De capellanes

Se establecía que debía haber un capellán por compañía, pero la calidad de los mismos era puesta en entredicho por las propias autoridades militares, como prueba la carta del secretario Zayas de 1571, valorándolos:

Yo propuse algunos dias ha á Su Maj. d quesería muy conveniente enviar algunos buenos clérigos que residiesen en los tercios despañoles, y los predicasen y mostrasen á ser cristianos, y los castigasen cuando no lo fuesen, pues como se sabe no hay mas que un chirrichote en cada compañía, que de ordinario es mas ignorante y mas vicioso que los soldados, y este los confiesa y es su cura, que cierto allí habrían de ser otros por el ejemplo, y porque no se pueden aprovechar de los clérigos de la tierra por no entender la lengua [...] pues en efecto están allí siete ó ocho mil españoles sin cabeza ni superior eclesiástico, ni en las cosas de la fée tenga acerca dellos auotoridad ninguna, ni les diga mal haces, si quisieron prevaricar en ellas.


Recién puesto el pie en los Estados Bajos, ya realizaba Fray Lorenzo de Villavicencio estos "Advertimientos" a Felipe II, "para la restauración de la religión católica en los Estados de Flándes".
Enviar la gente de guerra sin predicadores ni confesores es de grande inconviniente , porque no confesando ni oyendo sermones católicos, se hacen demonios, y luteranos y calvinistas, y teniendo los alemanes luteranos y los franceses calvinistas tanto celo de sustentar sus heréticas sectas, que con cada tercio de infantería ó de caballería envían sus predicadores y ministros que les prediquen sus herejías, y administren sus falsas supersticiones que ellos llaman sacramentos; indigna cosa es que la gente de guerra de V. M. no sea también proveída de predicadores y confesores, principalmente que aun después de la obligación divina que hay para hacer esto, es también cosa convinientísima para contener á la gente de guerra en la disciplina militar , y para que no haga tantas disoluciones ni insolencias como se entiende que hacen los Estados Bajos.

En principio, advertía contra las prédicas heréticas en los regimientos de alemanes, pero advertía contra la propagación de las doctrinas heresiarcas entre los muy católicos soldados españoles, que careciendo de dirección espiritual rígida, podían ser seducidos por estas sectas:
Y demás desto hay en ello un punto de gran movimiento y consideración, y es, que haciéndose herejes estos soldados ó muchos dellos por falta de doctrina, cuando se vuelven á sus tierras en España, pegan el mal tan contagioso, como es el de las herejías, á otros españoles, y encienden fuegos tan infernales como esta gente suele encender,

En el Vestalig de alemanes altos, también se reglamentaba en tanto a la religión:
3 ítem, que cada uno se guarde de blasfemar á Dios y á Nuestra Señora ni á sus Santos, so pena que serán castigados en la vida, sin remisión.

Evidentemente, para ello, hacía faltan capellanes que conocieran y aplicasen la doctrina católica, verdaderos hijos de la Contrarreforma, y no incultos y viciosos como los que al parecer, eran atraídos por el mundo de la milicia:
permitir que celebren, oigan de penitencia, y administren los sacramentos idiotas, e irregulares, como es de creer que lo son los más de los que acuden a servir por tres escudos.

tal y como indicaba Sancho de Londoño en su "Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado".

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