Rendición o Saqueo.

La toma de Zichem en 1577:

[Alejandro Farnesio] envió un trompeta al Gobernador de la villa á que se rindiese al Rey, nuestro señor, y que le haría buena guerra; donde nó, que le daba su palabra que si esperaba el primer cañonazo, no habia de quedar hombre á vida.

¿Si el Ejército que pretende tomar una villa ha de tomarse la molestia de plantar la batería, esta será saqueada? Efectivamente, hubo asalto y saqueo:

[no se pudo] evitar no se degollasen los niños y mujeres, que como le mataron muchos soldados se habian indignado los demas, y tenian determinación de no dejar á nadie con vida, y aunque se procuró remediar, no tanto, que no la perdiesen muchos de los vecinos

Se pasó por las armas a la guarnición, y al gobernador de la villa se le ahorcó, aunque éste solicitó decapitación, puesto que el ahorcamiento era pena destinada comúnmente a los delincuentes. No recuerdo un caso concreto para ejemplificar lo que sigue, pero se solían realizar varios ofrecimientos de rendición coincidiendo con hitos de las labores de asedio:

1) Antes de la llegada del Ejército. Este se hacía en las ocasiones en que se pensaba que la plaza era tan débil que la sola amenaza podría derrumbar la escasa resistencia que pudiera ofrecer. Pero claro, este procedimiento impedía el cerco - o incluso el asalto - por sorpresa, y podía permitir el apercibimiento de las defensas, aunque imagino que se realizaría cuando el ejército se encontrase próximo, pero sin acuertelarse ni plantar el campo.

2) Después de haber plantado el campo, y antes de plantar la artillería o de iniciar las labores de zapa. Es el ejemplo referido anteriormente.

3) Antes de dar el asalto: cuando la batería quedaba abierta [se había abierto brecha en las murallas por las cuales podía penetrar la infantería] se ofrecía a la guarnición resistente la rendición, sabedores los asaltantes de las pérdidas que se podían sufrir en el asalto, máxime cuando las labores de zapa y batería solían ser lentas, y los defensores podían haber establecido una segunda línea de defensa interior [y secreta] donde atrincherados, podían hacer frente al ejército atacante.

4) Incluso si fallaba este primer asalto, antes de dar el siguiente, o de proceder a la rendición por hambre de la villa, se podían ofrecer más posibilidades de rendirse.

Lo que está claro, es que no por haber plantado la batería o iniciadas las labores de zapa, los sitiadores daban por descartada la rendición por pactos de la villa sitiada.
Antes al contrario, se procuraba conseguir la rendición por negociación, sabedores del enorme coste en vidas [propias] que suponía aventurarse en un asalto.
La costumbre de guerra imponía, eso sí, que si se entraba en una villa por asalto, sería a sangre y fuego, y aunque en ocasiones se procuraba respetar a ciertos segmentos de la población, como mujeres y niños, tampoco esto solía cumplirse, salvo que pudieran responder contra su vida con el pago de rescates, como en muchas ocasiones sucedió.
De todas maneras, hay que diferenciar entre un asalto por sorpresa, o tras escasa resistencia de una plaza, y aquellos que se producían tras meses de acoso, periodo durante el cual se habían producido numerosas víctimas entre los atacantes, lo cual hacía que los ánimos estuvieran más predispuestos hacía la venganza, como tras el sitio de Maastricht:

y con la memoria de los trabajos que hablan pasado en el largo y prolijo sitio con muerte de tantos amigos, se les encendió el furor, y mezclado con alguna crueldad no perdonaban á niños ni á mujeres, que por escapar las vidas iban huyendo y se arrojaban por las ventanas, y daban en manos de otros que se las quitaban, y algunos echaron del puente, que es muy alto, en el rio Mosa, y se ahogaban.[…] que pasaban de doce mil con los que se hablan echado en el rio; y muchas madres estaban con sus tiernos hijuelos en los brazos, puestas boca con boca, y algunos las tenían en los pezones de las tetas , y todas muertas , llenas de heridas , que movía á gran compasión.

Claro que también puede ser una justificación de la violencia: al fin y al cabo, las poblaciones de las plazas sitiadas, eran en muchas ocasiones rehenes de las guarniciones, antes que partícipes voluntarios de la defensa de la villa.

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