Asedio de Milán [1526] - El inicio de la guerra de la Liga de Cognac

spagnoli non sono homini in ordine a la guerra se non sono usadi, come è questi sono in Italia
Gasparo Contarini, embajador veneciano ante el Emperador. Noviembre de 1525

li qual fanti [spagnoli] è homini disposti e valentissimi, usadi in le guerre de Italia dal 1509 in qua
Marco Antonio Venier, sobre el ejército imperial en Lombardía, 4 de noviembre de 1525


Et che haveano mille homini d’arme et 12 milia fanti homini lutti experti et valentissimi quali fariano per 36 milia di altri, et che loro spagnoli non voleano esser se non la tertia parte, zoè di le tre parte una contra Io exercito ecclesiastico et di la Signoria nostra Illustrissima, digando lui che non sono homini di guerra, et che certissimamente facendo la giornata sariano vincitori.
Extracto del parlamento del marqués del Vasto a los capitanes imperiales en junio de 1526
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La ocupación de Milán

Una vez derrotado el francés y expulsado de Italia tras la batalla de Pavía [24 de febrero de 1525], la permanencia del ejército imperial en Lombardía, que se suponía había luchado para conseguir la restitución de Francesco Maria Sforza como duque de Milán, generó una considerable preocupación entre los príncipes y estados italianos [principalmente el Papado y Venecia] los cuales temían que Carlos V pretendiese hacerse señor de toda Italia. También ocasión un notable resquemor en el legítimo señor de Milán, [Nota 1a] que se veía desposeído de su poder al tener que mantener unas tropas que no se hallaban a su mando.
Además, los soldados, no recibiendo sus pagas, vivían sobre la tierra - "comen a discreción", según Lope de Hurtado - lo que generaba agravios y rencores de la población. El Emperador había dado órdenes de que las tropas se alojaran fuera del ducado, pero esas instrucciones no se habían seguido por motivos diversos [1b].

En Alemania, el Archiduque Fernando, en nombre del Emperador, coaligado con la Liga de Suabia - formada por príncipes, obispos y ciudades imperiales - libraba una batalla contra los campesinos alzados en armas, que inspirados por las ideas reformistas de Lutero, pero radicalizados en fondo y forma, habían iniciado una revolución socio-religiosa que perseguía el fin de la iglesia católica, de la servidumbre y de los privilegios de los nobles.
El propio Fernando libraba a título particular su propia batalla en Austria, las tierras patrimoniales de los Habsburgo, y tenía comprometido en ellos muchos recursos humanos y materiales. El más famoso de los capitanes de los lansquenetes, George Frundsberg, dirigía sus tropas, recuperando Salzburgo a mediados de septiembre. También Nicholas, conde de Salm, otro de los capitanes alemanes de Pavía se hallaba en la lucha contra los villanos, esta vez, comandando caballería.
Dado ese esfuerzo de guerra en el corazón de Alemania, los imperiales que se hallaban en el norte de Italia no podían esperar en caso de guerra un rápido socorro de lansquenetes como en ocasiones anteriores.

Los estados italianos, príncipes, señorías y el Papa, acabaron acordando una alianza [1c] para expulsar a las tropas imperiales de Italia y mandaton emisarios a Suiza [1d] para negociar una gran leva de tropas con las que luchar Italia. Por su parte, Gerónimo Morone, gran canciller de Milán, urdió un plan para hacer del marqués de Pescara, capitán general de los imperiales, traidor a su señor natural, ofreciéndole la capitanía general del ejército de la Liga [hecha entre Francia [1e], Venecia, Papado y Milán] prometiéndole en recompensa la investidura del reino de Nápoles. Pescara se avino a negociar un tiempo con Morone para conocer el alcance de la conjura, y recabada la información, procedió a su captura el 16 de octubre de 1525, llevándolo preso a Pavía.
Los "buenos y leales servidores" se convertían en "rebeldes y traidores"[1f].

El duque, viendo tantas plazas fuertes del ducado tomadas por los imperiales, que pretendían su consentimiento formal para su ocupación - lo que era una cesión de la soberanía - quedó recluido en el castillo de Milán, al ser este cercado a partir del 13 de noviembre de 1525, quedando la ciudad en manos de lansquenetes y españoles.

El castillo de Milán, entre 1521 y 1536. 
A medida que el cerco se prolongó, el grueso del ejército acabó alojado en Milán, aumentando la "taglia" o "taglione" que imponía el ejército para su mantenimiento, e intensificándose también la brutalidad con que se cometían las exacciones por parte de las tropas.

El duque ocupaba el castillo con una guarnición de 700-800 soldados, los lansquenetes cercaban el castillo, y el resto de lansquenetes, españoles e italianos al servicio del Imperio se hallaban acuartelados por la ciudad o en los burgos - fuera de las murallas. El control de las puertas, no obstante, permanecía en manos de compañías milanesas leales a su patria, y por lo tanto, en la ciudad no podía entrar quien quisiera.


Alzamiento popular contra los imperiales

El pueblo de Milán, que se hallaba mal dispuesto [2] contra alemanes y españoles "diavoli de lo inferno" antes de ponerse el cerco sobre el castillo de Milán, acabó bajo tanta presión que tras una nueva demanda - de quince mil escudos a pagar en el plazo de tres días - organizó tres días de procesiones, esperando que Dios les inspirase una respuesta adecuada ante esta última imposición de los ocupantes. La respuesta fue alzarse en armas, alzamiento ejecutado la jornada del jueves 26 de abril de 1526, que fue vivido sin demasiado entusiasmo por el "populo" [3].

Los alzados saquearon la Corte Vechia [hoy Palazzo Reale, junto al Duomo] donde se alojaba la jefatura del ejército imperial, acabando con 200 infantes italianos que se hallaban a su guardia - a pesar de que "el capitán atajó las calles vecinas del palacio con trabos y tablas" - robando ropa y caballos, e igualmente saquearon otros alojamientos de imperiales repartidos por toda la ciudad. También consiguieron tomar unas cuantas puertas de la ciudad y el "campanón" del Duomo, que tocado a rebato ["campana a martello"] llamaba a toda la población a movilizarse.

La guarnición del castillo, viendo a la población luchar contra los enemigos, hizo una salida para sumarse a los esfuerzos de sus paisanos, que gritaban "Ducha, Ducha. Libertà, libertà" y "Francia,
Papa et Marco", invocado este último por ser patrón de Venecia. La mayoría venían "desbandados y sin gobierno" y poquísimos se hallaban con armas [4] de manera que hallándose con los soldados en ordenanza, la mayoría se retiraba, tornándose a casa.


Se vio en aquel día quanta ventaja hazen los soldados viejos a la gente no exercitada

Historia de las cosas que han passado en Italia desdel anno 1521 hasta 1530 sobre la restitucion del duque Francisco Sforcia [1536] [4b]

El tumulto apenas duró una jornada, tras morir en él unos quinientos hombres, pues el día 26 se acordó una tregua, a la conclusión de la cual contribuyó la mayor pericia de las tropas profesionales, que tomando los edificios altos se dedicaron a disparar su escopetería y arcabucería [5], así como las promesas de perdón cuasi general [6], de no imponer nuevas "taglias" y de impedir la llegada de más soldados a la ciudad.

Asegurarse un buen lugar para disparar aportaba numerosas ventajas. En este caso, no es un edificio, sino una plataforma con parapeto construida ex profeso para tirar con arcabuz. Fl. Vegetii Renati ... De re militari libri quatuor. Sexti Iulii Frontini... De Strategmatis libri totidem. Aeliani de instruendis Aciebus liber unus, ed.1553


Los alemanes en sus cuarteles [7] próximos al castillo, amén de abastionarse y hacer reparos con tablas y muebles se dedicaron a quemar edificios para evitar que los aprovechasen tiradores en su contra, contribuyendo al caos.

El día 27 se dio bando que nadie podía portar arma alguna ofensiva o defensiva salvo espada y daga, bajo pena de 200 escudos a los ricos y tres tratos de cuerda a los pobres. Los saqueadores debían restituir lo tomado en el asalto a la Corte Vechia, y las tiendas debían abrirse al público. Se prometió a los ciudadanos que no llegarían nuevas tropas, ante el rumor de su venida [7 banderas de infantería] y la voz pública del deseo de dichas tropas de acudir para saquear la ciudad.

El Abad de Nájera - comisario del ejército imperial - escribió al Emperador el 28 de abril, comunicándole que lo que más se temía era que los alemanes presentes en la ciudad aprovechasen el tumulto para saquearla, y que las tropas alojadas en los alrededores acudieran para hacer lo propio. Esta contingencia se pudo solventar por la diligencia con la que actuaron el marqués y Leyva.

En fecha tan temprana como el 30 de abril, no obstante, la promesa dada a los ciudadanos milaneses de que no acudirían más tropas, se veía momentáneamente incumplida, pues 2000 españoles se hallaban a las puertas de la ciudad. Una delegación de milaneses se reunieron entonces con la jefatura del ejército, demandándoles que se anulasen las contribuciones que debían pagar, así como que se retuviese a los soldados que acudían a Milán.
Se les respondió que los soldados que venían estaban amotinados y que precisaban de 6.000 escudos para meterlos de nuevo bajo las banderas [8]. Al final, los milaneses acordaron de pagar un nuevo "taglion" de 10.000 escudos, pagadero sobre el depósito de sal de la ciudad, y los imperiales acordaron retirar las tropas del estado de Milán acantonadas entre los ríos Ada y Tesino y conducirlas al Monferrato, Astesana y Saboya [9], quedando únicamente en Milán las tropas ocupadas en el cerco del castillo [10].

En el castillo, por su parte, los defensores se habían comido los caballos a mediados de mayo, y se quedaban sin queso ni carne, si bien contaban con pan y aceite suficientes tras seis meses de cerco y escaramuzas continuadas. A primeros de mayo, la bandera imperial que había estado ondeando durante meses en el castillo del lado de Porta Verzellina, situada entre las banderas del Duque y la de la Comunidad, es sustituida por ramas de roble, como símbolo de su ruptura formal con el Imperio.
El ejército organizó importantes guardias nocturnas, con centinelas dobles hacia el castillo y la ciudad, previendo un nuevo alzamiento armado.

Para el 13 de mayo quedaban 5000 soldados en la plaza, lansquenetes, españoles e italianos [napolitanos y genoveses, pero también soldados sardos y corsos], amén de 200 arcabuceros napolitanos a la guarda de la Corte Vechia, y se fortificaban en los burgos de la ciudad, por si se producía un nuevo levantamiento popular.

