La Guerra de Devolución, 1667-1668

LA CAMPAÑA EN FLANDES.
EL "PASEO" MILITAR
La guerra se inicia formalmente con el cruce de la "frontera" el 26 de mayo de 1667. El Ejército de Flandes no disponía de un ejército de campaña, y las tropas se dedicaban básicamente a la guarda de plazas fuertes.

Las primeras acciones supusieron un paseo para los franceses: toman Binche el 31 de mayo, villa que carecía siquiera de guarnición. Charleroi el 2 de junio, fortaleza en construcción y sin guarnición. Los franceses evitan Cambrai, bien guarnicionada y fortificada, avanzando por el neutral Obispado de Lieja. El 19 de junio los franceses toman Ath, que había sido abandonada el 17 por las tropas a cargo del Conde de Rennebourg. Se ocupa el 28 de mayo Armentiers, abandonada el 23 de mayo por órdenes de Castel Rodrigo, habiendo sido previamente desmanteladas las obras de defensa de la villa.

Bergues - ciudad cuya defensa estaba mal acondicionada - se rinde el 6 de junio a los franceses tras dos días de cerco. Furnes [defendida por 3 compañías de infantería y 1 de caballería - cae el 12 de junio después de 3 días.

Los franceses continuaron avanzando, a pesar de haber dejado plazas bien defendidas a sus espaldas, como la mencionada Cambrai, entre ellas Saint Omer y Aire sur le Lys.
Dirigieron entonces su acción hacia la plaza de Tournai - defendida por cuatro compañías de infantería irlandesa y 160 hombres de caballería, que contaban con 10 piezas de artillería para todo el perimetro de la villa - iniciándose el asedio el 21 de junio. Estando los burgueses remisos en la defensa de la ciudad, hacen que el gobernador de la villa se retiere a la ciudadela, entregando la villa a los franceses el 23, siendo asaltada y perdida la ciudadela el 24.

Castel Rodrigo no disponía de un ejército de campaña que pudiera sacar en socorro de una villa cercada, y apenas si disponía de tropas suficientes para guarnicionar todas las plazas, quedando muchas de ellas con una guarnición insuficiente, y en algunos casos, inexistente. Los burgueses - con una noción de patria poco desarrollada - preferían la entrega condicional de su villa y ver respetadas sus vidas y haciendas, que no participar en una defensa - las necesarias y continuas reparaciones de los muros de tierra - que no había de ser apoyada desde el exterior. Hasta el propio Castel Rodrigo, enfermo de gota, tuvo que pasear por Bruselas para ser visto por los villanos, ante la extensión de los rumores que afirmaban que la ciudad iba a ser abandonada a su suerte.

Douai- con 300 hombres a su defensa - cae el 6 de julio, tras seis días de asedio, presionada su guarnición por los burgueses. Courtrai cael el 17 de julio tras tres días, siendo la ciudadela el último punto de resistencia de la guarnición, mueriendo en su defensa el propio gobernador de ella.

Ante las sospechas que la siguiente plaza que había de ser asediada por los franceses era Lille, se envían desde Gante vía Ypres, 1000 hombres de refuerzo, por lo que los franceses abandonan el proyecto.
Oudenarde cae el 31 de julio entregada por sus naturales a los dos días de iniciadas las hostilidades. Los burgueses de la vecina Alost, sin guarnición, abrieron las puertas a los franceses el día siguiente.


RESISTENCIA
Dendermonde aparecía a vista de franceses y españoles el próximo objetivo lógico. Defendida por dos compañías - una española y otra valona - ve incrementada su defensa con 1.000 infantes y entre 300 y 500 de a caballo.
Aumont, Turenne y hasta el propio rey Cristianísimo participaban en el ejército de asedio.
La protección de Dendermonde, más allás de sus muros medievales apenas reforzados por obras según la traza italiana, era el agua que la rodeaba, pudiendo quedar convertida en una isla gracias al sistema de esclusas de los canales que la circundaban.
Después de rodear la plaza con trincheras, los franceses preparan un asalto a la villa por el lado del camino de Malinas – desmontando para participar en el asalto incluso muchos de los Guardas Reales y así lucirse ante su amo - defendido este puesto por los 300 españoles del Tercio del Conde de Monterrey, rechazándolo en todos los intentos que se produjeron ese día, 4 de agosto.
El 5 de agosto los franceses levantan el sitio y abandonan con tanta precipitación el lugar, que dejan a su suerte a 2.000 hombres aislados tras demoler el puente sobre el Escalda que ellos mismos habían construido para comunicarse, siendo capturados o muertos por los defensores.

Los franceses mantenían – como era típico en esta época – tropas que corriendo la campiña iban imponiendo sus contribuciones – exacciones – a las villetas y núcleos más indefensos. Conocedores de la existencia de una partida de unos 600 jinetes en la zona de Brabante.
Las tropas de Claude Lamoral, príncipe de Ligné – 1.000 caballos entre ellos, croatas, valones y alemanes a sueldo de España y un Tercio de caballería a cargo de Felipe de Maella – salieron en su busca, chocando con ellas, rompiéndolas y dándoles caza cerca de Jodoigne.

Animados por los recientes éxitos, hasta el gobernador de Cambrai se animó a tomar la iniciativa, entrando en territorio francés y saqueando Ribemont.

