Los estradiotes - soldados de caballería ligera balcánica - eran bastante populares en Italia a finales del siglo XV. El ejército de los Reyes Católicos a cargo del Gran Capitán los empleó, y en la batalla de Ceriñola había un contingente de al menos cincuenta estradiotes que sirvieron junto a los jinetes españoles. La monta a la estradiota se trajo a la península ibérica y hasta hubo tres compañías de estradiotes españoles en el ejército imperial en Lombardía en la época de Pavía [1525].
Más allá de la adopción, ciertamente tímida, de esta escuela de monta y combate, los ejércitos al servicio del rey de España continuaron reclutando estradiotes para sus empresas militares.
El caso de los «capeletes» de Corón resulta paradigmático.
Los estradiotes coroneses habían servido a la Señoría de Venecia hasta que la plaza fue conquistada por Bayaceto en 1500. Caída la plaza muchos continuaron en servicio veneciano formando parte de las guarniciones que la Señoría en el Mediterráneo e incluso embarcándose en armadas.
![]() |
| Estradiotes al servicio de los estados italianos que combatieron al ejército de Carlos VIII de Francia en la batalla de Fornovo en 1495 cargan y ahuyentan a los hombres de armas franceses. Podemos ver que los estradiotes llevan sombreros altos en la cabeza y la mayoría se protege con camisas o cotas de malla. Aquí aparecen armados con espadas curvas, del tipo cimitarra, aunque podemos ver a uno de ellos cargando con lanza y protegiéndose con el escudo curvo que los españoles llamarían «tablachina», en ocasiones llamado también «targa». |
En 1532, tras la conquista de la ciudad griega de Corón por parte de una armada imperial capitaneada por Andrea Doria, la plaza quedó a cargo del maestre de campo Jerónimo de Mendoza al mando de 9 compañías de infantería española. Pero este contingente no tenía caballeria. Estaban en el Peloponeso en una zona controlada por el «famulario de la Morea», gobernador de la provincia o reino de Morea en nombre del Gran Señor Solimán. Así pues, cada vez que tenían que realizar alguna salida debían contar con caballería local.
Esta caballería local eran estradiotes, llamados por los españoles «capeletes» por los altos sombreros típicos de los albaneses. En 1532 los coroneos - griegos y albaneses - se emplearon al servicio de Carlos V como estradiotes que complementaban las tropas de infantería española.
![]() |
| Tres caballeros albaneses de mediados de siglo XVI, según recoge el Códice de trajes de 1547 que se conserva en la Biblioteca Nacional de España. |
Cabe tener en cuenta que buena parte del enorme poderío turco se basaba en su caballería, tanto regular como irregular. Las compañías de estradiotes eran pequeñas, de entre 20 y 30 hombres, que servían en labores de información, exploración y escolta.
El capitán Lazaro Siraco, por ejemplo, partió en enero de 1533 a «tomar lengua», capturando dos turcos, un «subasçi» y un jenízaro. Estos informaron de los movimientos de tropas de los «sanjacos» de la Morea y Negroponte que con sus tropas destruían los molinos de los pueblos griegos donde se hacía la molienda del grano que alimentaba a Corón.
Tras socorrer la plaza en agosto de 1533, Andrea Doria dejó 3 compañías de caballos ligeros españoles. Pero siguieron sirviendo en la plaza 5 compañías de estradiotes albaneses y dos de estradiotes griegos.
En enero de 1534 Machicao, maestre de campo y gobernador de la plaza, decidió emprender la infausta jornada de Andrusa en que perdería la vida junto a 118 compañeros. En la retirada «se señalaron el capitán Lázaro y el capitán Barbate, con los turcos que venian á caballo» que persiguían a los cristianos que se retiraban a Corón. En marzo de 1534 se ordenó evacuar la ciudad del Peloponeso. Aparte de la guarnición española, sus mozos, mujeres y clérigos, se invitó a los pobladores de Corón a trasladarse a tierras del rey de España en Italia.
Muchos de ellos se instalaron en el reino de Nápoles y en 1536 Carlos V les otorgó un estatus especial, con exención de impuestos y otras franquezas. En 1535 durante la jornada de Túnez los capeletes tuvieron la oportunidad de participar en un empresa junto a su nuevo señor.
El 21 de junio desembarcaban para participar en el asedio de La Goleta. Según Sandoval los capeletes era «albaneses de su naturaleza, y la lengua que hablan es griega». Es probable que el cronista mezclase ambas comunidades que tendían a servir conjuntamente.
En los reinos de Nápoles y Sicilia se habían establecido, siendo reconocidos con sus privilegios como «los griegos y albaneses de Corón habitantes en esse nuestro reyno», aunque no todos eran estradiotes, pues había muchos exiliados civiles, hasta cerca de cinco mil.
Entre los participantes en la jornada de Túnez se destacó el capitán Lázaro Siraco que entró en una escaramuza «con sus capeletes albaneses [...] y peleó bien». El capitán Lázaro combatió en Italia y se distinguió combatiendo contra los franceses en 1537.
Según Sandoval llevaban «lanza y ristre de armas, con maza de hierro; arman el cuerpo con coselete de enristre y brazales; la cabeza, descubierta. Algunos traen cotas de malla». Esta armadura, aunque ligera, les daba más protección que la mayoría de guerreros turcos o árabes.
Por la iconografía sabemos que, además, solían usar escudos recogidos similares a las «tablachinas» húngaras, montando con silla estradiota de estribos largos, estando la estradiota a caballo entre la monta a la jineta española y la de los hombres de armas.
Los capeletes griegos y albaneses llegaron a embarcarse en la armada que ganaría Castelnuovo en 1538, y en esa plaza se quedaron de guarnición.El capitán Lázaro quedó con 40 hombres «cavallos ligeros», todos «griegos y albaneses praticos y experimentados en la guerra».
Además gobernaba a otro tanto número de hombres que habían servido como caballos ligeros, pero que en ese momento estaban descabalgados y servían a pie, seguramente por no haber tenido la posibilidad de embarcar sus monturas en las naves de la armada.
Además había otros cinco capitanes con unos 25 hombres cada uno «griegos y albaneses aventureros», que no tenían sueldo, pero sí ración en la plaza. Los estradiotes combatieron a los turcos que asediaron la plaza en el verano de 1539.
Sandoval recoge que en Castelnuovo había «ciento y cinquenta capeletes de cauallo con el capitán Lazaro de Coron, y otros muchos griegos, con el cauallero George y con Andres Escrapula y otros capitanes, y todos gente que tenia honra».
Tenemos noticia del destino de algunos de estos capitanes tras caer la plaza: «Dizen que el capitán Lázaro estava en su posada malherido y que no le mataron a él y al capitán Andrés y al cavallero George y al capitán Paulo, que todos estavan heridos y que los llevaron al turco».
En 1563 los griegos y albaneses de Corón del reino de Nápoles aún recordaban en un memorial presentado a Felipe II los servicios hechos por sus antepasados en la guerra contra el turco:
«que dichos griegos coroneses sirvieron fidelíssimamente en la empressa y defensión de dicha ciudad derramando mucha sangre, moriendo en dicho assedio por servicio de la fee christiana y de su Majestad más de dos mil coroneses y continuando dichos servicios dexaron su patria y sus haziendas [...] se vinieron en dicho reyno de Nápoles con la armada de su Majestad, donde y en otras partes han servido en todas las guerras passadas con grande estento, fatiga y espesa».
Como tantas otras comunidades, parte de los coroneos hicieron del servicio militar su modo de vida, facilitando su incorporación a la sociedad de acogida.