Los milaneses protestaron que si bien estaban partiendo soldados de Milán [6 banderas de lansquenetes y 300 hombres de armas] como era acordado, había tropas alojadas en Binasco, Landriano y Magenta, a dos horas de la ciudad.

Mediado el mes, la guardia de la Corte Vechia se reforzó con infantes españoles y pasó a contar con 700 hombres, al tiempo que se sustituyó la puerta dañada en el asalto por una forrada de hierro, y se hicieron aperturas en el muro para permitir disparar la escopetería. También se dejó una guardia permanente de 12 arcabuceros en la torre del campanar del Duomo para impedir la convocatoria del pueblo mediante el toque a rebato.
Los imperiales reclutaron nuevas tropas, 1.200 infantes en 4 compañías, con dos capitanes napolitanos y dos españoles.

Mientras, en el Piamonte, también tenían lugar disturbios por los alojamientos de tropas españolas, muriendo 60 soldados [11] y Antonio de Leiva envió a Juan de Urbina con siete banderas de infantería, caballería ligera y seis piezas de artillería a aquellas tierras para sofocar a los paisanos.

El 20 de mayo los lansquenetes se metieron en ordenanza para demandar su salario a Antonio de Leiva, amenazando con "marcharse con Dios" si no recibían las dos pagas y media que se les debía, más de 50.000 escudos.
Para solventar este problema, el abad de Nájera marchó por postas a Génova para conseguir el dinero con que satisfacer las demandas económicas de los amotinados, que dejaron la guardia del cerco del castillo y persiguieron a sus capitanes, mientras son los soldados españoles los que se ocupan de mantener la guarnición de Milán.
Para pagar a las tropas alemanas también se recurre a empréstitos que otorgan los capitanes españoles [12].


La Liga de Cognac

Aunque Francisco I de Francia se hallaba públicamente respetando las paces establecidas con el Emperador Carlos [13] había negociado en secreto con el Papa Clemente VII, las señorías de Venecia y Florencia y el duque de Milán la formación de una liga defensiva para expulsar a los imperiales de Italia, que quedaban con el apoyo de Génova como principal aliado en la península.

El acuerdo se firmó en Cognac el 23 de mayo de 1526 [14a] y poco después, el 25 de mayo, llegaba la noticia al castillo de Milán, donde la guarnición procedió a festejarlo con trompetas y pífanos, 400 disparos de artillería ligera, y el júbilo de los soldados en los muros, que se burlaban de los lansquenetes que asistían al cerco. Los imperiales contemplaron el festejo sin tener clara la razón, pues la Liga no fue confirmada públicamente hasta primeros de junio [14b].
Tras siete meses de cerco, las tropas ducales contaban con el apoyo explícito - aunque todavía secreto - de aliados tan potentes como Venecia, el Papado y la corona francesa. La misma corona francesa contra la que se hallaba en guerra hacia un año escaso era ahora una aliada, y el Imperio y la corona española, que habían sido hasta entonces sus aliados, ahora eran el enemigo que había que derrotar.

Así era la política italiana y europea de esta época: alianzas fácilmente mudables y agresivas políticas cortoplacistas que imponían a la población padecimientos sin fin. En la Cristiandad se predicaba la guerra total contra el turco como bien universal, pero se practicaba la guerra local contra el vecino por el dominio de pequeñas provincias agotadas por los saqueos y exacciones.

En el aspecto de la cooperación militar la Liga establecía los términos siguientes [15]:

1) El Papa aportaría 700 hombres de armas, caballería ligera y 8.000 infantes. La lista final incluía 771 hombres de armas y 891 caballos ligeros.
2) El rey de Francia 500 lanzas "al modo de Francia" que incluía a 1.000 caballos ligeros. También aportaba 40.000 escudos del sol cada mes.
3) La Ilustrísima Señoría de Venecia aportaría entre 800 y 1.000 hombres de armas, 1.000 caballos ligeros y 8.000 infantes.
4) Por último, el Duque de Milán debía aportar 400 hombres de armas, 300 caballos ligeros y 4.000 infantes, si bien, dadas las circunstancias en que se hallaba, cercada su persona en el castillo y con el ducado ocupado por las tropas imperiales, serían Venecia y el Papado quienes supliesen los 4.000 infantes en nombre del Sforza.


Los hombres de armas, a pesar de la derrota en Pavía a manos de los arcabuceros y escopeteros españoles, seguían siendo el pilar del ejército. Lo continuarían siendo hasta mediado el siglo XVI. Detalle de uno de "Los triunfos de Carlos V", las tropas entran en Túnez. 


Prosiguen los problemas en el ejército imperial por falta de dinero

Mientras tanto, en el ejército imperial continuaban los problemas para hacer frente al pago de los 39.000 escudos necesarios para afrontar el pago de dos meses de sueldo a los lansquenetes, gobernados por los coroneles conde Juan Bautista de Lodron y Jorge Frundsberg. Se recurrió a solicitar préstamos en Génova y al duque de Saboya, así como préstamos de capitanes españoles [que aportaron 300 escudos], pero se el abad de Nájera, comisario imperial, retornó de su viaje a Génova sin un quatrino.

El viernes 25 de mayo, los lansquenetes que cercan el castillo se meten en batallón y acuden a reclamar las pagas a Juan Bautista de Lodrón, que les remite a Antonio de Leiva, desplanzándose los soldados al alojamiento del capitán español en la Corte Vechia. Allí Leiva les aplaca entregándoles 2.000 escudos, con la promesa de pagarles pronto el resto.

Se esperaba la llegada de Hugo de Moncada - que llegaría el día 5 de junio a Milán - con instrucciones de levantar el asedio del castillo llegando a un acuerdo con el duque, algo que resultaba enormemente molesto a Antonio de Leyva, que pretendía rendir el castillo por las armas, y acudir a Roma a entrevistarse con Su Santidad.

Por parte de la Liga, se aceleraban las levas de soldados; medio ducado como "prima de enganche" [16] se daba a los infantes italianos en la zona de Módena a primeros de junio. Guido Rangon levantó para el Papa Clemente VII 200 hombres de armas, 200 caballos ligeros y 6000 infantes [17].
Aquí repetimos traducidas las dos citas que encabezan este artículo, ya que resumen la fuerza del veterano ejército imperial, y lo ponen en contraste con este novísimo ejército de la Liga:

spagnoli non sono homini in ordine a la guerra se non sono usadi, come è questi sono in Italia
Los españoles no son hombres adecuados para la guerra, si no son experimentados, como estos que están en Italia
Gasparo Contarini, embajador veneciano ante el Emperador. Noviembre de 1525

li qual fanti [spagnoli] è homini disposti e valentissimi, usadi in le guerre de Italia dal 1509 in qua
Los cuales infantes [españoles] son hombres dispuestos y valentísimos, veteranos de las guerras de Italia del 1509 a esta parte
Marco Antonio Venier, sobre el ejército imperial en Lombardía, 4 de noviembre de 1525

Et che haveano mille homini d’arme et 12 milia fanti homini tutti experti et valentissimi quali fariano per 36 milia di altri, et che loro spagnoli non voleano esser se non la tertia parte, zoè di le tre parte una contra Io exercito ecclesiastico et di la Signoria nostra Illustrissima, digando lui che non sono homini di guerra, et che certissimamente facendo la giornata sariano vincitori.
Tenían mil hombres de armas y 12 mil infantes, hombres todos expertos y valentísimos, los cuales harían lo que 36 mil de los otros, y que sus españoles no eran ni la tercera parte, y que siendo tres a uno contra el ejército de la Iglesia y de la Señoría Ilustrísima [de Venecia], decían de ellos que no eran hombres de guerra, y que ciertamente, haciendo la jornada serían vencedores 
Extracto del parlamento del marqués del Vasto a los capitanes imperiales en junio de 1526


Los españoles eran soldados veteranos, pero además eran únicamente soldados, soldados que ejercían el oficio de las armas y no otro, mientras que las tropas italianas se nutrían de gente que podía haber participado en campañas anteriores, y que tenía cierto grado de experiencia, pero también con labriegos, mozos, y gente que se incorporaba por vez primera a un ejército. Los italianos eran soldados que participaban en ejércitos de campaña, y los españoles soldados de un ejército permanente [18] que aguardaban una nueva campaña.

A finales de mayo, por ejemplo, se sacaban de Brescia 1000 armas entre escopetas y arcabuces para armar a las tropas papales. Tenemos, por tanto a unos soldados bisoños a los que se entregaba un arma por vez primera, frente a escopeteros y arcabuceros españoles que habían batido el cobre en Bicoca, Sesia o Pavía, o que habían estado en la toma de los Gelves, la guerra de Urbino, o más aún - como refiere Vernier al nombrar el año de 1509 - habían combatido en Italia desde las guerras de la Liga de Cambrai, y aunque hubieran sufrido derrotas como la de Rávena, tenían una larga escuela prácticamente continua desde la época de la guerra de Nápoles al mando del Gran Capitán.

Los imperiales replegaron las tropas dejando el territorio más allá del Adda y el Ticino, concentrándolas en Como, Alessandria, Asti, así como Lodi y Pavía - plazas fortificadas más importantes - y alrededores de Milán. En Milán tenían unos 6.000-7.000 soldados entre españoles y lansquenetes dispuestos al motín y la deserción [19]. En Pavía había una guarnición de 2.500 alemanes a cargo de Antonio de Lodrón, que amenazaba con entregar la plaza a Venecia si la Señoría pagaba lo que el César les debía. En Cremona entraban de guarnición dos banderas de hombres de armas españoles y 4 de infantería, suplementando los 350 caballos ligeros, 1200 lansquenetes y 60 hombres de armas que custodiaban la plaza en nombre del Emperador.

En Génova se levantaron 4 compañías - 1000 infantes - para luchar por el Imperio. El día 4 se pagaron por fin las dos mensualidades que se les debía a los lansquenetes, aunque sus coroneles se les continuó debiendo 3000 escudos, si bien los dueños de los regimientos eran más proclives a esperar la gracia de sus señores que la soldadesca. El día 6 Antonio de Leiva consiguió reunir cuatro banderas con unos 1200 lansquenetes en la plaza de San Ambrosio, haciéndoles jurar fidelidad por tres meses "bajo pena de vida", prometiendo el capitán español pagar cada mes su sueldo, si bien ellos reclamaron se les abone cada quince días.
Por su parte, 200 escopeteros sardos al servicio de los imperiales se marcharon a Plasencia "a tocar danari"; no sólo los lansquenetes vivían preocupados por su paga.

Por parte de la Liga continúan las levas en Italia y comienzan a calar grisones y esguízaros [20]. A mediados de mes establecen el objetivo de liberar el castillo de Milán del cerco, para lo que se ha de unir los ejércitos veneciano y pontificio.

