Historia del Tercio de Cerdeña

Tercio de Cerdeña
La historia del Tercio que el maestre de campo Gonzalo de Bracamonte gobernaría entre 1564 y 1568, en Córcega, la Goleta, Malta, Cerdeña, Nápoles y Flandes, donde sería disuelto, es un ejemplo de las unidades militares que servían la España de esta época, atendiendo las necesidades de la política internacional que el rey Felipe II venía dictando, adaptándose a circunstancias y escenarios cambiantes, en un momento de trasvase de preeminencia: el mediterráneo o el norte de Europa.

En 1559 la paz de Cateau-Cambresis había puesto fin a las tentativas francesas de arrebatar el control de Córcega de las manos de Génova, sin embargo, Sampietro Corso [o Sant Pedro Corzo en las relaciones españolas de la época] un natural de la isla que se había puesto al lado de los ocupantes franceses durante la invasión, continuaba siendo una amenaza para los genoveses, después que como represalia de su participación en la ocupación francesa, le habían sido expropiadas sus tierras, estando ya sin nada que perder.
Amén de la actividad que desarrollaba en la isla a modo de guerrilla, conociendo el interés de Turquía en el control del Mediterráneo, viajó en 1563 a Estambul, donde solicitó una ayuda en forma de galeras al Solimán, que le fue negada.
Sin embargo, conocedor Felipe II de esta embajada, y de los problemas que una isla en manos de otro que no fuera su aliada Génova [fuera Francia, los turcos, o un nacionalista sostenido por poderes extranjeros] le podía originar, decidió intervenir directamente, enviando para ello tropas, unas unidades, que con el paso del tiempo, y con los movimientos geográficos propios de aquellos tiempos, llegarían a adoptar el nombre de Tercio de Cerdeña.

La Génesis del Tercio. De Vélez de la Gomera a Córcega
En agosto de 1564, se tienen noticias de Córcega, estando “alterada la mayor parte della por Sant Pedro Corso que hace todo lo último por apartarla de poder de los ginoveses y entregar algún puerto ó plaza fuerte al turco y tener otros fines”. Se decidió entonces enviar a Lorenzo Suárez de Figueroa que con 1500 italianos levantados en Cremona acudiera a la isla en apoyo de los aliados y que procurasen “impedir y estorbar al dicho Sant Pedro Corso que no pueda hacer ningún efeto de los que pretende, antes se allane y aquiete la tierra”.
Mientras tanto, se estaba llevando a cabo la empresa del Peñón de Vélez de la Gomera, dirigida por García de Toledo, para arrebatar a los turcos esta base naval enclavada en el actual Marruecos, frontera la otra parte del mar, de las costas del reino de Granada.
Finalizada exitosamente esta jornada a primeros de septiembre, como tenía siempre lugar, la artillería de sitio y las tropas empleadas en ella debieron repartirse [a excepción de entre 350 y 400 soldados que quedaron de guarnición] y vista la necesidad de Córcega, se decidió enviar cierto número de tropas de esta nación a la isla.
Parte de la Armada del Peñón volvió a España, bajo el gobierno de don García de Toledo, que quedó encargado de liquidar los adeudos de las tropas, y asimismo, de organizar su envío a Córcega.
En la [entonces] isla de Santa Pola en Alicante, se tomó muestra general a finales de mes, donde se reformaron los capitanes nuevos, y se procedió a pagar la soldada de la empresa del Peñón.
En noviembre de 1564 [probablemente el día 24] se tomó muestra en Puerto Ferrara [Génova] de la gente que había de ir a Córcega. Conocemos la noticia por los problemas derivados de la exclusión de ella de la compañía [pero no de sus soldados] del capitán Juan Díaz de Orca, que quedó reformado: “visto que no era de los capitanes que V. M. habia mandado nombrar, habiendo sido menester desminuir el numero dellos por haber desminuido también el de los soldados, como tengo scripto á V. M., que me paresció resumir su compañía en las otras que van á Córcega”, y para el cual solicitaba don García de Toledo una recompensa, por el dinero que había gastado en levantar su compañía. Inmediatamente después de esta muestra, se enviaron las compañías en las galeras necesarias para ello, modificando García de Toledo las instrucciones dadas por el rey, ante el aviso de la estancia frente a Sicilia de 32 galeras del turco Dragut, por ser demasiadas las tropas que había de llevar a la isla para tan sólo veinte galeras, y el conocimiento de la falta de vituallas en Córcega.
Así pues, don García de Toledo ejecutó: “me ha parescido dejar el tercio de aquel reino [Sicilia], el de los soldados nuevos, habiendo hecho volver en él todos los que en Málaga y en el Peñón se habían puesto debajo de otros capitanes, las cuatro compañías del Piamonte [Lombardía-Milanesado] y la de D. Pedro González”.

