisches Museum Wien



Que un el capitán general de un ejército como el imperial, que estaba sobrada de tropas y caballeros alemanes sirviendo en él, envió como espías a unos españoles que no hablaban alemán, da para pensar acerca de la poca o nula confianza que se tenía de los alemanes.

Estando Carlos V en campaña en Alemania, aguardaba la llegada de Maximialien d'Egmont, conde de Buren, con refuerzos de los Países Bajos. Estando el territorio ocupado entre ellos, el coronel Cesare Magi o Cesare di Napoli se ofreció a ir al campo del conde para comunicar negocios de importancia. No solo se vistió con hábito de tudesco, si no que se cortó la barba a la tudesca, para que la barba fuera acorde con el hábito, y así no despertar recelos que pudieran llevar a algunos a interceptar a un italiano por tierras alemanas.

¿Cómo era la barba a la tudesca a mediados del XVI? Vaya usted a saber. Quizá puntiaguda y bicorne, como las de Mauricio de Sajonia o la de Alberto Alcibiades de Brandemburgo, que servían al emperador Carlos con 1000 y 2500 caballos respectivamente. O quizá redondeada, como la de Juan Federico de Sajonia, que fue preso en Mühlberg, O quizá cuadrada como la de Ernesto de Brunswick, que también fue preso en la célebre batalla junto al río Elba


En mayo de 1572, Sancho Dávila, vestido como un valón [1], se puso al frente de las tropas de esta nación que llevaba a cargo, las cuales tomaron la vanguardia, dejando atrás los españoles, y esto hizo "porque los de Medelburgue no se alterasen con ver españoles". 


Alabarderos tudescos de la guardia de Luis de Requesens. Nótense las largas y holgadas calzas o calzones acuchilladas de los alemanes, comparada con las de Requesens, bastante por encima de la rodilla, el cual, por si queda dudas de que nación es, lleva una cruz de Santiago cosida a la capa. Grabado de Franz Hogenberg. Don Luis de Requesens, comendador mayor de Castilla de la orden de Santiago, llega a Bruselas desde Milán para sustituir al duque de Alba en el gobierno de los Países Bajos, finales de 1573



Aunque las distintas modas nacionales obligaban, si quería uno hacerse pasar por soldado de otra nación, asumir el estilo de vestidos de aquellos a los que se quería suplantar, muchas veces no era muy necesario ajustar tanto el disfraz: bastaba muchas veces tomar la divisa del enemigo y ponerla sobre la ropa: una cruz cosida en el jubón, una banda, una faja o un pañuelo atado al brazo, cambiando únicamente el color de la insignia. 

Después de las haber reconoscido, mandó á los sargentos mayores que no dejasen arremeter á los soldados á dar la batalla, como ya estaban todos á punto de querella dar, sin llevar puestos ramos verdes en las cabezas para ser conoscidos los unos de los otros, porque las cruces y bandas rojas se las podían poner y quitar los de dentro. 
Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V


Batalla de Marciano, 2 de agosto de 1554. A la izquierda, soldados del bando franco-sienés, con bandas blancas; a la derecha, soldados del bando florentino-imperial con bandas coloradas. Giorgio Vasari. 


En las encamisadas, los soldados llevaban camisas blancas sobre la ropa o el coselete, para reconocerse en mitad de la noche con sus compañeros. Había algunos soldados que se ponían camisas negras para, aprovechando la noche, colarse en el campo enemigo sin ser vistos.



Disfrazados y, por lo tanto, espías


Los soldados que usaban el ardid de disfrazarse como soldados de otra nación, lo podían pagar con la vida si eran capturados, considerados como espías:

los que déstos quedaban en prisión, como los hallasen vestidos a la española o con bandas rojas, no eran castigados ni tenidos por espías, sino por soldados de valor y como tales se rescataban por su paga ordinaria o se trocaban por otros; mas los que fingidamente pasaban en hábito francés inrremisiblemente lo pagaban con la vida.
Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma


Igual les sucedía a los que eran tomados con hábitos de villanos o campesinos:

se descubrieron más encartados; dentro de dos dias todos aquellos que eran vecinos de Amiens fueron ahorcados en el mercado grande de la ciudad, y estuvieron allí algunos dias, con sus rétulos, que decian «por traidores».  Hiciérase lo mismo dé los capitanes [franceses], si el Rey de Francia, sabiendo en él peligro en que estaban, no enviara á decir á Hernán Tello no los ahorcase, que le ahorcarla muchos prisioneros que tenía en su campo, á quien, con más justo título podia ajusticiar, pues con hábito disfrazado querían entrar en la ciudad pasando por su campo
Cerco de Amiens, Comentarios de las cosas sucedidas en los Paises Baxos de Flandes desde el año de 1594 hasta el de 1598, por Diego de Villalobos



Soldados húngaro, suizo, alemán y francés en 1564.  Recueil de la diversité des habits, por François Desprez


Notas



[2] Hay varios relatos, los de Villalobos y Coloma - obras mencionadas en el artículo - así como uno del propio Francisco del Arco, el resumen del cual, que se remitió al archiduque Alberto, omite el nombre de otros oficiales, excepto el del capitán Donan, irlandés:

[Hernán Tello] dio, orden que fuesen con el [Francisco del Arco] hasta 15 soldados Valones y entre ellos algunos officiales platicos de los que estauan de guarnicion en Durlan, todos vestidos de Villano, y devaxo con sus pistolas, que para esto les ayudo mucho el traje que usan en aquella provincia los labradores, y para executar mejor su Intento y ympedir  que no les estoruase la entrada el rastrillo, lleuaron  un carro cargado de paja con el qual yuan quatro hombres de los 15, siendo uno dellos el capitán Donan del Regimiento de Estanley 
Testimonio del sargento Francisco del Arco sobre la toma por sorpresa de Amiens, el 11 de marzo de 1597

Prisioneros de guerra en el siglo XVI

suelen, de conformidad las provincias y ejércitos enemigos, tenerse buena correspondencia en restituirse de una parte á otra, pagando primero su ranzón , que es el rescate y la comida, los prisioneros que peleando se han perdido; pero tal vez suele estar la guerra tan encendida y que por dignos respetos conviene hacerse con rigor, que se deshacen los cuarteles, que asi se llaman, que tienen hechos para restituirse los prisioneros, no teniendo misericordia dellos, matándolos cruelísimamente, aunque sea á sangre fría. Esta inhumanidad se llama guerra rota á cuarteles rompidos. 

Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese por el capitán Alonso Vázquez



digo que en guerras civiles no hay prisioneros, porque en rebelión en el punto que delinquen, las haciendas y las personas son de V. M. y ninguno tiene acción á ellas, si no se las da V. M. ó su general en su nombre, y aunque los prisiones ofrezcan tallas y rescates, no tienen obligación á pagallas, y si las pagan se las pueden pedir, porque, como digo, son de V. M., y esta misma orden tuve yo en Flándes, y se guardó siempre en mi tiempo, y ni allá ni aquí nunca he querido hacer ninguno bueno, aunque he sido harto importunado sobre ello. 

Carta del duque de Alba al rey, Lisboa, 26 de diciembre de 1580



En esta infanteria esta un alférez que ha sido, y se llama Gaspar Don Blasco, y ha estado preso casi un año en poder del de Orange, y salió por rescate: hame hecho gran instancia por liçencia para España, y, negandosela, me dijo en muy gran secreto que teniéndole los enemigos para ahorcar, en tiempo que hicieron lo mismo de otros españoles que con él estaban presos, hizo voto, si Dios le escapaba, de ser religioso, y que queria ir a cumplillo, si pasando primero por Roma no le querian absolver 

Don Luis de de Requesens a don Juan de Zúñiga, 3 de julio de 1574



envió un trompeta al Gobernador de la villa á que se rindiese al Rey, nuestro señor, y que le haría buena guerra; donde no, que le daba su palabra que si esperaba el primer cañonazo, no habia de quedar hombre á vida
[...] y entró el Príncipe [de Parma], y mandó que á todos los soldados los entrasen dentro de una sala y los pusiesen en hilera, y que con una gran maza les diesen en las sienes y los matasen á todos, castigando desta manera el atrevimiento que habían tenido de esperar el asalto contra la autoridad de las banderas del Rey, nuestro señor, y que al Gobernador le ahorcasen de lo más alto de una torre del castillo, sin que hubiese en esto ninguna dilación ni réplica. Hízose así como, el Príncipe habia ordenado, y murieron más de trescientos soldados de rebeldes, y otros muchos ahogados, que por escaparse perecieron en el foso y en el rio que pasa por aquella villa; 
Toma de la villa de Siquem o Sichenen en 21 de febrero de 1578. Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese por el capitán Alonso Vázquez
En el grabado de Franz Hogenberg los soldados que defendían Sichenen son ejecutados con hachetas al lado del foso del castillo.