LA TOMA DE LILLE
A mediados de agosto, tras unas semanas de inactividad, los franceses se decantaron por acometer la empresa de Lille. Desde la plaza, fuera de no ofrecer resistencia, se realizaron salidas contra los sitiadores. El 19 de agosto los franceses inician las labores de zapa, y el día 21 pueden plantar la batería. El día 24 intentan los franceses un asalto, sufriendo unas 800 bajas. El 28 no obstante, una puerta de la villa es tomada. El desánimo cunde, y los burgueses apelan a la rendición, que se concede. Un nuevo revés tiene cuando tropas de caballería españolas que acudían al socorro de la ciudad son atacadas por la caballería francesa, sufriendo importantes bajas y capturas, no sin ofrecer resistencia.

Las importantes lluvias de primeros de septiembre, el hecho de que los franceses veían mermado su ejército de campaña – por las bajas sufridas así como por el hecho de que debían guarnicionar las plazas ocupadas * – y la incipiente resistencia española redujo el impetú de la ofensiva francesa.

(*) Por ejemplo, la desguarnicionada Alost que había sido tomada por los franceses el 2 de agosto, fue dejada sin presidiar a mediados de ese mes, cosa que aprovechó el capitán Arizavala, para con sus 50 jinetes volverla a ocuparla en nombre del rey de España, para posteriormente el 12 de septiembre rendirla a los franceses que la sitiaban, dejando 100 bajas francesas tras el asalto del día 11.

LA HIVERNADA
Los campesinos belgas, hartos de los robos de las tropas francesas comenzaron a organizarse y a colaborar con la caballería española en la localización de estos saqueadores de grano y forraje, iniciándose ese otoño una especie de guerrilla.
En octubre los franceses optaron por hacer sus cuarteles de invierno.

Durante el invierno se produjeron hostilidades no tácticas: encuentros no buscados que no respondían a ninguna estrategia.
A primeros de noviembre, 1300 infantes valones y españoles caminaban de Valenciennes a Bruselas para tomar sus cuarteles de invierno, escoltados por 350 jinetes alemanes, cuando fueron sorprendidos por unos 3500 franceses, entre caballería y dragones. Tras ser rota la escolta alemana, la infantería formó cuadro, resistiendo todo aquel día los embates de la caballería hasta que por la noche huyeron por los bosques cercanos.

Los franceses iban avanzando en su imposición de contribuciones, hasta el punto de que las exigencias requeridas por el ejército eran muy superiores a las que podía atender el campesinado de la zona. Ante algunas resistencias, se ejemplificó el poder real quemando algunas villetas a modo de ejemplo, saqueándose incluso la abadía de Afflinghen.
En esta rapiña, el control de los canales, arterías por las que fluía el comercio en los Países Bajos, pasó a formar parte de las prioridades francesas.

En diciembre, después de desistir en el planificado ataque a la bien pertrechada villa de Genap, los franceses se afianzaron en su estrategia de atacar plazas mal defendidas. Antes de intentar Charlemont, los franceses asaltaron la vecina villa de Givet a la escalada, siendo rechazados por la población, que comenzaba a comprender la diferencia entre estar sometido a uno u otro amo.


LOS ÚLTIMOS COLETAZOS

Transcurridos los meses de diciembre y enero en pequeñas operaciones, en febrero los franceses formaron un nuevo cuerpo de operaciones con refuerzos procedentes de Francia y tropas sacadas de sus cuarteles de invierno. En marzo se asedió Genap, pero habiéndose firmado la paz, la plaza se devolvió al mes siguiente.

LA CAMPAÑA EN EL FRANCO CONDADO
El príncipe de Condé por su parte, realizó en este territorio borgoñón una entrada el 4 de febrero con un ejército de 14.000 hombres. Las plazas de Besançon, Dole, Grai y Toux, eran defendidas por 644 soldados viejos y 1000 recién levados. Sin encontrar apenas resistencia, en 2 semanas todo el Franco Condado quedó ocupado por Condé.

CONCLUSIONES

Respecto a la Guerra de Devolución, se puede afirmar sin lugar a dudas de que la Monarquía Habsbúrguica, y con ella todo su sistema, incluido evidentemente el militar, estaba no ya en crisis, sino en plena decadencia.

En ningún caso es desacertada la afirmación de que fue la sola amenaza de la Triple Alianza - que no llegó a concretarse en hechos bélicos concretos, ni un mero envio de tropas de refuerzo - la que puso fin al conflicto, pero aunque Francia no tuvo dificultades en los primeros meses para ocupar muchas plazas fuertes, no se puede considerar la guerra en su conjunto como un paseo militar, y tampoco se puede minusvalorar la resistencia española, máxime cuando las fuerzas - humanas y económicas - eran muy menguadas, aunque en los primeros meses, debido a una escasez de fuerzas suficientes siquiera para mantener una defensa de las plazas fuertes existentes, se produce un repliegue dejando a su suerte muchas villas del sur.
Se opta por maximizar los pocos recursos a disposición, y en esta estrategia, zonas enteras han de abandonarse, a riesgo de perderse todo. La actuación española puede ser vista como pobre, pero dados los recursos con los que contaba Castel Rodrigo, aún obtuvo España de esta guerra, que luchó y mantuvo ella sola sin ayuda, un balance positivo.
Antonio José Rodríguez Hernández realiza la estimación, a partir de los datos del número de compañías [515 compañías de infanteria de naciones y 132 compañías de caballería] y la muestra de 1661 - de la cual extrapola el número medio de soldados por compañía - de 20.000 infantes y 7.000 jinetes para mayo-junio de 1667, frente a 60-70.000 franceses del ejército invasor.
Probablemente de no haberse producido la Triple Alianza, Francia hubiera continuado arañando el sur de los Países Bajos, y con el paso de los años, hubiera acabado ocupandolos al completo. Pero como a España le sucedió en su tiempo, Francia no se encontró con un enemigo solo, sino que sus ambiciones despertaron los recelos del resto de países europeos, que preferían mantener el status quo.



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