Toda esta gente había de ser gobernada por el marqués de Pescara, pero excusando este su presencia allí, se determinó que marchara Gonzalo de Bracamonte, el cual acudió a la isla con título de maestre de campo, a finales de diciembre de 1564, o primeros de 1565, informando a Felipe II del estado de la gente que allí se hallaba, de “cuan enferma y mal tratada estaba, y á cuan poco número se había reducido”.
En Córcega, Sampietro seguí con su táctica guerrillera: “y la forma que Sant Pedro Corso tiene en gobernarse , acogiéndose á las montañas y sustentando en su devoción muchos pueblos con fin de tener alborotada y desasosegada la isla todo el tiempo que
Pudiere”. Se pretendía, no obstante, acabar con brevedad la empresa de Córcega.

Felipe II le informaba en marzo de 1565 del envío de cuatro mil hombres más para reforzar los existentes, ante la amenaza de la armada del turco que “viene este año en daño de la cristiandad y con fin de ponerse sobre la Goleta ó Malta” con el propósito de “que lo de allí se allane y concluya con toda brevedad” y “se apriete á Sant Pedro Corzo en todo lo que se pudiere” siendo este “dicho Sant Pedro Corzo un foragido y andar por las montañas”.
Pero el rey tenía claras las prioridades, y dado que “la armada del turco se da priesa podia ser que antes que esa empresa se acabe, la dicha gente fuese menester para meter sobre nuestras galeras ó otra cosa” como efectivamente tuvo lugar, dejando a Gonzalo de Bracamonte subordinado a don García de Toledo, capitán general de la mar, y encargado de la defensa frente a la amenaza que suponían los turcos, “porque lo que conviene es atender al remedio de lo de la armada, que es lo prencipal y mas substancial”.
Respecto a la gente que se hallaba en la isla informaba Bracamonte que eran “pocos los útiles por las enfermedades que han tenido, y haberse muchos de ellos ido á Lombardía con la otra gente” pero que “con ser ya el tiempo bueno se cree que reforzarán y llegarán por lo menos á mill y ducientos”.
Se puede inferir que se aguardaba que los que habían abandonado la isla durante el invierno para pasarlo en Lombardía, se reincorporasen ahora a sus compañías. Amén de estos españoles, había en la isla tropas italianas [1500 hombres] al mando de Figueroa.

De los cuatro mil hombres que se debían enviar, dos mil vendrían de los que se habían de levantar en España, y otros dos mil, de los que el Gobernador del Estado de Milán, Gabriel de la Cueva, había de enviar desde el Milanesado, sustituyendo a estos en su papel de soldados de las guarniciones de Lombardía por otros dos mil que habían de venir igualmente desde España, teniendo así cierto equilibrio entre relación de soldados viejos y bisoños.
En marzo se tienen avisos de la Armada del turco, que informaba de inmediato García de Toledo al rey: “El camino que el armada llevaba , aunque era el derecho para Malta , es también el que ha de llevar para la Goleta, así que por el discurso de la navegación no puedo presumir que sea mas para una parte que para otra”.

En abril de 1565, no obstante el rey informaba del transporte de los cuatro mil soldados desde España a Córcega, García de Toledo planificaba traer a los españoles que en la isla estaban a Nápoles, preparándose para defender La Goleta [puerto de Túnez] y Malta [en manos de los caballeros de la orden de Malta]: “para que las diez y seis galeras que allí quedaron [Génova] tomasen la infantería española que hay en Córcega y la lleven sin perder tiempo á Mesina,”.

Efectivamente, solucionado o no el asunto de Sampietro Corso, la prioridad era el turco, y quedando en la isla los 1500 italianos a cargo de Figueroa, los españoles de Bracamonte aguardan las galeras de Génova para marchar a Sicilia, extremo meridional de las posesiones italianas: “que no salga de Córcega D. Lorencio de Figueroa con la gente de su cargo , sino que ayude y asista con ella á la empresa de aquella isla”.[1]
El 28 de mayo, la armada turca llegaba a Malta.