Algunos pensadores e historiadores italianos de principios del XVI consideraron que los "bárbaros" - tanto franceses y españoles como alemanes - habían introducido en Italia una forma mucho más cruenta de hacer la guerra que se tenía como costumbre por lo pasado, y que las batallas y asedios eran mucho más encarnizados, no dándose cuartel sino en contadas ocasiones.

Fuera la guerra del Quattrocento realmente más caballerosa que la del XVI, o simple nostalgia de los tiempos en que los asuntos de guerra se resolvían entre italianos sin intervención de ejércitos forasteros, lo cierto es que había muchos mecanismos para moderar la violencia extrema en el combate, de manera que no todo el mundo fuera degollado en caso de derrota, dándose alicientes a los que se rendían en buena hora, y ofreciendo a los hipotéticos vencedores la oportunidad de mayores ganancias que la de desnudar cadáveres en el campo de batalla. 



Rescate de caballeros y oficiales


El conde Ugo es presionero de Joan de Urbina y creo que pagara mill escudos de rescate.
El de Godiano creo que es presionero de ciertos ynfantes y es tan pobre que pagara poco
Toda la otra gente hera del Monferrado y Saboyano / fueronse a sus casas desnudos de armas dineros y ropa luego que Lartirana fue tomada
Carta del Abad de Nájera, comisario general del ejército de Italia, 9 de abril de 1524.


Mosiur del Escudo murio a los V del presente de la herida de arcabuz que huvo / El gran Maestre murió a los XXii del mesmo de fiebres. Anse perdido XXX U [30.000] ducados  de rescates que pagara[n] al menos
Dios los perdone.
Carta del Abad de Nájera, Milán 29 de marzo de 1525


Allí murieron muchos señores franceses y caballeros, como fué el almirante de Francia y Musiur de la Paliza, é otros muchos , que aunque salian de la batalla é se rendían á quien pensaban que los salvaría, prometiendo grandes rescates, no tenian remedio, porque llegaban los arcabuceros, é se los mataban á cualquiera que los tenia. Desta manera vi yo morir á Musiur de la Paliza, caballero anciano y muy estimado, que se había rendido al capítan Zucar, y prometido 20000 ducados de talla, é llegó un arcabucero é lo mató. 
Batalla de Pavía y prisión del rey Francisco Iº de Francia por Juan de Oznaya



Aunque siempre se ha dicho que la batalla de Pavía supuso la destrucción de la flor de Francia, con decenas de nobles muertos por el suelo pasados por las pelotas de las escopetas y arcabuces españoles, lo cierto es que hubo decenas de prisioneros de cuenta, entre ellos, el rey de Francia Francisco I, y se puede aventurar, a partir de una nómina de muertos y presos - ver apéndice - que los presos doblaron al número de muertos.

Francisco I de Francia, que fue llevado preso a Madrid en 1525 se rescató en 2.000.000 de escudos.

Para que nos hagamos una idea de esta cantidad, baste decir que lo que había gastado el ejército en la campaña que culminó en su captura ascendía a 972.431 escudos, con un coste mensual medio de unos 160.000 escudos. 

Si pagar el propio peso en oro era una medida mítica para un rescate, Francisco quedó obligado a pagar, a 3,38 gramos de oro el escudo, 6.760 kilogramos de oro, probablemente, cerca de 100 veces su peso en oro.

Evidentemente, no todos los presos eran reyes de Francia, pero apresar no ya un conde que pagase 1000 escudos de rescate, sino un noble de mediano estado que pagase 200, era un aliciente enorme para un infante que ganaba 4 escudos al mes, para apresar y no matar al enemigo.

Nómina de prisioneros franceses listados por su valor de rescate: Mosiur de Montisan VIºs V, o sea 6000 escudos. Correspondencia del Abad de Nájera, comisario general del ejército imperial en Italia. 9 de abril de 1524. No obstante, ésta era una cifra considerablemente alta. Cuando se rindió el castillo de Milán en 1526 a los imperiales, los 12 caballeros que había en él hubieron de pagar "di taglia" entre 500 y 1000 "scudi secondo la qualità de li persone".



Los nobles que participaban en la guerra, así como los oficiales y soldados particulares, se reconocían por sus armas, monturas - en caso de ser soldados de caballería - y ropas y adornos de mejor calidad, y, en general, más vistosos, que el resto. 

Los nobles, además, solían llevar sus armas - sus escudos nobiliarios - cosidos o pintados sobre su ropa y la del caballo, o podían llevarlas grabadas, como aquellos que las hacían grabar en sus rodelas, por ejemplo.

Revista de tropas en Barcelona, antes del embarque para la jornada de Túnez [1535]. Las armaduras grabadas y doradas, indican que no eran simples hombres de armas con arneses de la munición, sino caballeros o gente de corte que podía permitirse estos arneses, que podían costar entre 5 y 12 veces más que uno de munición. Los aderezos y guarniciones de las monturas también son prueba de riqueza. 



Ser reconocido aportaba prestigio, pero también lo hacía a uno blanco de más atacantes. Ahora bien, estos atacantes, siguiendo la lógica mercantilista que, sin ser universal, era ciertamente muy extendida entre los militares de la época, preferirían capturar vivo a un Mosiur francés y cobrar un rescate de un par de miles de escudos, a matarlo y obtener solo los despojos: sus armas, su ropa y su montura. Ciertamente, todo esto podía llegar a estar valorado en 150, 200 o incluso 300 escudos, lo cual no era poco, pero la perspectiva de una mayor ganancia que lo tomado en batalla estaba presente en las mentes de muchos, y no solo del piadoso Abad de Nájera. 

No obstante, había ocasiones en que una persona podía hallarse muy bien armada y vestida, quizá porque se trataba de un soldado que había tomado esas armas y ropas en botín, o bien porque se trataba de un criado de pelea de algún noble, y no significaba que tuviera rentas o patrimonio para hacer frente al pago del rescate. A veces, simplemente por las maneras se reconocían si eran personas nobles o de baja condición. 

Los presos también podían jugar al engaño, negándose a declarar quiénes eran, o mintiendo sobre su identidad:

Presos casi cíen nobles: entre ellos algunos de rescate; no van aquí sus nombres porq algunos han salido íncíertos q lo han ellos negado por sus rescates
Nueuas de la guerra traslado de vna carta q Christoual Vasquez de Auila embio del campo de su Magestad al duq de Medina Sidonia. 1553


Sin embargo, para capturar a alguien armado, éste debía bien ser neutralizado, y a veces no bastaba con solo derribarlos del caballo o herirlos, muchas veces el acosado debía "darse a prisión", esto es, que el caballero se viera contra las cuerdas, y viendo cercana la muerte, se entregase. 

Aquí surgía el problema idiomático, pero bien a voces o con señas se hacían entender. 

En general había establecidas normas de cortesía solemne, como entregar algún arma - el estoque, el martillo de armas, una daga - o una manopla, por ejemplo, que indicaban la rendición, o haciendo un gesto como tocar la mano, gestos todos que indicaban rendición. Y, cosa importante, había que dejar claro a quién se rendían, porque sucedía, como decíamos, que el caballero debía verse contra las cuerdas, y por lo tanto, eso implicaba en muchas ocasiones, verse superado en número: los soldados podían ser de compañías distintas, de armas diferentes y de naciones dispares y tener objetivos particulares divergentes.

Véamos un ejemplo:

Al duque de Sajonia, Juan Federico, otro insigne prisionero de Carlos V, lo quisieron apresar durante la batalla de Mühlberg en 1547 los siguientes personajes:

  1. El teniente de don Hernando de Lannoy, de una compañía de caballos ligeros italianos
  2. Un caballero español de la corte de Carlos V, que no era soldado
  3. Arias, hombre de armas español de la compañía del marqués de la Valsiciliana, del reino de Nápoles
  4. Solís, capitán de infantería española, que iba, como muchos oficiales de la época, montado a caballo "en un pequeño cuartago" y se hallaba armado con una lanza jineta
  5. Un soldado de caballería ligera húngara que en principio, quizá sin conocer a su rival, quería matar al duque y no tomarlo a prisión
  6. Un alférez italiano del conde Hipólito Almayno, de caballos ligeros


El pobre Juan Federico se rendía a uno, y venía otro a darle lanzadas o golpes de espada, y también a este se le rendía, mientras los distintos personajes - excepto el caballero español, que murió de un arcabuzazo que le tiró uno de la guarda del duque - iban discutiendo por la presa y peleándose por tomarle el estoque, signo de la rendición del sajón. 

