Entretenidos, capitanes mozos, y vinagre, mucho vinagre.

El entretenimiento no implicaba necesariamente un papel pasivo, una actitud de subsidiado que aguarda la llegada del “cheque”.

El príncipe de Parma, Alejandro Farnesio, acudió a los Países Bajos acompañado de una corte formada principalmente por capitanes reformados italianos, que iban en calidad de entretenidos: personas a las cuales se les concedía un sueldo [sacado de la caja del Ejército] pero no un cargo definido. Muchos de ellos eran personas de su casa [casa como corte]: mayordomos, gentiles hombres, caballerizos… personas que eran criados suyos [criados, no lacayos] y de su entera confianza.
En el asedio de Maastricht, muchos de estos capitanes entretenidos murieron en alguno de los asaltos que se realizaron:

"y de la italiana murieron Fabio Farnese, Marco Antonio, señor de Torrichela, el marqués Conrado, Mala Espina, Cario Benzo, gentil-hombre piamontés, y el conde Guido San Jorge, y con él la envidia de Barlamont; los más destos, con otros muchos también italianos que allí acabaron, eran criados y gentiles-hombres de la Casa del príncipe de Parma, y algunos de su cámara, y todos hablan peleado y señaládose gallardamente". Citado por Alonso Vázquez

Por lo que he entendido, era privilegio del Capitán General, que se le concediera cierta suma de la caja del ejército, con la cual conceder entretenimientos a quien tuviera bien, siempre comunicándoselo a su rey, naturalmente.
En 1567, el duque de Alba protestó al rey, que con los 300 escudos que se le señalaban para entretenimiento, sólo podría tener diez entretenidos a treinta escudos, a lo que el rey le respondió que podía tener mayor número de entretenidos si les concedía menor suma, y así quedó la cosa.
Cuando en 1568 se enviaron desde Flandes 12 personas a la corte para que recibieran patentes de capitán, con las que realizar sus levas y regresar a los Países Bajos con un refuerzo de unos dos mil quinientos hombres, todas las personas señaladas por el duque de Alba para este menester fueron entretenidos “cerca de su persona”. Estos capitanes serían el núcleo del Tercio de Flandes, cuyo gobierno se encomendaría al maestre de campo Gonzalo de Bracamonte.

En 1580, cuando Alba es nombrado Capitán General, se le concede:”Para veinte y cinco gentiles hombres, á los diez dellos , á veinte escudos al mes , y á los quince , á quince escudos”. 425 escudos/mes: un importe inferior, pero mayor número de “entretenidos”.

Evidentemente, habría personas que asistirían al ejército y estarían pululando, recibiendo un sueldo, y sin nada que ejecutar. Pero quizás era mejor esa situación, que no la que denunciaba Marcos de Isaba de los capitanes por cartas o capitanes de gracia: “tan mozos y de tan poca experiencia, con tanta piedra en la cabeza y tan poco entendimiento”.
Capitanes además, que si elegían mal a los oficiales de su compañía, no tenía esta quien la gobernara de modo efectivo: “habiendo llegado á Flandes cargados de cartas y favores llevados de España, de personas á quien no podia perder el respeto, para que les diese compañías sin haber sido soldados”.
Existía cierta manera de pensar en la época, que llevaba a deducir que una persona noble llevaba el oficio de las armas en la sangre, y que estando acostumbrados a mandar [eso no lo dudo, al fin y al cabo, tendrían muchos criados a quien ordenar y azotar] los puestos de responsabilidad les habían de quedar por derecho natural. Por el contrario, había quien tenía claro que los capitanes mozos no eran de servicio, y que habían de ser criados en la guerra.
Quizás por esa dicotomía, las mismas ordenanzas militares de 1632 recogían esta diferenciación: Para ser capitán, era necesario haber servido seis años como soldado, más tres como alférez, pero si “hubiere algún caballero de sangre ilustre […] se podrá admitir a la elección de capitanes en tanto haya servido en la guerra seis años efectivos, o por lo menos cinco”.
Está claro que contra los que se despotricaba no eran contra los que hubieran servido poco, sino contra los que no habían servido nada, y tenían como único bagaje el nombre de su casa.

De vinagre:
Voy a poner unos precios de alimentos [década de los años 30 del siglo XVII] aunque está claro que no sólo en comer debían gastar su dinero:

CANTIDAD Y PRECIO DE LOS PRODUCTOS PARA 1000 HOMBRES/MES:
Nota: las medidas resultan un tanto raras, ya que han sido transformadas a sistema métrico actual:

Aceite: 0,518 litros/persona; 0,875 reales por persona y mes en aceite
Arroz: 0,52 kgs/ persona; 0,72 reales
Atún: 1,93kgs; 1,68 reales
Bizcocho:24,34kgs; 15,87 reales
Bacalao:1,93kgs; 1,68 reales
Habas:1,08kgs; 0,376 reales
Queso:1,93kgs; 2,73 reales
Vinagre:3,21 litros; 0,63 reales
Vino:31,92 litros; 8,41 reales

El alimento detallado es para tropas transportadas en galeras por el mediterráneo [de Barcelona a Génova, que habían de acompañar al Cardenal Infante don Fernando en su viaje a Milán] de ahí la gran cantidad de pescado. La mayoría del alimento era bizcocho [pan desecado] como también en tierra era el alimento principal el pan. Respecto al coste, suma la alimentación de una persona 32.98 reales para un mes. Si comparan este coste con el sueldo anteriormente publicado en este blog, tenemos que la mayoría del sueldo se iba en comer [1 escudo de plata = 10 reales = 375 maravedíes].

Al estar el vinagre en la relación con los demás alimentos, no había tenido en cuenta que su uso podía ser tópico, y un compañero de foro me lo hizo notar. Apuesto entonces a que su uso primario sería contra las picaduras de pulgas [¿y piojos?].

Antonio de Guevara, en su "Arte de marear" respecto a la vida en las galeras narraba:
“Es privilegio de la galera, que todas las pulgas que salten por las tablas, y los piojos que se crían en las costuras y todas las chinches que están en los resquicios, sean comunes a todos y se repartan por todos y se mantengan entre todos. Y si alguno apelare de este privilegio presumiendo de muy limpio y pulido, desde ahora le profetizo que, si echa la mano al pescuezo y la barjuleta, halle en el jubón más piojos que en la bolsa dineros”.

Efectivamente, por muy cuidadosos que fueran las gentes de cabo y guerra de la galera en su higiene [que no lo serían mucho más que en tierra] la higiene que pudieran mantener las gentes de remo [galeotes, forzados o esclavos] sería nula, siempre encadenados a sus bancos, y sin ración de agua, fuera de la que se les entregara para beber. Entonces es normal que las chinches fueran saltando y acomodándose por doquier… me pregunto si en la galera capitana, donde habían de viajar capitanes generales, príncipes y reyes, no se haría una limpieza más a fondo, o simplemente compartirían esta carga señores tan notables.

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