«Y el maestro de campo consultó con todos los capitanes, y los capitanes con sus officiales, y se resolvieron que querían morir en servicio de Dios y de su Maestà y que viniessen quando quisiessen»
Francisco Sarmiento a Barbarroja, según el testimonio de Juan de Alcaraz y Juan de Tapia «cabos desquadra de la compañía del capitán Juan Vizcayno», hecho el 4 de septiembre de 1539
En julio de 1539 la armada del Gran Señor Turco capitaneada por Barbarroja se plantaba ante Castilnovo o Castelnuovo, [hoy Herceg Novi, Montenegro] plaza fuerte conquistada el año anterior por una armada conjunta hispano-veneciana y custodiada entonces por tropas de infantería española.
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| Infantería española en la jornada de Túnez, cuatro años del desastre o gesta de los de Sarmiento en Castelnuovo. Cartón de Jan Cornelisz Vermeyen. KHM Wien. |
Al mando de ellas estaba el maese de campo Francisco Sarmiento, que había sido maestre de campo del tercio de Florencia, unidad que aportaba seis compañías al total de quince de la “nueva unidad” que con 2500 hombres formaba el presidio de la plaza costera adriática.
Además había unos 120 «capeletes» griegos y albaneses, caballería ligera balcánica que servía a Carlos V desde - en algunos casos - la toma de Corón en 1532. Junto a la guarnición había varios cientos de mujeres y mozos, así como clérigos y antiguos vecinos “griegos” de la ciudad.
Como era costumbre en los asedios de la época, Barbarroja intentó que la plaza se rindiese por pactos, para lo cual un renegado español se aproximó a los muros de la ciudad con una carta en la que el general-corsario requirió a Sarmiento «que dexasse la tierra al turco y que le darían passaje con naves araguseas para venir en Pulla, y a los soldados, XX ducados a cada uno, y que llevassen sus banderas desplegadas y su ropa, excepto el artillería y muniçiones». La oferta era muy generosa, pero Sarmiento proporcionó la respuesta mencionada.
Se podría pensar que esta elaborada respuesta debió ser creada a posteriori por algún cronista que glosase la hazaña de los defensores de Castelnovo, pero se recoge del testimonio de Juan de Alcaraz y Juan de Tapia «cabos desquadra de la compañía del capitán Juan Vizcayno», los cuales, según el virrey de Nápoles don Pedro de Toledo, eran «conosçidos y buenos soldados y muy antiguos».
Ambos soldados hicieron su declaración jurada el 4 de septiembre de 1539, después de haberse rescatado tras ser apresados al caer la plaza el 7 de agosto, y en dicha «deposicion» no se aprecian florituras estilísticas ni recursos narrativos propios de la literatura de avisos.
Además de los testimonios de Tapia y Alcaraz, tenemos la de un esclavo cristiano de la armada turca que pudo huir hasta Venecia y narrar el suceso desde el punto de vista otomano. Según este esclavo Barbarroja abroncó a los hombres que habían desembarcado antes de su llegada.
n actuando como si estuvieran saqueando pueblos de Calabria, obviando que tenían delante a soldados que eran «los mejores q tiene el emperador carlos en todos sus reynos [...] los q tomaron preso al papa y rrey de françia y los q prendieron a coron y me echaron de tunez»
Esta valoración no es inverosímil, pues la avanguardia turca había sufrido un par de reveses antes de llegar Barbarroja: «echaron en tierra hasta mill hombres [y los nuestros] diéronles dos buenas cargas que los hizieron embarcar con haver muerto muchos, y prendieron XVIII turcos»
El halago a las tropas españolas puesto en boca de Barbarroja no es más que un consejo de buen capitán: sus hombres debían ser cuidadosos en los enfrentamientos con los españoles porque eran soldados veteranos que les podían dar más de un quebradero de cabeza.
García Cerezeda, que escribió años más tarde en calidad de cronista soldado, recoge que Sarmiento tuvo consejo con sus capitanes y los demás oficiales y acordaron «de no se rendir, sí morir defendiendo la tierra en servicio de Dios é del Emperador».
Cerezeda escribió a partir de 1545, seguramente habiendo podido tener noticia de alguno de los 25 españoles cautivos que lograron apresar una galeota en Constantinopla y llegar al puerto de Mesina el 25 de junio de 1545.
El soldado cronista informa de la respuesta de Sarmiento: «que él no se pensaba rendir por cosa alguna, antes pensaba morir con toda la gente defendiéndole la tierra». Aunque el maestre de campo se dirige al Berlebey y no a Barbarroja.
Pero es Barbarroja quien quiere parlamentar con Sarmiento, que aventura una trampa en su invitación a reunirse con el corsario «vecino de la muralla». El maese de campo enviará, no obstante, a su alférez a hablar con el general otomano que le pregunta:.