El Tercio de don Gonzalo. El socorro de Malta
Se cuenta con los 1200 hombres que se tienen en Córcega, como parte del cuerpo de los más de diez mil españoles que participarán en la empresa. Sin embargo, a pesar de las instrucciones dadas, las tropas no partían de Génova hasta principios de junio, llegando el día 6 a Sicilia: “Hasta ayer no llegaron aquí las galeras de Juan Andrea y las demás que son hasta veinte y seis, con las cuatro compañías de Lombardía y las que estaban en Córcega, que los unos y los otros no pasan de 1800 hombres”. Aunque días después informaba que eran en realidad dos mil.
Al tiempo el rey daba instrucciones [11 de junio] para que se enviaran comisarios para tomar muestra, realizándose la misma el 10 de agosto de 1565:

Relación de la gente que pareció en la muestra que se tomó en Zaragoza [Siracusa] a las cuatro compañías de el tercio de D.Gonzalo de Bracamonte, y a las nueve que últimamente vinieron de España que están a su cargo

El Tercio de D.Gonzalo de Bracamonte
Pedro González 165
Isidro Pacheco 141
Lope de Figueroa 162
Juan Osorio de Ulloa 147

Las nueve compañías que últimamente vinieron de España.
Juan de Alagon 428
Ruy Franco de Buitron 215
Toribio Zimbron 192
Francisco Herández de Ávila 247
Diego de Mendoza 169
Carrillo de Melo 179
Juan Maldonado 194
Periche de Cabrero 197
Pedro Ramírez de Arellano 194

Más quinientos de las tres compañías que vinieron de Messina con don García de Toledo, que son de D.Marcos de Toledo, Osorio de Angulo y Beltrán de la Peña de el Tercio de D.Gonzalo sin las arriba dichas.

Si añadimos estos últimos 500 hombres a la suma, tenemos un total de 3190 hombres. Efectivamente, las compañías del Tercio de Bracamonte, que eran las traídas desde Córcega, se habían recrecido con 2015 hombres traídos desde España [entre otros, por las galeras de Álvaro de Bazán] los cuales correspondían a aquella previsión inicial de 4.000 hombres que habían de acudir a Córcega, y que evidentemente, no pusieron pie en aquella isla. Tenemos un total de 17 compañías.

Si sumamos los 500 hombres que escoltaban a García de Toledo, a los 615 hombres del Tercio de don Gonzalo, y los comparamos con los 1200 hombres que se refiera había en Córcega, queda una duda ¿dónde están los del Tercio de Sicilia?
En una muestra realizada en La Goleta, por el contador Pedro Ortiz de Río tenemos que:
Las tres compañías que trujo el Sr. D. Sancho de Leiva que estaban en Córcega tienen 276 soldados de servicio y 24 plazas muertas para los oficiales arriba contenidos, que
serán con ellos 300 plazas.
Imaginamos que estas correspondían a parte del Tercio de Sicilia que en aquella isla estuvo alojado.

En todo caso, Sancho de Leiva, capitán general de las galeras de Nápoles, no estuvo en Córcega durante la empresa contra Sampietro Corzo, sino que estuvo encargado de proveer galeras en Nápoles y Cataluña, donde recogió a parte de la infantería española, para hacer lo propio con la de Lombardía en Saona para marchar igualmente a Sicilia donde llegaría en agosto. Allí se reunirían todas las tropas que habían de acudir al socorro de Malta.

Tras una salida de las galeras desde Siracusa el 22 de agosto abortada por un temporal, el 4 de septiembre vuelven a salir a la mar, cuando una nueva tormenta hace que la flota de 50 galeras se separe, pero finalmente, se consigue el día 6 desembarcar en las playas de Mellieha, a 12 millas al norte de la Armada turca, sin estorbo de los enemigos, quedando las tropas a cargo de Álvaro de Sande y las galeras a cargo de García de Toledo.
El 7 de septiembre informaba don García de Toledo a Su Majestad del evento que acabaría suponiendo el levantamiento del asedio al que sometían los turcos las fortalezas de la bahía de la Valeta: Sant Angelo, y San Miguel, habiendo sido tomado San Telmo en junio. Quedaron las tropas en tierra [entre ellas el Tercio de don Gonzalo] con bizcocho para mes y medio, mientras que las galeras regresaban a Messina a revituallarse [de bizcocho, pólvora y mecha] y recoger otros cuatro mil soldados.
Pasando de regreso a Sicilia García de Toledo por delante de La Valeta con sus galeras, comenzaron los turcos a preparar la retirada. El día 10, los españoles alojados a 8 millas de la ciudad de Naxxar [Malta la vieja] comienzan a caminar hacia la misma, teniendo conocimiento de la marcha de los turcos.
El único contacto entre unos y otros fue ese mismo día diez, donde con el capitán Gonzalo de Salinas en cabeza a cargo de una manga de arcabuceros acosó, los escuadrones de los Tercios dieron caza a un escuadrón de tres o cuatro mil turcos que iba poniendo fuego a algunas casas al tiempo que se retiraban para embarcarse en sus galeras en la bahía de San Pablo, muriendo en este alcance 900 o 1000 turcos, y entre seis u ocho coseletes españoles, que murieron rendidos tras caminar siete millas más persiguiendo a los turcos, amén de las que ocho que habían caminado. Aparte de estos soldados agotados, murieron otros españoles por el combate: “De los nuestros no son cuatro los muertos de heridas”, según relataba Sancho de Londoño, maestre de campo del Tercio de Lombardía. La mayoría de los turcos, no obstante, pudo escapar. El mismo día 10 de septiembre, quedaban los turcos embarcados para marchar a Constantinopla.


