La batalla de Bicoca, 27 de abril de 1522

Mercurino Arborio, marqués de Gattinara, gran canciller del emperador, escribió una carta a Carlos V el 30 de julio de 1521, en la cual exponía puntos a favor y en contra de las empresas de guerra. Expuso siete en contra y diez a favor, y finalmente, por lo tanto, recomendó a su joven señor que se postulase contra la tregua y que adquiriera reputación movilizando "votre premiere armee" en Italia y Países Bajos.

El objetivo del ejército imperial era retornar Milán al desposeído Sforza, recuperándola de la mano de los franceses, conquistar Génova y ayudar al restaurado duque a reconquistar las tierras ganadas por venecianos a costa de su ducado.

Contaban con un aliado fenomenal, el papa León X, nacido Giovanni di Lorenzo de' Medici, que contaba con los recursos de los estados de la Iglesia y de sus estados patrimoniales florentinos, que se hallaba en conflicto con el duque de Ferrara, aliado francés. Igualmente, el marqués de Mantua les daba su apoyo.

Proyectaba el canciller un ejército para una campaña de 4 meses, financiado con rentas de España y Nápoles. No costaría más de 100.000 ducados toda la operación, pagándose la "gente de armas ordinaria" - o sea, los hombres de armas o caballería pesada - de otra manera.

Se equivocó Gattinara en su previsión; la guerra entre la corona de Francia y la de España por el dominio de Italia, por "la pacificación de estos estados", había de durar casi cuarenta años.

Tránsito de 1521 a 1522. Las grandes reclutas

Milán fue tomada el 19 de noviembre. Las tropas imperial-pontificias entraban por la puerta romana, mientras que los franceses y venecianos abandonaban la ciudad por la de Como. El castillo de Milán, no obstante, quedaría en manos francesas por varios meses más.

Tropas españolas parten hacia Como para impedirles este refugio a su enemigo, puerta de Suiza al Milanesado, rindiéndola con capítulos.

León X muere el 1 de diciembre. El colegio cardenalicio, a la espera de elegir sucesor, reconcentra sus esfuerzos en sus zonas de interés directo, continuando su disputa con el duque de Ferrara.

Las tropas suizas a sueldo de la Iglesia reclutadas por el cardenal Schinner, dejan Milán y se redistribuyen asegurando plazas fuertes de interés para su señor y aliados: Plasencia, Parma y Bolonia. El ejército papal, a cargo de Giovanni de Medici, el joven Joanin de las Bandas Negras marcha a Perugia, separándose definitivamente del de Su Majestad.

Se extiende el rumor de que los franceses no abandonarán sus pretensiones sobre Milán tan fácilmente: el Gran Bastardo de Saboya, tío de Francisco I, acude con 300 mil ducados a Suiza en una "grande ambassade" con la pretensión de reclutar a 16.000 hombres.

Aunque en el campo imperial se asume que no pueden ser más allá de 80 mil los ducados de que dispone el enemigo, se movilizan para realizar una reclutar equiparable a la suiza: los lansquenetes germanos son el contrapunto único posible a los confederados helvéticos. El duque de Milán, exiliado en Trento, recluta 8.000 [1] lansquenetes con cargo a sus rentas. Jerónimo Adorno, lugarteniente del Sforza, trae ya 6.000, en nombre de Su Majestad. La mano del Emperador, y también su bolsillo, mueve a George von Frundsberg a acelerar esta impresionante recluta en el Tirol y sur de Alemania.

Las dudas surgen respecto a la ruta a seguir por parte de estos contingentes: ¿por la Terra Ferma a pesar de las bandas de venecianos, o por Grisones saliendo a Como? Francia soborna, subsidia, al duque de Birtenberch [Wurtemberg] para que impida las reclutas en Suabia.

La estrategia en materia de recursos humanos por parte de ambos contendientes, el bando imperial, y el francés, se basa en la masa: el número de soldados será quien proporcione el dominio sobre el terreno, y por lo tanto, la victoria final. Quien consiga reunir el mayor número en el menor tiempo, será quien inicie los movimientos con ventaja.

A mediados de febrero, los 6.000 lansquenetes a cargo de Jerónimo Adorno, según informa él mismo por cartas, estarán en Como. Han conseguido salvoconducto de los señores grises [2] para atravesar sus valles. Llegan noticias de Suiza: ya hay 7 u 8 banderas en Bellinzona, en el valle que desemboca al lago Mayor, esperando para entrar en el Milanesado.