Cuando Hugo de Moncada acude a parlamentar con el duque de Milán, éste declara que se haya prisionero en su castillo, cercado desde hace siete meses sin conocer la causa, y que se ha visto obligado buscar como padrinos al Pontífice y la Señoría de Venecia, y viendo la "poca observancia" que se ha tenido en mantener las promesas recibidas de los capitanes imperiales con anterioridad, no puede ahora entregarles la fortaleza sin mayores garantías. Con esta respuesta, el día 10 Moncada parte a Roma a entrevistarse con Clemente VII.

El 14 de junio los imperiales anuncian al pueblo de Milán que pondrán fin a las contribuciones y las tropas dejarán la ciudad y todo el ducado, a excepción de los que acuden al cerco del castillo y de 4 compañías a cargo de Juan de Urbina en Galera [Gallarate] y Varese, que deberán controlar los accesos al ducado desde los Alpes "per dubito de sguizari". La excusa de la amenaza exterior.

En Monza, tres compañías de españoles [de los capitanes Herrera, Rosales o "Sarna" y Juan de Urbina], a las que se les adeudan 13 pagas, se amotinan y pretenden saquear la ciudad contra las órdenes de sus capitanes, robando todos los caballos que hallan en la ciudad. Acudiendo el Marqués del Vasto a hacerles un parlamento para aplacarles, ha de huir ante los arcabuzazos de los soldados que gritaban "Dineros, dineros" y "Muera, muera", hallando refugio en el castillo de la ciudad ante el riesgo de ser arcabuceado por los soldados, castillo en el que se hallaban los capitanes con sus oficiales, cabos de escuadra y soldados particulares. Posteriormente, los soldados se excusaron ante su comportamiento, asegurando que no lo habían reconocido [21].

A mediados de mes, entran de guarnición en Pavía las compañías de Villanueva y Gayoso [22a] y acude a Castiglione d'Adda [Castion] el capitán Santa Cruz con 300 escopeteros [22b], dejando muchas banderas de infantería española la tumultuosa plaza de Milán, donde el 14 de junio tiene lugar una nueva algarada, en la que mueren cuatro soldados españoles [23]. En dicha ciudad, los lansquenetes no dejan sus cuarteles para ir a comprar, y envían a sus mujeres e hijos a dicha tarea para evitar confrontaciones con los locales. El grito de "El è spagnol, amaza, amaza" [Él es español, mátalo, mátalo] dirigido contra soldados o mercaderes, se vuelve común y para recorrer los caminos es mejor ir agrupados en buen número. El día 18 entran en Lodi las compañías de Jerónimo Tomás y Santa Cruz.

El sábado 16 en Milán se produce un nuevo alzamiento popular contra la "insolencia, asesinatos, robos y estupros" de los imperiales, animados por la llegada de tres enviados del conde Guido con la noticia de los inminentes cruces del Adda por parte de venecianos, y del Po por las tropas pontificias y también espoleados por la muerte del gentilhombre milanés Alessandro Simoneta a manos de Antonio de Leyva, que le hunde una daga en el pecho tras una discusión.

En este alboroto, que dura desde el sábado después de comer hasta el domingo por la mañana, se ven implicados no solo gente baja, sino gentileshombres milaneses, asaltando la Corte Vechia y tomando el campanón. Aunque esta suceso no llega a tener las dimensiones del tumulto de abril, y sin que los del castillo hicieran novedad alguna [24].

Los imperiales nuevamente se imponen, tomando el control de las puertas de la ciudad - excepto Porta Romana y Comasena - y se alojan a discreción [25a] en Milán todos los infantes que se hallaban en los alrededores de Milán - a los que se convoca con preacordadas señales de fuego - y Brianza [en las poblaciones de Monza, Merate y Vimercate]. Se concluye el tumulto con la llegada a los burgos de la ciudad de Juan de Urbina a cargo de diez compañías de españoles, lo que propicia una tregua por tres días que había de expirar el miércoles 20, si bien los ánimos estaban aún muy exaltados [25b].

Desde Innsbruck el Archiduque Fernando enviaba 2000 lansquenetes a Trento, pero debían asegurarse de tener paso franco por tierra de grisones. También se pertrechaban 2000 bohemios para sumarse a las tropas imperiales.

Desde Piacenza-Plasencia se envía reseña de las tropas del Papa [26] mientras que los venecianos se juntan en Pontevico, teniendo por capitán general al duque de Urbino, Francesco María della Rovere, viejo conocido de los españoles.


Comienza la guerra

Toma de Lodi

La noche del 24 de junio, Malatesta Baglioni, con 100 hombres de armas y 300 caballos ligeros que llevan a la grupa un escopetero, encabezando la lucha combatiendo a pie con espada de dos manos, toma por asalto Lodi, defendida por 1500 infantes italianos a cargo de Fabrizio Maramaldo [27a] - de los que apresa a 800. A continuación plantan batería de 8 cañones de 50 libras contra el castillo, recibiendo el socorro de toda la caballería ligera de venecianos, desde el campo en Ombriano, para relevar a los asaltantes.

El 25 los españoles intentan meter un socorro en el castillo. El marqués del Vasto con 400 caballos y sendos escopeteros en las grupas, consigue entrar en la ciudad, pero son rechazados por la arcabucería y caballería ligera de los venecianos, muriendo 40 de ellos en el intento [27b].

Una pequeña "rocha" o "rocca", castillo o fortificación, podía - como en el caso de Milán y su castillo - suponer un formidable foco de resistencia frente al ocupante de la villa o ciudad. En la imagen, batería plantada contra Castel Sant Angelo de Roma en 1527. Cuarto de los triunfos de Carlos V. 
La artillería consigue abrir brecha en los muros, y aunque los venecianos pretenden tomar la "rocha" por asalto el 26, la noche del 25 los 50 defensores a cargo del capitán Quesada abandonan la plaza. Felipe de Herrera, alcayde de Tarento, malherido en la mandíbula, es transportado en literas. Aún con la oscuridad son descubiertos y atacados por la compañía de Alexandro Marzello, pero la mayoría consigue escapar.

Resumamos el estado del ejército imperial en ese momento: los 2000 lansquentes a cargo del coronel Bautista de Lodrón que cercan el castillo de Milán son enviados a Pavía, que cuenta para su defensa con 200 caballos ligeros, marchando los españoles de esta plaza a Milán conducidos por el capitán Corvera. En Milán y alrededores había unos 5000-6000 infantes españoles en 20 banderas, 2500 lansquenetes, 700 lanzas y 1200 caballos ligeros. En Cremona [a más de 50 millas de Milán] quedaban 2000 alemanes - a cargo del capitán Corradin - 600 españoles  y 200 caballos ligeros. Los imperiales desalojan Sant'Angelo y San Columbano [28a].

Al tiempo se promueven levas de lansquenetes en el Imperio - aprobadas en Dieta el día de San Juan - de hasta 17.500 soldados, parte de ellos en tierras del archiduque [5000 en Innsbruck, en el Tirol y otras levas en Carintia]. Cabe tener en cuenta que el archiduque Fernando se hallaba afrontando una revuelta campesina de inspiración luterana en tierras de Salzburgo y Tirol.
Los venecianos, por su parte, usan sus extensas redes diplomáticas para contrarrestar ese posible aporte de soldados: subsidian a los grisones para que cierren los pasos de sus valles alpinos a las tropas que pueden venir de Alemania [28b].

El 28 de junio en Lodi Vecchio se junta el ejército veneciano con el papalino, desde donde marchan a Marignan, a 9 millas de Milán. El 29 se produce la primera escaramuza entre la avanzada del ejército de la Liga y los imperiales en el camino que lleva a la capital del ducado, en la cual los infantes españoles, careciendo de gastadores para hacer los trabajos de zapa, se dedican a construir reparos  tras el foso en los que parapetarse- [29a] sobretodo entre Porta Nova y Porta Ticinese, a la parte del castillo -  y construyen bastiones desde donde tirar con sus escopetas, al tiempo que sacrifican los caballos inútiles.

El 30 el ejército de la Liga camina en batalla desde Lodi Vecchio a Marignan [Melegnano] enviando la caballería ligera hacia Milán. El ejército avanza sorprendiéndose de que los imperiales no hayan roto los puentes, lo que les hubiera retrasado un par de jornadas. La liga espera cada día la venida de los esguízaros y se envían emisarios a Bellinzona para promoverla [29b].


Asedio de Milán

En Milán los españoles se aprovisionaban de molinos de mano, para moler el grano en caso de necesidad y demandaban provisiones para quince mil bocas, entre útiles [soldados] e inútiles [mujeres y niños, mozos y criados] [30a].

El mando del ejército veneciano-papalino reconocía el terreno próximo a la plaza, para ver donde debían establecer su campo, formado principalmente por unas tropas inexperimentadas, como reconocía el mismo Provedador Pietro da cá da Pesaro:

che di fanti del campo nostro non si poi prometter ben se non di 4000 tenuti questa invernata, per esser novi et non experimentadi da lui.
que de los infantes de nuestro campo no se puede prometer bien si no de los 4000 que hemos tenido esta hivernada, por ser los demás nuevos y no experimentados. 

Calculaban que de los defensores que quedaban en Milán, 2000 debían ser empleados para la guardia del castillo, y que los imperiales sólo disponían pólvora para efectuar 20 disparos durante 15 jornadas.

El día 2 el ejército, mal pertrechado de artillería - "mal forniti di palle et di polvere per far batteria" - camina en ordenanza con la cruz blanca como señal para identificarse - frente al rojo imperial - y se planta en San Donato, a 4 millas de los muros de la ciudad ducal, para acercarse más a los burgos entre Porta Romana y Porta Tusa, hasta San Martín.
El día 4, tienen las primeras escaramuzas con los defensores imperiales que efectúan salidas desde la ciudad. La compañía de Santa Cruz [30b], la più bella compagnia de inimici, la miglior banda de gente che havesseno pierde 100 hombres en el combate y otros 50 son capturados, viéndose obligados a retirarse a las puertas de la ciudad, mientras que otros 50 arcabuceros que se atrincheran en una casa mueren al incendiarla el enemigo.

Al campo de la Liga llegan 900 esguízaros "disarmati, ma bella zente. Hanno la pica et la spada", o sea, desarmados [sin armas defensivas, sin coselete: "senza corsaleti"] y con picas y espadas.