Juan Federico de Sajonia pintado por Tiziano. En la mejilla, bajo el ojo izquierdo la herida que le propinó el húngaro, el cual "le hirió en la cara á la parte del lado izquierdo, de que luego le saltó sangre y corrió por el rostro y las armas hacia bajo". 


Finalmente, llegó el capitán conde Hipólito, que valiéndose de su cargo, y quizá de su título, se hizo con el duque, si bien el capitán Solís le disputó la presa, y acabaron yendo ambos conjuntamente a entregarlo al duque de Alba, capitán general del ejército. El duque, preso personal del Emperador, estuvo retenido hasta septiembre de 1552. 


Al preso se le mantenía encerrado, pero en general, la prisión era bastante leve, incluso permitiéndosele salir a pasear del castillo o posada donde se hallase preso durante el día por la villa o plaza fuerte, generándose ocasiones para la fuga. Como eran caballeros, a veces se esperaba que actuasen como tales, dándose por válida su palabra de no huir, dada en forma de juramento o pleito homenaje, pero no todos los guardianes eran tan ingenuos, amén que se justificaba romper la palabra dada bajo coacción.


La talla en Italia - del italiano "taglia", rescate - o la ranzón en los Países Bajos - del francés "rançon", rescate - se convirtieron parte del vocabulario de los soldados en Italia o Flandes. 

Por Felipe de Cervellón, capitán de infantería española que fue preso en la batalla naval de Capo D'Orso [28 de abril de 1528] los Doria pidieron 500 ducados de talla. Pero no todos los presos podían pagar miles, ni siquiera cientos de escudos o ducados. Por ejemplo, un capitán francés que fue preso por los españoles en dos ocasiones en 1557, había sido rescatado de su primera prisión por la cifra de solo 50 ducados, el sueldo de apenas dos meses de un capitán español. 


Muchas veces, mientras los prisioneros escribían a sus familiares y deudos para logar reunir el dinero para pagar sus rescates, se optaba por acudir a algún mercader o banquero que emitiera una póliza, cédula o una fe de pago, comprometiéndose el intermediario a pagar el rescate, y obligándose el rescatado - o sus deudos - con el mercader. El mero hecho de que existiera esa figura de crédito, prueba la popularidad de los rescates, si bien es cierto que también muchos ciudadanos ricos de villas tomadas al asalto debían rescatarse de los soldados que los tomaban en prisión, por lo cual era un tema que afectaba tanto a militares como a civiles. 

Un célebre prisionero que no se pudo rescatar fue el conde Pedro Navarro, que había sido un importante militar en tiempos de Fernando el Católico. Preso en la batalla de Rávena, fue llevado a Francia, y negándose el ahorrador Fernando a pagar los 20.000 escudos que pedían por él, tras tres años en prisión, el propio rey de Francia pagó su rescate al duque de Longavila que lo tenía preso, y Pedro Navarro, en recompensa, pasó a servir al rey francés, un jovencito Francisco I que lo llevó a Milán para luchar en la batalla de Marignan. 

El bisnieto del rey aragonés, Felipe II, parece que pagó entre 40.000 y 60.000 ducados por Álvaro de Sande, apresado en 1560 por los turcos en Los Gelves, pero la mayoría de rescatados sufragaban el pago contra el patrimonio personal y familiar. 

Estos presos de cuenta podían ser mantenidos en la zona de conflicto - arriesgándose a perderlos, por ejemplo, cuando se perdía la plaza fuerte en que se hallaban - o podían ser trasladados al reino o estado de la persona que los había preso. 
Había prisiones estrechas, sin que el preso pudiera salir de la cámara del castillo en que se hallaba, pero en muchas ocasiones la prisión era liviana.

Por ejemplo, Miguel de Villarra, caballero catalán, se comunicaba con el embajador del rey de España en Francia y le informaba de los planes que tenían los enemigos de tomar la fortaleza de Perpiñán, convirtiéndose el prisionero en espía improvisado. 

Pero no todo eran cortesías, si no pagaban o no eran intercambiados, es probable que acabasen muertos. Además, la nobleza no siempre protegía. Antonio de Guedes, gobernador de la isla del Fayal, en las Azores, habiendo matado al embajador de Felipe II, fue preso. Le cortaron la mano con la que había matado al embajador, lo arrastraron y lo hicieron ahorcar.


Los oficiales eran presos, si bien, por norma general, no se esperaba de ellos grandísimos rescates, siendo personas de haciendas más modestas.

Quedaron en prisión Olmedo, Chico de Sangro y malherido Hernando de Frías y los capitanes Alejandro Brancacio y Marcelo de Júdici, y finalmente todas las cabezas [...] Murieron ochenta españoles y de los demás hasta número de trecientos y cincuenta, que no tomaron a prisión sino capitanes o alféreces
Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma


Los capitanes generales y príncipes de sangre real, pertenecían al rey, y no podían ser rescatados, sino por éste. 



Las disputas por los presos de cuenta. Venta y robo de prisioneros


Los Governadores destos reynos que eran entonces el Almirante y el Condestable de Castilla fueron con exercito a recobrar a Navarra y cerca de un lugar que se dize Noayn cabe Pamplona pelearon con los Françeses en los quales uvo poca resistencia y fueron desbaratados y un hombre darmas de la compañía del Conde de Alba prendio al general Musiur de Asparros y teniendole rendido y herido en la vista llegó a caso don Françes de Beaumont con su capitanía y como conoçio a Aparros quitoselo como era parte para ello al hombre darmas que le tenia, y llevole a un lugarejo cerca de Pamplona donde don Françes tiene una casa, y los governadores le embiaron a mandar que le tuviesse e hiziesse bien curar y no le rescatasse hasta ver que era lo que su Mt mandaria y teniendole don Françes como que le hazia curar le tomo una noche secreta y ascondidamente y se passo con el a Aragon y alli se concertaron y le rescato en diez mil y quinientos D[ucad]ºs en que don Françes se obligo de ponelle en salvo en Francia, lo qual no cumplio porque tomados aca fiadores de su rescate le dexo en las montañas entre Aragon y Francia. Y como los governadores supieron como don Françes avia ido con Masparros embiaron tras el y en las montañas no se libro porque erro el camino y los que ivan tras el fueron por el camino derecho. 

El hombre d'armas de la compañia del conde de Alba a quien don Françes quito a Asparros desafio sobrello a don Frances y no salio el desafio y porque callasse le dio quinientos ducados
 
Noticias de varios sucesos acaecidos, desde el año de 1521 hasta el 1558 con varias cartas, por Florián de Ocampo


En muchas ocasiones, los oficiales, abusando de su cargo, arrebataban las presas que habían hecho los soldados en buena lid. Las disputas podían ser más o menos caballerescas, como la citada por Ocampo, pero ciertamente se generaban rencores entre oficiales y soldados por este motivo, y quizá fuera el motivo por los que algunos soldados preferían disparar sus arcabuces contra los caballeros: muertos, los podían desvalijar, vivos, quizá se los quitase algún oficial.



y Monsieur de Villers quedó preso en poder de Tassis; y porque Francisco Verdugo era su muy conocido y en su juventud, sirviendo todos al Rey, nuestro señor, habian sido muy grandes amigos, se lo compró á los soldados que le habian preso, y se lo llevó Francisco Verdugo y tuvo siempre consigo, siendo buen intercesor con Alexandro para que permitiese se rescatase en doce mil florines, como lo hizo; y le envió libre. 
Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese por el capitán Alonso Vázquez


Diego de Castro, alférez del capitán Quevedo, tomó en prisión al general musiur de Buria, 
el cual hizo tres mill ducados de talla. Viendo el alférez Diego de Castro que en su poder tenía al general de los franceses, lo llevó al Marqués del Vasto, como un general sea prisionero de otro general. 
Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V


En otras ocasiones, eran los soldados quienes vendían los prisioneros a oficiales del ejército, no pudiéndose hacer cargo de ellos, porque mientras llegaba el rescate, podían pasar meses, y si los prisioneros eran de cuenta, había que mantenerlos conforme a su estatus, algo que no siempre se podía permitir un simple soldado, por lo tanto, los vendían a oficiales de mayor rango.