La ciudad de Milán se moviliza: los burgueses están dispuestos a la defensa, y amén de comprometer a sus propias personas a llevar a cabo dicha tarea, reclutan a 6.000 infantes forasteros - paisanos italianos. La dirección del ejército imperial los considera de poca o nada ayuda, pero no obstante, pueden guarnicionar alguna plaza, o hacer bulto [3].

Estorbar el paso al enemigo, y asegurarlo al amigo, es fundamental. Hernando Castriote, marqués de Civita Santangelo, con 500 caballos ligeros, marcha hacia Varese para estorbar las vituallas a los suizos. En el lago de Como, los enemigos toman barcazas que iban a ser utilizadas para posibilitar el cruce del socorro de lansquenetes que han de venir por grisones. El marqués de Pescara hace un puente para cruzar el Adda en Cassano, para los lansquenetes que trae Adorno. Doscientos caballos ligeros del enemigo les siguen, pero no se atreven a acometerles. Tan sólo vigilan sus movimientos.

A finales de febrero, los lansquenetes han cruzado el Adda, y se alojan en Gorgonzola. Son 3.000 y no 6.000 como se había prometido. Los suizos, por su parte, han juntado 14 banderas en Varese. Castriote da sobre la retaguardia de estos al quedarse parte de ellos atrasados con los carros atascados en el lodo, matando cerca de 300 de ellos. Se interceptan cartas francesas donde se reprocha el que no se haya estorbado el paso a los lansquenetes.

Venecianos y franceses se movilizan para juntarse con los refuerzos suizos. Dejando Cremona, marchan hacia el Milanesado cruzando el Adda. 2.500 infantes a sueldo de venecianos, 2.500 a sueldo de franceses, 800 lanzas y 13 piezas pequeñas de artillería. En Monza se les unen los suizos a cargo de Anne, señor de Montmorency, futuro duque, con los Feld Oberst, Albert de Stein, y Arnold de Winkelriedt. Toman la iniciativa frente a unos imperiales acantonados en Milán, la llave del ducado y del norte de Italia.

En Trento todavía a primeros de marzo, el duque de Milán pasa muestra a los lansquenetes tiroleses: 7.000 "muy buenos".


Hacia la batalla

La guarnición francesa del castillo de Milán, muriéndose de hambre, intenta una facción viendo que se aproxima el ejército franco-veneciano a Milán, reforzado ya por los suizos, que se ubica en el Jardín, un parque al norte de Milán.

El ejército franco-veneciano, se divide en dos cuerpos e inicia trincheras para poder plantar su artillería e iniciar batería. Se realizan distintas salidas: el 8 de marzo, Juan de Urbina por la puerta Bercelina, y el 10, el capitán Bolaños. Los soldados venecianos que se prenden son muy pobres, con apenas tres cuatrines en la bolsa.

El duque de Milán viene ya con sus lansquenetes, unos 6.500, cruzando el Adda por Cassano.

El ejército franco-veneciano se retira de Milán, montando su campo en "Cassin". Los suizos, aún cuando vienen para servir por tres meses, están dispuestos a prorrogar su servicio, si se les paga.

Thomas de Foix, señor de Lescun, viene desde Génova con un socorro de unos 3.000 suizos, 1.000 infantes italianos, 200 hombres de armas y 4 piezas de artillería con la intención de unirse a su hermano, Odet de Foix, vizconde de Lautrec, mariscal de Francia, jefe de las tropas francesas, y desposeído gobernador de Milán.

Lescun toma Novara a finales de marzo casi sin oposición, lo que hace enfurecer al Emperador cuando tiene noticia de ello en Bruselas, aún cuando se le exponen diversas excusas. Santangelo marcha a quemar un puente sobre el Ticino, para aislar Novara durante al menos seis días, para impedir que ambos cuerpos se unan, pero se ha de retirar sin llegar al río, ante la presencia de tropas enemigas muy superiores.

El joven Joanin de Medici, pasa a servir a sueldo del rey de Francia, y 100 españoles que con él luchaban, marchan a Pavía para ponerse bajo bandera de su príncipe natural. El famoso condiottero es ahora objeto de gran odio por parte de los imperiales.