De Tercio de Córcega a Tercio de Cerdeña
El 19 de octubre de 1565, informaba García de Toledo al rey: “Envío á D. Gonzalo de Bracamonte con su tercio en Cerdeña en las galeras del duque de Florencia, y va pagado
hasta el dia que parte, y avituallado hasta Cerdeña.”
Pero ya a mediados de enero de 1566, de nuevo debían apercibirse las tropas distribuidas por los estados italianos, “teniendo los avisos que se tienen de la venida de larmada del turco mas gruesa que el año pasado”, dando orden de que se acopiasen provisiones “al virey de Cerdeña para los del tercio de D. Gonzalo de Bracamonte que están allí”. El descanso invernal era para las tropas, pero la campaña de verano comenzaba a prepararse pronto.

Acerca de la denominación del Tercio, no habiendo llegado a Cerdeña hasta el otoño de 1565, y habiendo pasado hasta entonces más tiempo en Córcega, don García de Toledo escribía: “y el tercio de Córcega enviaré á Cerdeña para que invierne allí como V. M. lo tenia designado el año pasado”. Recibía antes la denominación de Tercio de don Gonzalo Bracamonte que la regional, pero evidentemente, no podía ser Tercio de Cerdeña sin haber puesto pie en esta isla.

Efectivamente, comenzaba el año de 1566 como el de 1565, la prioridad era el turco, y la armada prevista para ese año, que podía poner en un brete a cualquier parte del mediterráneo occidental.

La previsión inicial era poner una fuerte defensa en La Goleta [que se entendía había de ser el objetivo del turco ese año] acudir a Malta con una fuerza de unos mil hombres, y dejar un remanente de fuerzas en Sicilia para acudir allí donde hiciera falta, sin dejar sin defensa el resto de estados:
“En Cerdeña se pornán 1,400 italianos, y de allí se sacará el tercio que enviastes de D. Gonzalo de Bracamonte, que con las tres compañías que tomo y trujo de Ñapóles don
Alvaro de Bazao, se entiende que terna número de 1,800 soldados.”
En La Goleta, amén de los cinco mil españoles, habría cuatro mil italianos y tres mil alemanes, que guarnicionarían el nuevo fuerte que había de construirse.

En marzo, se determinó se enviasen a Malta tres mil españoles viejos de los presidios de Italia y tres mil alemanes que levantaba el conde Paris de Lodron. Realmente marcharían cuatro mil quinientos españoles [aunque en algún texto se indica cinco mil] entre los cuales encontraríamos 10 banderas del Tercio de Cerdeña.
A La Goleta se enviaba el Tercio de Nápoles [menos de tres mil hombres] y dos mil españoles más de varias unidades.
En julio parecía claro que no habría ataque: “pues el armada del turco da lugar para ello
con no dar muestra de venir allí ni en otra parte de las de acá”, por lo que se procedía a realojar a los distintos tercios en sus estados, aprovechando para acometer una reorganización “por excusar de gasto lo de acá , como porque los tercios estén cumplidos y se excusen tantos capitanes y oficiales”.
Respecto a las instrucciones dadas por el rey en relación al Tercio de Cerdeña, cuyas tropas habían de ser repartidas en los de Lombardía y Nápoles, don García de Toledo ejecutaba según su parecer “no habiéndose de dar mas que al duque de Alburquerque la gente que habrá menester para henchir el número que creo serán hasta setecientos ó ochocientos hombres, y no habiendo de quedar en este tercio mas de dos mil que ya los hay, sobrará buen golpe de gente al maestre de campo D. Gonzalo de Bracamonte” y respecto al alojamiento del Tercio, proponía don García de Toledo dos variantes: “que se entremeta la gente de su cargo en otras partes, ó si manda como será forzoso que vuelvan á alojar en Cerdeña”.
El 25 de julio informaba Sancho de Londoño, maestre de campo del Tercio de Lombardía, desde Malta: “quedan las diez compañías del cargo de D. Gonzalo de Bracamonte, y las cinco de Sicilia que están á cargo de D. Pedro de Padilla, y las diez que son á mi cargo, en todas habrá cuatro mil y quinientos soldados de servicio”.

