Veamos un par de acciones menores, pero significativas de los soldados de infantería española en la defensa de las fronteras orientales del imperio durante el reinado de Carlos V. Dos encuentros, el de 500 arcabuceros españoles con 4000 tártaros del ejército de Solimán, durante la intentona sobre viena en el año de 1532 y el de 500 arcabuceros españoles en «Esclavonia» en junio de 1529.
Los corredores tártaros y valacos del Gran Señor
Los tártaros no eran súbditos de Solimán, ni tampoco mercenarios, sino «aventureros» que iban acompañando el ejército del Gran Señor como «corredores».
Aunque en el asedio de una ciudad como Viena directamente no tenían mucho que hacer, estos corredores tenían su importancia.
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La escena, plasmada por el grabador Hans Guldenmund sobre un dibujo de Erhard Schön - «Greueltaten im Wienerwald» o atrocidades en los bosques de Viena - puede ser exagerado, sino inverosímil; el empalamiento se aplicaba a combatientes masculinos adultos, y además, las mujeres valían más como cautivas que muertas, pero sirve para ilustrar el imaginario de terror presente en las sociedades de frontera de la época. Imaginario en el cual los corredores jugaban un papel fundamental. Imagen: Wienmuseum |
Por otra, los defensores locales, aquellos hombres que tenían que prestar servicio armado en los apercibimientos, estarían menos dispuestos a acudir a defender plazas estratégicas.
Si el turco amenaza mi pueblo, mi familia, mi ganado, ¿qué se me ha perdido a mí en Viena?
Los locales quedaban, en palabras de Nicolaus Gerendi: «en grandissima desesparacion», «con llanto lloro y lagrimas [...] todos espantados y de los enemygos escarnescidos [...] y nostros amigos huidos y deshechos».
Mientras que los atacantes se envalentonaban con el éxito de sus acciones, quedando «en su porposito esforçados».
A la estela de Solimán acudían corredores de otras naciones.
En octubre de 1529, mientras el turco se retiraba del cerco de Viena, Gerendi, obispo de Hermannstadt, ciudad sajona en la provincia de Transilvania del reino de Hungría, escribía con desespero a Fernando de Austria:
«entraron los Valacos de Valaquia y corriendo todo el Reyno qremaron muchos lugares Saxones suditos de uestra magestad».
Esta acción fue aprovechado por Juan Zápoliya, vaivoda de Hungría y vasallo de Solimán, para tomar varias ciudades:
«los del Juan en todo destruieron qremaron robaron y mataron y las fuertalesas tienen en su poder, salvo las ciudades Cibinio et Brassovia viam Zazbes ha qual ya a gran tiempo cercaron y cada dia pelean muy reziamiente».
Las ciudades quedaban desabastecidas y no se podían por mucho tiempo sostener «por que los lugares donde uvieron el vastimento, todos estan qremados y en poder de los enemigos y todos los caminos con grand crueldad guarchados que ninguno de nos otros osa salir en el campo».
Además de desabastecer ciudades enemigas, los corredores servían para alimentar el ejército del Gran Señor.
En junio de 1529, unos turcos corrían las tierras de «Esclavonia» apresando ganado.
500 arcabuceros españoles se emboscaron, mataron a 80 de ellos y apresaron a 40 o 50 y recuperaron unas 200 cabezas de ganado.
Los corredores también hacían cautivos.
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Sipahi con prisioneros, 1529 Grabado de Hans Guldenmund sobre un dibujo de Erhard Schön, Wienmuseum |
Los tártaros de 1532, según el capitán español de Linz, «pactaron con el turco antes que de su tierra saliesen, que de cualesquier cristianos que aprendiesen, les fuese dado un ducado de oro».
El terror en la población, el desabastecimiento del enemigo y el abastecimiento propio, hacía de esta caballería aventurera y oportunista, una herramienta muy importante para la estrategia de expansión militar de la Sublime Puerta, fueran o no estos corredores «gente de cuenta».
El capitán informaba de que «a los cuatro de agosto llegaron á este campo treinta mill tártaros, los cuales atravesaron por caminos muy largos, é vinieron en favor del turco».
Cruzaban los ríos sobre sus caballos: «han pasado muchas veces el Danubio, y han hecho mucho daño».
Pero una vez «quinientos arcabuceros españoles salieron de Viena contra cuatro mill tártaros destos, y los desbarataron y metieron en huida, tanto, que los unos á los otros no se esperaban, huyendo cuanto mas podian de manera que cuando llegaron á pasar el rio, se ahogaron mas de trecientos; asi que cuando les muestran la cara, son muy ruin gente, ansí como son los villanos de Italia y aun son peores».
Pero ruín gente o no, bien lo sabía el obispo de Hermannstadt, cumplían su función.
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