El 11 de abril, el Emperador manda una nueva misiva urgiendo a que no se entretenga la guerra, y se realicen acciones significativas, pues "el camino que hasta agora llevan no es de acabar, sino de hacer infinita la guerra". Envía al virrey de Nápoles para contrapesar a Próspero Colonna, cuya dirección de la guerra esta puesta en entredicho. El Abad de Nájera, comisario imperial en el campo, protesta a S.M: "esta guerra se difiere sin culpa de los Capitanes de Vuestra Majestad".

Los franco-venecianos han marchado ahora hacia Pavía, con objeto de cercarla y, quién sabe, si tomarla. El ejército imperial marcha hacia Certosa de Pavía, con el objetivo de levantar el cerco, pero sin plantear batalla.

Una vez estando acampados en la Cartuja de Pavía, el 18 de abril, el ejército imperial tira con artillería y hace señales de humo para avisar a los amigos cercados de su llegada. Inmediatamente, los sitiadores levantan el cerco, quemando los venecianos el burgo donde se alojan, y se ponen en batalla, aguardando la noche. A la mañana siguiente, no hay rastro de ellos; han partido aprovechando la oscuridad.

 El rumor es que el enemigo parte a toda prisa para Milán para asaltarlo aprovechando que el ejército imperial no se halla allí para defenderlo. Se inicia una serie de movimientos de uno y otro campo, estorbándose los caminos y el avituallamiento, pero sin querer ninguno de los dos plantear batalla. La "verdadera opinión" que los Capitanes de Su Majestad tienen a 24 de abril es la que sigue:

este pays es tan fossado y fuerte, que jamás dos exercitos conbatyran que no pyerda el que va a buscar el otro en su alojamyento etiam que llebe más gente el que va a frontar; de manera que es menester que anbos exercitos se concierten de salyr a vn lugar ygual

El 26 de abril, los imperiales se alojan en un lugar fuerte y fosado en Bicoca. Franceses y venecianos, que acampaban a Gorgonzola, se desplazan a Monza. El 27, se presentan ante el campo imperial. Piensan plantear batalla.

El bando imperial

La infantería

El ejército imperial tenía una infantería constituida por 10.000 lansquenetes, 3.500 españoles, 2.000 infantes italianos y 4.000 paisanos italianos, que no recibián siquiera la consideración de soldados.

La caballería la componían 1.000 hombres de armas y 900 caballos ligeros.

De los diez mil lansquenetes, 2.000 eran veteranos de la toma de Milán, y el resto, los refuerzos aportados por George Frundsberg, que habían sido traídos en dos contingentes, uno de 3.000, conducido por Jerónimo Adorno, lugarteniente de Ludovico Sforza, y otro, por el propio duque de Milán, de 5.000 hombres [4]. Las tropas a cargo de este último, no llegaron a formar en la batalla, pues se incorporaron tardíamente al campo imperial:

y, de la otra parte de un fosso, estava el Duque de Mylan que a la ora avya llegado con syete o ocho myll ynfantes y más de dos myll caballos ligeros y de armas.

Respecto a la calidad de las tropas, sabemos que la infantería era buena, y bien equipada, sobretodo los infantes españoles que eran veteranos:
la infanteria toda muy byen armada, especialmente la spañola que allende de las armas no ay infante que no aya hecho un jubón de brocado tela doro, o de dos sedas picasle para se vestyr el dya de la jornada que se ha de hazer [4 de marzo de 1522]

Y que se pertrecharon bien antes de combatir:
Toda la Infantería Spañola está muy byen armada ; a todos los que no tenyan coseletes se les an dado vn coselete, vn braçal izquyerdo y vn capro, un ducado de oro pagado en la primera y segunda prymeras pagas que bernan, y sy es media celada y no capro cuesta dos carlines más. Los alemanes de Vuestra Magestad an tomado algunos más, muy pocos, destos coseletes y temo que ansy lo harán los que vyenen con el Duque, avnque an avysado que se les tengan aparejados para quando vengan.

Detalle de distintas protecciones de la cabeza de soldados españoles en Túnez [1535]. 