En agosto de 1566 ya se tenían noticias de la alteración de Flandes, la furia iconoclasta, y se preveía que Felipe II acudiera a Flandes vía Italia, contando con la escolta que habían de hacerle estos soldados viejos, viaje que no haría su majestad sino el Duque de Alba, inaugurando el Camino Español.
Se procedió no obstante, a reorganizar y realojar las tropas, según el principio de que habían de quedar tres mil españoles en Nápoles y otros tantos en Lombardía:
“será conviniente que también saquéis la infantería spañola que está en Malta y la Goleta y la enviéis á Nápoles y Lombardía con la mayor brevedad que se pueda, repartiendo entrel un tercio y el otro los soldados spañoles que han estado y residido en Cerdeña á cargo de D. Gonzalo de Bracamonte y los que llevó D. Alvaro de Bazan”.
Proponía entonces el rey una reforma de los Tercios de Cerdeña y Sicilia, que no tuvo lugar por desinterés de los responsables de las unidades receptoras de las tropas.

En agosto llegaban a Sicilia las tropas que habían estado en Malta y La Goleta, tomándose muestra el día 30.
El 2 de septiembre, don García de Toledo informaba del envío al duque de Alburquerque [don Gabriel de la Cueva, gobernador de Milán] de “cinco compañías de las del tercio de D. Gonzalo dé Bracamonte […] y porque creo que será D. Gabriel forzado á reformarlos, me pesa en el ánima porque son muy buenos capitanes, y ansí lo son los demás que quedan de aquel tercio de D. Gonzalo”.
Entonces, el Tercio de Cerdeña se vio disminuido en cinco banderas, pasando a servir los soldados de estas en el Tercio de Lombardía.
Asimismo, informaba de que “otras seis [compañías] van á Cerdeña porque el duque de Alcalá me escribió que no habia menester mas soldados”.
La falta de necesidad de gente en los Tercios de Nápoles y Lombardía, y la poca disposición de esos estados de asumir más costes, salvaron al Tercio de Cerdeña de la reformación, pues de otra manera, se hubieran diluido entre ambos, como proponía el rey.
El 18 de septiembre, ya habían marchado las tropas del Tercio de Cerdeña en galeras “Las de Juan Andrea y Florencia fueron á llevar la infantería de Cerdeña y Lombardía, porque, como escrebí á V.M., el duque de Alcalá [virrey de Nápoles] no habia querido que se le rehiciese su tercio”.

A estas alturas del año, en la reordenación del aparato militar para la planificación del año próximo, la prioridad era ya Flandes.
El rey ordenaba que todas las tropas habían de ser enviadas a Lombardía, donde aguardarían su llegada, y servirían de escolta para su pasaje a Flandes, siendo sustituidas las tropas de guardia de esos reinos por compañías levantadas en España. Habían de ir en galeras hasta Génova, donde desembarcarían y caminarían hasta Milán.
No obstante quedaban las cinco compañías que se habían enviado a Cerdeña, y don García de Toledo en 25 de octubre pedía instrucciones al respecto: “suplico á V. M. me mande avisar qué se ha de hacer de la gente que fué á Cerdeña”.
A lo que el rey respondía el 27 de noviembre: “por la infantería que está en Cerdeña enviaréis para que se junte con la demás y no esté dividida”, aunque su idea era “que se hubieran incorporado y metido en las compañías y número ordinario que había de quedar como os lo escribimos”. Que se hubiera reformado, dividiéndose en los Tercios de Nápoles y Lombardía.