El 5 de julio, de noche, se produce un nuevo choque entre escopeteros españoles y tropas de la Liga. 200 infantes españoles, tomando una casa a menos de dos millas de Milán, son atacados y han de retirarse a los burgos, perdiendo a 30 o 40 compañeros por el camino. A los venecianos les sorprende el objeto de esta fútil salida de los defensores [31]

El día 7, el ejército de la Liga marcha sobre Milán con buonissimo ordine per le vie spianate, ocupando los burgos sin oposición, las tropas pontificias hacia Porta Comasena, las tropas venecianas hacia Porta Romana, con el objetivo de penetrar por dichos accesos.

Los italianos tientan las puertas con sendas compañías de escopeteros, y tras sufrir leves bajas, plantan tres cañones a tiro de ballesta para batir Porta Romana y el falconete que la guarda.

Artillería. Cañón ilustrado en el De re militari de Vegecio, edición de 1553.


Consiguen desbaratar el falconete, pero la puerta resiste los envites de la artillería por haber sido plantada demasiado lejos, y aunque habían traído escalas para dar el asalto por los muros, e incluso los gentileshombres del duque de Urbino habían desmontado para participar en la acción, deciden retirarse, quedando la batalla que habían de dar en una "scaramuccia leggiera".

Los atacantes se muestran tímidos en un ataque fatto all'improviso, tentando pero sin combatir, mientras que los defensores se comportan gallardamente, debiendo el ejército de la Liga, formado por 25000 hombres tomar la resolución de retirarse con gran vergüenza y pérdida de reputación frente a 7 u 8000 defensores [32].

Mientras, el rey de Francia preparaba las 520 - o 528 - lanzas que debía aportar al ejército de la Liga, con una mayoría de compañías con capitanes italianos, todas ellas encabezadas por el marqués de Saluzzo como lugarteniente general de Francisco I [33].

Asimismo, el duque de Borbón, comandante imperial, entraba en Milán con 400 o 500 soldados de la escolta de sus galeras alojándose cerca de Porta Ticinese [34], mientras que en Monza, la compañía de infantería española que guarda la plaza se ha de refugiar en el castillo tras perder a 40 hombres en un ataque de los paisanos.

El día 8 de julio, los imperiales realizan una salida contra la artillería enemiga, poniendo en fuga a la infantería que la guarda, que se porta tristemente, al tiempo que desde la ciudad se bate el alojamiento de la infantería de los sitiadores, lo que les empuja - tras descartar la viabilidad de repararse o fortificar el campamento - a retirarse a Marignan, desechando San Martino como campo por la cercanía a Milán. Es un pequeño triunfo para los ocupantes de Milán.

En este momento, cada una de las nueve puertas de Milán es guardada por una compañía de infantería española.

El duque de Urbino - capitán general del ejército de la Liga - asume que sin los diez mil suizos que el rey de Francia ha de aportar, un nuevo ataque resultará infructuoso ya che non si possa sforzar Milano senza due exerciti. Milán está tan bien defendida que hacen falta dos ejércitos para tomarla.

En Cremona, ciertos capitanes alemanes del coronel Corradin negocian con el duque de Urbino la entrega de la plaza - o cuanto menos, el amotinamiento de los lansquenetes - a cambio de dos pagas, pero éste - según Guicciardini con "trato doble" - les apresa y los descuartiza. Las plazas de Lecco, Brivio y Trezzo sull'Adda, en manos de los imperiales, se convierten en objetivos de la Liga.

No habiendo resolución favorable de la dieta de los confederados para aportar infantería a la Liga, acuden 3000 suizos al Bergamasco bajo capitanes particulares a combatir junto a los italianos [35], que pretenden reclutar 4000 hombres a cargo del marqués de Saluzzo que debían unirse en Ivrea a las lanzas del rey de Francia.

Antonio de Leiva marcha a Pavía para hacer traer desde esta plaza artillería gruesa a Milán, donde se trabaja en fortificar los burgos, la ciudad y estrechar el cerco al castillo.

El 9 los venecianos y papalinos acuerdan retirarse a Marignan, no sin antes remitir una carta a los 700 defensores del castillo, que se mantienen con pan de sémola y agua, prometiéndoles el pago de 10,000 ducados por sus servicios. El capitán de caballos ligeros Fragastin Fragastoro deja Milán con 40 compañeros e informa a los sitiadores de la Liga sobre el estado de las defensas imperiales [36].

En Trezzo sull'Adda, 100 infantes imperiales desalojan a 150 venecianos que desde San Gervasio impedían el libre paso del río, habiéndose tirado previamente arcabuzazos y tiros de falconete.

Mientras, iban llegando por el Bergamasco compañías de infantería suiza procedentes de Bellinzona, capital del cantón de Tesino  [37]. Por su parte, Gian Giacomo de'Medici - hermano del que había de ser papa como Pio IV - castellano de Mus, o Musso, al norte de Como, aportaba tres mil suizos reclutados por seis mil ducados [38].

La infantería que se halla en Cremona [12 banderas y unos 2500 infantes] marcha camino de Pizzighettone para juntarse con la guarnición de Pavía [1500 lansquenetes].

Los venecianos y papalinos retoman la iniciativa y prevén asaltar Milán por tres bandas: por Porta Comasena, por el "Portón", o Porta Romana y por el Giardino, que da acceso al castillo. Esto esperan hacerlo el día 17, cuando lleguen al campo en Marignan los tres mil suizos que se aguardan. El ejército papalino - a junio de 1526 - lo componen 9832 infantes, 487 lanzas y 850 caballos ligeros [39]. Los venecianos aportan 13013 infantes y 783 caballos ligeros, soportando un gasto de 59.000 ducados mensuales.

En Milán hay disputas entre Borbón, por un lado y del Gasto y Leiva por otro, pues Borbón desea que los españoles - que viven a discreción en Milán - se alojen en los burgos por excusar los daños que se hacen a los vecinos. Estos no le prestan obediencia. Al contrario, los españoles reclaman 8 pagas que se les debe, y Borbón, por apaciguarles, promete darles tres pagas en dinero y una en pan. Mientras, a los lansquenetes se les da una paga, lo que enardece a los españoles agraviados.
Se impone el trabajo forzoso, y se ordena a los milaneses, que cada casa ha de aportar un hombre que trabaje en las fortificaciones y obras de defensa que se labran en la ciudad.

Una noche, "al mudar de la tercera guardia", abandonan el castillo 500 personas - 150 soldados y el resto, "bocas inútiles": gastadores, mujeres y familares - conducidos por el capitán Pasquin en silencio hasta las trincheras - el foso - de los sitiadores, asaltando y matando a los centinelas y metiendo en desorden a las dos guardias con el uso de fuegos de artificio - "pignate di fochi articifiali" - y posteriormente cruzando el cerco, para después caminar treinta millas por caminos poco transitados para llegar hasta el campo pontificio-veneciano. Los caballos ligeros venecianos habían dado el arma contra las defensas imperiales para generar una diversión y permitir la salida con más facilidad. Esta huida se hace para excusar el gasto de vituallas en el castillo de Milán, pues se hallaban comiendo gatos y perros, pero entre heridos y muertos hay más de cien, amén de algunos prisioneros. Los lansquenetes acusan a los españoles que se hallaban aquella noche del 17 a la guardia del castillo de traidores.

El asalto a Milán previsto para el 17 de julio se pospone por el retraso en la llegada de las tropas suizas. El ejército ha de levantar su campo de Marignan el 19 y se hallará a los pies de Milán el 21. El duque avisa que si no es socorrido, el día 23 rendirá el castillo a Borbón y pide se le hagan señales para tener aviso de que el socorro demandado se ha de llevar a cabo [40] pues solo tiene vituallas para cinco o seis días.

A Milán llegan noticias de que por fin el archiduque Fernando - junto a la Liga Suabia - ha vencido a los campesinos alzados en armas en el Tirol, y por lo tanto, las tropas empleadas en sofocar esta revuelta - unos cinco mil hombres - están disponibles para ser enviadas a Italia a luchar contra los enemigos del Emperador [41] si bien el hermano del emperador no dispone de dinero con que mantenerlos.

Artimaña de los españoles

Los españoles llevan a cabo una artimaña para intentar tomar el castillo. De noche, organizan dos bandas de infantería y caballos, una marcada con cruces rojas - la señal de la casa de Borgoña, su príncipe natural - y la otra, con cruces blancas, la señal del enemigo.

Del segno, tutti habbiamo la Croce bianca-.
Carta de Francesco Guicciardini, de 3 de julio de 1526

Los soldados se identificaban con los colores de sus príncipes o de los estados a los que servían: rojo el imperial, rojo el español de la casa de Borgoña, blanco el de venecianos y franceses. Detalle de la  roja cruz cosida al blanco jubón de este arcabucero inmortalizado en el tapiz número 3 de la serie de tapices sobre la batalla de Pavía. 
Cuando comienza a clarear, esta segunda banda con cruces blancas, custodiaba unas bestias cargadas de vituallas, y fingían llevar un socorro de los venecianos y papalinos al castillo de Milán. Las tropas con las falsas cruces blancas se van aproximando al castillo, mientras las tropas con las bandas rojas les disparan con escopetería y arcabucería sin bala en el cañón, sólo con pólvora, fingiendo impedirles el paso hasta el castillo, mientras que los otros les responden de igual manera. Con esta treta, pretendían que los del castillo abrieran las puertas para acoger a las supuestas tropas venecianas, pero desde el castillo, teniendo sospecha del caso, dispararon su artillería contra todos ellos, muriendo muchos en el encuentro.

Mientras, las tropas suizas se van juntando en Treviso, pero se niegan a marchar al campo veneciano-papal hasta que no acaben de llegar el resto de compañeros que han de venir.

George Frundsberg, coronel de los lansquenetes imperiales se hallaba en Trento con numerosos capitanes y 500 infantes aguardando la llegada de tropas de Alemania y la decisión del príncipe Fernando [42] pues aunque el ejército campesino se hallaba disuelto, se mantenía el ejército católico para reprimir a los que se habían alzado en rebelión, capturando hombre y ajusticiándolos y confiscando sus bienes. Guicciardini propone entonces que se tome el paso de la Corvara para estorbar la entrada de los lansquenetes que han de venir del Tirol.

Por su parte, los imperiales meten en Monza 100 escopeteros españoles.

El 19 de julio, el ejército italiano, con la caballería ligera de Malatesta a la cabeza parte de Marignano dirección a Milán. El 20 acampan en Sagrà [sagrato] a 3 millas de los muros de Milán. Los españoles meten tres banderas de infantería en Santo Anzolo y dos en San Gregorio - al norte de la ciudad, cuando el ejército veneciano-papalino venía por el sur - y abastionan Porta Tosa en el este.