Vemos que la infantería española estaba equipada toda ella con coselete - aunque no tuviera brazal diestro - y que se pretendía equipar asimismo a los alemanes de esta manera. Lo cierto, es que ya vimos en otras entradas, como tratadistas militares hacían hincapie en el que los soldados debían armarse bien - con armas defensivas - y se lamentaban cuando no lo hacían. En las representaciones pictóricas aparecen numerosos lansquenetes sin coselete, de hecho, sin casco siquiera, y cabe pensar que fuera éste el soldado estándar.

Abanderados con coselete en la cabalgata de ingreso en Bolonia del Emperador Carlos V [1530]. 




La caballería

La caballería la formaban tanto hombres de armas como caballos ligeros, españoles e italianos. Algunos, tan veteranos que habían luchado en las campañas del Gran Capitán.


El bando franco-veneciano

Las tropas suizas

La infantería la constituía básicamente el contingente de suizos reclutados en la leva de 1522. De un aviso que tuvo el comisario imperial a finales de febrero, sabemos que:

estos suyços byenen de muy mala gana, mal armados, rotos, descalços y mal probeydos de vituallas que no hallan que comer por todo el milanes.

No era infrecuente esto, pues de un cuerpo de lansquenetes pocos años después, nos refieren las crónicas:

solum 200 schiopetieri et il resto portano tutti piche et alabarde senza alcuna armadura incosso.

E incluso se habla de soldados que venían con tan sólo la espada. Cabe imaginar que se preveería el proveerlos adecuadamente para el combate - como la previsión hecha de coseletes en el bando imperial - pero no tenemos certeza de esto.

Tropas suizas retratadas por Vrs Graf en 1515. Varios alabarderos, piqueros y un tambor, alrededor del abanderado, con el penacho de plumas coronando la cabeza. Los soldados vestirían y se armarían en esta época prácticamente igual que los lansquenetes alemanes, si bien hay referencias de la prefencia - incluso del uso obligatorio - del "baselard" en lugar de la espada larga alemana.

Podemos ver en este grabado de la Nanceide de Pierre Blurre, de 1518. como los soldados suizos portan el baselard, identificable claramente por la característica empuñadura.


En virtud de un tratado firmado en Lucerna el 5 de mayo de 1521, entre, por una parte, 12 de los 13 cantones - Zurich se negó a participar - y algunos aliados más de la Confederación, y por la otra, el rey de Francia, Francisco I, por toda la vida de este, los suizos proveerían soldados a la corona, no menos de 6.000, y no más de 16.000, en el plazo de diez días desde que se aprobara la leva, con la condición de que dicho contingente no pudiera dividirse en dos frentes, como de hecho, sucedió: Picardía y Piamonte.

Así se aprobó una leva de 16.000 hombres el 18 de enero de 1522, auspiciada por la gran embajada del rey de Francia encabezada por el Bastardo de Saboya, en la que los 12 cantones y 18 territorios aliados aportarían tropas proporcionalmente a su capacidad: desde Berna con 2.100 "knechte" a Rapperswyl con 100 "mann".

Abanderado suizo del Chronicon Helvetiae. Los soldados se identificaban claramente, a pesar de la ausencia de uniforme, con cruzas blancas - color asimismo de las tropas francesas - cosidas sobre la ropa.

De estos 16.000, 4.000 marcharían a Picardía a cargo del conde de Vendome, Carlos de Borbón, y el resto cruzarían los Alpes.

La infantería italiana

El resto de la infantería, tanto a sueldo de la señoría de Venecia [2.500 hombres] como de la corona francesa [2.500] parece estar formada íntegramente por italianos. La infantería del último socorro de Lescun [3.000 suizos, 1.000 italianos, y 200 hombres de armas] procedente de Génova  no es probable que estuviera en la batalla, si bien es seguro que monsieur de Lescun, acompañado de otros caballeros franceses, sí participó en ella.

La caballería

La caballería era tanto francesa, como veneciana, y la constituía entre 800 y 1000 hombres de armas y 1500 caballos ligeros. Los hombres de armas franceses, a diferencia de españoles e italianos, se hacían acompañar de soldados a caballo a su servicio, 1 paje, y 2 arqueros, estos últimos, que no cargarían junto a su señor, actuarían como caballería ligera. Así, cada lanza, estaría constituida por 1 hombre de armas, 1 paje y 2 arqueros, con seis monturas - cuatro caballos para el hombre de armas y su paje y dos, una para cada arquero. Respecto a las lanzas venecianas, cabe suponer que serían, como el resto de italianas y como las españolas, lanzas sencillas, y desde luego, no disponían de arquero alguno.