De Italia al Ejército de Flandes
En 1567 se inician los preparativos necesarios para disponer ese verano de las tropas españolas en Flandes. El duque de Alba partía de Cartagena bordeando la costa mediterránea en las galeras de Andrea Doria, junto con 17 banderas de españoles bisoños que habían de quedar en los presidios italianos, de las cuales, cuatro caminarían junto al Tercio de Cerdeña.
Los Tercios se reunieron en los estados de Lombardía, marchando el 20 de junio, inaugurando el llamado Camino Español, llegando a Namur el 20 de agosto. El Tercio de Cerdeña estaba formado por 10 compañías, con un total de 1728 hombres, según Bernardino de Mendoza, cifra obtenido de la muestra que se realizó en Aste el 2 de junio.
Al Tercio de Cerdeña se le señaló el alojamiento en y alrededores de la villa de Enghien, a una jornada de camino desde Bruselas, a la cual se preveía debería acudirse con causa de algún tumulto o por realizar defensa de la misma.
Se inició entonces una represión apresándose y ajusticiándose muchos de los personajes principales que se entendió habían sido cabecillas de la rebelión, pero no fue hasta la primavera de 1568 cuando se iniciaron movimientos bélicos propiamente dichos. En Abril se rompen las hostilidades, pero el Tercio de Cerdeña no es movilizado de inmediato. Gonzalo de Bracamonte recibe el orden de desplazar a las 8 de las compañías del Tercio a su cargo alojadas entonces en Bolduque, para reuniéndolas con las otras dos que guarnicionaban Oudenaarde, para ponerse a las órdenes del conde de Mega, y romper a los rebeldes alojados en Boxmeer, mas a medio camino, los rebeldes desalojan Boxmeer, y entran en Grave, con lo que don Gonzalo se dirige a esta villa.
Teniendo noticia del previsible cerco al que le han de someter las tropas reales, los rebeldes desalojan la villa, entrando en ellas dos compañías del Tercio de Cerdeña, y alojándose el resto en los contornos de la misma, quedando entonces situados en la posición idónea para ser seleccionados en una marcha al norte.

La batalla de HeiligerleeConocedor el duque de Alba de la ocupación del castillo de Wedde [propiedad patrimonial del conde] y del campeo que en tierras de Frisia hacían 6.000 infantes a cargo de Ludovico de Nassau, hermano del príncipe de Orange, es enviado Johann de Ligne, conde de Arembergh, al mando de 5 banderas de alemanes bajos de su regimiento, auxiliado por las 10 compañías del Tercio de Cerdeña a cargo de Gonzalo de Bracamonte, que embarcados en Ámsterdam con 6 piezas de artillería se unieron con el conde a su llegada a Frisia.
El Conde de Mega o Megen, acompañado por el castellano Andrés de Salazar, con 4 compañías de su coronelía, y las 3 de caballos ligeros [lanzas o celadas, españolas, italianas o albanesas] alojadas en Bolduque, partieron tras de él, habiéndose de reunir en tierras de Groninga.

El 22 de mayo la arcabucería del Tercio de Cerdeña traba escaramuza con los rebeldes, haciendo que estos se retirasen a Dam [Appingedam] donde tenían su alojamiento. Las murallas de la villa que habían sido demolidas en 1536 por orden de Carlos V no hacían de este lugar el idóneo para el planteamiento de defensa alguna, por la cual cosa, los rebeldes abandonaron Dam caminando hacia el este, encontrando alojamiento fuerte en la abadía de Heyligerlle [monasterio de monjas agustinas] lugar elevado sobre la campiña circundante.

El 23 de mayo las tropas de Arembergh y Bracamonte, caminan aprisa tras los enemigos, recibiendo aviso durante la mañana que el conde de Mega ha de llegar esa misma noche, no obstante, no aguardan la llegada de los rebeldes y siguen en su acoso a los rebeldes.
Al llegar por el camino que conducía a la abadía, ven dispuestos a los enemigos en dos escuadrones, uno de unos 1600 infantes, y el otro de unos 900, guarnicionados ambos con mangas de arcabuceros, a un lado la caballería, y al otro, sobre una pequeña loma contigua a un bosque, una manga de arcabuceros mayor.
Los arcabuceros españoles que iban en vanguardia por el camino, llegaron al puesto que ocupaba esta manga de arcabuceros, y con las seis piezas de campaña que llevaban, comenzaron a batirles, haciendo desalojarles el puesto, retirándose hacia sus escuadrones.
Sin aguardar los arcabuceros españoles que se formase su escuadrón a las espaldas [formación que es la fuerza de un ejército, desde donde se alimenta el combate que se hace con la arcabucería, y donde se pueden recoger los soldados si son rotos por el enemigo] comienzan a perseguir a los arcabuceros del enemigo, y asimismo doscientos coseletes [piqueros con armadura] que salieron a la deshilada [sin mantener ninguna formación]. Estos hombres serían rotos por las mangas de arcabuceros y los propios escuadrones del enemigo, que manteniendo su formación, detrás de un terreno privilegiado.
Bernardino de Mendoza atribuye al terreno lleno de fosos y lodazales por la acción extractora de la turba la mala actuación de los soldados; pero este mal terreno no impidió a los rebeldes matar a los que les atacaban, así que puede entenderse que fue el ataque desordenado y no el terreno, el que hizo perder la batalla a las tropas españolas.
El conde Arembergh había trabado batalla a su vez con la poca caballería que llevaba, alguna tropilla formada por caballeros particulares, contra la caballería del enemigo gobernada por Adolfo de Nassau. Ambos murieron en el choque, atribuyéndose al conde la muerte del tercer hermano de los Orange.
Vista la rota de la vanguardia española por las banderas del regimiento de alemanes de Arembergh, cinco [que salvaron el pellejo] se rindieron rápidamente, negociando no servir al rey de España por seis meses.