El día 21 los gastadores del ejército atacante hacen explanadas en su campamento en Lambro [Lambrate], a dos millas de Porta Renza, al noreste de la ciudad. Mientras, de Milán sale una banda de caballería ligera que escaramuza con las tropas de Gonzaga. Los suizos que van a cargo del castellano de Mus van llegando al campo veneciano-papal. Se produce una nueva escaramuza en la cual Alexandro Vitelli, capitán de caballos ligeros del ejército pontificio es herido en una pierna de un arcabuzazo [43].

En Monza, los 200 infantes españoles que guardan la plaza se retiran a la "rocca", al castillo que guarda la ciudad, tras ser atacados por las tropas a cargo de Claudio Rangoni. Los venecianos envían a Antonio de Castello con 1000 infantes y 10 piezas de artillería a tomarla, cosa que consiguen el día 22, acabando con toda la guarnición.

El obispo de Lodi cree que los suizos llegaran a más tardar el día 30, ya que el 23 de junio se les había dado su paga. A falta de suizos, en el campo veneciano-pontificio se juntan 3000 milaneses, pero no se les considera leales a su Duque, y no parecen ser soldados de provecho, por lo que se discute si darles un escudo a cada uno o no.

Llegan noticias de Lucerna: los cantones no aprueban la leva, aunque hay dos capitanes que ofrecen 2000 y 1000 soldados respectivamente, por tres escudos al mes por soldado, un 20% de anticipo y 300 escudos para cada capitán, y el cantón de Berna - el más poderoso y poblado - sí desea enviar tropas.

Por su parte, los imperiales también buscaban reforzar su ejército, y Hugo de Moncada marcha al sur, a la Romagna, para reunirse en Gennazano con Vespasiano Colonna, pasando por Roma, de donde salen 150 caballos ligeros a darle muerte, si bien se retiran pues Moncada se hallaba escoltado por 500 infantes. Así pues, Moncada marchaba a tierras de la Iglesia - con quien el Emperador estaba en guerra - a reclutar soldados, tanto infantería - 2000 o 3000 españoles y alemanes - como caballería.

En Milán, se toma muestra y se da paga a los soldados, 9.000 infantes entre españoles y alemanes, muy bien armados, pues habían saqueado las armerías de Milán, 700 hombres de armas y 1200 caballos ligeros. [44] También había 1400 infantes italianos bajo 4 capitanes españoles: Espes, Francisco Carroz, Juan de Leyva y un cuarto.

El día 23 por la noche, un trompeta trae la noticia al consejo de guerra italiano: el castillo se ha rendido, ya han entrado dos compañías de infantería - una de españoles y otra de lansquenetes - para sostenerlo en nombre del Emperador. No pudiendo creer la noticia, y viendo que en Milán no se hacen festejos, como correspondería ante una noticia de tal calado, mandan a Gianin de Medici que haga una cabalgada para que tome a quien le de noticia cierta, esperando también tener noticia de los espías que tienen en Milán.

El 24, Marco Antonio Martinengo sale de Pontevico con 50 hombres de armas, 200 caballos ligeros y 800 infantes, dos medias culebrinas y dos sacres, rompe y prende a Alvise Gonzaga y Lodovico Gonzaga con 50-60 caballos y 80 arcabuceros que se hallaban en el castillo de Pieve de San Giacomo y al capitán Constantin Greco. Tras esto, los venecianos toman Grontardo, Pescarolo y Pieve de San Giacomo, tres villas próximas a Cremona hasta entonces en manos de los imperiales.

El día 25, ajenos a los movimientos de los venecianos, se celebra en Milán, con tiros de artillería y escopetería, la rendición del castillo. Las condiciones de la capitulación hecha entre Sforza y Borbón no eran malas para los rendidos: el Duque recibiría Como - a donde marcharía con salvoconducto - y 30.000 ducados al año de los ingresos del ducado, o sea, se convertía en pensionista del ducado, dejando de ser su legítimo dueño. Por otro lado, los soldados rendidos eran, no solo libres de marchar con banderas desplegadas, tambor y trompeta y todas las armas, sino que recibirían las cuatro pagas que se el duque les debía. A los seguidores del Duque se le respetaban los bienes y los oficios. Quedaba el primo de Sforza, el señor "Sforzino", como rehén en manos de los imperiales, y la artillería y munición quedaba "para beneficio de la fortaleza".

Rendido el castillo por el duque, quedaba la ciudad de Milán completamente en manos de los imperiales, si bien el ejército de la Liga campeará próximo durante meses. La guerra en Italia continuará por años y el dominio sobre Lombardía se verá constantemente amenazado.  A pesar de la defección del duque, el resto de enemigos del Emperador no se rendirán, al contrario, se empeñarán en expulsar a los españoles de Italia llegando al agotamiento en 1529.

No será hasta la muerte de Sforza, en 1536, cuando el ducado de Milán quedará como feudo personal de Carlos V.


Conclusiones

es menester que V. M. piense que todo el mundo ha de ser contra él, y que no le quedan otros amigos quel Sr. Infante y este exército, y que mande proveer de dineros que es lo principal que falta, 
El Abad de Nájera al Emperador, 10 de julio de 1526

El asedio de Milán no es una empresa cumbre de la monarquía habsbúrguica [45] pero podemos ver en ella los desafíos que afrontaba un ejército en esta época y las soluciones que buscaba.

Los problemas son de orden interno: falta de dinero con la que pagar a los soldados, motines y deserciones, negociaciones, letras de cambio, nuevas reclutas y pequeños movimientos de tropas, rivalidades entre los mandos, y de orden externo: por un lado, la gestión de la población civil, agotada por los diablos que viven a discreción a costa suya, y por otro, la militar, el dominio de pequeñas plazas, la potencia de los coaligados que amenaza el poder imperial, y la enorme capacidad de condicionar la política de todo un imperio por el solo hecho de mantener en el poder un castillo de una ciudad.

La valentía - gagliardeza - e indomable coraje de los soldados en las trincheras y en el campo, se había visto acompañada de una crueldad extrema contra los pobladores, como escribía el protonatorio imperial Caracciolo a Carlos V el 27 de julio, tras felicitarse por la toma del castillo;

Non è cosa piu aspera, ne iugo piu insopportabile, ne crudeltà maggiore quale se usa con li homini de questa città; ne habeno respecto ne a qualità ne ad gentilhuomini, ne ad età ne ad sexo per che sono tutti augariatissimi (aggraviatissimi?)

El segundo de los siete puntos de la capitulación establecida entre el duque de Borbón, lugarteniente y Capitán General del Emperador en Italia, establecía que Como quedaría bajo jurisdicción del duque de Milán. Cuando Scipione della Tella acudió y solicitó al gobernador que rindiera la rocca, el capitán Pedrarias respondió: bien es la verdad que se ha capitulado con el Duque se le daria la cibdad de Como, mas no que saliesen los españoles de su guardia. Astucia española o lectura estricta de lo capitulado, Como, plaza que controlaba la entrada de suizos en Italia, quedó en manos de Pedrarias que no quería admitir al duque con sus soldados. También ganaba el duque con este engaño, pues quedaba liberado de la fe que había dado de residir en esa plaza y libre para ir donde le placiera.

Las tropas suizas comenzarán a llegar escalonadamente al campo de la liga a partir del 24 de julio, llegando su grueso durante la primera quincena de agosto. Las negociaciones habían surtido efecto: 11361 suizos - y los 1100 hombres de Gaismair [ver nota 41] - estaban a sueldo de la Señoría a 29 de agosto, pero Milán ya había caído. De todas maneras, servirán para otra empresas, como el duro asedio de Cremona [46], donde el comendador Urrias capitulará un domingo 23 de septiembre.

La guerra no consistía solo en batallas, una moneda lanzada al aire en el campo un día cualquiera de febrero. Se basaba sobretodo en la capacidad de agotar al rival antes de caer uno mismo rendido en una suma de pequeños pasos, a veces, insignificantes en solitario, pero que sumados, suponían haber corrido toda una maratón.


Notas

[1a] El duque de Milán era feudatario del Emperador, pero éste no podía investir o desposeer del dominio de un territorio a su capricho, sino con causa justificada.

[1b] Inicialmente, tras la batalla de Pavía, las tropas se habían alejado en el Piamonte, ducado de Saboya. De hecho, la mayoría de hombres de armas seguía allí en octubre.
En el marquesado de Saluzzo - ocupado militarmente en julio, siendo el marqués capitán del rey de Francia - la presencia de las tropas había ocasionado conflictos que habían acabado con varios soldados españoles muertos a mediados de septiembre.

[1c] La Liga en la bibliografía moderna ha recibido el nombre de Liga de Cognac, por haberse ratificado en esa villa francesa el 23 de mayo de 1526, pero en septiembre - octubre de 1525 no había acuerdo de ningún tipo, sólo negociaciones.

[1d] Emisarios del duque de Milán también habían solicitado una leva en tierras de grisones, pero éstos, dada la disputa que tenían con el duque por Chiavenna, habían rechazado la petición del embajador milanés. De hecho, los grisones atacaron Chiavenna en octubre, socorriéndola el castellano de Mus, personaje que veremos varias veces en este relato.
Vemos pues, un número de pequeñas guerras entre pequeños estados por pequeños territorios, a veces, animadas por las pretensiones de potencias extranjeras - Francia, España, el Imperio - pero otras, simplemente por pretender una ganancia a costa del vecino.

[1e] Francisco I, capturado en la batalla de Pavía, se hallaba en prisión en Madrid, acompañado por su hermana madame d'Alençon, pero eso no impedía que su madre, Luisa de Saboya, como regente de Francia, implicara a la corona en los asuntos de Italia.

[1f] El ducado de Milán era feudo imperial: así, el Emperador era su legítimo dueño y el duque, que había de recibir la investidura, su feudatario y vasallo. Morone, no obstante, durante su confesión, declaró que él no era vasallo del Emperador, sino del duque, pues la investidura no se había formalizado, y no se hallaba sujeto a la jurisdicción imperial. El canciller, preso, concluía que la detención de su persona llevada a cabo por Pescara se hacía sin tener derecho a ello.
Una de las razones por la cual no se había producido la investidura, era que Sforza la había rechazado por las condiciones que se le imponían, entre ellas, la cesión del castillo de Milán.

Lope Hurtado de Mendoza venía a Italia como embajador ante el Duque con los despachos de la investidura del ducado de Milán. También traía órdenes de enviar parte de los hombres de armas que estaban en Lombardía y Piamonte a Nápoles, y despedir a italianos y alemanes tras darles las pagas.