Por ejemplo en 1544, tomado el castillo de Commercy en Francia, se hicieron 7 prisioneros, para cuya "sustentación y mantenimiento" se proveyeron 105 escudos. O sea, 15 escudos por cada prisionero; el sueldo de cuatro meses de un arcabucero. La despensa de un señor era algo que la bolsa de un arcabucero no podía pagar.

No obstante, con el tiempo se llegó a pagar por separado el rescate y las costas que había hecho el prisionero, de manera que si este era liberado, al menos se pagara el gasto que había hecho durante su prisión:

me he contentado que se les dé libertad y se les restituya lo que se les hubiese tomado por vía de rescate, o en otra cualquier manera, pagando solamente las costas que hubiesen hecho
Carta del duque de Parma a don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, 11 de diciembre de 1579


En muchas ocasiones los prisioneros no eran rescatados, sino intercambiados por otros de su categoría, o por varios presos de menor importancia. Importancia relativa, claro. Los rebeldes protestantes en los Países Bajos apresaban frailes y clérigos católicos y los intercambiaban por oficiales de su ejército.

Sucedía también que se tomaban prisioneros sin saber bien quiénes eran, pensando, muchas veces deduciéndolo a partir de como iba vestido, o por sus maneras, que eran personas de cuenta, pero sin tenerlo muy bien claro. Por ejemplo Hernando Ponce, hijo del secretario real  y miembro del consejo de estado Andrés Ponce de León, fue hecho prisionero en los Países Bajos en la primavera de 1574. Sin saber los rebeldes bien quien era, hubo españoles que publicaron - o sea, hicieron público - la noticia de que su padre, un ministro del rey. pagaría por el 20 o 30.000 escudos, haciéndole un muy flaco favor. 

Teniendo  Ponce "tres heridas, aunque no mortales [...] el conde Ludovico le invió á curar". 


Los presos, para reducir el precio demandado en los rescates por su libertad, apelaban a veces aportando documentación de sus finanzas personales o familiares, demostrando que no podían pagar lo que se les pedía. Muchas veces estas objeciones se tenían en cuenta, y el precio final se rebajaba. 

De no pagar, al preso le podían aguardar años de prisión - si no era intercambiado por algún prisionero - y a veces, la muerte, otras veces, simplemente pasaban años antes de ser liberados. François de La Noue, estuvo preso por los españoles en Limburgo durante cinco años. Sujeto a la guardia de Gaspar de Robles, señor de Billy, aprovechó su cautiverio para escribir sus Discours politiques et militaires, que publicó en 1587, en los que no solo glosó su saber acumulado en varias décadas de guerra, sino aprovechó para recopilar episodios de guerra de la tradición oral española, como la retirada del tercio de Álvaro de Sande en la jornada del Caruan, tenida lugar 40 años antes de su prisión, episodios que debió compartir algún militar español, quizá el propio Gaspar de Robles.  

De La Noue, por cierto, había sido retenido en calidad de rehén por el duque de Alba cuando se tomó Mons [19 de septiembre de 1572] y dio su palabra de no servir al rey de Francia por un año. Cuando fue liberado - por pago de rescate e intercambio con el conde de Egmont - el capitán francés se vio obligado a declarar que no serviría contra el rey de España en España, Italia, Borgoña, los Países Bajos, o cualquier territorio de Su Católica Majestad, pero dando lugar a que De La Noue pudiera servir a su señor en guerra defensiva. 


Las disputas por los presos podían ser zanjadas radicalmente:

El almirante, vistoso y galán y en un hermoso caballo, cayó en manos de los tenientes Pedro de Sosa y Hernando Patiño, soldados de don Carlos Coloma; llegaron luego el capitán Hernando de Salazar y el teniente del vizconde de Toja, hijo de monsieur de Rona y, pretendiendo parte, comenzaron a desavenirse, sin querer escuchar el almirante, que en fino español les decía que se sosegasen, que para todos habría, sintiendo gusto particular de haber caído en manos de españoles. 
Llegó a esto el comisario general Contreras, y dicen algunos que, de envidia de ver tan buena presa en otras manos, mandó a un paje suyo que le matase y partiese la diferencia; el mozo no fue perezoso, porque, poniéndole la escopeta en la sien, le atravesó la cabeza y cayó muerto. Daba por disculpa Contreras que no era justo entretenerse con prisioneros no estando el enemigo aún acabado de deshacer
[...] 
permitió Dios que fuese también el primero a recebir el castigo de mano de españoles; su género de muerte la aprobaron los menos.

Muerte del almirante de Francia, 24 de julio de 1595. Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma


El comisario Contreras de este episodio era Juan de Contreras Gamarra, comisario general de la caballería del ejército de Flandes, que llegó gritando "mata, mata, que no es aún tiempo de prisioneros". El confiado almirante, que iba armado con armas fuertes doradas, era André de Brancas, señor de Villars. Según Villalobos, el soldado que le mató le alzó la falda del guadarnés, le dio un pistoletazo, de que luego murió, y fué en un momento desbalixado como los otros. La celada con un gran penacho blanco y la banda blanca bordada que portaba fueron dadas al conde de Fuentes, como recuerdo de la presa hecha. 



Las fugas de los presos de talla


El Rey que se dice de Navarra se es fuido del castillo de Pavía con todos sus servidores á los XIII del presente en la noche, y dicen que fue hacia tierra de los suizos y que dieron lugar á su libertad algunos de los que le guardaban. 
Lope de Soria al Emperador, Génova, 23 de diciembre de 1525





de los cuales é de los otros que estaban en la dicha fortaleza, los principales dellos como en la dicha cédula de S. M. se contenia, el dicho señor D. Pero de Peralta tomó é recibió juramento é pleito homenaje á fuer Despaña, en forma, que ternán por prisión la dicha villa é fortaleza della; la fortaleza della de noche, é la villa que puedan andar por ella el día sin guarda alguna, é por la noche que se retraerán y volverán á dormir á la dicha fortaleza 
Orden de la Emperatriz á D. Pedro de Peralta para que reciba en la fortaleza de Villalpando á seis franceses, y pleito homenaje que les tomó. 



Parecíale al alcaide estar tan asegurado de la persona del duque, guardado con tanta vigilancia, que no le quedaba qué temer; pero enseñóle la experiencia, aunque a su costa, que por mucho que sea el cuidado de las guardias, es mayor y más natural el que un preso tiene de procurar su libertad
Toma de la plaza de Fertesusuer en 1590. Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma



Aquellos presos a los que se les aplicaba talla - rescate - o eran retenidos para ser intercambiados, eran normalmente gente de cuenta, esto es, nobles u oficiales. Aunque, como hemos dicho, había prisiones estrechas, también las había livianas, con posibilidad de caminar durante el día por la plaza donde se hallaban presos. Fueran de uno u otro tipo, no eran pocos los que intentaban huir de sus captores, generalmente, con la ayuda de personas del exterior, criados o compañeros de armas, con las que se tenía comunicación, y con ayuda de personas del interior, a las que se sobornaba. 

Florís de Montmorency, barón de Montigny, capitán de una de las bandas de ordenanza de hombres de armas de los Países Bajos, se hallaba preso en Segovia en 1570 cuando fue visitado por unos músicos flamencos. Dentro de las vihuelas de arco llevaban escalas echas con seda y limas para serrar las rejas, típica fuga de cárcel. Además, el panadero introdujo una nota en uno de los panecillos de la comida del barón, donde explicaba el plan de fuga, donde se recomendaba a Montigny que se afeitara la barba y se disfrazase. Que el panadero pusiera dos panecillos en lugar de uno, como acostumbraba, puso en alerta a la guardia. Abierto el pan se vio el mensaje en flamenco escrito por los músicos, y traducido, se descubrió la trama. El panadero fue azotado, un guardia ahorcado y a Montigny, trasladado al castillo de Simancas, se le dio garrote.

Músico de vihuela de arco, Trachtenbuch de Christoph Weiditz, 1529


En 1581, en Lisboa, un soldado de la compañía de don Juan de Monsalve tuvo la brillante idea de comentarle a un amigo que aquella noche en que entraba de guardia al castillo su compañía, tenía concertado liberar a dos presos portugueses por quinientos ducados. El compañero se lo explicó a su alférez y el soldado fue prendido "halláronle muy buen recaudo de cuerdas revueltas al cuerpo, debajo de una casaca", cuerdas con las que pretendía descolgar a los presos muralla abajo. El soldado fue entregado a sus compañeros para que se hiciera justicia, y fue pasado por las picas. 