Los españoles, que no habían formado escuadrón, viendo la huida de la vanguardia y el resto de los alemanes que huían, comenzaron a huir seguidos por los rebeldes, teniendo la suerte de encontrarse las tres compañías de caballos que venían con el conde Mega a cargo del castellano Andrés de Salazar, y oyendo las cornetas de la caballería, temerosos de la llegada de un refuerzo, se retiraron los rebeldes a su puesto en la batalla, salvándose entonces los que escapaban.
El resto de la rota de Heiligerllee, fue recogida por el regimiento del conde de Mega, que caminaba tras Salazar. Tras pasar la noche en Zuidbroek, se retiraron tras lar murallas de Groninga, guardada por cuatro banderas de alemanes del coronel Schamburg.
Murieron unos 450 españoles en la batalla, entre ellos, los 200 coseletes que se adelantaron tan temerariamente, perdiéndose las seis piezas de artillería. Entraron en Groninga algo más de 1000 españoles, cuando la muestra del Tercio de Cerdeña hecha en julio de 1567 era de 1728 hombres.

En Groninga quedaron estas tropas cercadas por los rebeldes, habiendo el duque de Alba en persona al mando del Ejército a acudir al rescate de los sitiados, produciéndose el 14 de julio una batalla en la que las tropas de don Gonzalo saldrían de los murallas de la villa para unirse al ejército de socorro, rompiendo a los rebeldes, e iniciándose una persecución de los mismos que culminaría en la victoria de Jemmingen, donde el enemigo sería arrinconado contra el río Ems, y masacrado el día 21 de julio de 1568.

Del Tercio de Cerdeña, Bernardino de Mendoza únicamente destacó al capitán Pedro González de Mendoza, que formó parte de la arcabucería que tomó la vanguardia.
Al regreso de Jemmingen, situada en la Frisia Oriental alemana, las tropas de Alba pasaron por delante de la villeta de Heiligerlee, de infausta memoria para los derrotados soldados del Tercio de Cerdeña. Se había extendido el rumor de que algunos de los soldados huidos en la batalla tenida lugar en mayo, habían buscado refugio en los alrededores, y los habitantes del lugar los habían asesinado o entregado a los de Nassau. Como venganza, los mochileros y algunos soldados del Tercio, que caminaban de retaguardia, pusieron fuego a las casas, según Mendoza de manera tan metódica “que si se les hubiera dado algun mandato particular para hacer aquel daño […] no lo ejecutaran tan puntualmente”.
Al duque de Alba le había quedado una espina clavada por el comportamiento que él había juzgado cobarde en la batalla de Heiligerlee, y aprovechando el desorden – aunque él era partidario de la disciplina en todo caso – procedió a disolver la unidad, repartiendo los soldados en las compañías de los demás tercios, siendo por tanto el de Cerdeña el primero en ser reformado en el Ejército de Flandes, dejando únicamente en pie la bandera del capitán Martin Díaz de Armendarez, de 400 arcabuceros, el cual se hallaba en Italia en aquel tiempo.
El duque de Alba informaba de esta manera al rey: “Escribí á V. M. como habia reformado el tercio de Cerdeña. Yo lo hice por no tener aquella estatua en pié que pudiesen decir que españoles habían huido sin orden, y aguardé á tomar ocasión de ciertas granjas que tomaron en Frisia , por cumplir al servicio de V. M. castigar el un delicto y el otro, hice meter los soldados entre los otros tercios”.
No obstante esto, disculpaba el duque de Alba a su maestre de campo: A D. Gonzalo de Bracamente y á D. Pero González su hermano, que como capitán de arcabuceros estuvo con la artillería hasta la postre y peleó muy bien y á otros oficiales les he hecho agravio, y conviene que V. M. les haga merced, y se lo recompense en otra cosa”. Ese mismo año, se le concedía a don Gonzalo el mando del recién creado Tercio de Flandes.



