Spagnoli. Soldati di ventura in Italia [1516-1517] Guerra de Urbino

Las tropas españolas que luchaban en Verona, tanto en su asedio como en su defensa se habían quedado sin empleo al finalizar las hostilidades entre las partes.

Francesco Maria della Rovere, antiguo duque de Urbino al cual los Medici habían usurpado su estado otorgándolo a la persona de Lorenzo, sobrino del papa León X, vio la oportunidad que representaba esta soldadesca veterana, a cargo de un Maldonado, y procedió a atraerlos a su lado con más promesas que oro, como veremos.

Los españoles de della Rovere

"Deseando el duque de Urbino [...] cobrar su estados, conociendo que los soldados de mala gana viven en paz, tuvo forma para acabar con los 5.000 españoles de Maldonado"

Comentarios de los hechos de los españoles, franceses y venecianos en Italia, Antonio de Herrera

Así, los soldados españoles que a sueldo del Emperador defendían Verona, o a sueldo de la República de Venecia, asediaban Verona, pasaron en enero de 1517 a servicio del exiliado Francisco María, dejando éste Mantua, donde residía y marchando sobre Urbino, al cual se le opone toda la potencia de los Medici, y los recursos de su estado patrimonial, Florencia, el usurpado, Urbino, y del electo pontificado, así como el de algunos aliados menores, como su suegro, el marqués de Mantua.

Así, el 3 de febrero tenemos un pequeño ejército - suficiente, para campear por el norte de Italia - con 6.000 infantes "spagnoli e altri", 800 infantes italianos a cargo de Lodovico de Bozolo, 700 caballos ligeros y 12 - doce - hombres de armas. Sabemos que della Rovere tenía unos 40 capitanes o "contestabili" españoles, y que prontamente se les unirían varios miles de paisanos.

En seguida la diplomacia vaticana se pone en marcha y el 18 de febrero, el rey de España residente en Bruselas escribe a su embajador en Roma que "bajo pena de rebelión se ha de ordenar a los infantes españoles" que dejen el servicio del viejo duque, y pasen al servicio del Papa contra los infieles, o que se envien a África a alguna expedición de conquista de alguna plaza costera.

Los soldados españoles desobedecen la orden de su príncipe natural "risposeno gaiardamente non voler ubedir".

Los españoles del Papa

Habíamos narrado en la anterior entrada como los españoles residentes en el reino de Nápoles - así como en Roma - habían acudido a Verona en busca de un patrón que pagara puntualmente, viniendo en un goteo continuo que con las treguas se había interrumpido.

En ese momento - 9 de febrero de 1517 - sabemos que hay ochocientos españoles residiendo en Roma, los cuales, liderados por el capitán Santa Cruz, pasan muestra con un "20 per cento di tara". Esto es, con paga de 1.000 soldados. Como era normal en caso de necesidad perentoria, a los soldados - o a sus "representantes" - se les abonaba una prima de enganche.

Así pues, estos soldados se incorporarían al ejército de los Medici para luchar contra el de della Rovere, cuyo núcleo, como indicábamos, lo formaban igualmente, soldados españoles.

Este hecho, el que soldados de una misma nación acabaran combatiendo entre sí sirviendo a príncipes enemigos con carácter mercenario, fue muy común. No obstante, el sistema de los Tercios le pondría fin en el caso de la nación española, pues el principal y único contratista - salvo excepciones muy puntuales - acabaría siendo la corona, que se impondría la enorme carga de sostener un ejército permanente, algo al alcance de pocos estados.

Amén de estas tropas residentes en Roma, infantes, el rey ordenó a su virrey - de Nápoles - el envío de 200 lanzas hacia al Tronto, o sea, hacia la frontera entre el Reino y los estados de la Iglesia, para ponerse al servicio de la casa de los Medici. Asimismo, tendremos otros 1.000 infantes españoles al servicio de Lorenzo de Medici, el "joven" duque de Urbino.

Sabemos que serán 400 lanzas a cargo del conde de la Potencia, o Potenza.

Contendientes

Lorenzo de Medici, cuenta en principio con un ejército de 1000 hombres de armas, 1000 caballos ligeros y 15.000 infantes, alemanes, gascones, corsos e italianos, así como unos 2.000 españoles.