Aunque no se trate de un soldado sino de un prelado, Antonio de Acuña, obispo de Zamora, es célebre por su intento de fuga en 1526. Le arrojó cenizas a la cara del alcaide del castillo de Simancas donde se hallaba preso, le golpeó con un guijarro grande en la cabeza, para posteriormente acuchillarle ocho o nueve veces en el pescuezo. El guijarro había sido metido dentro de un cuero colorado, y simulaba ser un breviario. un libro de liturgia católico. Al obispo, que a pesar de dar muerte al alcaide, no pudo culminar su fuga echándose muro abajo, se le encontró "un cuchillo pequeño al cabo engrosado con muchos paños para que le inchese bien la mano [y un] palo grande en que estaba otro cochillo é una barilla de fierro de cama atado al palo porque no se le pudiese cortar con espada". 



Prisión de soldados


Pueron presos franceses dos mil de la nobleza, y mil y docientos hombres de armas, cuatro mil de todas suertes, todos los capitanes, lugartenientes, oficiales por la mayor parte, y cuatro de los Príncipes que llaman de la sangre. 
[...]
A los alemanes se dio pasaporte, jurando de no servir á los franceses en seis meses. 
Batalla de San Quintín [1557], en Filipe Segundo, rey de España, por Luis Cabrera de Córdoba



[...] a los tudescos presos dio su magt a medio ducado por hombre de limosna y licençia para volverse a Alemaña. Juraron de no servir al rey de Françia esta jornada y fueron muy contentos de n[uest]ro Rey. 
A los franceses naturales tienen todavía presos
Carta del capitán Gonzalo de Palacios escrita a su hermano Pedro de Palacios desde el campo que estaua sobre Paliano en primero día de setiembre 1557



Entre la infantería española hay hasta quatrocientos y diez prisioneros. Entre los borgoñones otros tantos. Todos los q no son de rescate se ha dado orden de soltarlos, como de presente no puedan tornar a servir al rey de Francia
Nueuas de la guerra traslado de vna carta q Christoual Vasquez de Auila embio del campo de su Magestad al duq de Medina Sidonia. 1553


En Europa - en otro artículo hablaremos de lo que sucedía en la guerra contra el turco o en Berbería - los soldados rara vez tenían valor como mercadería de rescate, porque carecían de rentas o patrimonio personal o familiar con que hacer frente a los pagos. A veces se rescataban por una paga de su sueldo. Puntualmente se les retenía, bien para cambiarlos por otros prisioneros, bien para echarlos en galeras, cosa que veremos en capítulo aparte, bien para impedir que se reincorporaran de inmediato a sus filas.

Era común - luego veremos la excepción - que se les diera libertad casi de inmediato, una vez despojados de armas y desvalijados de sus posesiones. Eso sí, debían comprometerse a no servir, normalmente durante el plazo de cuatro o seis meses - a veces, incluso por un año - o para aquella jornada o campaña, al señor o estado en cuyo ejército militaban. 

A este respecto, se podían cometer fraudes, y por lo que parece tan solo una lista con los nombres - y quizá las señas: complexión física, color del cabello, marcas, etc - de los tomados en prisión servía para poder comprobar que efectivamente aquel soldado capturado de nuevo se correspondía a uno tomado con anterioridad:

A los soldados, queriendo libremente quedaren servicio de Su Excelencia [el príncipe de Orange], se les ha de quedar sus armas y hato, y los que quisieren salir de la tierra se harán registrar por nombre y sobrenombre sin fraude, el cual registro mandará guardar mi señor el Príncipe para conoscerles y hacer castigo dellos como falsarios, si antes de los seis meses ellos se meten en servicio de sus enemigos, digo aversarios. 
Proposición del principe de Orange, conde de Nassau, a monsiur de Mondragón, sobre la entrega de las villas de Medialburque y Ramua.


En la batalla de Carignan o Cerisoles [14 de abril de 1544] tenida lugar en el Piamonte, 600 españoles fueron presos de los franceses. El general francés les rogó que se rindieran, y estos, viéndose superados y rotos los alemanes y huidos los italianos de su campo, simplemente dejaron las armas en señal de rendimiento. 
Estos infantes españoles fueron conducidos a través de Francia por Provenza, llegando a Narbona, desde donde algunos fueron enviados por la parte de Bayona - donde iban a ser intercambiados por prisioneros franceses presos en España - y otros por la parte del Rosellón, llegando 350 de ellos a Barcelona. 
En Barcelona se les socorrió a cada uno de ellos con 4 ducados - la paga mensual de un arcabucero o coselete - y fueron enviados a la fortaleza de Perpiñán, cumpliéndose, por tanto, la promesa de no servir contra el rey de Francia, pues no estaban en ejército en guerra viva, sino en guardia de una plaza fuerte. 


Una excepción que decimos sobre dar libertad a los prisioneros era en guerra viva en frontera del reino. Si los españoles presos en Cerisoles no hubieran sido conducidos a España, o si Cerisoles hubiera estado en el Rosellón, de inmediato se hubieran reincorporado al ejército combatiente, por mucha promesa de no servir por seis meses que hubieran hecho. 

Pero esto de mantener soldados presos tenía muchos inconvenientes, porque, aparte del coste, no había infraestructuras para mantener encerrados cientos de presos, y era muy fácil que se comunicasen con el exterior empleando a personas que entraban diariamente en la plaza donde se les tenía retenidos. 

Por ejemplo en Saint Omer en septiembre de 1558 - al tiempo que se hablaban las paces entre Felipe II y Enrique II de Francia - había doscientos prisioneros franceses, que "con buena fe andaban por la tierra". O sea, que caminaban por el interior de la plaza amurallada sin hallarse encerrados en sitio alguno. 

Estos, en coordinación con el gobernador francés de Calais, que acudió con 12 compañías de infantería y tropas de caballería, intentaron tomar el rastrillo - o puerta enrejada - de la plaza, habiéndoles el gobernador de Calais enviado armas para la facción. Los que no fueron muertos en el momento por los defensores, fueron posteriormente ahorcados. 

En ocasiones se apresaba a soldados singulares, a las cuales no se les consideraba dignos de rescate ni libertad por diversos motivos:
Degollóse la guarnición y entre los presos fueron hallados y ahorcados tres de los archeros del rey Enrique III que se supo haber ayudado a perpretar las muertes del duque y cardenal de Guisa.
Toma de la plaza de Fertesusuer en 1590. Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma


Los prisioneros que eran súbditos naturales del rey, señor o estado al que combatían se consideraban traidores, y eran normalmente ajusticiados. Si eran desertores, eran pasados por las picas por sus excompañeros de armas.

Manuel de Silva, conde de Torresuedras, hallándose defendiendo las Azores de la conquista española, tomó a Melchior Alfonso, portugués, que servía a Felipe II. Le hizo calzar unos zapatos de cuero bañados en aceite, y se los ponía cerca del fuego. Después lo mandó arrastrar, ahorcar y hacer cuartos, poniendo la cabeza dentro de una jaula de hierro que hizo poner en la plaza pública. Al soldado español que lo capturó, se le dieron 500 ducados y se le señaló una ventaja de 6 escudos en su sueldo. 



Con la multitud de naciones que había en los ejércitos, a veces se producían capturas por error. Por ejemplo, en Alemania en 1547, al capitán Navarrete, del tercio de Hungría y al capitán Quevedo, del tercio de Lombardía, se les encomendó que con todos los soldados de sus compañías que tenían caballos, saliesen a buscar a cincuenta soldados que, haciéndose pasar por comisarios del ejército, "rescataban" o sea, extorsionaban las poblaciones por las que iban pasando. Unos herreruelos - soldados de caballería alemana armados con arcabucillos - sospechando que los de Navarrete y Quevedo eran, en realidad también extorsionadores, quisieron prenderlos, pero los españoles se defendieron y apresaron a 18 de ellos. Poco después, reconociéndose el equivoco, se les dio orden que los liberasen y les retornasen las armas y los caballos. 

Curiosamente, la prisión en la guerra trajo a algunos la libertad en la vida civil. Habiendo numerosos esclavos negros en las Azores, sus señores los armaron para que combatieran a los españoles en 1583. Una vez derrotados, el auditor general del ejército les dio la libertad, como a soldados vencidos. 
Sus dueños protestaron y pleitearon, reclamando la propiedad de los dichos esclavos, ahora manumisos, pero se les respondió que puesto que les habían dado armas "dandoles sitio en el esquadron, y lugar en las hileras" les habían dado nombre de soldados,  y por lo tanto, ya no podían volver a su condición anterior.



Los soldados disfrazados. En hábito de villanos o hábito de enemigos. 

