Disciplina en los tercios. Batalla por el fuerte del dique de Batemburg


Expugnación de Grave.

Durante el asedio de Grave, en 1586, intentaban los rebeldes tomar los diques que canalizaban el Maas o Mosa, para una vez puesto el pie en ellos, abrir cortadura para anegar el país, y transitar con embarcaciones para poder socorrer la villa con víveres y municiones.

El puesto que el ejército rebelde había ocupado era en el dique que llaman de Bátemburque, y en él se apoderaron de una exclusa y se fortificaron con grandísima presteza en ella.

Don Juan del Águila, acuerda con Carlos de Mansfelt, jefe del ejército que sitiaba la villa, de atacar el puesto de los rebeldes, defendido por 800 soldados, de los más viejos y pláticos del país, los más de ellos mosqueteros. Acompañando las compañías del tercio de Juan del Águila irán trescientos españoles del coronel Mondragón, a cargo del capitán Juan Chasco.

A media legua de Ravenstein se había construido un puente y estacada como el que se ejecutó para cortar la navegación del Escalda durante el asedio de Amberes, pero realizado en peores condiciones, por donde cruzaron las tropas españolas, no sin problemas:
con harto peligro porque aún no estaba acabado de hacer y todas las estacadas se meneaban , y era tanto el viento que hacia y la gran corriente del agua que se temió no se hundiese con los españoles que lo pasaban.

Era costumbre de la nación española, que la unidad que hubiera llevado la retaguardia el día anterior, le correspondiese la vanguardia el de hoy, y así, Juan Chasco defendió, aún siendo capitán y gobernando menor número de hombres, tal privilegio ante Juan del Águila, el cual, en virtud de su cargo como maestre de campo, defendía que fuera su tercio el que realizara el ataque acompañado de los 300 de Chasco.
El capitán Chasco le respondió que la llevase su persona si era servido, pero que había de ser con los trescientos soldados y no con su tercio, ó si no que, pues todos eran españoles, se mezclasen los unos con los otros y de aquella manera harían la orden y podrían pelear juntos

Dado que la discusión se había mantenido al tiempo que marchaban contra los rebeldes, llegaron a estos sin tener resolución de quien había de iniciar el ataque, ordenando Juan del Águila a su capitán Gonzalo Girón, que cerrase con los rebeldes con la arcabucería de vanguardia. Dado que nadie quería quedarse a la retaguardia:
temerosos los soldados del tercio de D. Juan del Águila que los trescientos del de Mondragon no les ocupasen la vanguardia se apresuraron á caminar cuanto pudieron
Llegando a los rebeldes sin ningún orden para el combate, sin haber formado escuadrón las picas - que es la muralla inexpugnable de un ejército - y sin tan siquiera respetar el orden en el marchar:
y la manga de los mosqueteros, sin orden, le fue siguiendo, y tras ella el escuadrón de
las picas á la deshilada juntamente con las banderas; con este desorden

Aún con este desorden, hacen perder los puestos a los rebeldes, que huyendo a espaldas vueltas, son perseguidos por los españoles por el dique de Batenburg-Batenborch-Batenburque, camino del castillo de donde toma nombre el dique.
Cómo no se había formado escuadrón, siguen el alcance todos los españoles, oficiales y sondados, con las banderas de las compañías en las manos, gran yerro que se hace:
pues jamás se ha visto banderas, sin orden, ir siguiendo el alcance de enemigos rotos, pues es costumbre en buena disciplina y orden militar quedarse en el escuadrón de las picas.
Fueron degollando y matando a muchos rebeldes por el dique, durante más de media legua, hasta que:
llegaron á una plaza de armas donde el dique hacia un recodo que cubría la vista de poder ver lo que había detrás del , y en aquel sitio estaba un gran escuadrón formado del ejército rebelde con todas sus banderas, y en tan buen orden como se podía desear.
Allí recogieron y abrigaron los rebeldes a sus compañeros que huían de la rota, y llegando los españoles desordenados, destacaron de su escuadrón formaciones ordenadas y comenzaron a atacarlos, no dándoles oportunidad alguna a organizarse, por lo que tuvieron los españoles que huir ahora ellos a espaldas vueltas.

La Armada de los rebeldes, compuesta por varias charrúas artilladas, que patrullaba el Mosa, viendo el combate, se anima desde el río a disparar su artillería contra los españoles, e incluso, alguno de ellos, a desembarcar para cerrar el paso a los que perseguían en tierra, viéndose atrapados y arrojándose algunos de ellos al agua por escapar
y cogieron las banderas en medio dellos y de los que las seguían.

Gran deshonor, pues tomando el símbolo por el todo, se asumía que la perdida de la bandera era tal como la pérdida de la compañía entera, perdiendo ésta su reputación al perder su estandarte, no habiendo sido capaces de defender este símbolo de la autoridad real.

Como el puente no estaba en muy buenas condiciones, como apuntamos atrás, y había habido tanta prisa en atacar, habían quedado cruzando el río, mientras Juan del Águila atacaba, las diez compañías del tercio de Agustín Iñiguez, que junto a algunas de las de Bobadilla, formaron escuadrón al cruce del puente, donde pudieron refugiarse los españoles que huían, que rechazaron a los rebeldes que les perseguían, guarnecidos de cerca por su propio escuadrón, donde a su vez hallaron refugio, retirándose ambas partes.

El autor, Alonso Vázquez, entonces soldado de la compañía de Hortigosa, en el tercio de Juan del Águila, y partícipe de la batalla, nos refiere el desorden en que se atacó, así como la imprudencia de seguir el alcance con las banderas en la mano, faltas que atribuye a la oficialidad. Asimismo, critica que no se ha de realizar el alcance sin caballería:
y lo mucho que conviene no hacer ninguna facción sin caballería , ni sin tener primero bien ordenados y en fuertes escuadrones á los soldados , pues averiguadamente son las fuerzas defensivas de un ejércitoDonde hallan refugio las fuerzas ofensivas, las mangas de arcabucería y mosquetería, que son las que llevan el peso de la batalla, en el caso de que hayan de retirarse, o si han de ser reforzadas con fuerzas de reserva.

No se critica en cambio, lo que yo entiendo indisciplina del capitán Chasco, que no acatando las órdenes de Juan del Águila, provoca que el ataque se realice desordenadamente por no perder el privilegio de llevar la delantera en el ataque. Al contrario, parece que se le disculpe:quiso el capitán Juan Chasco, con los trescientos soldados españoles que tenia á su cargo, llevar la vanguardia y pelear primero con los enemigos que el tercio de D. Juan del Águila ,. pareciéndole que por haber marchado el día antes de retaguardia le tocaba aquel puesto; y pienso que no iba muy fuera de razón.
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