Otra fuente [Archivio Storico Italiano, serie 3ª, volumen 20] nos da cifras más detalladas para el día 21 de enero:

Lorenzo Medici se aloja en Arimino con 500 hombres de armas, 500 caballos ligeros y 10.000 infantes, de los cuales, 2.500 lansquenetes y 3.000 gascones son cedidos por Lautrec, comandante francés. Renzo da Ceri en Pesero, con 4.000 infantes. Paulo y Gentile Baglioni, la "banda di Perugia", con 500 caballos y 4.000 infantes, de los cuales 1.500 son españoles. Troiolo Savello cuenta con 1.000 infantes en Fano, y Iacopo Corso, con otros 1.000 en Sinigaglia.

Francesco Maria cuenta el 21 de enero con 7.000 infantes, dos terceras partes españoles, y 600 caballos a cargo de Federico de Bozoli, junto con 7 piezas de artillería de campo.

Aunque della Rovere incorporase - como vimos - varios miles de paisanos, las fuerzas estaban desequilibradas, por mucho que el núcleo de sus fuerzas fueran veteranas, como las españolas.

Hostilidades

La sensación general en el bando de los Medici es que la "guerra" no puede durar, y que el desafío del viejo duque quedará en una bravuconada, incapaz de mantener un ejército mercenario al cual no podrá pagar, que se irá deshaciendo a medida que pasen las semanas. Por contra, los Medici cuentan con toda la potencia del rico estado de Florencia, los estados de la Iglesia, y el apoyo de Francia y España.

Sin embargo, las ciudades del ducado se entregan voluntariamente al viejo duque, la guarnición de Urbino, 1.500 infantes a cargo de Giulio Vitelli huye por la puerta de Lavagine hacia Pesaro. Los movimientos se basan de asaltos y rechazos en plazas fuertes: Montefeltro es defendida contra 2.500 florentinos, los Medici capturan Mondaino, y Lorenzo es herido de un arcabuzazo en el cuello por un tal Robles, que defiende Mondolfo junto con 300 compatriotas a cargo del capitán "Valegio".

El 2 de abril, los españoles de Francesco Maria prenden el castillo de Monte Barozi, matando a sus 500 defensores. Por contra, Santa María in Portico, legado del papa en el campo relata discordias entre italianos y alemanes, a los cuales se les unen los españoles, siendo saqueado el alojamiento de los italianos tras una "battaglia". Francesco Maria campea por la Romagna sin oposición; ya cuenta con 10.000 infantes - lansquenetes, suizos y españoles - y 2.000 italianos, junto con 6.000 paisanos, 300 lanzas y 18 piezas de artillería. Dispone de 2.000 "archibusieri", de los cuales 800 son españoles.

Disordini successi nel campo di Pesaro [Perugia]

Pesaro, a cargo de Gian Paolo Baglioni, es asediada por della Rovere, a cuya defensa acude el ejército pontificio, que monta su campo en el monte della Imperiale, próximo a la ciudad. El ejército del papa cuenta con infantes españoles, corsos, alemanes, gascones y suizos.

El día 6 de mayo de 1517, las tropas de della Rovere asaltan el campamento pontificio, con "secreta inteligencia entre los españoles" de uno y otro bando, aunque como veremos, esta "inteligencia" no fue universal, ni mucho menos.

Los alojamientos en los campos o en plazas fuertes se organizaban por armas - caballería, infantería y artillería - y por naciones. Así pues, los cerca de 3.500 infantes que hicieron una incursión en el campo pontificio, podían dosificar sus esfuerzos. En este caso, los alemanes se llevaron la peor parte, siendo muchos muertos y sus alojamientos desvalijados.

Parece evidente, que el campo florentino-papal no estuvo bien defendido, y que parte de los españoles al servicio de los Medici tenían concertado unirse a los atacantes, si bien muchos de ellos simplemente se pasarían oportunamente durante el ataque. Otros muchos permanecieron fieles a sus empleadores.

De las nueve banderas de españoles, 6 se pasaron a Francesco Maria, si bien casi todos los capitanes permanecieron fieles a los Medici: Ortega, Mercado, Peralta, Tapia, "Baricutos" o "Aloysi".

El campo fue asaltado llevando los soldados "ramas verdes en la cabeza", de manera que aquellos que hubieran mudado sus afectos, pudieran identificarse como partidarios de los atacantes mediante esta sencilla marca.

El ataque no fue devastador, pero si afectó gravemente la moral de los Medici, que creían que la guerra no habría de durar, quedando asismismo los varios cientos de españoles leales, "in grande suspizione". Asimismo, provocó la defección de dos terceras partes de los gascones, con tres piezas de artillería y tres sacres, e impidió el levantamiento del asedio.