La caballería francesa era la más potente de Europa, sólo le hacía sombre las "bandes d'ordonnance" de los Países Bajos, si bien el número de éstas era evidentemente inferior.

El transcurso de la batalla

Reproduzco este diagrama que podemos encontrar en wikimedia commons:


Francamente, el esquema, habiendo leído dos descripciones de la batalla, una española, y la otra, francosuiza, me parece bastante acertado, si bien de la descripción se entiende que los arcabuceros españoles a cargo de Pescara estarían formados en mangas flanqueando los cuadros de piqueros, y que habría asimismo un cuadro de piqueros españoles, amén de otro italiano.

En todo caso, queda claro que el campo imperial estaba bien atrincherado, con un foso por frente - un canal de riego - y con una pendiente a favor, que debía ser superada por el cuadro atacante una vez hubiera cruzado el foso.

El ejército franco-veneciano se dividió en una vanguardia, formada por la mitad de los suizos, acompañada de Babon di Naldo, coronel veneciano con 600 escopeteros. Las primeras filas de este cuadro la formaban los principales y oficiales suizos, y en estas hileras de honor, muchos jóvenes señores franceses, como Montmorency, que sería herido en la batalla, participaron, desacabalgándose y tomando la pica.

La batalla estaba formada por el resto de suizos, con las alas de la caballería. Tras estos, había un tercer grupo con las cruces blancas quitadas y puestas las cruces rojas, treta idead por Lautrec que no pudo funcionar al no ponerse en movimiento y por la previsión de Colonna que hizo ponerse ramilletes en los cascos de sus soldados para distinguirlos de los del enemigo. En retaguardia, quedaron los venecianos a cargo del viejo duque de Urbino, Francesco Maria della Rovere.

Había asimismo, un grupo de "pionniers" o zapadores, a cargo de Pierre de Navarre.

Ese 27 de abril, domingo de Cuasimodo, a las tres de la tarde, la vanguardia suiza comenzó a avanzar en un cuadro de 100 hombres de frente hacia el foso tras el que se guarnecían lasnquenetes y españoles. La artillería imperial comenzó a actuar, y 1.000 hombres cayeron antes de llegar a la trinchera. A pesar de las bajas, continuan avanzando, cruzando el foso y comenzando a subir la pendiente para jugar la pica contra los lansquenetees de Frundsberg.

La táctica era la clásica que empleaban los pueblos tudescos: dos cuadros de picas enfrentados, como se puede ver en esta representación pictórica de "El triunfo de Maximiliano":


Los lansquenetes de Frundsberg se retiran al amparo de la escopetería española. Esta flanquea por ambos costados el cuadro de la vanguardia suiza y hace su trabajo con efectividad y sin pausa.

Arcabuceros españoles en Túnez [1535]. En 1535 la mayoría de tiradores serían arcabuceros y no escopeteros - a diferencia de 1522. Véase la entrada que lleva por título "escopeteros y arcabuceros en la batalla de Pavía [1525]" para más información.
Caen otros tres mil hombres del enemigo. Los españoles acometen incluso espada en mano viendo como se deshace el orden del escuadrón. No pudiendo esperar sino que los masacren, las tropas de vanguardia suizas se retiran sin que los "schiopetieri" venecianos hayan hecho ninguna facción. El único muerto de la infantería española es el capitán Guinea, que deja un hijo de nueve años.

La caballería francesa, a cargo de Lescun, rodea el campo imperial para dar en la retaguardia acompañados de una banda de infantería italiana, que en última instancia, les salvará de un desastre mayor. Tanto los hombres de armas de la vanguardia a cargo de Leyva como la escopetería milanesa de la retaguardia dan sobre ellos, haciendo que se retiren por un paso estrecho - un puente seguramente - en columna de a tres, donde "unos pocos de scopeteros nuestros spañoles. tornaron a matar hartos honbres darmas".

Por parte suiza, han muerto 4.000 hombres, con cerca de 22 capitanes y jefes, entre ellos Albert de Stein de Berna y Arnold de Winkelriedt, del cantón de Underwalden, los dos Feld Oberst de los confederados. Numerosos caballeros franceses han caído.

