Cabos de escuadra: soldados viejos o nuevos.

Alonso de Contreras narraba acerca de su nombramiento como alférez en 1603:

Dí mi memorial en el Consejo de Guerra pidiendo me aprobasen, y en consideración de mis pocos servicios fuí aprobado.

Recebí dos tambores, hice una honrada bandera, compré cajas, y mi capitán me dió los despachos y poder para que arbolase la bandera en la ciudad de Ecija y marquesado de Pliego; tomé mulas, y con el sargento y mis dos tambores y un criado mío, tomamos el camino de Madrid, á donde llegamos en cuatro días. [...]

Toqué mis cajas; eché los bandos ordinarios; [b]comencé á alistar soldados [/b]con mucha quietud, que el Corregidor y caballeros me hacían mucha merced por ello. [...]

Compré cuatro arcabuces que puse en el cuerpo de guardia, además de doce medias picas que tenía, y dejé pasar algunos días, con que se aseguraron y entraban en el cuerpo de guardia; yo tenía más de 120 soldados, aunque los 100 estaban alojados en el marquesado de Pliego, y conmigo tenía veinte, gente vieja á quien socorría; y un día que estaban en el cuerpo de guardia muy descuidados hice encender cuerdas y que tomasen los arcabuces y se entrasen tras mí.


Él mismo da noticia de que tenía veinte soldados viejos de un total de 120. Evidentemente, nombraría cabos de escuadra - aunque no lo relata - a estos soldados viejos antes que al resto.

Las recomendaciones respecto a lso cabos siempre eran de nombrar gente experimentada. Marcos de Isaba apunta la cifra de 5 años de veteranía necesaria para poder adquirir el grado de cabo, que a mí me parece más tiempo del que estaría gran parte de los soldados en servicio en zonas de guerra viva como en Flandes.

Pero otra cosa es que estos soldados viejos se encontrasen efectivamente en las zonas de reclutamiento en España. Lo habitual era que no hubiesen desmovilizaciones, que las tropas se reclutasen, y viajasen hasta Italia o Flandes, y allí - por lo menos como unidad - pasasen el resto de sus días.

Evidentemente, existía la posibilidad de conseguir una licencia, que generalmente era temporal - por seis meses o un año - pero que podía acabar derivando en continua por no retorno del licenciado o en otros casos, el hacer dejación de su puesto sin licencia, o sea, desertar directamente.

Parker da la cifra de 854 licencias para Flandes entre 1582 y 1586, para un total de 11.570 bajas. La mayoría de la gente que pedía y conseguía licencia, eran soldados - u oficiales reformados o con plaza - que marchaban a la Corte a obtener prebendas o ascensos que en su lugar de servicio no podrían obtener tan fácilmente, como por ejemplo, que les diesen algún cargo en alguna compañía que se levase, o simplemente, una pensión o entretenimiento con la que mantenerse en virtud de los servicios prestados.

¿Cuántos de estos licenciados volverían voluntariamente a enrolarse como soldados? No lo sé. ¿Habría suficiente número de ellos para cubrir las plazas de cabos de escuadra necesarios? Imagino que el reclutamiento iría a rachas. Quizás a los que volvieran a España para gozar de sus entretenimientos, añoraran la vida de soldado, o simplemente, malvivían con las "pensiones" que podrían conseguir, y el volver a enrolarse sería una nueva oportunidad, pero puede que muchos de los soldados viejos que campasen por España hubieran hecho dejación de sus puestos sin licencia.

En 1568 se levó como indiqué el Tercio de Flandes en España, realizada la leva por entretenidos del Duque de Alba, que recibieron sus patentes de capitán en Madrid, yendo por el Mar del Norte vía Laredo-Santander a Flandes.
Como no indica que viajasen con sus alféreces y sargentos - o personas como ellos sin cargo que habían de ser nombrados al llegar a Madrid - se puede pensar que iban sólos, o que por el contrario, hubieran llevado gente de confianza, soldados viejos de Flandes para esos cargos. O tal vez los nombraron en España entre algunos que se decían soldados viejos o que lo eran realmente, fueran de confianza o no, con la posibilidad de reformarlos a la llegada, y nombrar allí sargentos y alféreces de entre los soldados de los otros tres Tercios existentes. Y esto - y es ahí donde quería llegar - se podía hacer también con los cabos de escuadra, porque con licencia de los capitanes y de los maestres de campo, un soldado podía mudar de compañía y de tercio si lo solicitaba el capitán adonde debía alistarse, y como algunos tratadistas advierten contra lo contrario - los "fichajes" sin consentimiento - se puede entender que esto era común.
Así, un Tercio recién levado y con oficiales mayores y menores y cabos de escuadra sin experiencia, podía viajar hasta una zona donde hubieran tropas viejas - Flandes o Italia - y allí reforzarse con soldados viejos, sin tener que recurrir al procedimiento de la reforma, sin disolver la unidad nueva por completo en la vieja.

En una instrucción de 1538 se indicaba respecto a tres tercios que fueron reformados en uno sólo:

Ansimismo, se le ordena que de aquí adelante, ningún capitán haga alférez ni sargento ni cabo descuadra , que no sean muy buenos soldados, conoscidos y personas beneméritas para los tales cargos, á nuestros contentamientos, porque si no fueren tales, yo nombraré y proveeré cuáles convienen al servicio de Su Magestad. Se manda á los dichos capitanes [b]señalen sus cabos descuadras en esta muestra, para que sean conoscidos[/b] y para que, si alguno dellos no fuere para el tal cargo, se nombre y provea otro suficiente: é mando al contador que si los capitanes no lo quisieren nombrar, no les libren sus ventajas, y, así bien, le mando que desta primera paga en adelante, no libre ni pague ningún alférez ni sargento ni cabo descuadra nuevamente criado por los dichos capitanes, sin aprobación mia; con apercibimiento que si lo libráre, le hiciere pagar con el, cuatro tanto de las pagas de los tales oficiales.

"Señalen sus cabos de escuadra" ¿O sea que normalmente no los señalaban en la muestra? Respecto a los alféreces y sargentos no indica otra cosa sino que su nombramiento esté a sometimiento de aprobación por parte del Capitán General, lo cual puede indicar o bien que no eran oficiales de la calidad esperada, o que el Capitán General pretendía reforzar su autoridad sobre los capitanes, o una mezcla de los dos, pero respecto a los cabos de escuadra hace esta indicación muy específica.

Marcos de Isaba - "especialista" en las guarniciones de Italia - alertaba de que cuando marchaba un Tercio de Italia, algunos soldados no iban, sino que se quedaban pululando, y que cuando una nueva unidad venía relevarlos, estos soldados sentaban plaza en las compañías recién llegadas:
"Que venida orden de su majestad que la primavera que viene hayan de pasar en Flandes o ir a la Armada o a otra parte [...] luego se huyen y ausentan de sus banderas [...] y después salen [...] [y] los capitanes que nuevamente han venido en aquellos presidios [...] los recogen [...] en sus compañías".

A mí sinceramente, no me parecen estos los mejores instructores, y sigo apostando por la reforma - dilución de unidades nuevas en viejas - como la mejor escuela posible, amén, claro está, del servicio en zona de guerra viva, pero las variantes serían muchas y las circunstancias [oportunidad y necesidad] marcarían el camino a seguir.

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