Tras este suceso, llegaron  a Pesaro las 400 lanzas desde el Reino prometidas por el virrey, con etapa en Sinigaglia, engrosando el debilitado campo pontificio, alojándose en Santo Jacomo.

El 15-16 de mayo Perugia es tomada. Los Medici inician una ofensiva diplomática y financiera para que la situación les vuelva a ser favorable.

Ofensiva papal

Una estrategia fundamental, como hemos visto, consistía en provocar la defección de la soldadesca enemiga, cosa que se hacía con naturalidad, en algunos casos públicamente, con agentes oficiales, o en otros casos, de forma encubierta y conspiratoria.

Entre los agentes públicos, sabemos que tanto el rey de Francia como el de España enviaron nuncios o embajadores a negociar con las distintas partes, el uno, reclamando mediante los señores de Scut y de Sisa, a los gascones pasados al campo de della Rovere que vuevan a la obediencia francesa, y los otros, mediante la persona de Hugo de Moncada, lo propio.

Los "agentes" privados podían ser cualquiera. Sabemos que Carlo Baglioni ofreció a della Rovere tomar Peruggia comprando a los soldados españoles que la defendían por 25.000 ducados, más 5.000 a entregar a sus capitanes. Probablemente porque no se disponía de tal suma, la ciudad tuvo que ser rendida militarmente.

En mayo de 1517, otro de estos "agentes" es descubierto, las cartas que están en su poder le delatan: ha ofrecido a Su Santidad a entregarle a della Rovere y al propio Carlo Baglioni - un foragido de Perugia desafecto a los Medici - por cierta suma. Dicho agente es el capo Maldonado, que es quien ha liderado las tropas españolas todo este tiempo, y es quien lideró las tropas españolas que al servicio de la señoría de Venecia asediaban la Verona defendida por sus compatriotas. Él y otros capitanes sumados a la conspiración contra su señor, son pasados por las picas por los de su nación.

Aunque esta conspiración no fructificara, se permitió no obstante, la misión de Hugo de Moncada, virrey de Sicilia, que con salvoconducto negocia con los capitanes españoles al servicio de della Rovere "no para que abandonasen a Francesco Maria, sino para ir a luchar contra infieles, al reino de Nápoles o al servicio del Rey Católico", ofreciéndoles tres pagas a los soldados por dicho servicio.

Al mismo tiempo, el Papa intenta reclutar en Suiza 6.000 soldados, algo contra lo que los franceses se oponen, temerosos de que dichas tropas sean usadas finalmente contra sus intereses en Milán. Mientrastando, el virrey de Nápoles se ha desplazado hasta el Abruzzo, por si él mismo ha de intervenir en favor del Papa.

A primeros de agosto, tres capitanes españoles constituyen una embajada ante el Papa, negociando capítulos para favorecer a Francesco Maria, por un lado, y a los soldados españoles, por otro, que le sirven. Esta embajada solicita que el estado de Urbino y las ciudades de Pesaro y Senigallia queden consignadas en manos de los reyes de Francia y España, mientras que a ellos se les entregan tres pagas.Vemos que los españoles, como mercenarios, se constituyen en actores directos del conflicto, pues adquieren voz propia al margen de la de su contratante, que nada puede hacer viendo como se negocia a sus espaldas. 

El Emperador manda 3.500 lansquenetes del Tirol y 1.000 grisones a servir al Papa. Della Rovere entrega sus propios capítulos a los capitanes españoles para negociar la paz, si bien un auditor de cámara del Papa los rechaza y reforma, entregándole los corregidos.

Las hostilidades continuan con baja intensidad. Finalmente, la paz entre el Papa y los capitanes españoles se acuerda: en 8 días, a contar desde el 27 de agosto de 1517, se dará 4 ducados a cada soldado español por parte del cardenal legado, pudiéndose alojar en Santo Archanzolo. Se les concederá la absolución, recibirán 2 pagas, y recibirán vituallas durante su paso franco hacia le reino.

Los gascones se oponen al acuerdo, llegando a las manos con los españoles. Francesco Maria se retira a Mantua, acompañado por los fieles y los gascones.

Lorenzo de Medici, al cual la defección de los españoles le ha servido tanto a la hora de conseguir sus propósitos sentencia: "questi spagnoli sono traditori". Sea como sea, se han ganado la vida durante unos meses, en su oficio, el oficio de las armas.