Españoles de mediados del XVI. Izquierda: burgueses o villanos. Centro: labriegos o campesinos. Derecha: soldados, arcabucero y coselete. Además de las armas ofensivas y defensivas propias del oficio militar, la vestimenta - el hábito - distinguía a los soldados de quienes no lo eran. Además, los soldados debían llevar cosidas en la ropa cruces - rojas, en el caso de los españoles, blancas, en el caso de los franceses, anaranjadas, en el caso de los rebeldes flamencos - o bandas para ser reconocidos como servidores de su rey. Aún sin cruces, fajas o bandas, los soldados tenían su propio estilo


En una época en que no había uniformes, los soldados se vestían con ropas propias de la soldadesca, distintas a las de los villanos y rústicos.

Una forma de entrar en una plaza, bien para tomarla por sorpresa, bien para meter un refuerzo en ella estando cercada, era que un grupo de soldados vestidos como villanos o labriegos, pasase en ella. Se consideraba entonces que estos soldados podían ser ahorcados, puesto que habían dejado de vestirse como soldados para ser tenidos por personas que no militaban en un ejército:

se descubrieron más encartados; dentro de dos dias todos aquellos que eran vecinos de Amiens fueron 
ahorcados en el mercado grande de la ciudad, y estuvieron allí algunos dias, con sus rétulos, que decian «por traidores».  Hiciérase lo mismo délos capitanes [franceses], si el Rey de Francia, sabiendo en él peligro en que estaban, no enviara á decir á Hernán Tello no los ahorcase, que le ahorcarla muchos prisioneros que tenía en su campo, á quien, con más justo título podia ajusticiar, pues con hábito disfrazado querían entrar en la ciudad pasando por su campo
Cerco de Amiens, Comentarios de las cosas sucedidas en los Paises Baxos de Flandes desde el año de 1594 hasta el de 1598, por Diego de Villalobos

Toma de la villa de Amiens, 11 de marzo de 1587. El sargento Francisco del Arco, soldado valeroso, noble y harto prático en la lengua francesa, el teniente Bautista Doñano, milanés, el capitán Donan, del regimiento irlandés de Stanley, y el capitán Lacroy, borgoñón y un sargento valón, junto a dos soldados borgoñones y seis valones, llegaron a la plaza por la mañana en hábito de villanos, a la deshilada, como si no se conocieran. Algunos, conducían un carro que les había de servir para bloquear el rastrillo de la puerta, caso que lo quisieran echar abajo los del cuerpo de guardia. Fingiendo que iban al mercado, y armados de pistolas, tomaron la entrada y vencieron a la guardia, dando lugar a que 1800 o 1850 infantes y 450 caballos a cargo de Hernán Tello, gobernador de Doullens, entrasen y tomasen la plaza. Los disfraces, imitaban a aldeanos de la región: Es la gente de las aldeas de Picardía pobrísima y andan vestidos de sayal blanco o de lienzo, y esto tan roto, que muchas veces muestran por diversas partes las carnes; con lo cual, y con haber buscado artificiosamente los vestidos más viles, tiznándose las caras y manos, no había quien hiciese caso dellos para darles del pie.



También los soldados, amén de disfrazarse en hábito de aldeanos, usaban el ardid de disfrazarse como soldados de otra nación, cosa que se pagaba con la vida si eran capturados, considerados como espías:

los que déstos quedaban en prisión, como los hallasen vestidos a la española o con bandas rojas, no eran castigados ni tenidos por espías, sino por soldados de valor y como tales se rescataban por su paga ordinaria o se trocaban por otros; mas los que fingidamente pasaban en hábito francés inrremisiblemente lo pagaban con la vida.
Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma

Batalla de Marciano, 2 de agosto de 1554. A la izquierda, soldados del bando franco-sienés, con bandas blancas; a la derecha, soldados del bando florentino-imperial con bandas coloradas. Giorgio Vasari. 


El  tratamiento a los soldados presos

Proueyoles Pedro de Heredia Marchal de Logis, en vn quartel separado dentro de la ciudad, a todos los Franceses; dé alojamiento, y dioseles lo necessario que, auian menester, tratandolos muy bien, y señaloseles casa donde fuessen curados y el administrador don Juan de Benauides Baçán, les embio
médicos, y cirujanos, del hospital Real del exercito, mandándoles proueer las medicinas, y dietas necesarias; y assi el capitán general con los demás caualleros Francefes, fuerom regalados del maestro de campo general,y de los demás personajes del exercito porque los prisioneros an de ser bien tratados
Comentario en breue compendio de disciplina militar en que se escriue la jornada de las islas de los Açores 

Los 600 españoles que fueron presos en Cerisoles en 1544 y llevados hasta las fronteras de España fueron "conduzidos hasta allí y bien tratados en Francia". 

En general, consta que los soldados presos eran bien tratados; luego veremos que sucedía cuando no era así. 
Muchas veces se les daba ropa - quizá porque habían sido desvalijados por los soldados y mozos que les habían tomado - recibían comida - consta que les daban carne de vaca, o sea, que su dieta no era muy diferente a la de cualquier soldado propio - y los enfermos eran llevados a hospitales o transportados si no podían caminar. 

A veces se les socorría incluso con dinero en efectivo. 

En ocasiones, de estos presos a los que no se hacía agravio, o a los que se tenía buen tratamiento, se obtenía información valiosa del enemigo. La gente bien comida y bien tratada, parecía más dispuesta a colaborar:

que dos mozos de soldados franceses que fueron presos en el mismo instante y entregados habian depuesto en conformidad que los franceses se habian juntado de diversas guarniciones, los cuales se habian congregado en un lugar á dos leguas de Duay y que pensaban de sobresaltar á Duay tomando la guarda al abrir de la puerta, y que para este efecto estaban algunos en emboscada, y que Mr. de Castillon era el general de la empresa. 
Relación del rompimiento que han comenzado á hacer franceses por la parte de Flandes a 5 de enero de 1557

Aunque también se llegaba a dar tormento a algún prisionero para obtener información. 


Y para esto deue tambien vsar mucha diligencia de interrogar los soldados prisioneros del enemigo, y mucho mas los rendidos, procurando de saber dellos de cuyo Regimiento son, y quantas ccmpañias ay en el, y quantos soldados por compañia
Cargos y preceptos militares para salir con brevedad famoso y valiente soldado


De la misma manera que la prisión de caballeros y oficiales estaba, en cierto modo, presidida por un espíritu caballeresco, en la prisión de soldados había, una vez pasado el fragor del combate, donde en muchas ocasiones se iba a degüello, un cierto espíritu caritativo de piedad hacia el pobre soldado rendido en batalla.

Eso, claro, siempre que no hubiera guerra rota á cuarteles rompidos, en la cual se llegaba a matar hasta los soldados que se hallaban enfermos en las camas. 

Al finalizar la guerra, los presos debían liberarse pagando sus costas, y lo que de otra manera justamente devieren, sin ser obligados de pagar alguna Rançion, a no ser que se hubieran concertado en pagar la "rançion" o rescate antes de la publicación de las paces. 



Pasados por las picas, arcabuceados, ahorcados y degollados. La ejecución de prisioneros de guerra

La horca o ser colgado de las almenas de los castillos era un castigo para los soldados. A los caballeros se les honraba con la decapitación. Sucesos de la historia de Europa. grabados de Franz Hogenberg. 



Han hecho mucha gente, haziéndose muy cruda guerra. El Marqués [de Mariñán] dizen que ha enpicado en vezes mas de quatrocientos villanos, y soldados de la parte françesa. 
Tomaron los seneses quatro españoles y los enpicaron; y otro día tomaron los españoles mas de dozientos de la parte françesa y destos enpico el Marques quarenta y çinco, y entre ellos dos seneses principales. 
La cosa anda muy cruel.
Avisos de la guerra en Siena, 1554. 



algunos de los [españoles] que escaparon de la rota de Heiligerlee, recogiéndose aquella noche en caserías y aldeas, los villanos de la tierra los mataron; y a otros, tomándolos presos, los llevaron por la montaña al Conde Ludovico, que los entregó a su infantería para que los arcabuzeassen y diessen otras muertes de tanta o mayor crueldad, dando libertad a los italianos y walones
Comentarios de don Bernardino de Mendoça de lo sucedido en las guerras de los Payses Baxos: desde el año de 1567 hasta el de 1577



Luego que se degollaron aquellos de Cleves ordené al m[aest]ro. de campo D. Sancho de Londoño que se quedase en Reoermunda con aquellas cinco banderas , y que las otras cuatro de su cargo que iban tras él se metiesen en Veneloo [...] y á Sancho de Avila, que cerca de Mastricht ahorcase todos los presos, escepto los principales, para saber dellos algunas particularidades como diré abajo. 
Carta del duque de Alba al rey, Bruselas, 10 de mayo de 1568



En ocasiones la cosa se desmandaba. Aunque hasta el momento se hubieran mantenido las formas y el respeto por la vida de los rendidos, en un determinado lance, quizá el gobernador de una plaza tomaba a cuatro soldados enemigos y los hacía ahorcar por algún motivo peregrino, quizá porque fueron capturado en hábito de villano. Sabido esto por el ejército de los ahorcados, estos procedían a vengarse en los presos enemigos. La espiral de violencia estaba servida, y era complicada de atajar.