[2] Questi spagnoli e tutti è mal voluti da milanesi et quelli dil Stato per li grandi danni li fanno, dove
vanno et dove alozano, che si poi dir siano diavoli de lo inferno, e voleno quello i voi e hanno ben l’arte di dove dieno alozar.
Testimonio de Marco Antonio Venier, 4 de noviembre de 1525

[3] Jacobi de Cappo daba noticia inmediata del suceso indicando que inicialmente "era mayor el estrépito que el movimiento" y que no se veía a hombres que llevaran más que la espada, e incluso alguno llamando al arma hallándose él mismo desarmado. La correspondencia de Cappo está publicada en I diarii de Marino Sanuto, fuente principal de este artículo.

El Abad de Nájera escribió que se trataba de jóvenes de la ciudad "deseosos de alborotos por robar y ganar algo", "gente popular de baxa manera y poco consejo" quedando "harto dellos heridos y muertos descopeta" y que en la refriega "de los nuestros" solo murieron "de las mesmas escopetas" [no me atrevo a decir que se trate de fuego amigo, pues el redactado de la carta no es muy claro] un criado del Marqués del Guasto, un paje de Antonio de Leyva y unos pocos alemanes. [Correspondencia del Abad de Nájera, carta de 28 de abril de 1526]

En la misma carta, el maestre de campo Juan de Urbina recibe una mención especial, pues con diez escopeteros a su cargo hizo "milagros en la defensión de ciertas calles", y también se destaca al capitán Corbera.

[4] Pocos con escopetas y armas de hasta, y la mayoría con espadas, sin arma defensiva alguna, y algunos solo con dagas o con estoques rudimentarios, según testimonio inmediato de Jacobi de Cappo.

Esta falta de ánimo y de armas que traslada de Cappo, contrasta, no obstante, con la impetuosa muerte de los 200 guardias de la Corte Vechia por parte de los asaltantes. No hay que objetarle falta de credibilidad, sino más bien, tener claro que fue testimonio parcial de los hechos; no podía saber todo lo que sucedió en la ciudad, de algo más de 7 quilómetros cuadrados.

[4b] Título original en latín "Commentarii Galeacii Capellae, de rebus gestis pro restitutione Francisci Sfortiae II. Mediolani Ducis", con ediciones en 1531, 1532, 1533, 1536, 1536 y 1538, lo que indica bastante popularidad.
También hay una edición en vulgar italiano, de 1539, que lleva por título: "Commentarii Di M. Galeazzo Capella Delle Cose Fatte Per La Restitutione di Francesco Sforza Secondo Duca di Milano".

[5] avian ya metido mil soldados bien armados secretamente en la ciudad, y avian tomado muchos lugares altos de la ciudad, desde con el arcabucería matavan muchos del pueblo
Historia de las cosas que han passado en Italia desdel anno 1521 hasta 1530 sobre la restitucion del duque Francisco Sforcia [1536]

[6] fu fata [una crida] che per cesarei se perdonava a tutta la terra salvo a li capi
Missier Cosmo de Rebugi, 30 de abril de 1526

El perdón se extendía a los que habían dado socorro al castillo, los que habían tocado las campanas a rebato y habían hecho llamamiento a las armas, y a los que las habían tomado.

[7] Cuartel - en italiano Quarteri - es la voz que se empleaba para nombrar la parte de la ciudad o plaza fuerte donde se alojaba una parte determinada del ejército, normalmente, una nación, aunque tropas de diversas naciones podían compartir cuartel.

[8] Antonio de Leiva fue acusado ante el Emperador de conseguir 500 ducados diarios por medio de exacciones, algo que fue desmentido por el Abad de Nájera, comisario imperial en el ejército. La acusación, probablemente un rumor iniciado por sus rivales, fueron conocidas públicamente en Milán.

[9] Lopez Hurtado recibió en Turín la negativa del duque de Saboya de dar alojamiento en sus estados a tropas imperiales. Esto prueba que, al menos en parte, hubo una tentativa de reubicar las tropas fuera del ducado de Milán, tal y como se había acordado con los milaneses.

[10] Podían quedar lansquenetes, así como las guardias del marqués del Vasto y de Antonio de Leyva.

[11] Otras fuentes indican que fueron 200 los soldados muertos, en Turín.

[12] Según testimonio de Jacobi de Cappo de 25 de mayo: Questi signori si fanno prestar dinari a tutti li capitani spagnoli per darli a li lanzchenechi nel termine promesso, perchè essi non vogliono zanze

[13] El virrey de Nápoles, Charles de Lannoy, y Hernando de Alarcón, se hallaban en la corte francesa como representantes del Emperador, para reafirmar o ratificar los capítulos de las paces establecidas entre ambos monarcas.

[14a] La copia del original - un documento muy extenso - está en latín, pero existe un sumario de lo capitulado en lengua italiana, que es de donde extraigo los datos que aquí relaciono.
También Prudencio de Sandoval recoge una traducción en lengua castellana, de la cual transcribo el punto relativo al ejército en la nota [15]

[14b] El duque de Sessa, embajador español en Roma avisa al Emperador el 7 de junio que la liga contra S. M. se ha verificado, siendo sus principales capítulos: «Amistad perpetua con liga defensiva y ofensiva contra quoscumque: que el Rey de Francia da  para libertar á Italia 40.000 ducados al mes 
y 600 lanzas por todo lo que la guerra durare; el Rey de Inglaterra 20.000 ducados; Venecianos 800 lanzas y diez mil peones; el Papa 500 lanzas y 8.000 infantes. Las contribuciones de dinero han de servir para bajar 10.000 suizos, por los cuales por orden é inteligencia del francés ha enviado con gran furia.» 

[15] Y que por los dichos confederados, y á común espensa se haga en Italia un ejercito de treinta mil infantes, y de dos mil y quinientos hombres de armas, y tres mil caballos ligeros, con la artillería y municiones necesarias y competentes , asi para impugnar , como para defender las ciudades, y fuerzas: el cual dicho ejercitó se pondrá en orden , y recibirá la paga , otro dia después que la ratificación de este presente tratado se entregare al rey cristianísimo. Lo uno, para defender a los dichos confederados: lo otro, para resistir á los que' en esta paz no hubieren veni-do , ó perturbaren las cosas do Italia contra la presente confederación. Para el cual ejército ha de contribuir el Papa por su parte ochocientos hombres de armas, y setecientos caballos ligeros, y ocho mil infantes. Y el rey cristianísimo ha de contribuir en cada un mes para el sueldo , y otros gastos de la guerra cuarenta mil escudos del sol: y demás de esto, quinientos hombres de armas, aderezados al uso de Francia, en los cuales se comprenden mil caballos ligeros. Y los venecianos han de dar ochocientos hombres de armas, y mil caballos ligeros, y ocho mil infantes. El duque de Milán cuatrocientos hombres de armas, trescientos caballos ligeros , y cuatro mil infantes: y que sino pudiere cumplir este número, particular-mente en el principio dé la guerra , sean obligados el Pontífice y venecianos á prestarle los cuatro mil infantes, con condición, que cuando pareciere que el duque puede cumplir, no estén obligados, sino por sus ocho mil , como está dicho. Y  en el gasto dé la artilleria, municiones y bastimentos den respectivamente en la forma que lo demás se ha repetido. Y que este ejército se sustente, y conserve entero, hasta acabar la guerra de Italia, o hasta que sean echados de ella los que la perturban, ó su ejército sea totalmente deshecho, ó de tal manera debilitado, que le sea forzoso encerrarse en alguna ciudad , ó lugar fuerte para de-fenderse. Y que no puedan salir en campo, ni tengan fuerzas para alojarse en él: y en este caso se pueda deshacer el ejército de la liga, quedando solamente los que bastan para acabar de consumir las reliquias del enemigo, ó para tomar algunas fuerzas, si las hubiere de mayor momento. y esto sea al parecer de los capitanes del ejército, Y para este ejército que asi ha do quedar, den al respecto de lo que antes daban. 
Demás de esto promete el rey cristianísimo á los confederados, que por las dichas causas hicieren guerra en Italia , que él también tendrá su ejército de esta parte de los monles, para divertir las fuerzas de cualquier enemigo, y embarazarle, que no pueda juntar nuevas gentes, ayudas contra los confederados de Italia , ni las consentirá pasar. Y que al tiempo que en Italia se comenzare la guerra, él la hará , acomelténdole sus tierras con poderoso ejército, que por lo menos sea de dos mil hombres de armas, y conveniente infantería Y no solo por tierra , sino por la mar, haciendo cruel guerra por todas partes á los enemigos de los confederados. 
Oue para el dicho ejército déla liga, los confederados levanten la gente de suizos que les pareciere, y que el rey cristianísimo dé su favor y su autoridad y ponga el suyo , para que con estas condiciones, conveniente sueldo vengan lo mas que puedan.

[16] "Prima de enganche" es una expresión moderna; en castellano antiguo se usaba la voz "socorro", en este caso, se trataba de un dinero que les entregaba a los soldados en su localidad, tanto para costear los gastos que hacían hasta reunirse en la plaza donde se le tomaba la muestra a la unidad completa, como a modo de incentivo.

[17] En Plasencia Guido Rangon reunía a mediados de junio 4000 infantes de los cuales 1800 eran escopeteros y arcabuceros. Una proporción de bocas de fuego equiparable a la de las tropas españolas, y muy superior a la de lansquenetes y suizos.

[18] Lo era en la práctica, y al final se formalizó el sistema al constituirse los tercios en 1534.
Véase la Ordenanza de Génova para el ejército [1536]

[19] Otra fuente nos indica que en Milán había 6000 lansquenetes, 3000 españoles y 2000 italianos. Noticia de Francesco da Crema de 13 de junio.

[20] La leva de suizos había de ser de 7000 infantes [aunque otras fuentes apuntan a 10-12.000, deseando el rey de Francia que de 12.000 infantes fueran 5000 arcabuceros y escopeteros, lo que demuestra se había aprendido alguna lección de las derrotas sufridas a manos de los españoles] a 4 raynes [florines del Rin] por mes de 29 días, demandando un 40 por 100 de avance, si bien se les entregó un escudo por cabeza para realizar el camino desde sus tierras.

[21] La versión más detallada del suceso la da Jacobi de Cappo, en carta del 15 de junio.

Tenemos en la lista de infantería española de diciembre de 1525 un capitán Andrés Herrera, pero ningún Rosales ni Sarna.

Juan de Urbina era maestre de campo, y probablemente, su compañía se hallaba en Monza a cargo de su alférez, pues él se dedicaba a mayores empresas que el gobierno de su bandera.

He usado la expresión "soldados particulares" que es propia del castellano del siglo XVI para traducir a de Cappo, que usa el término de "lanze speciate". En Italia, las "lance speciate" eran soldados que sentaban plaza en una compañía - normalmente de caballería - con condiciones especiales a título particular.

