Caballería: arma secundaria; arma imprescindible

Francisco Verdugo, en la Guerra de Frisia escribió:
vi ser necessario tener alguna cavalleria conmigo por ser todo mi regimiento de arcabuzeros (...) Partimos para Frisa, el por tierra costeando el Rin con todos los cavallos de su corneta y yo con los de mi regimiento

Esta cita de Francisco Verdugo, que habiendo levantado un regimiento de arcabuceros valones para acudir en auxilio del gobernador de la provincia de Frisia, en el año de 1581, se ve obligado a contratar una corneta o compañía de reytres - coraceros alemanes - para que le acompañe puede tener varias interpretaciones:

1) Que la infantería de por sí no hubiera bastado para defenderse ante un ataque de un cuerpo de ejército compuesto por varias armas.
2) Que el problema era que el regimiento era únicamente de compañías de arcabuceros, y no disponiendo de piquería - en número suficiente o en absoluto, pues bien podían llevar en carros picas para repartir entre los arcabuceros, o ir armados de picas durante la marcha con los arcabuces en carros -, no podría repeler un ataque de caballería.
3) Que yendo en marcha siempre conviene que haya ojeadores o corredores que avanzándose al grueso inspeccionen los caminos, para anticiparse al posible encuentre de tropas enemigas, de ahí lo imprescindible de la caballería, para este caso concreto en un desplazamiento de tropas. Cabe tener en cuenta que el regimiento estaba en desplazamiento: no era un cuerpo operativo en sí mismo, sino que había de unirse al resto de tropas en Groninga, que eran mayoritariamente "picas alemanas", de ahí que se levantara el regimiento de arcabuceros solamente.

En el tránsito del siglo XV al XVI, se produce un relevo en la supremacía de las armas debido a la incorporación de las armas de fuego, siendo la caballería "desplazada" como parte más importante de un ejército por parte de la infantería.
Ahora bien, en ningún caso, ni antes ni después, estaban compuestos los ejércitos exclusivamente por una de las dos armas; aún en el caso de las operaciones de asedio se necesitaba caballería para realizar labores de vigilancia, así como para defenderse de las acometidas que desde la villa les pudieran realizar, o de los socorros que podían acudir.
El peso de un arma u otra, dependía más de la tipología de la guerra. Así, analizando periodos parcialmente coetáneos, guerras en Flandes y guerra de los treinta años, en la primera encontramos que los ejércitos básicamente se componen por infantería, con un suplemento de caballería - en relación de número de tropas de 5-1, 4-1 aproximadamente - mientras que en alemania se pasaba a cifras de 2-1, o incluso 3-2.
La explicación es sencilla: en los Países Bajos la densidad de fortificaciones - así como la calidad de las mismas - era tal, y el terreno, aunque llano, muy accidentado por la cantidad de diques y canales - que la guerra (terrestre) había de plantearse desde la óptica de la toma de plazas fuertes. En Alemania en cambio, la densidad de fortificaciones era menor, y la oportunidad de campear muy superior, diendo pie a que la movilidad de la caballería se le concediera un papel importante.


Envió este Elector a socorrer Veissemburg con municiones y víveres, comboyados de mucha caballería y infantería y, siendo acometidos a la vuelta de 800 caballos, huyeron los nuestros atropellando la infantería, la cual se defendió valerosamente. Pero, como tenían lejos la retirada y no había caballería que la abrigase, se rindió con pacto de paga el sueldo de un mes.
Carta de Saavedra Fajardo al Cardenal Infante, 22 feb 1634

Un nuevo ejemplo de como la infantería - al menos en el periodo referido - por sí sola, queda desprotegida frente a la caballería. El problema, evidentemente, es que cuando la infantería se desplaza, ya no en tránsito sino en el propio campo de batalla, tiene una movilidad muy reducida frente a la caballería, la cual puede acosarla e ir "desgastándola". Aunque una formación estática de infantería disciplinada - en el ejemplo se ve "atropellada" por la propia caballería en retirada - ofrezca una defensa sólida frente a un ataque de caballería, en movimiento se ve en desventaja, y si no se mueve, puede aguardar la acometida del contrario, pero éste difícilmente ha de entrarle al trapo, conociendo la desventaja en que se halla. Entonces, no queda otro remedio que retirarse o rendirse. La primera opción supone un enorme problema, dado que es necesario mantener la formación en todo momento, y la retaguardia se puede ver expuesta a la rapiña y desgaste por parte de la caballería enemiga. Y si la retirada ha de hacerse a la deshilada - sálvese quien pueda - las probabilidades de acabar la mayoría de ellos muertos son bastante altas.

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