Esta escalada bélica era selectiva, y los soldados eran represaliados por nacionalidad. 

A veces las escaladas se producían sin motivo alguno. Por ejemplo, la ciudad de Donauwörth fue tomada el 10 de octubre de 1546 por los italianos que pagaba el Papa y la caballería de los duques de Florencia y Ferrara, y la caballería ligera de Francisco de Este y Rodolfo Baglione. A pesar de la presencia de un regimiento alemán del coronel Xamburg, la empresa se consideró italiana, liderada por el duque Octavio Farnesio. Se tomó la plaza al asalto con escalas, y apellidando el grito de guerra los que entraban "¡Italia! ¡Italia!". De tres banderas de alemanes que guardaban la plaza, apenas murieron 150 infantes, pues el resto logró huir, y apenas se saqueó el arrabal, pues el burgomaestre de la villa la rindió ceremoniosamente , y no se puso a saco. 
Total, una toma de la plaza de lo más ordinaria. Sin embargo, los soldados que huyeron, llegados a Augusta, dieron noticia al Landgrave de Hesse. Este, enojado dio orden que se despachase a los italianos del campo imperial, y no se tomasen prisioneros de esa nación. 


En otros casos, como en el de la guerra en Flandes, había capitanes generales, como el duque de Alba, que consideraban que al tratarse el conflicto de una rebelión contra su señor natural, los enemigos, siendo flamencos o borgoñones, súbditos de Felipe II, eran simplemente traidores y forajidos. No eran soldados de un ejército enemigo, sino rebelados a la autoridad real, y por lo tanto, no debían tratársele de acuerdo a las normas de la guerra que estarían vigentes en el caso de haberse luchado contra el rey de Francia. A los prisioneros tomados se les podía degollar o ahorcar, si así se consideraba, aunque no siempre se aplicaban tales penas, y la cosa venía a relajarse "después de passado el furor de las armas". 



Echados a galeras. Presos al remo


y ansimismo mandó que se echase bando general que todos los soldados que hubiesen tomado prisioneros que los llevasen á Chieri y los metiesen en la Roqueta y que allí les demandasen sus nombres y de donde eran, y que á todos los que hallasen ser vasallos del Emperador ó del Duque de Saboya los tuviesen en prisión, y los demás los dejasen ir do fuese su voluntad. Se hallaron ser vasallos del Emperador y del Duque de Saboya hasta treinta y dos soldados, los cuales mandó llevar en Genova y echar en galeras. 
Toma de la villa de Cambia, 26 de septiembre de 1542. Tratado de las campañas y otros acontecimientos de los ejércitos del emperador Carlos V. 


El tratado dice que todos los soldados que habría presos de una parte y otra fuesen librados, y conforme a esto luego soltaron en Francia todos cuantos captivos españoles estaban en galeras españoles y otros cualesquier súbditos de Su Majestad Católica.
Memoria del embajador de Francia a Felipe II, Toledo, diciembre de 1559


El trato a los prisioneros variaba mucho según la nacionalidad. Por ejemplo, Carlos V tenía bastante animadversión a los alemanes que, contra los bandos imperiales, servían a su rival Francisco I de Francia, pero como solían ser miles y extranjeros - no naturales de Francia - en general se les perdonaba y se les enviaba a Alemania con la promesa de no servir más al rey de Francia.

Entre españoles y franceses hubo ciertamente, una gran rivalidad, tanto durante el reinado de Carlos, como en el de Felipe II. La mayoría, o buena parte de los prisioneros franceses y españoles "soldados a pie o otros a caballo que por ser pobres no se pueden rescatar" eran echados en galeras para servir las naves de sus enemigos como remeros, de los cuales solía haber escasez.

Esta provechosa costumbre para los capitanes de galeras, pero no tanto para los soldados, parece que comenzó en tiempos del Gran Capitán, y afectaba principalmente a los soldados que combatían en Italia o en el Mediterráneo.

Los soldados echados en galeras eran tratados mejor que los galeotes y los esclavos, recibiendo mejores ropa y comida, pero aún así se les herraba y encadenaba a los bancos. De hecho, unos optimistas españoles, en la batalla de Cerisoles, donde fueron derrotados, llevaban 4000 cadenas para, una vez capturados los enemigos franceses, tenerlos bien sujetos para conducirlos a galeras, se puede suponer que a Savona o Génova, puerto de la flota de Andrea Doria, capitán general de la mar de Levante por Carlos V. Afortunadamente para ellos, una vez derrotado el ejército del marqués del Vasto por parte de las tropas de Francisco de Borbón, los 600 presos españoles fueron conducidos hasta las fronteras de España.   

Esclavos de galeras españolas en Barcelona [1529]. Trachtenbuch des Christoph Weiditz. El grillete no estaba en contacto hierro con piel, sino que se protegía el tobillo con tejido para evitar roces, llagas e infecciones. La salud de los remeros era importante.



Cada vez que se firmaban paces entre las dos coronas, se ordenaba liberar a los soldados echados a galeras, si bien, como las flotas muchas veces se hallaban navegando, la liberación podía llegar con meses de retraso.  

El 3 de abril de 1559 se firmaba la paz entre Enrique II de Francia y Felipe II de España. En agosto, se hallaba en Marsella Alonso de Vargas con un comisario trabajando en la liberación de los soldados, "la más florida gente del mundo" y de otros súbditos del rey de España presos en galeras. En diciembre estaba protestando el embajador francés sobre los presos que se hallaban en galeras del rey de España, y se le respondía que vueltas las galeras de Tripoli, se les daría libertad. 

A los súbditos naturales que se hallaban sirviendo al enemigo, como refiere Cereceda, también se les podía echar a galeras en castigo.

Los soldados - y marineros - que eran apresados en combate naval, solían correr esa suerte, siendo la logística mucho más sencilla.



Servidores otro rey. El cambio de bando tras la prisión


Por que los del Marques viéndose sin general, pusieron en los pies toda la esperanza de su remedio. Y assi se saluaron muchos en Freyberg con el duque Mauricio, y otros en Tresen con el rey don Fernando, algunos murieron y muchos quedaron presos. De los guales parte se quedaron en seruicio del duque Juan Federico, y parte se boluieron a sus tierras con licencia del duque, auiendoles primero tomado juramento, que no seruirian mas al Emperador. 

Diálogos de la vida del soldado Diego Núñez Alba



Tenemos preso [a un] ingeniero francés que fortificaua esta villa y el mesmo sirve agora a su Magt.
Carta del capitán Gonzalo de Palacios escrita a su hermano Pedro de Palacios desde el campo que estaua sobre Paliano en primero día de setiembre 1557


Sucedía en muchas ocasiones, sobre todo con soldados alemanes, que una vez rendidos, o tomados a prisión tras batalla o asedio, el ejército que les había vencido les tomaba a sueldo, y esto se producía en el tránsito de días, o incluso de horas, aunque el célebre caso de la defección del conde Pedro Navarro tardó tres años en producirse.

En 1543, por ejemplo, tomadas o rendidas las tierras del duque de Cleves, parte de las tropas que le servían, se pasaron a servir al Emperador en su guerra contra Francisco I de Francia. El duque pidió perdón al Emperador el 12 de septiembre, y ese mismo 12 de septiembre de 1543, había ya, al menos, los 330 infantes de la compañía del capitán Hermann de Virch, con 91 y 1/2 sobrepagas y 50 arcabuceros, que habían servido a Guillermo de Jülich y Cleves hasta aquel momento en su pugna contra Carlos V, en nómina del ejército imperial. El trabajo era trabajo, pagara Guillermo o pagara Carlos.

Debiéndoles Guillermo 7 pagas a los soldados que estaban de guarnición en Venlo, Carlos V les hizo merced de una paga. O sea, que el Emperador incluso les pagó parte de los atrasos que les debía su enemigo. Cosas de la guerra en la edad moderna.