[22a] Las fuentes italianas nombran a Alfonso de Gaioso y Lodovico de Villanova. La relación de infantería española - a diciembre de 1525 - publicada por Antonio Rodríguez Villa, nombran a Alonso de Gayoso y Juan de Villanueva. Pudiera ser que un hermano llamado Luis - algo muy frecuente en este siglo - hubiera sucedido al capitán llamado Juan listado en 1525.

Santa Cruz aparece como Santa Croxe.

[22b] La compañía de Juan de Santa Cruz estaba formada, a diciembre de 1525 por 228 infantes, de los cuales eran 54 escopeteros y 28 arcabuceros, sin embargo para este momento estaba reforzada por un gran número de lombardos, según queda referido por aviso de 22 de junio:
che la compagnia di Santa Croce capitanio spagnol, non havendo fornita la compagnia di spagnoli la ha poi fornita de paesani assai tutta tra spagnoli et italiani da 400 archibusieri et bona gente, et la più
bella compagnia che sia in quel campo

[23] Jacobi de Cappo dice que fueron 20 los muertos, la mayor parte españoles, amén de lansquenetes y milaneses.

[24] Mueren 100 milaneses, 30 lansquenetes y 10 españoles, así como los 86 españoles y napolitanos que se hallaban de guardia en la Corte Vechia [aunque otras fuentes refieren que la guardia estaba compuesta por 150 corsos].

El relato más detallado de los hechos, es el aviso de Joannes Luca, de 19 de junio. La carta del 18 de junio de Jacobi da Cappo complementa la relación anterior; en ella se describe como en el Domo tuvo lugar un milagro, el sangrado de un crucifijo, que los españoles despreciaron, diciendo que lo habían ensangrentado a posta. Estos oportunos milagros solían tener lugar en momentos como el descrito, y animaban a la gente piadosa a tomar las armas con mayor convicción.

Por un aviso de 19 de junio, sabemos que la guarnición del castillo está a pan [de sémola] y agua, pasando hambre, y que muchos se hallan enfermos y no se pueden poner en pie, lo cual puede que explique que no llevasen a cabo ninguna salida para respaldar a los paisanos durante el tumulto.

[25a] El control de las puertas de la ciudad había estado hasta la fecha, según Lope Hurtado de Mendoza, en manos de "los mayores bellacos" de Milán, que habían causado más de 50 muertos entre los españoles y habían impedido al campo imperial avituallarse con normalidad.

Alojarse a discreción suponía que no había acuerdo entre diputados de la ciudad y los furrieles encargados de los alojamientos, con lo que los caseros no recibían compensación por la estancia y el uso de leña, velas, etc. Asimismo, se tendía al abuso por parte del soldado:
tutti li spagnoli, che erano di fuori di la terra allogiati per il territorio sono reduti a Milano et allogiano per tutta la città [...] hanno fatto far cride che tutti possino far hostaria senza pagamento de dazio ad favor de soldati, et che ditti soldati allogiano per le case de milanesi con discontento che restano maltrattati
Aviso de 20 de junio

Che li prefati soldati allogiano per tutto Milano, non dico a discretione ma for d’ ogni discretione, et non è così tristo et positivo soldato et famiglio di esso che si contenti de le cose possibile per il vivere loro, ma vogliono de li danari et del zucaro brusco et dolce. Per quanto ho inteso de molti lochi, godeno le donne o per amor o per forza.
Carta de Jacobi de Cappo de 20 de junio

[25b] et spagnoli hanno hora più superbia del mondo, che non se puoi dir pur una parola che subito metteno man a la mazza di ferro da homo d’ arme et bateno ognuno
Aviso de 22 de junio

El 18, los lansquenetes "se alborotaron" asaltando tiendas de armeros, así como casas desde las que se les había disparado con escopetas, quedando con el saqueo casi todos muy bien armados con buenos coseletes.

[26] 3000 infantes a cargo del conde Guido Rangon, y 4000 a cargo de Joanin de Medici y Vitello Vitelli, de la famosa familia de condottieros.
Los hombres de armas son 200 lanzas del marqués de Mantua, 100 del conde Guido, 100 de Vitello y 50 del hijo del duque de Camerino. Completa el ejército 500 caballos ligeros.

La lista completa está en I Diarii di Marino Sanuto v.XLI, c.691 (f.358).

[27a] Las tres banderas de españoles que allí se alojaban, habían marchado a Milán poco antes del asalto, el día 23. Véase la carta del Abad de Nájera al Emperador, de 27 de junio.

El Abad asumía en su misiva que el hecho no fue casual, y que la facilidad con que se tomó la plaza derivaba de un concierto hecho con alguien de la nueva guarnición. Lope Hurtado de Mendoza apunta a que fue un teniente de Luis Siciliano, quien hizo el trato y dejó entrar a los asaltantes por una de las puertas.

En otra carta, se asume que el traidor fue Lodovico Vistarino.

300 de los napolitanos apresados en la toma de Lodi, pasaron al servicio de venecianos, si bien al poco, tornaron a servir al bando imperial, si bien fueron recibidos con recelos, ubicándolos en un lugar de la plaza donde su posible defección no causara daño.

[27b] Lope Hurtado de Mendoza indica que del Vasto acudió con 200 hombres, y que solo murieron 6 o 7 de ellos.

[28a] En Alessandria, plaza que controlaba el camino al ducado desde el puerto de Génova, a cargo del capitán Aldana, había tres banderas de españoles, 1000 infantes italianos, 200 lanzas y 200 caballos ligeros. La fuente para estas cifras del ejército es la carta del Abad de Nájera al Emperador, de 27 de junio. Ponemos aparte el dato de Alessandria, porque la plaza, aunque estratégica por su emplazamiento, jugó un papel menor en el conflicto.

Lope Hurtado de Mendoza, en carta de 28 de junio, aporta unas cifras que no coinciden con las del Abad:
Pavía: 2000 alemanes del conde Lodrón, 3 banderas de españoles, 2 de hombres de armas y 2 de caballos ligeros.
En Milán, 3000 alemanes y 24 banderas de españoles, unos 6000 infantes.
Quedan 1000 italianos para controlar caminos y asegurar el avituallamiento del ejército, pero la mayoría de los italianos habían sido despedidos por desconfiar de ellos: tutti italiani da guerra che sono in Milano loro li licentiano, perchè non hanno de darli soldo, nè di loro se fidano.

La mayoría de la caballería ligera era italiana, borgoñona [Países Bajos] o albanesa. Los hombres de armas, españoles y napolitanos.

Compárense esas cifras con las de los informes venecianos de primero de julio:
Da una persona molto degna, et di molta pratica, mi è ditto circa il numero di le gente che in
lutto in Milano sono, et non più di fanti tra spagnoli et todeschi 5000, computà la guardia del castello
qual non può importar meno di fanti 2000, et che cesarei, per boca loro, hanno in tutto el Stato non più di trenta bandiere spagnole sole ; el numero di le qual per cadauna non passa al più di 150 per una, ancor che molle ne siano che non ascendono ad lai summa. Di le qual bandiere do stanno in Cremona, do in Como, una in Tretio, una in Lecco, una in Pizigaton ; non scia ben certo
se quelle che erano in Alexandria, che erano due, siano redute in Milano, et messe queste due di Alexandria in computo, el resto di le bandiere veneriano ad esser 22, qual 22 bandiere pònno importar 3000 fanti spagnoli. Et li todesehi sono da cerca 2000, et non passano de questo numero.

Las cifras no concuerdan, probablemente, porque los venecianos hacen el cálculo a partir del número de banderas y un reducido número de 150 infantes por compañía, pero vale la pena destacar omisiones de pequeños destacamentos en las relaciones de Hurtado de Mendoza y el Abad de Nájera que sí recoge el enemigo.

[28b] Como veremos, la previsión de 17.500 lansquenetes quedará muy disminuida, básicamente, por la falta de dinero, el principal incentivo que hacía que un alemán cruzara los Alpes para ir a Italia a hacer su oficio de soldado.

En todo caso, vale la pena mencionar el dato: primero, porque los ejércitos tenían en cuenta estas previsiones a la hora de tomar las decisiones, segundo, porque es importante valorar como dichos planes se podían ver truncados, y la realidad, con todas sus limitaciones humanas y materiales, se acababa imponiendo.

Desde Italia también se reclamaba a España el envío de 4-5000 españoles levantados en las coronas de Castilla y Aragón, una flota con 1000 caballos embarcados y asimismo, el envío de las tropas alemanas de Rocandolfo que se hallaban en Perpiñán.

[29a] Un reparo era un terraplén defensivo, un muro de tierra, en este caso, siguiendo la linea del foso. Una trinchera se componía de foso y reparo, siendo formado el reparo con la tierra que se excavaba en el mismo foso. A veces se usaban ambas voces "reparo" o "trinchera" indistintamente, si bien el reparo tenía una finalidad defensiva, y la trinchera, de aproximación a la plaza, ofensiva.

[29b] El requerimiento de venecianos y pontificios no fue atendido, y los suizos, realizada su Dieta el 22 de junio acordaron armar tropas únicamente para el servicio del rey de Francia.

[30a] Como ejemplo de proporción entre gente de guerra y bocas que alimentar, podemos ver la carta de Lope Hurtado de Mendoza de 8 de julio: "Nuestra gente que está en Carmona [Cremona] pasa de tres mil hombres de guerra, que han cinco mil bocas, todos comen a discrección". 

[30b] Santa Cruz, il primo doppo Giovanni d'Urbino, era considerado por los italianos como el capitán más importante tras Juan de Urbina, que tenía título de maestre de campo.

[31] "El mandare a perdere questi fanti non intendono questi Capitani a che fine sia, perchè non si vede ragione alcuna", según opinión de Guicciardini

[32] La valoración es un resumen de los pareceres realizados por los cabos de guerra del ejército de la Liga, recogidas en carta del proveedor general Pesaro, a día 8.

Respecto a las bajas sufridas por los atacantes, parece más creíble el testimonio de Pesaro ["lo exercito si era levato senza danno alcun nè del nostro, nè del pontificio"] que no el del Abad de Nájera, que comunicaba al Emperador que se rumoreaba que los de la Liga habían perdido 6000 hombres en el ataque, si tenemos en cuenta la narración de Cereceda y la correspondencia de Guicciardini:

Cereceda narra que comienzan á dar la batería á la puerta é torre que los españoles tenían en guardia, y fué tan furiosa que era para desfacer cualquier fuerza de muro, tanto, que la puerta y torre fué desfecha; é viendo que los españoles no se podian encubrir detras de la torre y puerta, arremeten dos veces á dar batalla con siete banderas y gran número de gente, en las cuales dos batallas pagaron muy bien el daño que con su artillería y arcabucería habían fecho, perdiendo tres banderas y mucha parte de la gente que les mató el arcabucería española.