Epílogo

En Enero de 1518, en Roma, un "ferrarese" [de Ferrara] y un español combaten con partesana por el honor de su nación; el ferrarés alude que los españoles eran unos traidores que habían abandonado al duque de Urbino viejo. El español perdió la contienda, recibiendo dos heridas.

Conclusión

Esta entrada, junto a la anterior, nos muestra una infantería con un claro carácter mercenario, "ynobediente" y dispuesta a luchar principalmente por la paga, a la cual no le importa mucho luchar por uno u otro contendiente, ni preocupada por quién ha de derramar su sangre, ni por la vecindad de la sangre del que ha de derramar.

Evidentemente, vemos que tanto en Verona como en Pesaro hay un entendimiento entre las tropas españolas que permite cierto acercamiento entre los contingentes enrolados en los bandos contendientes, una afinidad por naturaleza que anima a conchabarse con sus paisanos, pero que no obstante esto, también hay un afán que les permite matarlos si se considera lo más oportuno, llegados a un punto de no retorno, como es el caso del asalto al campo de Monte Imperiale.

El caso es que el carácter mercenario se debe más que a nada, a la necesidad de sustento de estas personas, que reclutadas en España y enviadas a Italia en barco, una vez la corona deja de necesitar sus servicios, prescinde de ellas sin voluntad de "reinserción laboral" de algún tipo, y con una oportunidad de volver a España limitada al pago de unos fletes difícilmente asequibles. Caso muy distinto al de suizos, gascones, o los propios italianos, que marcharían a sus hogares andando.

Opinión del Obispo de Ávila, Cardenal Cisneros, sobre la soldadesca, 17 de octubre de 1517:
[no pudiera su Alteza sostener] tan grand gasto commo la ynfantería haze, ni sufrir los daños que hazen adonde están quando no los ocupan en guerra: y sy se han de despedir, son tan malos de despedir, que es menester para despedirlos tener otro mayor exercito contra ellos para que no rroben e se amotinen; y fue buen acuerdo el que su al. tomó en enbiarlos allí [a Sicilia].

Así pues, que los virreyes de Sicilia y Nápoles animaran a los soldados españoles residentes en sus reinos a marchar en busca de fortuna, no sería sino una medida de ahorro, tanto de dinero, como de posibles problemas.

El mismo 8 de octubre de 1517, se escribía sobre las tropas objeto de esta entrada:
acerca de aquella infantería de Italia que agora es se despedió del duque francisco maria que lo parece que su alteza deue buscar manera como no heche sobre sy tan gran carga de rreceuillos a sueldo, porque era tan gran costa que no lo podrá sufrir, y hacen tantos males y rrobos donde estan y por do pasan que no se puede decir, y para determinarse sy conuiene rreceuillos es menester primero platicar en ello, porque dice el cardenal [...] quanto peligro es después de auellos rreceuido despedillos, y que se busque alguna manera de entretenimiento

Efectivamente, el modelo de ejército que defendía Cisneros no era el de una infantería "de gente vagabunda y perdida y de fugitivos y malhechores", según él mismo calificaba a los soldados de fortuna, sino el de una milicia formada por soldados "que son personas conocidas y de sus casas, que no son tan platicos en maldades, y quando hicieren cosa que no deuan pueden los castigar, y no harán costa syno desd'el dia que los llamaren para seruir".

Probablemente, respecto a las cualidades morales - la inmoralidad del soldado de fortuna, y la nobleza del soldado de milicia - Cisneros exageraba, pero respecto a lo segundo, a la costa, no quedaba duda alguna: el soldado profesional demandaba sueldo luchara o  no, y pasada la urgencia momentánea de la lucha en Italia, la frontera con Francia o contra el pirata berberisco, ¿que monarca en Europa empeñaría sus estados para mantener a una panda de vagos y maleantes, aún cuando estos vagabundos hubieran sido la semana antes puntal de su monarquía?


Esta política cambiaría totalmente durante el reinado de Carlos I, pasando el ejército en Italia a tener carácter permanente, a pesar de la enorme carga financiera que le supuso. El sistema del Tercio sería el culmén de esta política militar agresiva, altamente profesionalizada y difícilmente sostenible. La lealtad y la obediencia del soldado se vería recompensada, y el vínculo con su monarca se vería rara vez cuestionado.
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