Rendición en plazas fuertes

Tropas francesas rinden Cambrai al conde de Fuentes, 9 de octubre de 1595. Salir con las banderas tendidas, tocando pífanos y tambores, con las cuerdas de los arcabuces encendidas por los dos cabos, balas en la boca, y con todo el bagaje, era el mayor honor que podía obtener un rendido, implicando que se había defendido valiente y eficazmente, o significando que los asediadores no se veían capaces de tomar la plaza con ventaja. Grabado de Franz Hogenberg.



Yo, Francisco de Borbon y Conde de Enguien, somos contentos de que el ilustre señor Pirro Colona y señor Conde con el Maese de campo y capitanes y soldados hayan de salir de la villa de Carignan, dejando el artillería y municiones, y quellos lleven todas sus armas y banderas y atambores y pifaros y caballos y bagaje y ropa y dinero, con que salgan con las banderas cogidas y atambores callados hasta ser pasados el Po y ser acompañados hasta Sentena por musiur de San Julián y por musiur de Ausun y por el capitán Francisco Bernaldino Vilmercado y del Barón de Saques y de dos capitanes esguízaros. Y de allí adelante hasta Aste le acompañen dos trompetas, y que para los heridos y enfermos daremos barcas que los lleven siguros hasta Casal de Monferrato, y que hayan de pasar y que hayan de pasar el rio Tesin y estar entre Tesin y Adda por dos meses, y pasados estos dos meses, que los españoles hayan de ir en España ó en Napoles, que por mar ni por tierra no sirvan á Su Majestad ni hagan guerra contra el cristianísimo por dos meses, con los dos que han de estar en el estado de Milán. 
Capítulos otorgados por Francisco de Borbón, conde de Enguien, a los asediados de Carignan, 21 de junio de 1544



Eran cincuenta hombres y defendíanse con conocida pertinacia [...] Advirtióles don Agustín que si aguardaban a que batiese el castillo los había de ahorcar a todos; respondieron una desvergüenza y, volviendo los medios cañones a un torreón, se rindieron a boca de noche, a cosa de treinta cañonazos tirados. Enojado desto don Agustín y de la pérdida del capitán Fadrique de Villaseca, natural de Perpiñán, que murió de un mosquetazo, rindiéndose los enemigos a merced, la que les hizo fue colgarlos a todos de la muralla, como se lo había ofrecido.
Las guerras de los Estados Baxos, Carlos Coloma



En las plazas fuertes, aquellos que se rendían, en general, conservaban la vida, algunas veces las armas, otras incluso las posesiones, y en los casos más honrosos, tenían el derecho a salir con banderas tendidas, pífanos sonando, tocando tambores, y las cuerdas de los arcabuces encendidas y balas en la boca, junto con todo su ropa y bagaje.

Por contra, se consideraba como derecho de guerra que una vez plantada la artillería para dar batería y tirado el primer cañonazo, a los defensores no les quedaba otra que la muerte. Pero esto, pocas veces se aplicaba a rajatabla, pues era mucho más eficiente forzar la rendición del enemigo con la esperanza de conservar la vida, que forzarle a una última defensa a ultranza arriesgando la vida de multitud de soldados tomando al asalto la brecha abierta por la artillería en las murallas. 

Rendida la plaza, y salidos los soldados con las condiciones capituladas, los oficiales normalmente quedaban presos de los sitiadores, debiendo pagar rescate por sus personas.



El alcance a degüello

Combate en las trincheras de Hulst [1596] En la guerra en general se iba a degüello contra el enemigo. No solo los soldados, sino sus mozos, daga en mano, iban persiguiendo o dando el alcance a los que huían para matarlos y robarles todo lo que llevasen encima, dejando los cadáveres desnudos sobre el campo de batalla. Pero no siempre era así. 


Para que no le quede la impresión al lector de que las batallas acababan con miles de rendidos, los soldados marchando a sus casas con dadivas de los captores, y los oficiales y personas de cuenta en prisiones livianas jugando a las cartas con los capitanes que les tenían presos o escribiendo sus memorias, hay que recordar que muchas batallas y asaltos a plazas fuertes acababan con los vencedores degollando a la mayoría de los vencidos que lograban capturar. 


Baste un ejemplo:
Todo el tiempo que nuestros cavallos ivan executando el alcance, dexaron mucha cantidad de gente de atrás, la cual iva degollando la infantería, que caminava siempre tropeçando con tantos enemigos que ningún soldado ni moço quiso tener parte en la vitoria que no se le ofreciesse ocasión para ello, hallando a quien herir o matar en los prados y caminos, y dentro de las casas, donde se quemaron muchos, sin los que en el río, huyendo de estas muertes, se arrojavan, viniendo a ahogarse en él con su propia sangre; y de veinticuatro vanderas de los rebeldes, se truxeron aquella noche y otro día al Duque las veinte; y las demás, a lo que se entendió, las echaron en el río.
Comentarios de don Bernardino de Mendoça de lo sucedido en las guerras de los Payses Baxos: desde el año de 1567 hasta el de 1577



Lista de los barones franceses muertos y hechos prisión en la batalla de Pavía



La lista publicada en Captivité du roi François Ier. por M. Aimé Champollion-Figeac en 1847 es incompleta. 

Falta, por ejemplo, Robert de la Marck, llamado Fleuranges, duque de Bouillon y señor de Sedan, capitán de 50 lanzas, que fue hecho prisionero, pero aún así parece bastante útil y por eso la reproduzco aquí.



PRINCES ET SEIGNEURS MORTS.

  1. Le duc de Suffort, à qui appartenoit le royaume d'Angleterre. [S]
  2. Françoys, monseigneur de Lorraine. [S]
  3. Loys, duc de Longùeville. [A]
  4. Monsieur de la Trimôille.[S]
  5. Le conte de Tonnerre. [S]
  6. Le maréchal de Chabannes, premier maréchal de France: Jacques de La Palice [S] 
  7. Le maréchal de Foix, frere de M. de Lautrec. Thomas de Foix, seigneur de Lescun [H]
  8. Monsieur le bastard de Savoye, grand maistre de France.
  9. Monsieur de Bonnivet, admiral de France et gouverneur du Daulphiné.[S]
  10. Monsieur de Buxi d'Amboise. Bussi d'Amboise [S]
  11. [Georges] Monsieur de Chàumont d'Amboise [B]
  12. Monsieur de Sainte-Mesmes. [B]
  13. Monsieur de Tournôn. [B]
  14. Le capitaine Frederic Châtaigne. [B]
  15. Monsieur de Morette. [B]
  16. Le bastard de Luppé, prevôst. dé l'hostel. [B]
  17. Le sr Galeas de Saint-Se vérin, grand escuier de France. [S] 
  18. Le sr de Laval de Bretagne. [B]

[A] muertos durante el asedio
[S] muertos por la salida de Leyva
[H] heridos en la batalla y muertos en prisión.
[B] El resto seguramente murieron en la batalla en el Parco de Pavía junto al mariscal de Francia.


PRINCES ET CAPITAINES PRISONNIERS.

  1. Le roy de France.
  2. Le roy de Navarre J.
  3. Loys, monsieur de Nevers.
  4. Françoys, monsieur de Saluées.
  5. Le prince de Talemond.
  6. Monsieur d'Aubigny.
  7. Monsieur le mareschal de Montmorenci.
  8. Monsieur de Rieux.
  9. Monsieur le vidame de Chartres.
  10. Le sr Galeas Visconte.
  11. Le sr Frederich de Ranges.
  12. Le bailly de Bugency.
  13. Le, sr Gabriel de la Chastre, son fils.
  14. Monsieur de Boisi.
  15. Monsieur de Lorges, capitaine des gens de pied françoys.
  16. Monsieur de Moni.
  17. Monsieur dè Crest.
  18. Monsieur de la Guiche.
  19. Monsieur de Montigent.
  20. Monsieur de Saint-Marsault, son frere.
  21. Le senechal d'Armignac, capitaine de l'artillerie.
  22. Le viconte de Lavedan.
  23. Monsieur de la Claïette.
  24. Monsieur de Poton.
  25. Monsieur de Changy, son neveu.
  26. Monsieur d'Aubijou.
  27. Monsieur d'Annebaut.
  28. Le fils de M. de Tournon.
  29. La Roche-Aymond.
  30. La Roche du Meyne.
  31. Monsieur de Clermont en Daulphiné, lieutenant des cent gentilshommes.
  32. Monsieur de Saint-Jean d'Ambornay.
  33. Monsieur de Vatithieu.
  34. Monsieur de Silans.
  35. Monsieur de Boutieres.
  36. Monsieur de Bârbesieux.