Bibliografía1) Respecto a la jornada del peñón de Vélez de la Gomera y a la marcha a Córcega de las tropas, y por ende, de la formación del Tercio.
Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, v.XXVII

2) Respecto al movimiento de las galeras desde Sicilia a Malta.
Malta 1565, Osprey Campagin 50. Tim Pickles.

3) Respecto a la presencia en Córcega y a la jornada de Malta y La Goleta.
Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, v.XXIX
[hay un documento curioso: una petición al duque de Florencia para levantar 3.000 hombres en su ducado]
[Nota 1] En la p.327 se da una justificación para que Figueroa salga de Córcega.

“fuera forzado comer del bizcocho que se habia de sacar en Malla con la gente, que iba ensacado en tantos sacos cuantos hombres pensábamos saltar en tierra , para que cada uno llevase su saco, en que iban ochenta libras de bizcocho que se hacia cuenta bastarían para treinta dias”
Descripción del desembarco en Malta: CoDoIn 29 p.507 y ss.

4) Respecto a la guarnición en Malta y La Goleta del año 1566 y a los apercibimientos para que las tropas marchasen a Flandes:
Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, v.XXX

Carta de S.M a don García de Toledo. 13 de agosto de 1566
La infantería española del tercio de D. Gonzalo de Bracamonte y la que de acá llevó D. Alvaro de Bazan en las galeras, repartiréis en los tercios de Nápoles y Lombardía, como por esa otra carta os ordenamos, quedando en ese reino [Sicilia] los dos mill soldados que ha de haber ahí , no embargante lo que os escribió el duque de Alcalá , á quien yo doy aviso de lo que en esto proveemos , porque siendo así como escribís que el tercio de Nápoles no tiene cumplidos tres mill soldados , y que en el de Lombardía no hay con mucho otros tantos, parece que en ambas partes se debe repartir los que habrá en el tercio de D. Gonzalo y los de D. Alvaro que tenemos relación que al presente no llegarán á dos mill soldados, y como quiera que sea se debe esto ejecutar asi por excusar de gasto lo de acá , como porque los tercios estén cumplidos y se excusen tantos capitanes y oficiales.

Carta de S.M a don García de Toledo. 26 de septiembre de 1566
Para los efectos que os escribí por la carta de XI de agosto he determinado que toda la infantería española, así del tercio de Nápoles como la que tenéis en ese reino y la del tercio de Lombardía, en que se comprende la extraordinaria que había en la Goleta , que según lo que últimamente escribís será hasta siete mil infantes, ó los que mas hubiere , se recojan, junten y lleven al estado de Milán para que allí se alojen y entretengan, como lo escribimos al duque de Alburquerque, por ser mas á propósito para mi pasaje en Flandes. y por que lo desas partes quede bien proveído, como es razón, habemos ordenado que en estos reinos se levanten luego otros siete mil hombres que se enviarán en navios este invierno con toda la brevedad posible para que entren y queden en lugar de los viejos que se sacan , en cada parte el número ordinario que suele y ha de haber, para lo cual bastarán

Carta de S.M a don García de Toledo. 27 de noviembre de 1566.
Los siete mill infantes habemos mandado levantar y elegir y nombrar para ello treinta capitanes, los cuales son ya despachados, y los navíos y vitualles para su pasaje se ponen á punto é irán á tiempo dirigidos los unos á Nápoles y los otros á Secilia y Lombardía para que estas partes queden bien proveidas y aseguradas.

5) Respecto al desplazamiento a Flandes de 1567,
Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, v.IV

Carta del Duque de Alba á Felipe 11. Cartagena 26 de abril de 1567
envié desde la Roda á los 20 deste al maestro de campo D. Gonzalo de Bracamonte,
y escribí aquí á Juan Andrea para que le hiciese dar galeras en que pasase á los Alfaques para hacer embarcar sobre ellas las dos compañías que habian de estar en Tortosa.


6) Respecto a los sucesos en Flandes de los años 1567 y 1568
Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, v.XXXVII

Comentarios de don Bernardino de Mendoça de lo sucedido en las guerras de los Payses Baxos : desde el año de 1567 hasta el de 1577, p.28-73

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