Guicciardini narra - con más detalle que nadie - el suceso:
cosi fece spingere dai primi colonnelli qualche banda di scoppettieri alla via di Porta Romana; et cosi verso Porta Tosa; e quali scaramucciarono assai con li inimici, che erano a queste due porte, et anchora che alcuni ne salissino in suUi ripari, furono sempre ributtati; et morti a Porta Tosa della compagnia del Conte Pier Nofri 14, e 16 fanti, et a Porta Romana di quelli di Hieronimo Falloppia forse altrettanti, et dell'uno et dell'altro feriti assai : et loro anche non debbono essere passati senza danno. 

O sea, unas pocos muertos de las dos compañías de escopeteros que participaron en la escaramuza inicial.

[33] La reseña se hace en Angulema a 26 de junio de 1526. Tribulzio, Gonzaga, Medici, Ursino... apellidos que se repiten entre los capitanes italianos de esta época están en esta lista. 

[34] Según Lope Hurtado de Mendoza [en carta de 28 de junio] "la venida de Borbón ha tardado tanto que ya no trae crédito [ni] nuestra gente no le tiene por tan buen capitán como en este tiempo sería menester".

Un aviso de los rectores de Bergamo de 11 de julio ratifica - aún en forma de rumor - el poco crédito del duque de Borbón: dice che spagnoli mostravano de non si fidar de monsignor di Barbon

Por otro aviso, nos indica que Borbón llegó con unos pocos hombres de armas y una sola compañía de infantería.

[35] Las reclutas de aventureros suizos eran comunes, pero en general, eran escasas, pues la mayoría de capitanes - y también de soldados - se sometía a los acuerdos de la Dieta, que regulaban el reclutamiento y contratación de las tropas. Los cantones podían llegar a sancionar a estos capitanes que realizaban levas sin autorización.

[36] Las defecciones eran muy habituales en esta época. El concepto de deserción no estaba muy definido: uno traicionaba a su señor, a su príncipe natural, pero un condotiero que había obtenido una "conducta", un contrato, bien podía renunciar a su servicio si las condiciones cambiaban.

[37] Cuatro compañías, tres de Bellinzona y una de "Brunich" - Bruneck o Brunico, actualmente en Italia, aunque de lengua alemana, con 340, 240, 220 y 300 soldados.
Tropas suizas debían ser pagadas por el rey de Francia: 8.000 suizos levados con 40.000 ducados. La orden partió de la corte del rey de Angulema a 28 de junio, pero tan sólo aportó 15.000 ducados para la leva. Los cantones se reunieron en Dieta en Lucerna el 18 de julio para acordar que hacer.
Por lo tanto, estos capitanes de Bellinzona que acudían a Italia a finales de junio lo hacían por iniciativa propia y sin acuerdo de los cantones.

[38] El castellano se había comprometido a reclutar seis mil suizos por seis mil ducados, pero solo aportó tres mil hombres. No quedan claras las cuentas hechas entre el usuario de esas tropas y el intermediario, pero por la cantidad parece que Medici solo ofrecía una prima de enganche a los suizos y él se quedaría quizá una comisión por la recluta realizada. Los venecianos preferían dar la paga uno a uno: li danari saranno mandati da esser pagati homo per homo per uno di Colaterali nostri, pero a veces se tendrían que conformar y entregar las pagas a los capitanes, que cometían fraudes en las listas de soldados de sus compañías para ganar un sobresueldo. Los soldados se conformaban con una cierta cantidad para realizar el desplazamiento desde sus tierras, pero una vez llegados al punto de reunión podían pedir un avance sobre la paga].
A 10 de julio llegan noticias de Berna de que un capitán ofrece 1400 hombres con un 40% de adelanto en las pagas, aunque finalmente se conforma con un 20%. Esto se produce habiéndose ya convocado la Dieta que ha de dirimir si se admite la petición del rey de Francia.

[39] Buena parte del ejército veneciano, no obstante, se hallaba en guarnición, así que estas cifras no corresponden al ejército de campaña que se hallaba en Marignano.

[40] La señal convenida es doble: disparar siete tiros de artillería, por un lado, y hacer señales de fiuego en el campanario de Chiaravelle entre las 5 y las 6. Las horas comenzaban a contarse desde la puesta de sol, así que las 5 - en julio - sería de madrugada, en torno a las 2 o las 3 según el horario que hoy seguimos.

[41] El acuerdo es de 8 de julio. Parece ser que el archiduque permitió que los derrotados marcharan a Italia por cuenta propia para emplearse allí como soldados, cosa que denunciaban venecianos, viendo la llegada de tantos luteranos a sus tierras, unos 2500, por Bressanone - Brixen y Bolzano.
Argumentaban que no era posible que esos soldados de los villanos hubieran podido cruzar los pasos de los Alpes sin permiso del archiduque.

Un tal "Gaspar Mar" junto con otros capitanes llegó a Venecia para ofrecer 1500 soldados que se habían quedado en la frontera - en Agort o Agordo, en el Bellunese  - como tropas al servicio de la Señoría, y en caso contrario, se les de libre paso para ir a Roma.

Los venecianos en principio no les admitieron, pero tampoco les negaron el paso. No obstante, consultados los mandos del ejército, estos dieron el visto bueno a la recluta, siempre que dieran la Fe, esto es, que juraran cumplirían su servicio, pues los alemanes eran de una nación que no rompía sus juramentos.

Curioso es, cuanto menos, que estos furibundos luteranos, acusados de haber quemado mil monasterios, quisieran marchar a la sede del trono de San Pedro para incorporarse al ejército papal.
Michael Gasmaier o Gaismair, fue un líder de la revuelta, y estaba al servicio de los venecianos en agosto con 1020 lansquenetes, aunque luego se verán incrementados hasta 1400.
Desde Cividale di Belluno, un capitán veneciano se acerca a Agordo para revisar las tropas: hay 170 escopeteros, 840 alabarderos y otros 150 soldados armados con otras armas, que no menciona, organizados en 7 banderas. En una nota anterior dice que son 1010, desarmados, pues han tenido que vender sus picas en el camino para poder vivir. Entre ellos había un pastor herético que les predicaba cada día, y como era normal, iban acompañados de mujeres. Decían que se hallaban perseguidos por 3000 soldados de la Liga de Suabia, aunque otras fuentes indican que estos perseguidores eran 5000 a cargo de Frundsberg, que se hallaban en Andraz y habían enviado un trompeta a requerir de los venecianos de Cividal di Bellun si pensaban darle paso a los fugitivos.
Otro capitán, procedente de Feltre, indicó que eran 1000, con arcabuceros y escopeteros, y que había 500 personas más entre mujeres y servidores, y todos gritaban con entusiasmo "Marco, Marco", apellidándose al patrón de Venecia.

El 29 de agosto, se contaban entre las tropas a sueldo de Venecia las compañías de los capitanes "Gasmit" - de nuevo habían aliterado el nombre - "Jacomo de Basilea", "Toccamburd" y "Melchiser". 1100 hombres en Cremona que eran contabilizados como "altri sguizari", otros suizos.

Como solía suceder en esta época, cuando acababa un conflicto en tierras vecinas, siempre quedaban tropas dispuestas a ocuparse en otra tierra. Aunque en este caso, quizá la componente política, un exilio forzoso, fuera más importante que no la búsqueda de empleo por hallarse desocupado, el hecho es que buscaron oficio como soldados en tierras italianas. Durante la guerra campesina habían demostrado su buen hacer, derrotando un ejército de caballeros - con la ayuda de 400 infantes que traicionaron a sus señores - en la batalla de Schladming, el 3 de julio de 1525.

En Villaco [Villach, provincia de Carintia] también se juntaron cientos de soldados ociosos que habían sido despedidos tras combatir contra los campesinos en las filas de la Liga de Suabia, buscando quien los contratara.

Michael Gaismair, capitán de la Señoría, con 300 ducados de renta, acabó siendo asesinado en Padua el 14 de abril de 1532 a manos de unos asesinos italianos que le infligieron 42 heridas, entre puñaladas y estocadas, le robaron varias joyas e hirieron de muerte a un criado y a un huésped.

Estas tropas -  "li todeschi, overo lanzinech" - se alojarán en Cadore - comarca bajo jurisdicción o protección veneciana - dejando el Tirol austriaco atrás el día 21 de julio, y serán contratados por 4000 ducados. El 23 están en San Zenone sotto Asolo [San Zenone degli Ezzelini] acompañados por dos caballeros venecianos que les han de guiar hasta Vicenza, pasando por Rosà y cruzando el Brenta en el paso de Santa Croce [Bigolina]. Los alemanes, no teniendo dinero con que vivir, empeñan sus escopetas en Cividale. Se acuerda dar 25 ducados a Gaismair y 100 ducados más para subvención de su compañía, mandando se les den las escopetas que dejaron empeñadas.

Mientras, los 5000 perseguidores a cargo de George Frundsberg en Buchenstein - Livinallongo, sabiendo que los villanos de Gaismair han dejado Agort para entrar en tierras de la Señoría, se retiran a Egna - Neumarkt.

En cuestión de reclutas, ni empleadores ni empleados podían perder el tiempo, pero el 27 de julio, los lansquenetes de Gaismair se hallaban en Brescia, lejos de Milán, donde el Duque había entregado a Borbón el castillo.

A finales de junio, Marchs Siti von Enps et her Jorich von Fronsperg, están a un día de Coyra y han de reclutar 10000 lansquenetes en contorno de Salzburgo para acudir a Milán. Acuerdan reclutar los villani que habían asediado Salzburg.

[43] En mayo/junio de 1527, los Vitelli o Vitello pasaron al servicio imperial. Véase la nota c al artículo Los hombres que metieron Roma a Saco: ¿soldados de un ejército o comunidad de amotinados?

[44] Carta del Abad de Nájera de 10 de julio. Los informantes venecianos hablaban de 9000 infantes, 600 hombres de armas y 600 caballos ligeros, lo que es una estimación bastante fidedigna sobre el tamaño del ejército enemigo.

[45] No hay ni siquiera entrada en Wikipedia para "assedio di Milano" ni tampoco en su versión en español.

[46] Nueve mil infantes intentarán infructuosamente tomar por asalto esa plaza, tras hacer batería en los muros, atravesando los fosos, un 29 de agosto.
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