El conde de Gollisano o Collesano, de la caballería imperial, ha caído muerto atravesándole una saeta el cráneo por el ojo mientras tenía el almete de la celada levantado.

El ejército franco-veneciano se retira a Monza. Los suizos, en unos días, dejaran el servicio del rey francés, agobiados por las enormes pérdidas sufridas y no dispuestos a continuar padeciendo la enorme sangría. A primeros de mayo dejarán Bérgamo - en tierras de la señoría de Venecia - para regresar a su tierra habiendo perdido la tercera parte de los doce mil hombres que cruzaron los Alpes en mes y medio antes en una batalla que duró "poco más de tres horas".

Porque en la verdad no avya seydo batalla

Durante la batalla se produjo el saqueo del bagaje de la caballería alojado en la retaguardia imperial, perdiendo ropas, dinero y monturas. Esto supuso que, acumulado a los retrasos en las pagas, los hombres de armas estuvieran poco dispuestos a seguir combatiendo tras Bicoca. Tampoco los alemanes estuvieron dispuestos a perseguir al enemigo retirado por deberles la última paga. El 3 de mayo, se amotinaran los lansquenetes reclamando dos pagas: la una, por el mes corriente, y la otra, por haber ganado la batalla.

Estos amotinados llegan a tomar la artillería imperial, matar a algunos de sus oficiales y ponerse en arma dispuestos a saquear Milán, poniendo en arma a su vez el mando del ejército a las tropas españolas e italianas con disposición a sofocar el motín. Finalmente, se capituló con ellos, aunque unos doscientos, los "amotinadores", fueron despedidos.

La guerra continuaría, volverían a disputarse la corona francesa y la española el dominio sobre el milanesado - con el pobre Sforza atrapado entre dos gigantes - y el rey francés levaría al año siguiente doce mil suizos con los que proseguir la guerra.

La lucha, que algunos calificaron como "barussa" o riña, o que apellidaron "scaramuza di 27 dil passato", o la cual se negaron darle nombre de batalla por excusar el pago a los lansquenetes alemanes, que tenían la costumbre y acuerdo de recibir una mensualidad por batalla luchada, fue una batalla con todas las de la ley, una victoria con la que se entusiasmó el emperador, si bien la parte derrotada jugó un papel tan pobre, que el nombre de Bicoca quedó incorporado a la lengua española como sinónimo de ganga: "cosa apreciable que se adquiere a poca costa".

La época en que dos cuadros de piqueros podían disputarse la victoria en un campo de batalla había llegado a su fin. Quedó demostrado claramente, que las armas de fuego portátiles pasarían a ser las que determinasen la supremacía en el oficio de la guerra.

Algunos, no obstante, no se dieron por enterados y hubieron de padecer nuevamente las ruciadas de la arcabucería y escopetería española, tanto en el cruce de río Sesia en 1524, como en la batalla de Pavía en 1525.



Notas

(1) Como veremos, el número previsto no coincidirá con el realmente aportado.

(2) Tanto el Cadée - la Liga de la Casa de Dios - como - la liga de las Diez Jurisdiciones, se autoexcluyeron de la alianza firmada con Francisco I. La Liga Gris, no obstante sí participaba. Dos de las tres administraciones de los valles grisones, por tanto, o eran hostiles a Francia, o como mínimo, neutrales en el conflicto.

(3) El efecto psicológico era importante, así, no fue infrecuente que se formaran cuadros con criados, mozos y vivanderos, entregándoles "picas de respeto" - aquellas que se transportaban para cuando fueran menester - y formando cuadros en retaguardia para ofrecer una vista más impresionante al enemigo, y que éste los tuviera por soldados dispuestos para la lucha.

(4) Las cifras, para cualquiera que haya leído con atención el texto que precede este apartado, bailan considerablemente: de los 7.000 soldados que pasan muestra en Trento - de un contingente previsto de 8.000 - vemos que sólo tenemos 5.000. Esto no puede deberse principalmente a una fuga sangrante durante el desplazamiento de Trento a Milán - aunque las deserciones eran habituales - sino más bien a una metodología diferente a la hora de hacer muestras, más estricta, sin duda, en el segundo caso. Muchas veces se contabilizaban los soldados a tantos por bandera, y en otras ocasiones, se pasaba la muestra real, uno a uno.
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