«¿Por qué no os queréis rendir? dejad esta palomera á su señor. ¿Qué quiere hacer della el Emperador vuestro señor? ¿qué renta le ha de venir della? Dexalda á cuya es porque yo os prometo mi palabra que más ha de hacer por ella el gran señor que haria por Constantinopla».
Castelnuovo es un “palomar” en palabras de Barbarroja, una plaza inútil alejada de Sicilia y Nápoles que Carlos V no necesita y a la que no tiene derecho. En cambio, Solimán, señor de Grecia, es su soberano natural, y por ello cuidará del enclave como si fuera la propia Constantinopla.
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| Castelnovo, el palomar que defendieron los de Sarmiento. Manuel Fernández Álvarez en su artículo "La gesta de Castelnuovo" en la extinta revista Historia 16, sugiere que la presencia española en esta plaza importaba a Carlos V como posible plataforma para una ambiciosa empresa contra Constantinopla. |
El alférez Garci Méndez responde a Barbarroja como rey de Argel: «Vuestra alteza sepa que yo no osaré decir á mi Maese de campo la cosa del rendir, porque pienso que por ello me matara ni menos él lo osará decir á los soldados, porque pienso lo mesmo harian con él».
Garci Méndez vuelve a Castelnuovo, donde transmite la exigencia de Barbarroja al maestro de campo, capitanes y gente, los cuales persisten «en defender la tierra ó morir en ella», pero se produce una última entrevista. En ella Barbarroja insiste en la rendición.
Garci Méndez responde al general corsario:
«ya que nos rendiésemos ¿dónde habíamos de ir sino es á Italia? Ya vuestra alteza sabe que no es nuestra patria, y allí no nos querrán acoger por hombres de poco valor; y si fuésemos a España, nuestros padres e parientes nos abrusarian por habernos rendido».
No es posible, pues, la rendición, porque la sociedad no lo permitiría, llegando sus padres y familiares - según el alférez - a “abrusarlos” - un italianismo que significa quemarlos - en caso de que se rendiesen.
Según Cerezeda, Barbarroja transmite al alférez del maestre de campo Francisco Sarmiento su pesar porque sabe con certeza «que vos habéis de perder». El día 24 de julio «vigilia del glorioso apóstol Santiago», las tres batería de artillería comienzan a batir la plaza.
Llegando a disparar 12.553 pelotas «á los seis de Agosto estaba el castillo é casa-mata y muros de la tierra tan llanos como la campaña de fuera». Ese día dan un asalto general turcos, jenízaros y morlacos.
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| Artillería otomana. Cartón nº8 de la serie sobre la conquista de Túnez por Jan Cornelisz Vermeyen titulado "Batalla en los pozos de Túnez". KHM Wien. |
El día 7 de agosto, quedando la plaza como último reducto «los turcos entraron tres vezes en la plaça y otras tantas fueron rebotados della por los christianos», pero la mayoría de defensores que quedaban en pie, incluendo al maestre de campo Sarmiento sucumbieron en el ataque.
Aunque el discurso de Cerezeda está bien construido para sostener la narrativa de su crónica, los testimonios de Tapia y Alcaraz y del esclavo cristiano huido parecen apoyar lo que escribe el cronista, sino palabra por palabra, al menos, sí en el fondo.
Había una ética en la resistencia a ultranza fruto del antagonismo entre musulmanes y cristianos, entre otomanos y españoles. Las normas de la guerra eran otras: se cortaban cabezas y se hacían esclavos, y la rendición era menos atractiva quedando en manos de un enemigo “cruel”.
Pero también la rendición era considerada más deshonrosa. Si se perdía una plaza a manos del rey de Francia en el Piamonte, era poco más que un intercambio habitual en el juego dinástico de sus monarcas, algo que se podía compensar fácilmente.
En cambio, perder una plaza frente a un enemigo musulmán, fuera realmente estratégica o no, podía ser visto como una pérdida para la cristiandad, algo menos llevadero para quién protagonizara su entrega. La pérdida de Argel en 1516 supuso un duro golpe a sus protagonistas.
La oferta de Barbarroja era muy generosa: salida con banderas desplegadas, transporte en naves hasta Nápoles y algo insólito - al menos en las guerras italianas - que los soldados recibiesen 20 ducados cada uno.
Pero también cabe tener en cuenta una cosa. Si los soldados tenían noticia de como había sido tomada Mahón por el propio Barbarroja en septiembre de 1535, no podían confiar en que el rey de Argel cumpliera su palabra una vez rendida la plaza.
Esto último, que no entra en la narrativa clásica de la pérdida de Castelnuovo, es algo a tener en cuenta: ¿por qué fiarse de la palabra de un hombre que había esclavizado a toda una ciudad cuatro años antes?
Es probable que los españoles escogieran no rendirse antes que ser esclavos.



















