Montantes o espadones [Mandoble]

Los montantes o espadones [el vocablo mandoble es moderno, del siglo XIX] fueron armas heredadas de la Edad Media, que se continuaron usando en los primeros años de los tercios, y que sobrevivieron, cuanto menos, hasta finales del XVI en el campo de batalla.

ya no pudiendo suffir mas Alexandro el pudor, y la ira, echando mano dé vn montante, que ávia aprehendido á manejar, se arrojo à la galera enemiga. Aqui luego, como vna furia, jugando á entrambas manos el descomunal azero, por el destrozo de los énemigos dejo abierto camino ancho á su gente

Primera Década de las Guerras de Flandes. Famiano Estrada. Ed. 1681.

Aunque la cita es muy posterior a los hechos que narra - el autor recoge una demostración de arrojo de Alejandro Farnesio durante Lepanto para ensalzar la valentía de este príncipe - la descripción es del todo oportuna, pues describe la función del arma usada: destrozar al enemigo aprovechando el peso y longitud de la hoja.

La evolución de las técnicas y tácticas bélicas a principios de la Edad Moderna, con el uso de armas de fuego "que podían matar a trescientos pasos" había supuesto que el contacto entre los combatientes fuera aminorando, pero aún así hubo espacio para el empleo de armas medievales que podían suponer una ventaja en determinadas ocasiones:

y no conociendo ventaja, saqué del escuadrón de infantería algunas hileras de alabardas, picas y espadones, ordenando á los demás que estuviesen firmes , y porque lo restante del exército enemigo caminaba, invié al capitán Decheman que cargase con la gente que le habia dexado en la montaña y diese de través, como yo también hice con la que habia sacado del escuadrón, desbarrigando caballos y haciendo el daño que podia

Comentario del coronel Francisco Verdugo de la Guerra de Frisia, 1610



Lansquente descargando su montante o espadón durante
la batalla de Pavía, detalle de escena de cuadro de la
colección real de Enrique VIII de Inglaterra

En 1571, Bernardino de Mendoza narraba como el capitán Herman se defendió con un montante de sus atacantes en una sala del castillo de Ravenstein, hasta que acorralado voló pólvora que había acumulado.

Y Alonso Vázquez narraría como unos rebeldes asaltarían las primeras defensas de una fortaleza armados con mandobles y rodelas:

 y en llegando á vista del fuerte de Blanca Vergue desembarcaron su gente y fueron marchando la vuelta del con buen orden ; y pareciéndoles que estaba tan flaco que lo podian ganar de improviso , pusieron en la vang'uardia algunos rodeleros y montanteros y cerraron con mucho valor con un rastrillo que estaba antes de llegar al fuerte

El ejemplo es significativo por el uso en plural de la voz "montantero", denotando que ni mucho menos eran estos soldados a finales del XVI una rara avis.

En todo caso, no era un arma de munición común, y su uso fue restringiéndose cada vez a menos ocasiones.

También hay que tener en cuenta, por cierto, que los ejemplos ilustrados son localizados en Flandes, y que bien hablan de rebeldes - caso de Mendoza o Vázquez - o de tropas como las de Verdugo que eran valones leales al rey, o la ilustración siguiente, una tropa de burgueses del Nouus de Leone Belgico.

Aun así, en el Tratado de Re Militari [1536] Diego de Salazar afirma:

Tienen los infantes de ahora por defensa un peto o coselete, y para ofender una pica de nueve codos de longura y una espada al lado [...] y otros llevan una espada de dos manos luenga de hasta siete palmos.




El quinto y el sexto soldado contando por la izquierda - caminando por delante del tambor, el pífano y los dos abanderados [uno sosteniendo la bandera con la cruz de Borgoña] - llevarían a cuestas sendos montantes, siguiendo a la mayoría de soldados arcabuceros.


Grupo de montanteros tudescos junto a piqueros. Nótese lo tudesco por la vestimenta.

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